Convenio de Vergara de 1839. Convenio entre los generales Espartero y Maroto.

Abrazo de Bergara

Convenio de Vergara de 1839.
Convenio entre los generales Espartero y Maroto.

Fue ajustado en Oñate y ratificado en Vergara el día 31 de Agosto de 1839.

Artículo 1º El capitán general don Baldomero Espartero recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.

Art. 2.° Serán reconocidos los empleos, grados y condecoraciones de los generales, jefes, oficiales y,demás individuos dependientes del ejército del teniente general don Rafael Maroto, quien presentará las relaciones con expresión de las armas a que pertenecen, quedando en libertad de seguir sirviendo, defendiendo la Constitución de 1837, el Trono de Isabel II y la Regencia de su augusta madre; o bien retirarse a sus casas los que no quieran seguir con las armas en la mano.

Art. 3.° Los que adopten el primer caso de continuar sirviendo, tendrán colocación en los cuerpos del ejército, ya de efectivos, ya de supernumerarios, según el orden que ocupan en la escala de las inspecciones a cuya arma correspondan.

Art. 4.° Los que prefieran retirarse a sus casas, siendo generales o brigadieres, obtendrán su cuartel para donde lo pidan, con el sueldo que por reglamento les corresponda; los jefes y oficiales obtendrán licencia ilimitada, o su retiro, según reglamento. Si alguno de esta clase desease licencia temporal, la solicitará por conducto del inspector de su arma respectiva y le será concedida, sin exceptuar esta licencia para el extranjero; y en este caso, hecha la solicitud por el conducto del capitán general don Baldomero Espartero, éste les dará el pasaporte correspondiente, al mismo tiempo que dé curso a las solicitudes, recomendando la aprobación a S. M.

Art. 5.° Los que pidan licencia temporal para el extranjero, como no puedenrecibir sus sueldos hasta el regreso, según reales órdenes, el capitán general don Baldomero Espartero les facilitará las cuatro pagas en orden de las facultades que le están conferidas, incluyéndose en este artículo todas las clases, desde general hasta subteniente inclusive.

Art. 6.° Los artículos precedentes comprenden a todos los empleados del ejército, haciéndose extensivo a los empleados civiles que se presenten a los doce días de ratificado el convenio.

Art. 7.° Si las divisiones navarra y alavesa se prestaren en la misma forma que las divisiones castellanas, vizcaína y guipuzcoana, disfrutarán de las concesiones que se expresan en los artículos precedentes.

Art. 8.° Se pondrá a disposición del capitán general don Baldomero Espartero los parques de artillería, maestranzas, depósitos de armas, de vestuarios y de víveres que están bajo la dominación y el arbitrio del teniente general don Rafael Maroto.

Art. 9.° Los prisioneros pertenecientes a los cuerpos de las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa y los de los cuerpos de la división castellana que se conformen en un todo con los artículos del presente convenio, quedarán en libertad, disfrutando de las ventajas que se expresan para los demás. Los que no se convinieren, sufrirán la suerte de prisioneros.

Art. 10.º El capitán general don Baldomero Espartero hará presente al Gobierno de S. M. para que éste lo haga a las Cortes, la consideración que se merecen las viudas y huérfanos de los que han muerto en la presente guerra, correspondientes a los cuerpos a quienes comprende este convenio.

 

Baldomero Espartero. — Convengo en nombre de mi brigada,

José V. Ignacio Iturbe. — Convengo en nombre de la primera brigada castellana de mi mando

Hilario Alonso de Cuevillas. — Convengo en nombre de la segunda brigada de mi mando,

Francisco Fulgosio. — Convengo en nombre del batallón de mi mando, cuarto de Castilla,

Juan Cabañero. — Convengo en nombre del tercer batallón de Castilla,

Antonio Díaz Mogrovejo. — Convengo en nombre del segundo batallón de Castilla,

Manuel Lasala.— Convengo en nombre del primer batallón de Castilla,

José Fulgosio. — Convengo en nombre de las compañías de cadetes y sargentos,

el coronel primer jefe, Leandro de Eguía.  — Convengo en nombre de las fuerzas de ingenieros que se hallan presentes,

Hugo Strauss.— Convengo en nombre de la fuerza de artillería,

Francisco de Paula Selgas. — Convengo en nombre del escuadrón de mi cargo, Guipúzcoa,

Manuel de Sagarta.—Convengo en nombre del primer escuadrón de lanceros de Castilla,

Pantaleón López Aillón. — Convengo por la brigada que antecede, el brigadier Fernando Cabanas.

No firmaron este convenio, aunque se acogieron a él, los generales Maroto, La Torre y Urbiztondo, el brigadier don Antonio Iturbe, don Manuel de Toledo, don Roque Linares y don Francisco Romero Palomeque.

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Fragmento de : Traición de Rafael Maroto a su rey y sus compañeros, o relación de los acontecimientos que llevaron a la deserción del eército realista, vendido al enemigo por sus oficiales generales.

 

¡Qué sorpresa la del ejército, una vez llegado a Vergara, donde le aguardaban formadas en línea y con uniforme de gala las divisiones de Espartero, cuando supo de boca del general en jefe de Cristina las condiciones del tratado, después que Espartero le dirigiera esta alocución al recibir de Maroto el beso que sellaba la infamia!…

“Españoles, el término de nuestros males ha llegado; demasiada sangre se ha vertido entre hermanos; no más guerra, la bandera de la paz nos debe unir a todos. Yo tengo la gloria de haber ejecutado la gran obra con vuestra ayuda; la patria os testimoniará su reconocimiento. Hoy somos todos amigos, no más recuerdos desagradables; olvidemos tdos el pasado, y demos todas las naciones el ejemplo de un pueblo grande y generoso. Compañeros de armas, contad con mi protección, con mi apoyo cerca del gobierno. Soldados de todos los ejércitos, desde hoy todos somoshermanos, abrazros como abrazo al general en jefe Rafael Maroto”.

Entonces Maroto se aproxima y se echa en los brazos de Espartero: “Soldados, ¡Viva la paz!, ¡Viva la union!…” Estos gritos fueron repetidos con entusiasmo por los dos ejércitos “¡Viva la Reina!…” Esto asombró a todo el ejército realista, algunos gritos salieron de sus filas.

La indignación era general, pero era forzoso someterse, porque el ejército estaba rodeado; todo se había perdido, ya no era lugar, nuestros batallones habían cambiado de estandarte.

El descontento era patente en todos los rostros, los ojos estaban clavados en Maroto, que, triste y silencioso, parecía sufrir, y no poder permanecer ante estos valientes que dos horas antes, a su mínima señal, hubiesen acabado con todas estas divisiones cubiertas de oro. Su posición era terrible, y por ello se retiró lo antes posible. A su paso reinaba el silencio más profundo, los soldados realistas, tristes, abatidos, se daban perfecta cuenta de la terrible posición en la que su jefe les había situado, y los mismos enemigos declaraban abiertamente que la traición era indigna, a pesar de que esta les hubiese proporcionado el triunfo.

Trahison de raphael Maroto envers son roi et ses compagnons d’armes, ou relation des evénements qui ont amené la defection de l’arme royaliste, vendue a l’ennemi par ses officiers genéraux. Bayona, imprenta de Edouard Maurin, 1 de septiembre de 1839, pp. 22-23.

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“Contestación al manifiesto del traidor Maroto, o reseña de los últimos acontecimientos en las Provincias Vascongadas”.

Alejandro de Marclay (Fragmento)

Al fin la columna castellana entró en Vergara, y después Iturbe con sus batallones. Les arengó Espartero, abrazando a Maroto, y dió vivas a la paz, a la unión de los españoles y a Isabel 2ª. A los dos primeros contestaron nuestros voluntarios con fervor, y al tercero se miraron con silencio mutuamente sorprendidos. Admiramos la disciplina del ejército de Espartero, la cordialidad y finura con que nos abrazó. El mismo día entro la División de Vizcaya y más tarde la de Guipúzcoa, aquella completa, esta en cuadro.

Por último apareció el convenio muchas horas después!!!… Fueron tantas las licencias que se pidieron para Francia, que a poco se borró el artículo 4, por más que brame el derecho de gentes. De la división castellana todos pidieron las absolutas… ¿a qué nos cansamos? Ni un solo oficial ni un soldado, ha quedado satisfecho del convenio. Los mismos generales convenidos declaman contra él, y dicen que Maroto condujo las cosas a tal término por su precipitación, timidez y poca destreza; y Maroto a su vez dice que no tuvo más parte en aquel tratado que haberle recibido firmado por los jefes que cita.

Yo mismo he visto expresarse con calor a Urbistondo y a Latorre. Yo sé que otros generales ilustres querían también transacción, y no entraron sin embargo en el convenio… Todos queríamos paz, no solo los de Vergara, sino todos los carlistas; todos sentíamos la necesidad de concluirla a costa de cualquier sacrificio: pero queríamos efectivamente paz para la España, paz para todos los españoles; queriamos un convenio honroso, que no nos expusiese a que los compañeros nos apellidasen traidores, y los cristinos pasados y forzados, un convenio que obligase hacia nosotros la gratitud de nuestros compatriotas; un convenio en fin propuesto al gobierno de Madrid con tranquilidad y decoro desde las márgenes del Ebro, y no dictado por las bayonetas de Espartero en el corazón de Gipuzkoa, cuando nos cerraba todo paso el resentimiento de un Rey engañado, y la fiera venganza de los navarros.

Por eso Iturriaga retiró su palabra, y Alzaá, cuya intrucción y bella índole nos es conocida, prefirió sacrificarse, y lo mismo Zaratiegui, Villareal y Elío que tanto padecieron por la paz en ocasiones más oportunas.

Marclay, Alejandro de, “Contestación al manifiesto del traidor Maroto, o reseña de los últimos acontecimientos en las Provincias Vascongadas, Bayona, Edouard maurin , 1839, pp 13-16.

Destrucción del Convenio de Vergara.

En la Villa de Vergara, provincia de Guipúzcoa, a los 15 días de agosto del año de gracia de N.S.J de 1873, el exceléntisimo mariscal de campo de los reales ejércitos, comandante general de la provincia, don Antonio Lizarraga, dispuso que en presencia de los batallones Virgen del Cármen, El triunfo y Doña Blanca, se procediese a levantar la lápida que encierra el ignominioso onvenio de Vergara, y extraido este y demás efectos que contiene, fueran reducidos a cenizas y aventadas, para que desaparezca esta obra de la impiedad masónica. Y para que conste haberse verificado, extiendo la presente acta, que deberá ser firmada por todos los jefes que han concurrido a tan solemne acto.

Vergara 15 de agosto de 1873 – El comandante general, Antio Lizárraga y Ezquiroz

Ferrer, historia del tradicionalismo español. T XXV, pp, 194-195.

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