La violencia abortiva y el mito reformista de que las mujeres deciden

Sindrome postraumático aborto

Capítulo del libro: “LA GUERRA DE GÉNEROS MUNDIAL. (Maximización de la concurrencia, guerra de géneros y acumulación de capital”).

La guerra de géneros, que algunos llaman “liberación” femenina, se fundamenta en las mediaciones de varias necesidades de la Sociedad Burguesa y en las determinaciones del proceso de la ciega dinámica de la acumulación de capital. Es lucha de clases desviada y transformada en gran medida. En ella, como hemos visto en el capítulo anterior, la violencia de las mujeres contra los hombres más allá de ser subestimada simplemente es mantenida en el campo del tabú, pero hay una violencia de las mujeres que sin embargo no es tabú en las sociedades burguesas, de la que sí se habla y en torno a la cual hay incluso polémicas, por muy controladas y funcionales a la dominación de clase que estas sean.

Pregunta ¿es el aborto una forma de violencia de las mujeres? No necesariamente. Por ejemplo, el Estado Chino se arroga el derecho al aborto, imponiendo el aborto a las mujeres cuando estas tienen más hijos que los marcados por la política de un solo hijo, siguiendo sus objetivos políticos de búsqueda de una “sociedad armoniosa” en la que se enmascaran objetivos neomalthusianos netamente burgueses. El Estado Chino no niega el derecho a la maternidad, lo restringe, – y es, todo hay que decirlo, más democrático que los países culturalmente occidentales en este asunto, al no hacer distinción de clases en su restricción directa de la maternidad -, el Estado Chino incluso persigue legalmente el criminal aborto provocado selectivo contra los embriones femeninos que se da en el medio rural chino.

En estos meridianos, quienes parecen tener ese poder de decidir sobre la vida y la muerte, que ni siquiera podrían tener en estas culturas los estados sin concitar la insurrección general, son las mujeres. La práctica del aborto es una práctica violenta, aunque se envuelva en gominolas, pues consiste en la destrucción física de un cuerpo humano en desarrollo.

Los comunistas estamos a favor del derecho al aborto en condiciones comunistas pero en contra del aborto en condiciones capitalistas y en condiciones comunistas. La restricción de la maternidad, cuando haya una real superpoblación, o la imposición de la maternidad cuando haya una real despoblación, son cuestiones colectivas, no solo individuales, desde un punto de vista comunista, aunque este no incluye el derecho de la colectividad a hacer abortar a una mujer, sea de la clase que sea.

En las ideologías liberal y reformista en cambio, el aborto provocado es tomado con la mayor naturalidad, asegurándonos que ello se debe a la defensa del supremo derecho del individuo a decidir sobre su propio desarrollo personal. E inmediatamente, asegurándonos que los abortos provocados son realizados por la libre decisión, legal o ilegal, de las personas de sexo femenino. En estas ideologías capitalistas, liberal y reformista, que se nos pretenden colar como principios comunistas, no hay ni la menor reflexión sobre la cuestión de la violencia ejercida contra el embrión, pero si un encubrimiento descarado de la mediación colectiva de clase en la provocación del aborto.

Consideremos estas informaciones estadísticas:

Aborto provocado en el mundo
Aborto provocado en el mundo

En el cuadro vemos que la práctica del aborto provocado está descendiendo en Europa Occidental. Esto se debe al mayor uso de los otros métodos anticonceptivos, incluido el celibato, pero no perdamos de vista que la planificación familiar burguesa no reduce los abortos provocados sino que los determina. En efecto, los altos niveles de aborto provocados están inscritos en la adopción de soluciones personales, como sustitución fácil de las colectivas, para salir de la pobreza o no entrar en ella, – aunque socialmente se dispongan de medios de supervivencia y reproducción sobrados -, a través de la planificación familiar burguesa, reduciendo el número de pobres por la vía expeditiva. Menores niveles de aborto provocado responden a esa misma planificación en poblaciones capitalistas con mejores conocimientos y más experiencia en el uso de los métodos anticonceptivos no abortivos. Es decir, a mayor desarrollo capitalista menos abortos provocados, a causa de la mejora de los medios de la planificación “familiar” burguesa, aunque el efecto de menor natalidad que busca la planificación familiar burguesa sigue conduciendo, de todos modos, a una mayor subreproducción social en la clase obrera endógena.

¿Por qué? Porque, en general, las mujeres de los países capitalistas ya pasaron por la fase del empleo del aborto provocado como medio anticonceptivo, tuvieron esas altas tasas de aborto provocado anteriormente, y ahora solo combaten los nacimientos no planificados que la batería de métodos anticonceptivos no logra eliminar.

Así pues, la elevada mortalidad embrionaria no tiene que ver tanto con la legislación permisiva o prohibitiva como con el grado de desarrollo de la subsunción real de la producción de vida y el momento del desarrollo del proceso de inmersión de las mujeres en la Esfera de la Producción en cada formación social concreta.

Evolución del aborto provocado en el estado español, 1985-2012 (26)
Evolución del aborto provocado en el estado español, 1985-2012 (26)

Conviene señalar que en este segundo gráfico estadístico, relativo a los abortos provocados en el estado español en los últimos 28 años, el número total de abortos está sin duda subregistrado, y en general subestimado en lo que atañe a las ultimas cuatro décadas, desde los prolegómenos de la crisis de 1973, a partir de la devaluación de la peseta de 1966. En las fases anteriores a la legalización del aborto provocado, la fase del aborto provocado ilegal, – considerada desde el momento de inicio del cambio de tendencia económica a mediados de los años sesenta del siglo pasado, 1966 -, y alegal, – durante el tránsito de entre 1981 a 1985, del aborto provocado ilegal al legal, que funge en 1986 -, el número de abortos provocados fue mucho mayor que el que lleva a suponer este cuadro estadístico. Es cierto, quizás no hayan sido 3 millones de abortos provocados en las últimas cuatro décadas en el estado español, pero si han sido no menos de dos millones, lo que implica una subreproducción social de tres millones de habitantes solo por este método anticonceptivo expeditivo, y de unos 300.000 en Hego Euskal Herria.

Hasta ese año 1985, proliferaron, como se reconoce, las clínicas clandestinas y los viajes a países donde el aborto provocado era legal, aunque los autores del gráfico nada dicen de ello, preocupados por dibujar una historia del aborto provocado en el estado español únicamente en su fase legal. El efecto de mayor número de abortos ante menor grado de desarrollo de la subsunción real de la producción de vida y de la inmersión femenina proletaria en la Esfera de la Producción vale también, pues, para el estado español y, así, para la parte sur nuestro País, Euskal Herria.

¿Qué causas determinan la provocación de abortos en esta época y en este entorno geográfico?

Sobre las causas que determinan actualmente la provocación de abortos por parte de las mujeres en el estado español, la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo, ACAI, en su estudio titulado “Condiciones que motivan el aborto provocado”, realizado a través de una encuesta sobre cinco mil de sus clientas, concluye lo siguiente:

“(…) podemos afirmar que el 48,47% de las mujeres abortarían en cualquier circunstancia, el 8,8% por razones de edad, motivo incambiable, y por patología fetal o materna un 5,08%. La suma de estos porcentajes nos muestra que un 62,35% de las mujeres que abortan lo hacen por causas que no tienen un origen ni económico, ni laboral ni afectivo.”(27)

Veamos estos datos antes de comentar esta conclusión:

 Aborto provocado desagregado por edades y origen geográfico, en 2008, en el estado español.(28)
Aborto provocado desagregado por edades y origen geográfico, en 2008, en el estado español.(28)
Gráfico de tendencias de abortos provocados, por origen geografico y edades en el año 2008 en el estado español.(28)
Gráfico de tendencias de abortos provocados, por origen geografico y edades en el año 2008 en el estado español.(28)

A la vista de estos datos, cabe preguntarse, la asociación ACAI ¿de dónde se saca que el 62% de los abortos provocados no lo son por causas económicas o laborales?

Leamos la opinión de Empar Pineda, feminista y también reformista:

“La voz discordante sobre la relación entre crisis y aborto es la de Empar Pineda, de la clínica Isadora (Madrid). Considera determinante para abortar “la situación socioeconómica de la mujer y de su pareja”. Calcula que tres de cada cuatro interrupciones en su centro se deben a este motivo, “en alza por la crisis”. El segundo en importancia es “el embarazo no programado, que pone en solfa el proyecto de vida”, y el tercero —menos del 10% de los casos— son fallos en el método anticonceptivo.”(29)

El proyecto de vida que queda “en solfa” al que se refiere Pineda suele consistir en el ideal burgués de la familia con hijo único, adhoc para la clase obrera, con un nivel de acomodamiento suficiente como para que no sea pobre, lo que queda puesto en cuestión radicalmente cuando fallan los métodos anticonceptivos. Entonces hay que elegir entre el acomodamiento y la nueva vida, y los casos en que se elige el acomodamiento son los que concluyen en las clínicas abortivas, junto a aquellos en los que la situación económica de la mujer y su pareja determinan la provocación del aborto, que se circunscriben a la clase obrera ascendiendo casi matemáticamente con relación al grado de depauperación que padece la mujer objeto de esa situación social, como puede comprobarse en los tantos por ciento de abortos provocados, ascendentes en orden inverso de la escala económica del origen geografico de las mujeres que han abortado entre las mujeres de origen extraestatal.

A saber: Provocación de abortos entre las Transaharianas del Sur, mujeres negras africanas jóvenes de 20 a 24 años, 99,99 por mil mujeres de similar origen en el año 2008. En contraste, mujeres de 20 a 24 años de origen intraestatal, 11,11 por cada mil mujeres de similar origen. Esto significa que una mujer negra africana inmigrada tiene diez veces más de probabilidades de ejercer el derecho al aborto que una mujer de origen intraestatal. Y sin duda una mujer obrera de origen geográfico intrataestal tiene muchas más probabilidades de abortar que una mujer burguesa de este mismo origen geográfico. Esta es la realidad de la supuesta libre decisión de las mujeres en el derecho al aborto. 

Pero el reformismo no quiere darse por enterado y nos traslada este mensaje con media verdad, netamente reformista en su desnortación y desinformación, con relación a quienes son las mujeres que abortan:

#quienessonlasmujeresqueabortan

En realidad, como bien sabe el reformismo burgués, el 90% de los abortos provocados en Europa Occidental, por no hablar de los países capitalistas menos desarrollados, lo son por causas económico políticas, las mismas que el reformismo impone, cuando ya han fallado todas las barreras puestas a la producción de vida en la clase obrera. Y es doblemente grave cuando, en relación al aborto espontáneo, la revista de obstetricia maternofetal.net nos dice:

El ser humano es reproductivamente difícil: no solamente es difícil lograr un embarazo (la posibilidad de quedar embarazada en cada ciclo menstrual es de solo 20-25% en el mejor de los casos) sino que la tasa de pérdida de todos los embarazos puede llegar hasta un 60-70% según lo han estimado algunos autores.  Aquí hay que hacer la salvedad de que el 30-40% se pierden sin que la mujer supiese que estaba embarazada (vio una “regla” normal que en realidad era un aborto de un embarazo incipiente) y sólo vemos clínicamente el 10-15% de todas las pérdidas.”(30)

Con lo que no pueden ni las dificultades que opone la naturaleza misma ni las barreras científico-técnicas dispuestas por los intereses sociales dominantes, por la especial fuerza con que asciende a la existencia, queda la violencia directa, la destrucción de esos cuerpos humanos en desarrollo, que, sin embargo, merecen vivir.

La realidad de la lucha de clases tras el mito de la libre decisión de las mujeres proletarias

A la hora de analizar su negación del carácter violento del aborto provocado en condiciones capitalistas, las necesidades ideológicas y políticas del reformismo son fáciles de entender, menos fáciles son de comprender los posicionamientos de marxistas en pro del derecho al aborto en condiciones capitalistas, siempre sin una denuncia en paralelo del carácter de matadero de la clase obrera que el aborto provocado en condiciones capitalistas tiene.

Del mismo modo que el derecho al trabajo es un matadero para la clase obrera en el capitalismo, y esto si lo denuncian estos marxistas, y su negación es otro matadero como bien aclaraban las asambleas de parados con su lema de “el trabajo mata y el paro remata”, aquí ocurre lo mismo, en las peculiares condiciones capitalistas de producción y reproducción; en la clase obrera no abortar mata y abortar también. Esto el reformismo lo niega, embelleciéndolo con todo el descaro. Pero víctimas de un sesgo paradigmático proveniente de convicciones forjadas cuando el aborto provocado era ilegal y sañudamente perseguido, gran número de marxistas no son capaces de asimilarlo, pasando a maquillar esta parte de la violencia de las mujeres, que como estamos viendo en realidad tiene una procedencia especial, en la que las mujeres obreras que abortan son una pieza, normalmente la más débil, de un complejo y sofisticado proceso social explotador y opresivo, del que se nos dice que en él ellas deciden libremente. A otro perro con ese hueso.

Cuando el reformismo desencadena su anticlericalismo como razón última incontestable de cobertura a sus posiciones injustas e ilegitimas, intentando sacarle el jugo a la nueva y desvergonzada maniobra de diversión que está haciendo el capital con el derecho a provocar el aborto durante esta crisis económica capitalista, hay que recordarle, en la línea de lo que hizo Facundo Perezagua en relación a las posiciones antinacionales vascas enmascaradas en anticlericalismo por Tomas Meabe aquí en Euskal Herria, que, además de los fascistas oligarcas de la jerarquía católica, las posiciones de los católicos contrarias al aborto provocado y que estiman a las mujeres que se lo provocan también como víctimas, también se basan en el altruismo social de esos cristianos de base. Quien tiene interés político en presentar a esas mujeres como libredecidientes, aunque ello no responda a la realidad en un altísimo sino abrumador porcentaje de los casos, es el reformismo.

Se ha llegado a la conclusión de que, por término medio, el 7% de las personas en las poblaciones del capitalismo desarrollado actúan por altruismo, y una parte de esos son cristianos de base. En el debate sobre el grado de responsabilidad de las mujeres en el aborto provocado, estos son los que han determinado la posición de no culpar a las mujeres de la provocación de abortos y no lo han hecho porque las consideren menores de edad mental sino por altruismo, pero, además, en este caso, basándose en un altruismo informado. Otra parte, es cierto, del clero católico es directamente fascista contra estas mujeres, y está bien denunciar su fascismo siempre y cuando con ello no se aproveche para hurtar del debate, a la vez, datos claves y estratégicas situaciones reales. La rotunda mayoría de las mujeres que abortan “voluntariamente” son víctimas de un proceso social que se llama capitalismo, agravado por las falsas soluciones reformistas, y no personalidades autónomas empoderadas que están triunfando en nada.

El capital y su sociedad burguesa, incluyendo su ala reformista, que emplea este debate frecuentemente para despistar durante sus crisis políticas, nos vende la moto de que el derecho al aborto en condiciones capitalistas es el chollo de las mujeres, prisma de libertades, democracia hecha acto, pero nada nos dirá del matadero que se oculta en ello. Los marxistas no podemos hacerles el caldo gordo a estos sinvergüenzas sin dejar de serlo. La estabilidad de las sociedades burguesas del capitalismo no sale de la nada, alguien lo paga en cada sector y aspecto del desarrollo de la acumulación, y en este caso esto es tan conocido como que incluso ya hay estudios burgueses que relacionan el incremento del empleo del aborto provocado con la reducción de la delincuencia juvenil en el proletariado más depauperado. Si eso no es el espejo del fracaso histórico radical del reformismo, en toda su brutalidad, ¿qué lo es?

Gran número de las mujeres que abortan lo hacen como delegadas de un proceso social, muy alejadas de cualquier tipo de libre decisión personal, por lo que más que de violencia de las mujeres hay que hablar, más acertadamente, de violencia capitalista pura y dura, estructural, ciega y brutal, que se echa sobre los hombros de las mujeres para que la soporten, se responsabilicen de ella y la metabolicen personal, política y socialmente. Incluso para que digan, ya en la total alienación, que es un éxito personal y a continuación, venga el reformismo a adjudicarse ese éxito en el plano político en forma de votos. Si, es cierto, hemos conocido mujeres que gracias a la provocación del aborto viven muy cómodamente con gran bienestar, pero el buscar esos votos burgueses no es función de los marxistas. Otras mujeres sin embargo lo único que les quedó fue la explotación.

Y esto no es, al parecer, violencia de “género”, una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, no lo es, por ejemplo, el hecho de que los y las empresarios, patrones y patronas , las empresas y los empleadores/as, les echen del trabajo cuando quedan embarazadas, sin embargo una considerable parte de la violencia abortiva procede de estas negaciones de su medio de supervivencia, que es el trabajo asalariado. En este caso, la provocación del aborto es la reacción de las mujeres a su expulsión de los medios de supervivencia ante el peligro de perder sus ingresos a la vez que entran, siendo obreras, en la Esfera de la Reproducción en condiciones capitalistas. Pero aunque es incontestablemente una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, resulta que no es una violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas. Quien la ejerce es el capital. Y aquí no hay represión desencadenada.

¿Puede explicarnos el reformismo feminista burgués por qué en este caso no se mueven las vastas y aplastantes fuerzas de la alianza clase-fracciones anti “violencia de género”, capaz de encarcelar a 20.000 personas en siete años y abrir casi un millón de procesos en este entorno, cuando una gran parte de los más de 100.000 abortos anuales provienen precisamente de esta situación, y que ocurre, además, en el medio de una situación de crisis demográfica del proletariado que conduce a la despoblación?

No, lo que está ocurriendo en general no es “violencia de género” como nos quieren hacer creer. El cuento de la violencia de género y el tabú sobre la violencia de las mujeres vienen como anillo al dedo para ocultar el carácter capitalista y de clase de la mayor parte de las violencias actuales en los hombres y las mujeres, para cubrir y ofuscar con densas narrativas la atención y el tiempo mental de las masas de clase obrera y de la pequeña burguesía proletarizada, que vienen a complementar el tabú sobre la violencia de las mujeres.

La violencia abortiva es una forma de violencia condicionada estructuralmente por el capitalismo

La principal violencia en el género femenino en la época de la sociedad de clases consiste en cosificar a los hombres como su propiedad o como medios de incrementar sus propiedades. Coaligada con la violencia en el género masculino que realiza exactamente la misma operación, esta violencia tampoco surgirá a la mirada pública como algo indeseable, pues forma precisamente la base misma de la sociedad burguesa, de la sociedad de clases contemporánea.

Hay que seguir denunciando la violencia machista-capitalista, qué duda cabe, sus efectos y sus causas, incluyendo su carácter de desviación de energías de lucha de clases hacia y contra un género, pero hay que denunciar igualmente las manipulaciones del capital y su ramal político feminista burgués sobre el carácter de violencia de la violencia de las mujeres, y sobre su determinante de clase. No hay, por ende, que tomar partido por las mujeres o por los hombres sino por la clase obrera y sus intereses contra la clase capitalista y sus intereses de reproducción de aquello que es la principal fuente de ambas violencias y muro contra su superación, la Sociedad Burguesa y su acumulación de capital.

La pregunta relativa a qué mujeres están abortando tiene una respuesta muy diferente a la que da el cínico explotador y opresor reformismo imperialista. Es esta; las mujeres que están abortando no son solo, normalmente, las obreras más desprotegidas, oprimidas y explotadas sino, además, lamentablemente, las más solidarias, las más libertarias, las más comunistas, las mejores.  Solo  esto ya nos da una medida de cuál ha sido la derrota estratégica del comunismo revolucionario en Europa durante el modelo de acumulación de capital basado en deuda, en las últimas cuatro décadas.

Concluyo. La violencia abortiva que se quiere endosar a la falsaria y no pocas veces fementida “libre decisión” de las mujeres, se engloba como uno de los efectos de la desvalorización de la reproducción social del proletariado, en el capitalismo de final de ciclo desplegado desde 1973. Si la oligarquía española ahora está dispuesta a prohibir la mayoría de los supuestos del derecho al aborto ello no es por una etérea violencia jerárquico-patriarcal de la burguesía, que ahora se recupera en su autoritarismo y hace lo que antes no podía hacer, sino por los muy concretos efectos de disminución de la población, y así del poder del capitalismo monopolista español, consecuencia de la desvalorización de la reproducción social del proletariado, fenómeno estructural del proceso del capital, imparable desde el nivel de la forma estado. Es decir, no es que antes no podían eliminar el aborto provocado en la clase obrera por estar supuestamente débiles, es que lo han promovido a machamartillo en las últimas tres décadas, y a consecuencia de ello, por sus efectos, ahora se ven obligados a detenerlo, prohibiéndolo, cuando, además, muy probablemente, prevén una ola de abortos aún más masiva que las anteriores.

El reformismo imperialista en crisis, vé una oportunidad de volver a la palestra, como campeón de las libertades de las mujeres… a las que ejercer el aborto provocado las mata y no ejercerlo también en la Sociedad Burguesa promovida por… el reformismo.

Lo fundamental es que a medida que sigue en auge la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, la desvalorización del capital sobrante se incrementa, (y la población es capital), tendiendo a detenerse la reproducción social. Quedando cada vez más demostrado que, durante el capitalismo de final de ciclo, las fuerzas productivas y las fuerzas reproductivas entran en creciente contradicción.

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NOTAS

(25Otro ladrillo en el muro de la desigualdad

(26El aborto en España

(27Condiciones que motivan el aborto provocado

(28Tasas de aborto legal por nacionalidades en 2008

(29Lo personal pesa más que lo social para abortar

(30Aborto Espontáneo – ¿Por qué ocurren los abortos espontáneos?

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