Dinero. De la crítica social a la crítica categorial. Boaventura Antunes

En las últimas décadas no cesa de agravarse la contradicción entre los billones que circulan en el cielo financiero y la misera de los salarios de quienes todavía encuentran trabajo. De los siete mil millones de seres humanos en el planeta, la mayoría subsiste en una economía de los céntimos; los residentes en los barrios de hojalata de las megalópolis de todo el mundo apenas ven el color del dinero y están enredados en barbaras redes de dependencia personal pos-moderna, después del colapso de la economía local. Las clases medias de los países centrales han experimentado en los últimos años más de la valorización ficticia de los activos financieros y de bienes raíces que el trabajo (cuyos rendimientos no paran de caer), siendo los bancos obligados a ls servicios mínimos para no dejar fuera a la parte de la población todavía solvente.

La abolición voluntaria del dinero en una sociedad de producción de mercancías solo puede dar lugar a una burocracia totalitaria, como fue el régimen de Pol Pot en la última década del siglo pasado. Y la emisión monetaria arbitraria de la hiperinflación, como en la república de Weimar en los años 1920, en varios países latino-americanos en los años 1980 o más recientemente de Zimbawe, que acabó por adoptar el dolar americano, después de una catástrofe social inmensa provocada por la desvalorización hasta la desparición de la moneda local.

Según el Informe Ginebra, publicado por el Centro Internacional de Estudios Monetarios y Bancarios de septiembre de 2014, las deudas mundiales, (incluyendo el sector financiero) habían aumentado desde el 160% de la producción económica mundial en 2001, al 200% en 2008 y el 215% en 2013. El mundo no comenzó a desendeudarse después de 2008, sino que continua aumentando la proporción entre las deudas y el PIB, rompiendo siempre nuevos records.

Desde los años ochentas del siglo XX se viene profundizando una crítica social que busca ir más allá de la crítica política y moral a la gestión del dinero para reflexionar sobre los límites e incongruencias de la cosa en si, Se constata básicamente que esta sociedad basada en el trabajo y en el dinero es víctima de su propio éxito, dejando fuera a más y más seres humanos, convirtiéndoles en superfluos para la producción de mercancías. En este contexto desempeña un papel especial la “revolución microelectrónica” que, por primera vez en la historia del capitalismo, suprime más puestos de trabajo que los que es posible crear por la expansión intensiva y extensiva de los mercados.

En los 10 puntos que siguen me ayudo sobre todo del último libro de Robert Kurz, Dinero sin valor, de 2012, cuya introducción concluye sucintamente que “el dinero es la manifestación fundamental de la esencia; él es categoría y, al mismo tiempo, fenómeno palpable, encrucijada de la historia y el objeto visible de la abolición. Es por ello que es en este tema en el que la determinación categorial negativa puede destruir con mayor nitidez la exaltación positivista de los hechos y la tacañez fenomenológica“.

1. Las sociedades premodernas no tenían mercado, tenían religión

A diferencia de la socialización fuerte y negativa de la modernidad, en la que las relaciones entre las personas son generales y abstractas basadas en el dinero y la política, las sociedades premodernas tenían una formación social de base religiosa. Situados entre el mundo superior divino y la naturaleza, los humanos trataron de obtener los favores celestiales ofreciendo sacrificios a los dioses, y obedeciendo a sus representantes en la tierra. Era una socialización mucho más débil, donde las relaciones más flexibles eran personalizadas en una red compleja y diferenciada, entroncando jerárquicamente en relación sacrificial con lo divino. No existía la obligación moderna, general y abstracta, sino obligaciones personales y reciprocas, completamente escalonadas. No se producía para el mercado, el cual no existía, pero cada cosa y cada producto, bien como cada actividad, que no era “trabajo”) estaba consignado a ciertas personas y grupos. No había economía (esta palabra existía en la Antigua Grecia para algo diferente, el gobierno de la casa).


2. El dinero premoderno era sacral y no equivalente universal

El dinero surge en el siglo VII antes de nuestra era en torno a los templos. La etimología todavía recuerda a su origen religioso. Si la palabra dinero viene de la moneda más común en el imperio romano (diez ases), el as tenía inicialmente las efigies de los dioses Jano y Mercurio (más tarde sustituidas por la efigie del emperador). Ya moneda, money, moneta moeda monnaie y todos sus derivados vienen de Juno Moneta, la Diosa en cuyo templo junto al Capitolio se hacía la acuñación de dinero-moneda y que debe su nombre a la fama que tenía de avisar a los romanos de los peligros que amenazaban a la ciudad (monere=avisar). Las primeras acuñaciones de moneda en ciudades griegas antiguas también fueron hechas en los templos. A su vez el Geld (dinero) germánico tiene la misma raíz que el verbo gelten (cumplir válidamente una obligación, pagar una promesa, validar.).

Estudios históricos empíricos a lo largo del siglo XX (Le Goff, Laum, Polany…) apuntan claramente al carácter sacral del dinero antiguo, que surge en sociedades de constitución religiosa como objeto de sustitución de la víctima sacrificada a los dioses (inicialmente humana, después animal y/o primicias de cosechas). El dinero acuñado pasa entonces a equivaler a la entrega de esos sacrificios a los dioses y se extiende a la (reducida) esfera pública para sanar los conflictos entre grupos. No había ninguna noción de equivalencia entre la moneda acuñada y lo que ella valía, pues no existía la noción de valor o de equivalente universal. Laum refiere el hecho interesante de la relación de “validez” entre la moneda de plata y la de oro sería la misma que la relación entre los tiempos de revolución de la Luna y el Sol.

3. La “explosión de la modernidad” se dio con la “economía política de las armas de fuego”.

Estudios de Geoffrey Parker, Werner Sombart y Karl Georg Zinn muestran que el inicio de la modernidad en el siglo XV se da con la invención de las armas de fuego y la subsecuente carrera armamentística (nuevos cañones, nuevas murallas), que creo los primeros asalariados (soldados=de sueldo), como ya Marx notara, y obligó a la centralización de recursos técnicos y materiales hacia esa carrera. El dinero sacral pre-moderno, que ya entrara en diversas relaciones sociales (pero de ningún modo fue equivalente universal) constituye aquí un hallazgo histórico: los príncipes obligaban a los súbditos a pagar en moneda sus impuestos a fin de obtener recursos para la carrera armamentística, lo que fue potenciado con la llegada de oro y plata de África y de América.

4. El dinero solo “circuló” en el proceso de constitución inicial, después pasó a acumular tautológicamente.

En verdad solo en esta fase de la constitución de la Modernidad, en la que todos los poseedores de recursos eran obligados a monetarizarlos, pero la producción de bienes todavía no se hacía en el régimen del trabajo asalariado, solo en esta fase es que hubo una verdadera “circulación”. Cuando el sistema comenzó a funcionar en base a sí mismo, después de que la mayoría de la población ya había sido expropiada de sus recursos y obligada al trabajo asalariado, en el sistema que conocemos, el dinero no circula, únicamente acumula, como puede comprobarse: cualquier empresa tiene que obtener retornos para pagar la inversión y un excedente para la inversión adicional (so pena de ser cilindrada en la concurrencia). Cualquier mercancía producida sigue la vía de sentido único, más o menos larga, hasta el consumo ( o al vertedero). La idea según la cual los productores cambian (trocan) entre si sus productos no tiene fundamento en la realidad, es pura ideología.

5. El dinero actual es capital y el capital “relación social total”.

Al contrario que el dinero antiguo, el dinero actual existe en un contexto de producción de mercancías para el mercado y tiene que ser invertido en ese proceso para valorizarse, con la aplicación de fuerza de trabajo en la producción. Solo tiene valor en la medida en que representa trabajo pasado, prestado en el nivel del desarrollo de la sociedad. En ese sentido el capital es una relación social, en cuanto socializa la mayoría de la sociedad, mal o bien.

El dinero se convierte en la “pura unidad” (Eske Bockelmann), el puro relacionar entre si todas las mercancías, las cuales a su vez se tornan “puramente relacionadas”, de contenido indiferente, meramente cuantitativo (precio). En el trato con el dinero todos los miembros de la sociedad aprenden esta abstracción extraordinaria, un pensar sin contenido, que se consuma por simple reflexión, permaneciendo en su forma inconsciente para los sujetos. Así se establece una “nueva episteme” (Foucault).

El carácter tautológico del hacer del dinero más dinero ya fue denominado “fetichismo de la mercancía” por Marx, que identificó al capital como el verdadero “sujeto automático” de esta sociedad, no pasando de ser los obreros y los capitalistas “máscaras de carácter” de ese automovimiento alienado.

6. La cara oculta de la socialización del valor: La “disociación sexual” de las actividades olvidadas más imprescindibles de amar, cuidar, proteger, alejadas de la esfera pública y delegadas en las mujeres, ya desmiente la pretensión de la totalidad.

Más allá de Marx (Historizado como “doble Marx”: El Marx del poder de los trabajadores, que se agotó con el socialismo real, y el Marx crítico del fetichismo, más actual que nunca) es preciso constatar el crimen fundador de la sociedad del dinero y del trabajo con la “caza de brujas” que marca su comienzo. La “disociación sexual” (Roswitha Scholz) no es una relación derivada del valor (valorización) sino que es esencial y constitutiva de la relación social total. Ambos momentos centrales esenciales de la misma relación social, en sí contradictoria y fragmentaria, deben ser comprendidos al mismo alto nivel de abstracción. Lo que no puede ser comprendido en el valor, que es por tanto disociado por él, ya desmiente la pretensión de totalidad de la forma de valor.

La disociación-valor como principio formal histórico-dinámico marca toda la historia del capitalismo; no es una estructura rígida, sino una ĺogica procesual. No menos importante; el desarrollo de las fuerzas productivas y la generación de plusvalía a través de la aplicación del conocimiento científico tiene su fundamento, también en el plano cultural-simbólico y psico-social, en la disociación de lo femenino.


7. El dinero como equivalente universal es una mercancía aparte con valor material

En la dinámica social de la valorización desencadenada inconscientemente por los seres humanos que se expandió por todo el planeta, el valor resultante del trabajo prestado en términos socialmente válidos es representado en el conjunto de las mercancías y en el equivalente universal que es el dinero. El dinero tiene que contener un valor material, que hasta la I Guerra Mundial era oro. Ya entonces eso era difícil y hoy no hay oro en el planeta para representar en términos prácticos la enorme cantidad de bienes y servicios producidos. Las dos guerras mundiales del siglo XX no resolvieron el problema, sino que solo establecieron un pacto en Bretton Woods: Dolar convertible en oro y monedas indexadas al dolar. Desde 1973, con la suspensión de la convertibilidad del dolar en oro, vivimos en un sistema post-monetario, en el que el dolar mejor o peor viene desempeñado la función de moneda mundial (no por la fuerza del oro en stock, sino por la fuerza militar de la última superpotencia, como puerto seguro para cualquier inversión). Se creo así el célebre déficit gemelo de los EEUU, que importan de todo el mundo pagando con títulos de deuda: déficit que, irónicamente, mantiene aparentemente en funcionamiento al sistema mundial en esa base insostenible.

El prolongado curso del crédito sacado sobre un futuro lejano – primero el crédito estatal en las economías de guerra, después el crédito general y universal a la inversión, a la producción y el consumo, a través de un baile de mascarás transnacional de derivados del dinero cada vez más increíbles – este curso prolongado dio origen al positivismo de los hechos que pretende poner en ridículo la teoría del valor basado en el trabajo invocando que el dinero (o cualquier cosa) vale lo que el mercado dé por ella. Lo que no deja de ser empíricamente verdad. Lo peor es que esa verdad es tan inestable como el referido valor de mercado y de repente desaparecen en el cielo financiero miles de millones, que de hecho eran ficticios, tornándose difícil justificar el desastre por la manipulación hecha por los banqueros u otros especuladores (véase la situación caricata de la burocracia china en busca de culpables para el último colapso de la bolsa. )

8. La substancia material del capital y el trabajo abstracto

Hoy la susbtancia del capital solo puede ser el trabajo socialmente valido. Si las mercancías son producidas en procesos tendencialmente automatizados ellas no tienen ningún valor globalmente, Si el dinero es emitido sin ser la proporción de esa aplicación del trabajo socialmente válido él tampoco tiene ningún valor. Y no se puede poner el carro delante de los bueyes: cuando se construyen ciudades enteras en base a créditos sacados arbitrariamente del futuro, aunque se aplique la mano de obra en el nivel socialmente exigido, esas ciudades se revelan ruinas en el paisaje, por no haber quien las compre (como en la china de Mao y no solo allí).

Es de notar que el valor de las mercancías y del dinero es calculado en el proceso de concurrencia universal: Ahí es donde se apropian del valor producido los vencedores, que por ironia son los que menos contribuyen en el proceso de producción global de valor por la adicción de trabajo socialmente valido. Un proceso realmente contingente e irracional en sí, que nunca puede golpear derecho. La realidad no tiene nada que ver con los “preconceptos populares” (Marx), según los cuales el valor queda embutido en la mercancía y si el justo valor no se realiza en el mercado es solo porque los especuladores no lo permiten (el mismo Marx aquí y allí parece suponer el valor individual de cada mercancia, pero en el Tercer Volumen de El Capital se presenta inequívocamente como relación social total). Este preconcepto, que rápidamente se desenvuelve en “anti-semitismo estructural”, continua resolviendo felizmente muchos discursos políticos de la izquierda, lo que implica la declaración de que todo se resolvería con una gestión adecuada del mercado por parte del Estado (incluso después del final poco glorioso de los llamados estados socialistas).

9. En la dinámica de la valorización del valor, en el tiempo abstracto se produce un tiempo concreto irreversible. De la “plusvalía relativa” y la “caída tendencial de la tasa de ganancia” al límite interno absoluto de la valorización.

Moishe Postone fue el primero en estudiar con atención el tiempo en el capitalismo. Contrariamente a las sociedades agrarias, con su tiempo cíclico, el tiempo aquí es lineal y abstracto: se trabaja, (es decir, se gasta “nervio, músculo y cerebro”, en la expresión de Marx) para producir para el mercado tendencialmente todos los días y a toda hora. Pero en este tiempo abstracto, con el desarrollo de las fuerzas productivas y destructivas por la imposición de la concurrencia que es inherente a la producción de mercancías, se produce un tiempo concreto, en el que las condiciones de producción anteriores se van tornando sucesivamente obsoletas.

Con la “plusvalía relativa” y a pesar de la “caída tendencial de la tasa de ganancia”, ya estudiadas por Marx, el sistema puede durante algún tiempo expandirse interna y externamente, hasta con mejoras palpables para los trabajadores, como se verificó en la post-guerra con el llamado fordismo. Ese tiempo se acabó. No hay hacia donde expandirse más. Ni hay más donde expandir en términos económicamente válidos “nervio, músculo y cerebro” sino para una reducidísima minoría. Como previó Marx, la base del modo de producción basado en el valor se fue al aire, en cuanto sistema social.

En el “colapso de la modernización” (Robert Kurz) en curso, después del fracaso de los países llamados en desarrollo en su tentativa de entrar en el mercado mundial, quebró el segundo vinculo más frágil del sistema mundial de producción de mercancías, revelándose los regímenes llamados socialistas con meras tentativas de “modernización atrasada” en el sistema del Trabajo y del Dinero. El desastre en curso alcanza a todo el mundo y llega ahora a los centros. Un mundo lleno de refugiados es la expresión más brutal del fin de la capacidad inmanente de desarrollo capitalista.

En los límites del sistema, la disociación sexual no es superada, sino agravada con un “asalvajamiento del patriarcado”, descargando sobre las mujeres las consecuencias de la crisis (“doble socialización”, en cuanto trabajo en casa y fuera de casa.) e incluso intentando entregarles la gestión de la sociedad en ruinas (“mujeres de escombros”). Los límites internos también son evidentes en el hecho de que las actividades tradicionalmente prestadas por mujeres y de connotación femenina, que exigen una lógica de gastar tiempo, deberán ahora ser hechas profesionalmente, con una lógica de ahorrar tiempo.

10. No hay dinero mundial ni poder mundial. Las mujeres y hombres de todo el mundo precisan librarse de los restos falsificados del dinero y del poder y de la alienación de las actividades disociadas de “cuidar y proteger” para poderse socializar a la altura de su tiempo.

El sistema irracional basado en el trabajo y en el dinero, creado inconscientemente por los seres humanos sin ser consciente de ello, se basa en la competencia. Los operadores que consiguen producir mejor y más barato, por vía de la innovación y la reducción de puestos de trabajo, consiguen tener éxito y apropiarse de una porción mayor del valor globalmente producido. O sea, visto desde la perspectiva del conjunto, los vencedores no solo liquidan a los concurrentes, también liquidan, a determinado plazo, el sistema mismo (como previó Marx).

La innovación impuesta por la concurrencia exige cada vez más créditos para los costos previos de producción. En la economía globalizada, es flagrante la contradicción entre el carácter nacional del estado y del dinero y el carácter global del capital. Los títulos de deuda circulan en mercados financieros globales enmascarados como “derivados financieros” en las formas más increíbles. Con el expediente de las facilitaciones cuantitativas los bancos centrales (primero la Reserva Federal de los EEUU, ahora el BCE, con 60 mil millones de euros por mes) “compran” con dinero creado de la nada, los residuos tóxicos de los títulos de deudas impagables de los Estados y de las grandes empresas, transformándose en un vertedero, pero así solo demoran el colapso del sistema.

Una de las anécdotas recurrentes del discurso político actual es que todos los países quieren aumentar su competitividad y sus exportaciones. Esto es en si una contradicción.

El dinero emitido con efigie nacional era una parte en la concurrencia interna e internacional. Contrariamente a los anhelos de paz perpetua de Kant, el derecho internacional siempre se ha guiado por la fuerza. Y la guerra, como notó Clausewitz, es la continuación de la política por otros medios. Pero ahora, como ya no hay producción de valor socialmente relevante, tampoco hay Estados vencedores para imponerse, solo bandas armadas sueltas, en la tierra quemada de las regiones colapsadas en el mercado mundial. La Primavera Árabe no llegó al verano.

Los regímenes fascistas post-modernos seudo-religiosos, bárbaramente misóginos y antisemitas, pretenden escamotear la insostenibilidad de un modo de relación tornado obsoleto por medio de rituales absurdos, disrespeto por el individuo, represión brutal y, sobretodo, exigencias acrecentadas para las mujeres, así se revelan como específicamente modernos y capitalistas, a pesar de sus vestimentas religiosas.

Para salir de la “jaula de hierro” (Max Weber) de la valorización del valor es preciso “pensar contra si mismo” (Adorno) y tener en cuenta la cara oculta del valor que es la disociación sexual.

“De la perspectiva de la crítica de la disociación-valor, los diferentes planos, el plano material, el cultural-simbólico y -last, but not least (lo último pero no lo menos importante) – lo sicoanalítico tienen que ser relacionados entre sí, en su entrelazamiento dialéctico y simultánea separación, en su desarrollo procesual. Solo así podrá ser suplantada la totalidad negativa, hacia más allá… del universalismo androcéntrico, que en realidad caracteriza esencialmente la decadencia de la crisis del patriarcado capitalista”. (in EXIT 12, 2014)

Boaventura Antunes

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Presentación en Abrantes Filosofía Club, 21 de septiembre 2015

Original en portugués en:

DINHEIRO. Da crítica social à crítica categorial.

*ILUSTRACIONES: Destacada: Afrodita volando sobre un ganso. Alude a Juno Moneta, “La Avisadora”, pues esta era titulada así por el aviso dado por los gansos sagrados de su templo en el Capitolio Romano durante el asalto en la batalla de Alia.

En interior, una idealización del Capitolio Romano, donde se encontraban los gansos sagrados que avisaron a la guarnición romana del intento de asalto galo.

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