1950-1980 FINAL DE LA RETAGUARDIA DEMOGRÁFICA y declives de la sobrepoblación fluyente interna

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Lauburu

Ojo, por las levas de obreros adicionales que suministraba el capitalismo comercial anterior como sobreproblación relativa fluyente, siempre, hasta ahora, los salarios han estado subsumidos por el capital, y la fuerza de trabajo tiene un precio lo suficientemente bajo como para que el capital pueda realizarse.

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     PERO, cuando se acaban completamente estas levas y su impulso, cuando se acaba la sobrepoblación relativa fluyente, (insisto, población de formaciones económico-sociales capitalistas anteriores,), cuando esa retaguardia demográfica desaparece, como es el caso del continente europeo y del estado español, no digamos ya de Euskal Herria, el capital radicado o territorializado, finalmente pivotando sobre viejas burguesías estatales, comienza a afrontar crecientes dificultades, y llegado a un punto colapsa a no ser que logre importar un flujo adicional constante de obreros ofertando su fuerza de trabajo.

     Los casi 5 millones de obreros que oficialmente, según la Encuesta de Población Activa (EPA) (*Más de seis millones cuando publico aquí el capítulo) están en paro en el estado español, los 200.000 que hay en Hego Euskal Herria y los no menos de 25 millones que hay en la UE, se reparten entre sobrepoblación latente, que entra y sale al aparato productivo, y sobrepoblación estancada. Pero, y esto es muy importante, no son ya sobrepoblación fluyente.

     ¿Por qué es tan importante? Porque que en los centros territoriales de concentración y acumulación de capitales, normalmente, ha de existir sobrepoblación relativa estancada movilizable – y también latente – suficiente como para deprimir la tendencia al aumento de los salarios en los ciclos cortos de auge de la acumulación de capital.

Reproletarizaciones en masa y recurrentes…

     Sin embargo, debido a los cambios cuantitativos progresivamente añadidos en el volumen del capital acumulado, por su propio desarrollo, y así en la composición orgánica del capital, para lograr valorizarlo con todo su crecimiento añadido en cada ciclo largo de la acumulación, – una generación productiva, 30-35 años -, el capital necesita deprimir muy intensa y extensamente los salarios. Por ejemplo, en los años 40 del siglo pasado empleó incluso el trabajo esclavo para reiniciar la acumulación.

     Mas no solo necesita derrumbar el salario, sino que en ausencia de sobrepoblación adicional abundante, precisa también, de no hallar otra solución, reproletarizar a amplias fracciones intermedias que anteriormente cooptó para el reformismo burgués como ”clase media”, al encontrarse con bajo suministro estructural de sobreoferta de fuerza de trabajo, lo cual efectivamente le origina una crisis política.

     Lo que R. Luxemburgo denomina reproletarización de las ”clases medias” es un fenómeno recurrente en los momentos en que la reproducción ampliada no logra solución de continuidad, y el capital se desquicia, en formaciones económico-sociales capitalistas que ya han consumido su retaguardia demográfica endógena. La baja natalidad en la Alemania de los años 30, aunada con el final de la retaguardia demográfica alemana, complicada con la fuerza de un movimiento obrero que no lograba tomar el poder, y con el resultado de la I Guerra Interimperialista, están en la base del giro genócida del capitalismo que llamamos nazi-fascismo.

     Cuando la rotación del capital total llega a un punto en que o incluye insumos externos o se estanca y decrece, desacelerándose, llega la reproletarización de las fracciones intermedias. Estas se encuentran en movimiento de transición, lentamente rumbo a la clase obrera o a la clase capitalista. Pero en los colapsos biopolíticos, – frutos de la acumulación de capital anterior -, a causa de grandes ofensivas reestructuradoras del capital, ocurren movimientos rápidos que expulsan en masa de la vía de integración a la clase capitalista, incluso a fracciones que estaban ya entrando en ella, o a fracciones que ya componían en ella. Para decirlo claro, en las actuales condiciones, la inmigración no produce, como reacción xenófoba, el fascismo europeo, lo contiene.

     Recordemos, los obreros inmigrados cobran un sueldo del 50% más bajo en promedio que los endógenos. Eso ha postergado el ataque a los salarios de los endógenos, y así ha atrasado la reproletarización.

     Y es que, en un contexto de no rotación del capital, el capital necesita derrumbar de verdad el salario, desvalorizar la vida obrera y popular para revalorizar la miseria del trabajo asalariado y así los capitales que, por sobreacumulación, entraron en desvalorización. Esta es condición sine qua nom es posible el inicio de la siguiente fase ascendente del ciclo largo de acumulación, porque no puede proseguir la reproducción, generar la producción nueva, que ha de ser, además, ampliada, sin garantizar un abaratamiento intenso y extenso de los costos del aparato productivo y de la producción de plusvalía. De manera que, recurrrentemente en estas grandes crisis orgánicas del capital, primero hay un retraso de la producción, luego un estancamiento de la reproducción del capital y finalmente un profundo y prolongado ataque masivo de reproletarización.

El ataque actual es la respuesta sistémica a las dificultades en el plano de la reproducción ampliada. Pero ocurre que el capital también está sometido a sus propias fuerzas estructurales, por lo que esta práctica de reproletarización recurrente de las fracciones intermedias, – camuflada normalmente con paliativos reformistas orientados a conservar a largo plazo la fuerza de trabajo -, no es suficiente para deprimir la tendencia estructural al alza de los salarios, al nivel necesario para realizar la reproducción ampliada, si, a la vez, no hay suficiente sobreoferta abundante de fuerza de trabajo, sino hay insumos adicionales de sobrepoblación fluyente.

… y la necesidad cíclica de buscar fuerza de trabajo adicional.

     Por esto, juntas el hambre y las ganas de comer, el capital históricamente ha necesitado importar fuerza de trabajo adicional del campo en masa. Sin esta condición de base no hay ciclo largo ascendente de la acumulación, tampoco hay reproducción ampliada, las relaciones de autoridad tienden a disolverse, y por tanto el capital social general tiende a implosionar a medida que las impugnaciones al sistema de relaciones de propiedad se incrementan, y la rotación del capital total tiende a ralentizarse y detenerse hasta que halla un equilibrio. Lo que en tres de los cuatro anteriores tránsitos entre ciclos largos globales de la acumulación solo se logró tras grandes destrucciones de capitales físicos y población.

En la escala nacional nabarra, históricamente el capital ha dispuesto de sobrepoblación relativa fluyente, en cuatro de los cinco ciclos largos de acumulación de los habidos en Hego Euskal Herria, pero no en el último, el que empezó en 1980 y terminó en 2009, cuyas líneas maestras globales comenzamos a comprender ahora.

     En los 30 años de duración de este último ciclo largo de la acumulación, el Pueblo Vasco, Euskal Herria, ha eludido la extinción cultural de su civilización, clara y distinta en Europa, con su propia selección tricenalmilenaria de activos culturales, rara avis conservada o sobreviviente de la civilización preindoeuropea durante tres mil años de lucha de clases y auges y caídas de los distintos imperios, ha conseguido mantener su idioma y todavía conservar gran parte de su ecosistema, y, además, la clase obrera de Euskal Herria ha logrado regenerar y conservar la perspectiva y la memoria obrera nabarra, solo a costa de los sacrificios, a veces heroicos, del 20% de la población, compuesto en su mayoría por personas de clase obrera. Hay está la semilla del futuro.

     Pero el proceso del capital, su incesante polea, no ha terminado de girar, al contrario, lucha por explayarse a una escala mayor de su desarrollo, y, por supuesto, precisa y puede todavía y no sabemos por cuánto tiempo proseguir su acumulación. Y ahora con una nueva condición que le desquicia de base, el capital radicado y flotante en Euskal Herria no tiene ya el flujo de sobrepoblación fluyente que absorbió primero de sus periferias internas, y luego del cuadrante noroeste de la Península Pirenaica.

     El monstruo maquínico de la acumulación de capital no tiene ese combustible del que históricamente ha dispuesto. Se acabó en el ciclo largo 1950-1980, concretamente entre 1975-1977, y el impulso final de alta natalidad de la población precapitalista industrial, con cohortes de nuevos obreros nacidos en las generaciones numerosas anteriores a 1978, terminó en 1996-1998. Esto significa que el capital en Hego Euskal Herria, en la escala estatal y en Europa, en la fase histórica en que entramos, no dispone otra vez más de la proporción de sobreoferta abundante de fuerza de trabajo que requiere.

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