¿RE-explorar El Capital? Si puedes con la represión reformista SI. (Notas sobre una entrevista a Alex callinicos)

Alex Calllinicos

Quienes hayan padecido las imposturas reformistas que rodearon el cierre de Indymedia Euskal Herria y lean esta entrevista a Alex Callinicos encontraran sorprendentes y sistemáticas correlaciones directas con los contenidos de los torpedeados debates realizados en el periodo 2006-2012, entre los marxistas vascos y los euroreformistas posmarxistas.

Las acusaciones que los reformistas posmarxistas nos realizaban empleando viejos pero efectivos manuales de la guerra fría, motejándonos de “estalinistas”, “ortodoxos” y “dogmáticos”, con el mayor escandalo y teatralidad, – siguiendo la pura técnica de crear un muñeco de trapo para luego vapulearlo -, por nuestra defensa de las posiciones marxistas, contrastan de manera muy clarificadora con que ahora esas mismas posiciones las esta defendiendo, como veremos en esta entrevista, casi al milímetro, nada menos que un trostkista con todas las letras, Allex Callinicos, que acaba de realizar una relectura de El Capital. Concluye Callinicos, como nosotros, que El Capital no solo no remite a viejas miradas analíticas ya superadas sino que, muy lejos de ello, se encuentra hoy más revalorizado que nunca, como totalidad teórica, para comprender las bases históricas y lógicas del capitalismo y su funcionamiento nuclear.

Callinicos, como se verá en la entrevista, está evaluando El Capital, y, más allá, el marxismo a inicios del siglo XXI, su vigencia, su aportación teórica, que es lo mismo que los marxistas vascos hicimos durante aquella lucha en Indymedia EH, no defendiendo las posiciones concretas de Trotsky o de Stalin, que fue la acusación que se nos hizo. En realidad, lo que entonces ocurría era que el reformismo o izquierdismo profesional posmarxista no podía soportar la exposición argumentada de las ideas claves del marxismo, en El Capital, ante el movimiento popular y el movimiento obrero vascos, ni su puesta al día en clave de actualización re-valorarizadora, abominando de nuestra conclusión de que las teorías de Marx están plenamente vigentes, incluso más que cuando se enunciaron… finalmente la misma conclusión que Callinicos.

Prácticamente todas las ideas que Callinicos expone en la entrevista que le hace la revista británica Socialist Review, fueron defendidas, una tras otra, en los violentos choques con los reformistas pro archivistas del marxismo, cuando no, ya completamente eufóricos, autoproclamados sepultureros de las teorías de Marx en Indymedia Euskal Herria.

 

EL OCASO DEL POSMARXISMO ITALIANO

 

Para ellos, las posiciones del posmarxismo italiano (Negri, Hardt, Vercellone, Marazzi, Federici, et al) que contrafácticamente tiende  a considerar acreditada solo una forma de la plusvalía, la rentista, eran sagradas, incuestionables e indiscutibles. En realidad, ese reduccionismo del análisis de la plusvalía proviene del hecho de que, en origen, sus principales portavoces constituyen la voz teórica de las fracciones reinantes del salariado de técnicos burócratas, como profesores de universidad, cargos estatales, oenegistas bien conectados con los anteriores, surgidos en la conciliación posfordista cuyo principal objetivo era sacar la conflictividad de la Esfera de la Producción.

Estos posmarxistas, finalmente nueva pequeña burguesía en choque por la hegemonía en el reformismo con la vieja aristocracia obrera sindical italiana, – y, por tanto, vieja ex-nueva pequeña burguesía fordista, no podían admitir relecturas de Marx que reencontraran, otra vez, el epicentro de la contradicción de clases en la Esfera de la Producción.

 

UNA POLÉMICA CENTRADA EN NEGAR LA CONTRADICCIÓN ANTAGÓNICA DE CLASES EN LA ESFERA DE LA PRODUCCIÓN.

 

El reformismo comenzó primero por realizar una negación plomiza y reiterada de la crisis del capitalismo. Aún hoy lo hace inventándose, contra toda evidencia y con todo el descaro, que la crisis del capitalismo es un “invento”, mero fingimiento para avanzar posiciones, mostrando así, con esta fraudulenta conspiranoia, una presunta incapacidad de entendimiento que, al final, demostró ser voluntad explicita de sacar del campo de visión el carácter estructural de los procesos económicos cíclicos, recurrentes que, sistemáticamente, se reiteran en este modo de producción. Esto, por supuesto,  a los reformistas no les importa pero a los parados estructurales, si. Pero en todo caso, para los reformistas no había pues, a su juicio, ninguna crisis, solo los tontos estalinistas podían dejarse engañar por ese constructo mediático o, peor aún, intentaban engañar con ello.

Esta forma de abordaje de la crisis perduró hasta que ya era imposible negarla sin caer en el mayor ridículo, entonces los reformistas lanzaron  una coartada estupenda para explicar su posición favorable a la supuesta no existencia objetiva de las crisis en el capitalismo: Su versión era que todas las puñaladas que nos daban eran para nuestro bien, por hacer ‘avanzar al marxismo’, por medio de la polémica; se trataría pues de una impostura productiva y finalmente ética por sus supuestos objetivos positivos y los resultados científicos que se lograran, polémica en la que ser malotes unos, y soportar las canalladas de los malotes reformistas, otros, eran el precio a pagar para consolidar nuevos avances científicos, pero precio muy disímil entre unos u otros; y cuyo resultado debía ser, no obstante, como finalmente se demostró que era lo que realmente buscaban los reformistas posmarxistas, que las teorías principales del marxismo quedaran desacreditadas en el movimiento obrero vasco, precisamente en los momentos en que más falta hacían, y que  los marxistas terminaran enunciados como absurdos autoritarios que intentaban imponerlas retrógradamente, empleando además métodos ilegítimos. Y esto era exactamente lo contrario a lo que estaba ocurriendo.

Más tarde esta falsa coartada, moralmente asimétrica, pronto fue sustituida por la teoría de estar los reformistas defendiendo el derecho de debate ante unos malvados estalinistas que vapuleaban a honestos marxólogos sometiéndolos a un calvario… con este cuento chino dábase la vuelta a las circunstancias y hechos que realmente estaban ocurriendo y siendo impuestos, y los agredidos pasaban a ser agresores, mientras a la teoría de los malotes productivos la hacían hacer mutis por el foro, discretamente.

 

EL RETORNO DEL MARXISMO ELEVÓ EL AUGE DE LOS ARRIBISMOS KEYNESIANOS Y LOS REFORMISMOS SEUDOMARXISTAS.

Pero las críticas marxistas no solo se realizaban contra el posmarxismo italiano. Las posiciones de crítica al reformismo de David Harvey, que toma el capital como meramente cosa y proceso, críticas que en Euskal Herria nos han llevado a la comprensión del capital humano como capital demográfico y capitalización ciborg de los seres humanos, verdadero sujeto cosificado en la explotación de masa para la cual se realizan los ajustes espacio-temporales a los que aludía Harvey. Este, huyendo del estudio de la explotación, también se centraba en la renta como forma de la plusvalía y en secundarizar la cuestión de clase. La denuncia del imperialismo acumulador por desposesión desplazaba el eje del conflicto y la antagonía, recentrando la contradicción en el rentismo y la geografía del capital. Solo ocurre que en esa geografía cientos y miles de millones de seres humanos, como el espacio, también son capital.

La substancia del capital como contracara del capital mismo en tanto relaciones sociales de producción, substancia que es cosa, que es masas de cosas y objetos, solo puede ser entendida si se entiende el concepto SUSTANCIA en términos prácticos, y por tanto, aquí, especialmente, etimológicos. SUB+STA+ENCIA. Al Modo –encia– de lo que Está –sta– debajo –sub. En este sentido, la sustancia del capital, como intrincada red mundializada de relaciones sociales es la acumulación de cosas útiles y sujetos serviles cosificados bajo titularidad y tenencia de capitalistas concretos, en tanto propietarios del capital, y por tanto del dinero. Y sobre eso se desarrolla el contenido esencial del capital, su carácter de relación social históricamente determinada entre los propietarios de medios de producción y los vendedores de fuerza de trabajo.

Los posmarxistas estudiaban el dinero, pero desde el punto de vista de los funcionarios del estado y del capital que veían como único enemigo a batir al sector rentista de la clase capitalista, pero no a la clase capitalista en su totalidad, donde la fusión de clase de la clase capitalista incorpora al Sector Rentista, al Sector en Funciones y al Sector Oligárquico. Así pues, los David Harvey por reducionismo posmarxista de la plusvalía, también aparecían, al otro lado del océano, siempre intocables a la crítica, bajo el título aristocratizado de heterodoxos.

 

LA LEY DEL VALOR-TRABAJO Y LA LEY DE LA TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA DE GANANCIA, VERDADEROS LEVIATANES DEL POSMARXISMO.

Pero lo que realmente amargaba la vida a este potente neoreformismo euroestadounidense era la reivindicación como correcta, continuamente demostraba por la realidad, de la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia. Esto sin hablar de la propaganda contra la vigencia de la Ley del Valor-Trabajo, en la que negándose como los tres monos a toda razón e intentando obligar a cerrar la discusión por la brava en el plano científico, trató de imponer la idea falsa de su incorrección, para luego, ya derrotados, reconocerla con la boca pequeña para no quedar ante el público en la indigencia teórica y la vergüenza, en la que, tras semejante campaña de imposturas, realmente estaban y a día de hoy, en ausencia de autocrítica, siguen estando.

Aquí vemos ya porque los posmarxistas no podían asumir el reconocimiento de las crisis del capitalismo como realidades cíclicas. Ocurría que ello les obligaba a reconocer la vigencia de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia e, inmediatamente, esto les remitía a reconocer el acierto de la ley del valor-trabajo, y, sin solución de continuidad, a ver caerse todo el castillo de naipes oportunista, construido en varias décadas de desarrollo de un subjetivismo reformista que les había servido para sustituir al marxismo y consolidar su posición de clase pequeño burguesa.

 

EL SUBJETIVISMO, EL VOLUNTARISMO Y LA NEGACIÓN DEL CARÁCTER HORRIBLE COSIFICADOR QUE TIENE LA CAPITALIZACIÓN DE LO HUMANO.

Este subjetivismo estaba enormemente desarrollado y enraizado en el movimiento revolucionario vasco, en el que la permanencia de la lucha armada como método de lucha inasimilable por el estado durante la fase en que las condiciones fordistas eran preponderantes, les permitía mantener aureólas de revolucionarios a muchos reformistas, amparados en la lucha nacional. Junto al subjetivismo, los reformistas derivaban a un voluntarismo que abstraía el sujeto de clase, y tendía a imponer la cuestión nacional, que soporta la negación imperialista del capital español, francés y europeo, no como condición estructural de desarrollo de la revolución obrera, sino como condición subjetiva de una revolución en Euskal Herria, más allá del sujeto de clase. Este voluntarismo y este subjetivismo siguen desarrollándose, huyen despavoridos del análisis de la población como capital humano, y de la teoría del consumo del proletariado como combustible en los centros del capital y sus enormes implicaciones para la clase obrera vasca o clase obrera de Euskal Herria.

Así pues, el análisis de la biopolítica de la acumulación de capital les inquieta y ni la tocan, haciendo un cordón de silencio a su alrededor. Por el contrario se beben atragantándose todos los brebajes que prepara el reformismo feminista, – que no siempre es reformismo pues a veces es prácticado por personas pro revolucionarias que simplemente no conocen el marxismo – o desconociendo u ocultando que lo que está en juego en la Euskal Herria del siglo XXI no es la liberación de las mujeres del patriarcado sino el carácter de régimenes antinatalistas o pro natalistas, del proletariado endógeno, de los regímenes sociales reproductivos en los centros de acumulación capitalista.

Tirando al cubo de la basura el análisis de la acumulación, en sus planos económico-políticos y biopoliticos, reproductivo, el reformismo subjetivista intenta poner al centro de la conciliación interclasista reformista al “conocimiento”, la “cualificación”, el “capital humano”, todo lo cual no describe otra cosa que la capitalización de la fuerza de trabajo de clase, forzosa y no sujeta a libre elección pues o se cualifica a la nueva generación o se sucumbre  la devastadora miseria y pobreza, cuestión tratada, obviando esta realidad, desde el punto de vista pequeño-burguesa, como ilusionador y foco de pacto interclasista.

Pero semejante propuesta de conciliación posfordista, en base a la acumulación de cualificaciones o capitalizaciones sobre las nuevas generaciones de productores asalariados, no tiene salida en el proletariado realmente existente, que, directamente, tiene prohibida de facto desde la base económica su propia reproducción social y biológica.

La política interclasista pekebu (pequeño burguesa) que estamos padeciendo, nada tiene que ver con el marxismo ni con los intereses de la clase obrera. La denuncia del economicismo es correcta siempre y cuando no sea algo tan burdo como la denuncia de la critica a la economía política y al análisis de la acumulación de capital, pues este no es otra cosa que la herramienta indispensable del análisis de la lucha de clases y de la explotación, para encontrar por donde superarla de una vez por todas en las nuevas condiciones históricas.

Finalmente, la exclusión del plano de la reflexión de la teoría marxista de las crisis, muestra toda la impotencia del posmarxismo ante la situación actual, cuando como capital político está obsoleto ante el capital, pero a la vez se encuentra con que el retorno del marxismo le impide pasar por marxista a lo que no es otra cosa que simple y burdo reformismo.

Animamos a todos , pues, a estudiar El Capital, a actualizar ideas y desarrollar investigaciones, pero sin olvidar que estamos en una dura lucha de clases. El capital no sufraga universidades con tantos especialistas en marxismo para que estos devuelvan a la clase obrera su poderosa herramienta de conocimiento liberador que es el marxismo y muy centralmente El Capital. (Los James Petras, Silvias Federicis, Carlos Vercelones, Cristhians Marazzis, Harveys, Negris, Hardts, entre otros muchos, no son sostenidos por el régimen burgués con elevados salarios de guarda para que liberen a la clase obrera, como han demostrado en cruciales coyunturas). Pero igualmente os animamos a andar con pies de plomo ante los reformistas que emplean con impostura categorías del marxismo pero en realidad son posmarxistas. Sin más, os dejo aquí la prometida entrevista:

 

Explorar El Capital

Por Bolpress – Wednesday, Dec. 10, 2014 at 12:47

Alex Callinicos: Creer que Marx solo escribió un retrato del capitalismo industrial victoriano es tremendamente engañoso

La actual crisis del capitalismo ha coincidido con un renovado interés en El Capital de Marx. La revista británica Socialist Review entrevista al dirigente del Socialist Workers Party (SWP) y catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de York Alex Callinicos sobre su próximo libro, que trata de cómo comprendía Marx el capitalismo.

P. Ha habido un resurgimiento del interés por y los debates sobre El Capital de Marx. ¿Por qué cree que ocurre y por qué desea intervenir en los debates con su nuevo libro?

R. La razón principal es la radicalización y la resistencia al neoliberalismo que hemos visto desde los años 1990. Inicialmente hubo críticas al neoliberalismo y al capitalismo a partir de puntos de partida intelectuales muy diversos. Pero con el tiempo, ha habido un creciente interés en la crítica marxista de la economía política, y ello implica volver a El Capital. Lo podemos ver muy claramente en la popularidad de las conferencias de David Harvey sobre El Capital y los libros que han ido surgiendo de las mismas.

Un factor secundario es que ha habido un renacimiento de la economía política marxista y de los debates académicos marxistas sobre El Capital, que se debe en parte a la publicación gradual de la MEGA, las obras completas de Marx-Engels, que nos da un mayor acceso a los manuscritos y cuadernos preparatorios de Marx.

Así que es un momento muy interesante en el estudio de El Capital, y se estudia no como una actividad puramente académica, sino en el contexto de tratar de entender lo que está ocurriendo con el capitalismo y, por supuesto, todo lo que ha ocurrido desde la crisis de 2007-8. Personalmente, me interesa mucho El Capital. Escribí mi tesis doctoral sobre el mismo en la década de 1970 y quería volver a releerlo y estudiarlo a fondo, lo que ahora he podido hacer.

P. Un argumento clave en el libro es la necesidad de comprender el capital como una relación, una red de relaciones sociales. ¿Por qué hace tanto énfasis en esa idea?

R. En parte porque creo que es la manera correcta de entender lo que está haciendo Marx. Desde comienzos de la década de 1840 Marx afirma que el capital no es una cosa o una cantidad de dinero; es una relación social que cree que se define en dos dimensiones.

En primer lugar es la relación entre el trabajo asalariado y el capital y la explotación del trabajador con la extracción de la plusvalía y, en segundo lugar, la relación entre los distintos capitales, lo que Marx en los Grundrisse, el primer borrador de El Capital, llama los “muchos capitales”. En particular, toma la forma de competencia entre capitales rivales. Son estas dos relaciones y sus interconexiones las que para Marx definen la naturaleza del capitalismo. Creo que esa es una visión crucial.

Pero en muchos debates sobre El Capital no se entiende así. Se suele explica el capital como una especie de sustancia, un elemento inerte que simplemente exprime de forma parasitaria lo que Hardt y Negri en sus libros llaman “la multitud”.

P. Usted sitúa la confrontación de Marx con el gran economista clásico británico David Ricardo en el centro de su interpretación de El Capital. ¿Qué cree que Marx toma de Ricardo? y ¿qué cree rechaza?

R. Pongo mucho énfasis en la crítica de Marx a Ricardo porque hay muchos debates sobre la relación de Marx con Hegel y hasta qué punto El Capital está en deuda con la Ciencia de la Lógica de Hegel, que según la famosa frase de Marx leyó cuando estaba trabajando en los Grundrisse a finales de la década de 1850.

Se suele prestar mucha menos atención a la relación de Marx con Ricardo. Pero si se leen los escritos económicos de Marx, Hegel está muy presente y es muy importante para dar sentido a su relación con Hegel, pero hay muy pocas referencias a Hegel. Pero se pueden encontrar toneladas de referencias a Ricardo, y la parte fundamental de lo que quizás sea intelectualmente el borrador más importante de El Capital, el llamado Manuscrito de 1861-1863, está fundamentalmente dedicado a la crítica de Ricardo.

Así que para entender lo que hace Marx en El Capital, hay que verlo en relación tanto a Hegel como a Ricardo. Lo que Marx tomó de Ricardo fue una elaboración muy clara de la teoría del valor. En otras palabras, la idea de que las mercancías se intercambian de acuerdo con el trabajo socialmente necesario involucrado en su producción y, a partir de esa visión, desarrolla una presentación muy cruda de la relación antagonista entre el capital y el trabajo asalariado.

Lo problemático en Ricardo para Marx fue, en primer lugar, que creía que Ricardo naturalizaba el capitalismo. Que ve la relación entre el capital y el trabajo asalariado, y más en general lo que Marx llama las leyes de movimiento del capitalismo, como consecuencia de las características universales de la producción como tal. En pocas palabras, Ricardo no cree que se pueda hacer nada en relación con el tipo de contradicciones que descubre en el capitalismo, mientras que Marx entiende el capitalismo como históricamente limitado y transitorio, una forma particular de la producción social.

Marx asocia esta conclusión con el método de Ricardo, que es afirmar la verdad de la teoría del valor-trabajo, pero sin estudiar de manera adecuada todas las diferentes formas en las que aparece el capitalismo como sistema. Por ejemplo, el comportamiento de los mercados financieros, en los que la gente parece hacer dinero de la nada, y no mediante la explotación del trabajo asalariado.

Todos estos diferentes aspectos concretos del capitalismo no están realmente integrados en la teoría del valor-trabajo de Ricardo. La deuda fundamental de Marx con Hegel es que en Hegel encuentra un método con el que es posible integrar adecuadamente todos estos diferentes elementos, aparentemente contradictorios, en un todo articulado.

P. Marx desarrolló herramientas analíticas para ayudar a descubrir la naturaleza íntima de la producción capitalista, en particular la noción de “elevarse de lo abstracto a lo concreto”. ¿Podría esbozar lo que es más importante en el método de Marx en El Capital?

R. “Elevarse de lo abstracto a lo concreto” es una frase que Marx utiliza en la introducción a los Grundrisse para describir el método científicamente correcto para comprender el capitalismo. Es un lema que toma de Hegel. Así que es en este punto donde vemos la muy importante influencia de Hegel.

Lo que Marx está haciendo es parecido a lo que me refería antes sobre su relación con Ricardo. En Ricardo hay una yuxtaposición entre la teoría del valor-trabajo y todos estos otros rasgos del capitalismo – los mercados financieros, la renta y así sucesivamente – que no se ajustan a la teoría del valor-trabajo.

Marx dice en varias ocasiones que el error de Ricardo fue no relacionar la exposición abstracta de la teoría del valor-trabajo con estas características concretas a través de una serie de “etapas intermedias”.

En otras palabras, si se quiere entender el capitalismo hay que explicar cómo el funcionamiento concreto del capitalismo surge de la extracción básica de valor y plusvalía, el proceso de explotación en la producción, y cómo los diferentes elementos que intervienen en la producción capitalista, cuando se analizan junto con la teoría del valor-trabajo explican cómo el capitalismo se comporta realmente.

Particularmente en el tercer volumen de El Capital, Marx habla mucho de lo engañosa que es la forma en la que aparece el capitalismo, cómo enmascara y oculta la relación fundamental de explotación en la producción, pero como también esas formas en las que aparece son “reales”, en el sentido de ser necesarias para el funcionamiento del capitalismo.

El método de elevarse de lo abstracto a lo concreto, que significa que se introducen progresivamente los rasgos cada vez más complejos del sistema, buscan revelar por qué el capitalismo parece ser tan diferente de lo que fundamentalmente es como un sistema de creación de valor y explotación. Con la introducción de estas características en el momento oportuno en el análisis se llega a ver cómo encajan en el sistema como un todo.

P. Una de las áreas en las que es evidente que no se trata solo de debates teóricos sobre El Capital, sino que tienen consecuencias políticas es cuando usted sostiene que hay una tendencia a restar importancia al papel de la mano de obra asalariada en los debates sobre El Capital. ¿Puedes señalar algunos de estos debates y darnos algunos ejemplos?

R. Hardt y Negri son un buen ejemplo de ello. En su último libro importante, Commonwealth, afirman que el capital se ha convertido en algo esencialmente parasitario. Contamos con el mundo de la naturaleza y los seres humanos y toda clase de cosas creativas que suceden en él, y el capital viene, por así decirlo, desde fuera y extrae el valor de este mundo creativo, natural y humano.

Así que para ellos la renta, que tanto Marx como Ricardo ven como una forma de plusvalía que surge no de la participación del explotador en la organización de la producción, sino simplemente del hecho de la propiedad inerte de la tierra como una condición necesaria de la producción, se convierte en la forma dominante de extracción actual de la plusvalía.

Este es el caso más claro, pero es bastante sorprendente cuán común es alguna versión de esta idea. Incluso Harvey, a través de su concepto de “acumulación por desposesión”, a veces hace demasiadas concesiones a este tipo de ideas.

Lo que todo esto deja de lado es lo que es fundamental en El Capital, sobre todo en el volumen que Marx publicó en vida, el volumen primero, que es el proceso a través del cual los trabajadores asalariados son empleados por los capitalistas y luego explotados en la producción y en el proceso crean valor y plusvalía.

La pregunta crucial es, ¿qué visión se ajuste mejor al mundo en que vivimos? Es la imagen que Marx pinta la que sigue describiendo el mundo muy bien. ¿Cuál es el hecho más importante del capitalismo en la última generación? Es la expansión del capitalismo industrial en el este de Asia. ¿Ha implicado principalmente la incautación de recursos naturales, la apropiación de tierras y la expulsión de los campesinos de la tierra?

Por supuesto que está involucrado todo eso, y en este sentido Harvey tiene razón cuando se refiere a la acumulación por desposesión, pero críticamente, porque ha implicado el desarrollo de complejos industriales masivos, en los que los asalariados trabajan duramente para producir bienes manufacturados que son fundamentales para la existencia y reproducción del capitalismo. Y esto se remonta a algo fundamental en Marx, que consiste en que Marx ve al capitalismo como un sistema profundamente explotador, profundamente destructivo y dilapilador, pero también inmensamente productivo.

P. En el capítulo sobre las crisis, señala que Marx tenía una concepción “multidimensional” de las crisis, pero que sitúa en el centro la caída tendencial de la tasa de ganancia y cómo interactúa con los mercados financieros. ¿Puede ampliar esta idea?

R. Marx originalmente tenía la intención de que El Capital formase parte de una gran obra en seis volúmenes que culminaría con un libro sobre el mercado mundial y las crisis. Así que entender el mecanismo de las crisis era muy importante para él, pero nunca llegó a terminar ese proyecto y probablemente se dio por vencido.

Marx nunca desarrolló un análisis sistemático de las crisis. Pero a través de los sucesivos borradores de El Capital, se puede rastrear cada vez más claramente como emerge una teoría bastante compleja de las crisis. Ahora bien, tiene diferentes dimensiones. He identificado seis. Las cruciales para mí son las dos que usted menciona.

La primera es la teoría de la caída tendencial de la tasa de ganancia. Esta es una idea que Marx heredó de Ricardo y transformó. Ricardo pensó que la tasa de ganancia caía debido a la disminución de la productividad en la agricultura, por lo que los salarios aumentarían y caerían los beneficios. Marx, por el contrario pensaba que la tasa de ganancia tiende a caer debido a que la mano de obra se hace más productiva. Esto lleva a la famosa “composición orgánica del capital” (la relación entre el capital invertido en medios de producción y el capital invertido en la contratación de trabajadores), que crece. Y como resultado cae la tasa de beneficio.

Lo que evoluciona, desde la versión original de esa idea en los Grundrisse hasta el borrador del tercer volumen de El Capital, es la noción de la caída tendencial de la tasa de ganancias, que es cada vez más compleja. Esto se debe a que Marx presta cada vez más importancia a lo que llama las tendencias contra actuantes.

En otras palabras, hay fuerzas implícitas en el capitalismo como sistema económico que hacen caer tanto la tasa de ganancias, como ayudan al mismo tiempo a recuperarla.

La más importante de estas tendencias que contra actúan es la que Marx llama la devaluación o destrucción del capital constante: el capital invertido en medios de producción. Y llega a entender las crisis como algo tremendamente importante, porque es cuando el capital que se ha acumulado, pero que ya no es rentable utilizar, se destruye a gran escala.

Marx cree que el comportamiento de los mercados financieros desempeña un papel fundamental en este proceso. El capitalismo de mediados del siglo XIX experimentó una serie de espectaculares colapsos financieros que Marx pasó mucho tiempo tratando de entender desde su punto de vista en Londres.

Marx entiende el vaivén entre la burbuja y el pánico que sucede en los mercados financieros, algo con lo que estamos muy familiarizados en la actualidad, ante todo como un estímulo del proceso de acumulación: cuando hay burbujas es más fácil recaudar fondos para invertir.

Pero cuando estalla el pánico financiero se produce el tipo de destrucción de capital necesaria para restaurar la tasa de ganancia hasta niveles que permite que el sistema inicie la expansión de nuevo.

Tenemos así los elementos de lo que es una teoría muy sofisticada de las crisis, que creo que es muy relevante para la comprensión de lo que sucedió en el período previo a la crisis de 2007-8 y también para entender por qué le resulta tan difícil al sistema salir de la recesión que la crisis ha provocado.

P. Existe el prejuicio de que Marx está superado, de que el capitalismo ha cambiado de manera irreconocible desde que escribió El Capital. Usted insiste, por el contrario, en que el panorama que pinta Marx encaja en el mundo de hoy más, no menos, que en el que él vivía. ¿Por qué?

R. Marx desarrolla muy pronto una comprensión clara de que el capitalismo es un sistema global. En los Grundrisse afirma que la creación de un mercado mundial es inherente al concepto mismo de capital. Creer que Marx solo escribió un retrato del capitalismo industrial victoriano es tremendamente engañoso. No estoy diciendo que no haya partes que no hayan quedado obsoletas, pero es la actualidad de sus escritos lo que llama la atención.

Por ejemplo, Marx está muy interesado en China y considera a China como muy importante para el futuro del capitalismo global. Hay una carta fascinante que escribió a Engels en 1858, donde dice: “Espero que la revolución estallará en Europa, pero el problema es que el capitalismo va por delante abriendo camino en Estados Unidos y China. ¿Qué pasa si tenemos éxito en Europa, pero a continuación quedamos rodeados por estos nuevos capitalismos en el resto del mundo?”

Por supuesto, vivió cien años antes que tuviera lugar el desarrollo del capitalismo en China, pero tenía toda la razón acerca de la importancia de lo que estaba sucediendo en los EE.UU.

Una de las razones por las que Marx nunca terminó El Capital fue porque quería acumular suficientes datos para entender lo que estaba sucediendo en América. No obstante, el eventual surgimiento de China como un centro importante de acumulación de capital es algo implícito en el tipo de análisis que Marx estaba desarrollando. Es posible ver la coexistencia de la expansión de las crisis, la destrucción del medio ambiente y, sobre todo, la explotación del trabajo asalariado en una escala cada vez mayor y mundial.

Ese nexo particular es crucial para la comprensión de Marx del capital y es crucial para entender el mundo de hoy. Cuando, por ejemplo, leemos acerca de las protestas de los trabajadores fabriles en Vietnam porque China flexiona sus músculos geopolíticamente en el este de Asia, se ve la importancia de estas nuevas industrias que se han desarrollado en Vietnam en los últimos 15 o 20 años para el capitalismo global y para el mercado mundial.

No solamente protestan contra China; se rebelan por salarios más altos y todo lo demás. Así que esa es la relevancia de lo que escribió Marx: da sentido a lo que está sucediendo a nuestro alrededor en el mundo de hoy.

* Fuente: http://www.socialistreview.org.uk/article.php?articlenumber=12643 Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster.

 

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