“El climax del capitalismo. Breve esbozo de la dinámica histórica de la crisis” por Robert Kurz. ( Y notas marxistas vascas de coyuntura de la crisis).

“El climax del capitalismo. Breve esbozo de la dinámica histórica de la crisis” por Robert Kurz. ( Y notas marxistas vascas de coyuntura de la crisis).

 

 

Incluyo la traducción de este texto del año 2012 de Robert Kurz, y, a continuación, de seguido un artículo con una recapitulación de la dinámica de la crisis capitalista mundial, a cuatro años del texto de Kurz, a través de una serie de notas de coyuntura.)

 

El climax del capitalismo

 

Canal pus

 

Breve esbozo de la dinámica histórica de la crisis. Por Robert Kurz

En la crisis ya estamos casi después de la crisis. Este ha sido el mensaje del pensamiento positivo desde la quiebra de Lehman Brothers. ¿Por qué el mayor crack financiero desde la década de 1930 habría de provocar ninguna especie de reflexión sobre la teoría de la crisis? Unas veces subiendo, otras bajando, todo se transforma de una manera o de otra, pero solamente así queda siempre igual. Las crisis van y vienen, pero el capitalismo permanece siempre. Por eso no interesa la crisis en si, sino aquello que viene después, cuando la crisis acaba, como todas las cansinas crisis anteriores. Veremos todo esto a veces subiendo, a veces hacia abajo. ¿Quién se levantará y qué pasará a la nueva era? ¿LLegará finalmente el milagro económico a África, será el siglo del Pacífico, con China como nueva potencia mundial, o se tratará de la recuperación en Estados Unidos de pequeña capacidad empresarial? ¿Veremos tal vez a la lira italiana renacer como moneda de reserva? Anything goes. Todo vale. Así que es preciso hacer una investigación de tendencias un poco más valiente, si los mercados financieros, tornados por su parte arrogantes, expelen nubes de cenizas, como el Etna en sus mejores días.

 

¿Quién es el que todavía quiere saber del contexto histórico en el interior del desarrollo capitalista?

¿Quién es el que todavía quiere saber del contexto histórico en el interior del desarrollo capitalista?… : Feliz aquel que olvida. Ni siquiera se debe pensar que en 1982, con la primera insolvencia de México pudo haber comenzado un ciclo de crisis cualitativamente nuevo, persistente hasta hoy, que avanza de la periferia a los centros devorando lo que encuentra por el camino. La estructura de percepción posmoderna excluye cualquier punto de vista que sobrepase la tendencia de la temporada. Lo que Marx designó, en el prefacio del primer volumen de El Capital como condición de conocimiento en teoría social, principalmente la capacidad de abstracción, hace mucho que tiene mala fama de esencialismo. La microeconomía que domina el discurso ya no reconoce ninguna sociedad, sino solo individuos, como decía Margaret Thatcher. Donde todo es economía, incluso la relación con el propio yo, el espacio y el tiempo se reducen al horizonte del click de ratón y de la experiencia del shoping. Sobre el todo negativo nada debe ser dicho para que él permanezca en la más graciosa invisibilidad. Muchos de los que, sintiéndose aludidos, se cubren con la caperuza, posiblemente preguntan: ¿Qué quiebra de Lehman Brothers? ¿Eso fue antes o después de la Primera Guerra Mundial? Quien se mueve en el espacio mediático solo entre eventos inconexos, sin consciencia de pasado ni de futuro, también consigue apartar la crisis del pensamiento, siempre y cuando el dinero continúe saliendo del cajero automático.

Pero poco a poco la cosa comienza a oler a rata, de tal modo que hasta el valer para entretener del analizador de tendencias, en tanto que adivino, entra en caída. En el nuevo siglo la crisis parece haber venido para quedarse. A una recesión y un falso fin de alarma le sigue otra recesión, mientras que a los guardianes del sistema financiero global les gustaría contar sus esqueletos en el armario y, sobretodo, dejar fuera la llave. Ni siquiera el chauvinismo exportador alemán está completamente seguro de que Alemania juegue realmente sola, en una liga completamente diferente del resto de la Zona Euro. Nadie sabe debajo de qué tejado estará el fuego mañana o pasado. Pero todos saben que los focos del incendio están al acecho por todas partes y parecen misteriosamente entrelazados. La confianza fundamental postmoderna en el capitalismo se desmorona, aunque su vergüenza no se ha convertido todavía en el tema principal.

Hasta la izquierda foucaultiana comienza a percibir que entiende tanto de economía como KarlMarx de motociclismo. Por eso la crisis, a pesar de todo, tiene que conducir el discurso hacia un terreno que fue hasta aquí acusado de “economicista” y fundamentalmente evitado. ¿Qué pasa entonces con el capitalismo? Infelizmente, Marx no nos dejó una cómoda teoría de la crisis, en formato de libro de bolsillo. Como es grande la presión para juntar la perdida desconstructivista de la realidad con el redescubrimiento lo más barato posible de la economía, se buscan, en la mejor de las hipótesis, versiones algo superficiales de la tradición marxista.

De acuerdo con estas, cíclicamente el capital entra en una fase de la llamada sobreacumulación. Mucho del capital acumulado no consigue continuar valorizándose lo suficiente porque la plusvalía producida ya no puede ser transformada en su forma dinero, o “realizada”, por falta de poder de compra de la sociedad. Las inversiones en máquinas y fuerza de trabajo fueron realizadas en demasía por sobre la capacidad del mercado para absorberlas rentablemente, surgen excedentes de capacidad de producción, surgen por todas partes mercancías invendibles, el capital dinero fluye hacia los mercados financieros formándose ahí burbujas. El capital excedente, en todos sus excedentes (capital real, fuerza de trabajo, capital mercancía, capital dinero), tiene ahora que ser desvalorizado por la crisis. Después todo puede recomenzar por el principio.

Brunnnnnnnn

Esta versión es más sabrosa para la perniciosa ideología postmoderna. Pues la crisis surge aquí como un evento ahistórico, en eterno retorno de sí misma. Así, un ajuste de vez en cuando hace tanto bien al capitalismo como una cura de sudor. La crisis hace parte de su maravilloso funcionamiento, como la izquierda esclarecida ya sabe hace mucho tiempo. La expansión y la contracción se alternan en una sucesión indefinida, sin que se pueda reconocer un proceso coherente y progresivo.

Pero en Marx se encuentran también reflexiones completamente diferentes, según las cuales, a largo plazo, el problema no es la insuficiencia periódica de la realización de plusvalía en el mercado, sino, mucho más fundamentalmente, la propia falta de su producción. El capital es autocontradicción en proceso pues, por un lado, tiene como único objetivo la incesante acumulación de valor, o “riqueza abstracta” (Marx), mas, por otro lado, la concurrencia obliga, a través del desarrollo de las fuerzas productivas, a tornar superflua a la fuerza de trabajo, que es la única fuente de este valor, y a sustituirla por dispositivos científico-técnicos.

Sin embargo, el desarrollo de las fuerzas productivas no es un eterno retorno de si mismo sino un proceso histórico irreversible. Como Marx muestra en los Gründisse, esto lleva a una situación en que los productos son de hecho bienes útiles (valores de uso), mas ya no pueden representar, como mercancías, una cantidad suficiente de energía laboral humana pasada. Esto no es un ajuste sino que es un “límite interno” (Marx) del capital. Este aspecto de la teoría de Marx ya era inaceptable para el marxismo tradicional, para el que lo que importaba era el “planeamiento del valor” en vez de su abolición. Para una consciencia que desconoce completamente la historia y no consigue formular ningún concepto de valor, pero anda a fisgonear de evento en evento y le gustaría convencerse de que la compulsión a la autovalorización es una libertad sin límites, es mucho menos posible pensar en un límite objetivo de esta forma de existencia.

Ahora bien, el capital depende no solo simplemente del valor, sino también de la plusvalía producida por la fuerza de trabajo más allá de sus propios costos. El mismo desarrollo de las fuerzas productivas que convierte a la fuerza de trabajo cada vez más en superflua abarata los costos de la fuerza de trabajo todavía utilizada. Así aumenta la parte alícuota de la plusvalía en el tiempo de trabajo total gastado. Pero la masa de plusvalía de la sociedad depende no solo de su parte alícuota por trabajador, sino, también, del número de trabajadores utilizables en un determinado estándar de productividad.

Marx formuló este problema en el tercer volumen de El Capital, como teoría de la caída tendencial de la tasa de ganancia. La parte del capital real en el capital dinero aplicado aumenta continuamente, mientras disminuye también continuamente la fuerza de trabajo movilizable con él. Esto puede ser leído indirectamente en las estadísticas burguesas, en el hecho histórico de que los costos previos de la creación de un puesto de trabajo aumenta inexorablemente, porque tiene que ser utilizado un agregado cada vez mayor de maquinaria, infraestructuras, etcétera, para poder emplear a un trabajador. Una vez que solo la fuerza de trabajo produce valor, la nueva ganancia media del capital dinero anticipado tiene que bajar a escala social, aunque aumente la parte alícuota de la plusvalía en la producción de valor por trabajador.

El resultado social depende de la relación de magnitud de las dos tendencias opuestas. Junto con la teoría de una desvalorización histórica fundamental del valor leída en los Gründisee, la argumentación aquí esbozada desagrada de tal modo a la comprensión ahistórico del capital como un proceso que alterna eternamente entre la expansión y la contracción que la novísima corriente intelectual denominada “Nueva lectura de Marx”, por cautela, declaró a la caída tendencial de la tasa de ganancia como un simple producto de la imaginación de Marx.

 

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De hecho, la caída de la tasa de ganancia puede ser compensada hasta cierto punto por el aumento de la masa de ganancia, si el modo de producción capitalista como tal se expande y así es aplicado más capital dinero productivamente. Externamente esa expansión se agotó como la “valorización” de todo el espacio terrestre. Pero hay diversos conceptos de expansión interna cualitativa, remitiendo todos hacia el economista burgués Joseph A. Schumpeter. Este describe el desarrollo capitalista como la creación periódica de nuevos productos y ramos productivos. En consecuencia, la expansión es soportada por ciertos ciclos de productos, hasta que estos entran en estagnación y empresarios innovadores les ponen fin con nuevos productos para nuevas necesidades. Solo gradualmente el nuevo ciclo de productos se torna sostenible y puede comenzar la expansión renovada en una base modificada.

La teoría de Schumpeter tiene el pequeño defecto estético de no relacionarse de ningún modo con el contexto de desarrollo de las fuerzas productivas y producción sustancial de plusvalía. Tal como en toda la economía política, se considera la superficie del mercado como el único objeto válido de la ciencia económica. Y así es que la creación de nuevos ramos de producción y nuevas necesidades surge automáticamente como fundamento de la retoma capitalista, sin que sea siquiera planteada la cuestión de las condiciones concretas de valorización a través de la sustancia trabajo, en un estándar de productividad modificado. Es precisamente por esto que la izquierda posmodernizada agarra la idea de Schumpeter y sus teoremas aparentados con tanto gusto, para completar a Marx en forma de un bocadillo anti-sustancialista. A nuevos ramos de la producción, nuevo éxito de la valorización, pues la masa de energía laboral gastada no desempeñará así ningún papel tan importante, si dentro en breve se puede hacer download de dinero tal y como con todo lo demás. Después, en el próximo boom, se podría escoger el área de actividad en que crear esa energía laboral, sea en la producción de los monstruos de la ingeniería genética, sean en las redes de amigos en Internet, o sea en los biocombustibles en vez de por pan para el mundo o por la salvación de los osos polares.

En la corriente oculta de la argumentación de Marx la cuenta se presenta de modo diferente. Sea cual sea el contenido de la producción, al capital solo le interesa la cantidad de fuerza de trabajo creadora de valor que puede ser utilizada. Esta tiene que subir en términos absolutos, si se pretende que el fin en si de la acumulación tenga éxito. Ahora bien, la creación de nuevos ramos de producción o la entrada de productos antes de lujo a la producción en masa solamente pueden compensar la racionalización científico-técnica de la fuerza de trabajo por un periodo de tiempo históricamente limitado. El capitalismo alcanza su climax cuando la expansión interna es alcanzada y sobrepasada por el desarrollo de las fuerzas productivas. Entonces la caída relativa de la tasa de ganancia se transforma en una caída absoluta de la masa social de plusvalía y, por tanto, de ganancia, tropezando así la valorización del valor supuestamente eterna con su desvalorización histórica.

Pueden apuntarse algunos indicios de que el desarrollo capitalista ingresó en este estado desde los años 1980, con la Tercera Revolución Industrial. La culminación de la contradicción interna es modificada y filtrada por la expansión histórica del sistema de crédito, que prosigue reflejando espejeantemente la estagnación y declive de la masa de trabajo productora de valor. Ya el permanente aumento relativo del capital real empujó progresivamente los costos muertos anticipados hasta las alturas, de tal modo que solo podían ser financiados por las ganancias corrientes en una parte cada vez menor. El crédito se transformó desde elemento productor coadyuvante de la producción de plusvalía en su sustituto. La acumulación se alimenta desde entonces cada vez menos de la sustancia de trabajo real pasado y cada vez más de la anticipación de trabajo imaginario futuro. Inversiones y empleos sin ninguna base real son financiados por una deuda global sin precedentes y por las burbujas financieras resultantes de ella. Esta fue también la condición de posibilidad social para el triunfo de las ideologías virtualistas y desconstruccionistas. Todavía, a pesar de las apariencias temporales, aquí no se acumula capital, como se vio en la industria de la construcción de muchos países después del estallido de las burbujas inmobiliarias.

En la superficie del mercado mundial, el consumo cada vez más anticipado de ganancias y salarios futuros asumió la forma absurda de una división de funciones entre países superavitarios y deficitarios. Unos compran con dinero de ingresos futuros mercancías cuya producción por los otros fue financiada a través del recurso a rendimientos futuros. Ábrese un agujero negro, que se ensancha, entre la creación pasada de valor real y una futura creación de valor ficticiamente anticipada. Este constructo de una coyuntura de déficit global tiene dos ejes principales: uno mayor, el circuito de déficit del pacífico, entre China/Asia Oriental y los Estados Unidos, y otro menor, en Europa, entre Alemania y el resto de la Unión Europea, o mejor dicho, de la Zona Euro. El empleo así movilizado, por ejemplo en China, es tan poco viable como lo fue la actividad de construcción hacia el boom inmobiliario. En un caso, Asia acumuló reservas de divisas en dolares en un orden de magnitud astronómica, en el otro caso, el sistema bancario internacional financió deficits igualmente elevados en el interior de la zona monetaria común. Estos célebres “desequilibrios” hasta son incompatibles con los manuales de Economía Política que, de cualquier modo, ya nadie toma en serio.

Después de un encadenamiento cerrado de las crisis financieras, que en los últimos treinta años sacudieron países y sectores económicos aislados, el crack financiero de 2008 asumió por primera vez una dimensión global. El rompimiento de las cadenas de crédito coloca en el orden del día el ímpetu de la desvalorización. Fueron los estados, ya de por si altamente endeudados, los que impidieron el inicio de la avalancha, por medio de la inyección masiva de crédito adicional y de emisión monetaria. Se presentía, por lo menos, que no venía una tempestad purificadora, sino que eran las luces del capital mundial las que estaban en la inminencia de pagarse. Así, los créditos podridos fueron enterrados como basura radioactiva con la ayuda de las garantías de los Estados, las capacidades industriales excedentes fueron mantenidas por medio de enormes subvenciones y la coyuntura económica fue artificialmente alimentada con programas estatales. Particularmente el capitalismo de Estado chino forzó su sistema bancario, apoyado en un patrimonio de divisas, a financiar inversiones ruinosas en forma de ciudades fantasma, aeropuertos fantasma, fábricas fantasma, etcétera, inflando la madre de todas las burbujas inmobiliarias.

 

Bisnis is bisnis

 

Con todas esas medidas aventureras no resolvieron nada, solo fue pospuesto el proceso de desvalorización y deslocalizado el problema desde los mercados financieros hacia los Estados. Era previsible que el aliento de los programas estatales se agotaría rápidamente. Comenzó en la Zona Euro, como lo mas débil de la cadena, pero también todas las otras finanzas estatales se tambalean y corren el riesgo de desencadenar reacciones en cadena. Así, la montaña de dolares chinos se deshará en el humo, si los Estados Unidos tuvieran que admitir que están tiesos. Las deudas estatales incumplibles se suman a los créditos incobrables de los mercados financieros; se aproxima la fusión nuclear del sistema de crédito. El futuro capitalista ya consumido tornase presente. Grecia muestra ejemplarmente que las personas tendrían que dejar de vivir durante años para continuar satisfaciendo los criterios capitalistas.

Después de que la emisión monetaria deja de limitarse a posponer la desvalorización de los títulos de deuda, mas pasa a alimentar directamente la coyuntura económica con dinero sin sustancia por medio de la simulación del crédito, el propio medio dinero en si se desvalorizará. También la inflación tiene un recorrido previo histórico. Si era casi desconocida desde la industrialización hasta la Primera Guerra Mundial, las economías de guerra solo pudieron ser financiadas por la emisión monetaria, irregular en términos capitalistas. Pero, después de la guerra mundial, el fantasma de la inflación se tornó un compañero constante del capitalismo, porque el sistema de crédito expandido se tornó constitutivo también para la producción ordinaria de mercancías. Hoy, los paquetes de rescate ya sobrepasan las dimensiones de la economía de guerra y el torrente directo de dinero de los bancos emisores se revela como última instancia. Incluso una reforma monetaria radical, que anulase todas las fortunas y créditos, no llevaría a un punto cero de reinicio. Pues es tan insuperable el agregado de conocimiento de la sociedad, que ya no permite permite la producción de suficiente plusvalía. La desvalorización se repite, solo que en intervalos cada vez más cortos.

Pase lo que pase, a pesar de todo esto la consciencia de la experiencia mediática no gusta de incomodarse con realidades enfadosas. El fin del mundo, anunciado por el calendario maya para 2012, es más un motivo de diversión. Lo importante es que la tarjeta de crédito no sea cancelada. También para toda la izquierda posmoderna, reconvertida a socialdemocracia, es más fácil imaginar un capitalismo sin mundo que un mundo sin capitalismo. La autodesconstrucción final es definida como un asunto excitante. No todos los días una persona se puede dar ese lujo.

 

Robert Kurz

 

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Original . KLIMAX DIE DES Kapitalismus Kurzer Abriss der historischen Krisendynamik en: http://www.exit-online.org el 29.01.2012 Publicado en la revista Konkret 02/2012.
http://www.obeco-online.pt/
http://www.exit-online.org/

Amnistia!!!

NOTAS MARXISTA VASCAS DE COYUNTURA DE LA CRISIS CAPITALISTA.

Tras leer este texto de Robert Kurz sobre el Climax del capitalismo llego a la conclusión de que el marxismo vasco ha logrado sobrevivir, por el momento, a la fase de agudización de la crisis capitalista iniciada en el año 2006, lo cual es un logro descomunal. En lo que sigue analizo brevemente la coyuntura a la luz de la teoría marxista de la crisis.

 

Las posiciones de la tendencia marxista vasca

El marxismo vasco, cuya corriente principal es la que se desarrolló en el movimiento independentista, sostiene desde mediados de los años 1990 la línea de COMUNISMO O CAOS. Por su parte, ya desde aquella época la socialdemocracia vasca se transformaba en una izquierda imperialista típica desde la base social, y, puesta en la tesitura de elegir entre el eje de resistencia proletaria ante la crisis capitalista mundial y el eje de proceso de paz/integración, eligió este segundo. En ese contexto, el centrismo, de carácter socialista revolucionario y basado socialmente en técnicos cualificados, también paso a negar el alcance y gravedad de la crisis capitalista, y a rechazar la teoría marxista de la crisis, especialmente la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Precisamente de esto es de lo que trata, magistralmente, este texto de Kurz.

La Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia.

Kurz describe muy sucintamente esta ley así: “La parte del capital real en el capital dinero aplicado aumenta continuamente, mientras disminuye también continuamente la fuerza de trabajo movilizable con él.”
A esto Marx lo denominó aumento de la composición orgánica del capital, y a su efecto estructural en la reducción de la cuota de ganancia (y así de la tasa de explotación media por trabajador/a) lo denominó Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia (1), una teoría de Marx que, como muy bien apunta Kurz, es crucial en la teoría marxista de la crisis. Esta teoría repele tanto a la socialdemocracia como al centrismo, pues invalida la estrategia reformista y las tácticas oportunistas, no dejando espacio para las facilonerías “pragmáticas”, a largo plazo corrosivas, de los centristas. Estamos, pues, ante una teoría revolucionaria.

La crisis capitalista mundial de crecimiento.

La teoría de la ley de la tendencia decreciente – o de la caída tendencial – de la tasa de ganancia cobra especial relevancia en la larga crisis de crecimiento que viene experimentando el capital mundial desde el crack financiero de 2007. Como sabemos, el capital, para compensar la caída de la ganancia y perfeccionar su dominación política, en otras palabras, para reproducirse, no meramente necesita reducir el costo de producción de la fuerza de trabajo o desvalorizar la fuerza de trabajo; el capital para proseguir la acumulación necesita realizar una Reproducción Ampliada de Capitales. Puede, es cierto, superar fases local o globalmente prolongadas de caída de la ganancia media, reconstituyéndose sobre su propia acumulación anterior o sobre perspectivas de plusvalía futura, a través del crédito, que es lo que está haciendo, pero en último término el capital necesita crecer o todo su régimen histórico de producción colapsaría. Es decir, el capital, en el largo plazo, o crece o colapsa. Esto es así porque si el capital no crece comienza su descomposición política a través de la reproletarización paulatina o repentina de su bloque social de apoyo. Con esto quiérese decir que la Reproducción Ampliada de Capital es también reproducción perfeccionada del régimen político del capital imperialista y de su bloque social de apoyo. Por esto, al involucrar su propia base social, al contrario de lo que la crítica determinista nos dice, la crisis mundial de crecimiento puede ser definitiva para el mundo capitalista, no siendo correcto descartar apriorísticamente su eventual derrumbe.

La incertidumbre sobre los 3 desenlaces posibles.

En realidad, estamos dentro de una incertidumbre general sobre el rumbo que tomará la dinámica de las estructuras capitalistas, habiendo tres grandes desenlaces posibles. Uno es el derrumbe financiero y político, y luego civilizacional, del Capital. Este desenlace es indescartable dada la profundidad de la subproducción de plusvalía. Otro desenlace consiste en una reproducción del capital trabada a largo plazo, en la que no se consigue frenar la tendencia a la superproducción absoluta de capitales pero, mal que bien, logran frenar el derrumbe, lo que implicaría décadas de incertidumbre histórica. Y otro es la realización de una reproducción ampliada de capitales global, que sería la última realizable y que lograría lanzar la lata del colapso hacia adelante hasta el horizonte de 2040-2050. No, no es indescartable ninguno de estos tres desenlaces y hay que prepararse para cualquiera de los tres, pero, eso si, hay que jerarquizarlos por su grado de probabilidad: El más probable ahora es el Derrumbe, seguido inmediatamente después por el Estancamiento, siendo por ahora el menos probable el desenlace en Reproducción Ampliada Global. Por supuesto, conviene aclarar que hay varios tipos de desenlaces mixtos posibles entre estas tres grandes posibilidades.

 

El cambio del modelo mundial de acumulación de capital.

Para ubicarnos mejor en relación con la comprensión del posible desenlace de la crisis mundial de crecimiento hemos de comprender la historia de la sucesión de los modelos históricos de acumulacion de capitales. Como sabemos, desde inicios del siglo XX, en la fase del Modelo de Acumulación de Capitales FTK, (Fordista + Taylorista + Keynesiano) la palanca que abrió paso a la Reproducción Ampliada del Capital fue la gran destrucción de capitales realizada durante la II Guerra Mundial y el surgimiento de una Inflación Sistémica. Desde mediados de los años 1960s, en la fase del Modelo de Acumulación de Capitales DTF, (Deudarizado + Toyotista + Feminitario ) la palanca de la reproducción ampliada de capitales estuvo compuesta por la hipertrofia del crédito y el hito de los grandes saqueos acaecidos tras la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Consejistas (URSC). En nuestra época, la combinación de inflación (que toma la forma de mayor deflación [o desvalorización] de la fuerza de trabajo que el capital) + crédito hipertrofiado prolongadamente, genera el Desarrollo en Burbujas, que, sin embargo, no logra desencadenar la Reproducción Ampliada Global del Capital. No obstante, ya están activados dos de los ingredientes necesarios para que se realice: un paradigma tecnológico emergente y una maximización inmensa de la concurrencia de la enorme fuerza mundial de trabajo, estamos pues en los prolegómenos del surgimiento de un Modelo de Acumulación de Capitales DRG (Deflacionario + Robotizado + Globalizado) respecto al que hay una incertidumbre fundamental sobre si logrará o no realizar su particular Reproducción Ampliada Mundial del Capital.

 

La retroalimentación de la lucha interimperialista y la caída de la ganancia media.

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Recordemos; el capital para no sucumbir necesita eliminar las trabas que constriñen su crecimiento. Esto lo ha logrado realizar con anterioridad por medio de grandes guerras. Pero, hoy en día, ante la existencia de armas de destrucción masiva la clase capitalista, cuando choca consigo misma, no puede abordar esas destrucciones puesto que la destrucción no sería meramente regional. Así pues, por un lado, el capital llega a su limite interno, pero además no logra plasmar la rutinaria gran destrucción de capitales que mitigaría la gran desvalorización del capital en curso. Queda pues el capitalismo gripado, tanto más cuanto que debido al auge de la competencia interimperialista las presiones pro alza de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no cesan, reduciendo la rentabilidad del régimen histórico político del capital mientras la competición militar, financiera y científico-técnica se incrementa y exacerba, reduciendo aún más la ganancia media mundial.

 

La falsa solución del aumento de la inversión en innovaciones.

Ante esta situación general, como bien apunta Kurz, la pequeña burguesía schumpeteriana (también la vasco-española) tiene la esperanza de que un cambio de modelo tecnológico recomponga la acumulación de capital de una vez por todas, discurriendo que “A nuevos ramos de la producción, nuevo éxito de la valorización”. El problema es que sabemos que sistémicamente el aumento de las inversiones en innovación, en el marco de la competencia interimperialista por los mercados, no remonta la crisis sino que la agudiza, por cuanto tienden a elevar los costos previos y la composición técnica del capital (2) reduciendo así la ganancia media.

 

El alivio momentáneo de la regresión tributaria.

En esta circunstancias, la inversión no se recupera porque la rentabilidad esperable es baja. El capital, – que no busca meramente una arena exterior para invertir los excedentes internamente incolocables como sostenia R. Luxemburgo sino que busca invertir donde esté la mayor ganancia, como sostenía Bujarin -, se refugia en los mercados financieros y allí son sostenidos sus activos no rentables con las famosas Facilitaciones Cuantitativas (Quantitative Easings), que no son otra cosa que inyecciones dinerarias inflacionarias, verdaderas quitas de renta real por medio de señoreaje monetario, en último análisis de carácter tributario, que repercuten la desvalorización del capital hacia la desvalorización del trabajo, orillándola hacia la periferia del sistema como vimos con la elevación brusca de los precios de los alimentos en África, y luego, ya con la primera Facilitación Cuantitativa (QE-I),  en los Países Árabes, cuando estallaron las revueltas englobadas por el imperialismo bajo el epígrafe de “Primavera Árabe” tras una elevación brutal del precio de los productos básicos coincidente con QE-I. Esto mostraba que la propagación de la crisis de acumulación de capital corre de las regiones de la periferia a las del centro, en un proceso que va, considerado desde este entorno, desde África Subshariana a la semiperiferia exterior, luego a la semiperiferia interior, como Grecia y el estado español, hasta llegar al centro, ubicado en el Norte de Europa.

La Cuarta Revolución Industrial y la crisis social global.

Esa Deriva Tributaria que significan las Facilitaciones Cuantitativas, con las cuales el capital imperialista busca eludir la destrucción de los capitales propios en cada potencia imperialista y sostener el propio bloque social de apoyo, tiene un límite que ya se está alcanzando. En paralelo, la dinámica de inversiones para superar a la competencia en la lucha por los mercados ha terminado por hacer surgir un Paradigma Tecnológico nuevo que subsume y supera al Paradigma Tecnológico de la Tercera Revolución Industrial, basado en la introducción en la Esfera de la Producción de la microelectrónica, la informática y la telemática. Esta Cuarta Revolución Industrial, basada en a) el despliegue de sistemas robotizados que acuden por si mismos “a operar a” y “a transportar al” objeto de trabajo, b) en la introducción masiva en la Esfera de la Producción de la Realidad Virtual, c)  la Realidad Aumentada, d) la Inteligencia Artificial y e) los Sistemas 3D de Impresión Multimaterial, reduce, así mismo, la tasa de ganancia media mundial. Esto es, por un lado esta Cuarta Revolución Industrial acelera con su despliegue la crisis social global en la fuerza de trabajo al incrementar estructuralmente la fuerza de trabajo excedente y la sobrepoblación relativa, y por otro agudiza la crisis política interna al capital.

El Capital como límite de si mismo.

Simultáneamente a este desarrollo, el capital, a través del señoraje tributario de las “Quantitative easing” presiona sobre la fuerza de trabajo y sobre el conjunto de la renta disponible, pero poco a poco se le agota el tiempo y llega el momento en que las consecuencias económicas y sociales depresivas de este posponer los plazos de la producción real y suficiente de plusvalía terminan por llegar a los grandes centros regionales de la acumulación de capital, (EEUU, Europa, Japón, China) arribando el capitalismo a un intenso peligro de Game over. En este momento estamos.

Si el capital no frena la emisión inflacionaria, sino es capaz de autodestruirse, – y, al contrario, precisamente cada fracción del capital intenta eludir por todos los medios esa autodestrucción relativa esperando que sea la fracción contraria la que caiga antes -, se autodestruye absolutamente por la sencilla razón de que la remuneración del capital monopolista en quiebra a través del capital dinero gratis arrasa con su base social, la hace decrecer, y lleva al colapso político de los estados capitalistas. Pero, si el capital frena la emisión inflacionaria (del capital ante el trabajo, aunque formalmente aparezca como deflacionaria) y eleva los puntos de interés, en un contexto de ausencia de rentabilibidad, la masiva desvalorización de capitales subsiguiente lo descompone o amenaza descomponerlo en sus núcleos políticos organizativos centrales. Y así, la desvalorización del capital también corre en estos circuitos de valor desde la periferia de los mercados, – los pequeños ahorristas e inversionistas de la bolsa -, al centro, los grandes tiburones de los fondos de inversión y la gran banca internacional del sistema del petrodolar y sus bastiones especulativos en los precios de la materias primas.

 

Revolución Socialista o Caos.

Nos encontramos pues en una encrucijada entre una guerra mundial o gran guerra regional, y un crack financiero de proporciones gigantescas, inmersos en un mar de incertidumbre respecto al crecimiento o reproducción ampliada del capital, mientras las fuerzas productivas no por ello cesan de desarrollarse – pues la tendencia decreciente de la tasa de ganancia precisamente presupone el desarrollo de las fuerzas productivas -, en el medio de continuas ofensivas contra el proletariado, con un ciega competición interimperialista en auge que presiona hacia la autarquía de bloques, quedando confirmado el diagnóstico realizado en los años 1990 por el marxismo vasco de COMUNISMO O CAOS, mientras lenta pero inexorablemente siguen estableciéndose las condiciones de una gran revolución socialista internacional en la crisis social descomunal que se cierne sobre nuestras formaciones sociales para las décadas entrantes.

K.A.Garcia-Salmones

(1) E L C A P I T A L. LIBRO TERCERO. VOLUMEN 6. SECCION TERCERA. LEY DE LA BAJA TENDENCIAL DE LA TASA DE GANANCIA. [a]. CAPITULO XIII. LA LEY EN CUANTO TAL.

   Ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia.

                       o   Ídem.: Causas contrarrestantes.

                       o   Desarrollo de las contradicciones internas de la ley.

(2)Horizontes de Otra Racionalidad Económica –
Crisis de Legitimidad de una Civilización. Wim Dierckxsens

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