[ Timi el Viajero. Las Aventuras en la Isla Brouk ] Decisión (casi) Unánime.

Timi el Viajero

Capítulo XXX

Decisión (casi) Unánime.

 

La Asamblea había quedado patas arriba. Rodas parecía muerto. El gordo Spellding tiraba sangre por la boca y Winckly estaba blanco y rígido como una estatua, bajo estado de shock. El Guardián aunque lentamente se movía y los chicos también daban signos de vida, pero el fantástico artilugio había quedado completamente despedazado. La muchedumbre poco a poco superaba la descohesión y el desconcierto que, como a un grupo de bolos causa la bola lanzada con certera fuerza, la irrupción de la moto fantástica había dispersado a la Asamblea.

Unos camioneros abanicaron el rostro del gordo Spellding. Este también tenía los ojos en blanco y serias dificultades para respirar, de manera que le echaron un vaso de agua al rostro que le hizo reaccionar:

Winckly consiguió finalmente reaccionar.

Timi superando el mareo, saltó furioso al escuchar la voz de Winckly:

Entre los asistentes comenzó a elevarse una ola de murmullos.

¿Qué está pasando aquí?

Winckly, no obstante, logró recuperarse:

El murmullo se elevó hasta rozar un rumor de indignación:

El Guardián saltó:

Timi chilló:

Winckly intervino con la agilidad y la fuerza de una anguila mientras el Spellding y Rodas eran atendidos a su lado como si fueran dos boxeadores apalizados en su esquina del ring.

Este alegato de Heriberto, el ex-Guardián, pareció calar en el auditorio.

La enérgica exigencia de Timi resonó en toda la Gran Sala, pero era un error mayúsculo y Winckly lo aprovecho de inmediato.

Primero levantó la mano el mismo Winckly. Luego empezaron los de los talleres y los camioneros que casi en su totalidad levantaron la mano. Todos los tenderos menos uno, levantaron, así mismo, la mano. Los Aás, en su mayoría, elevaron el brazo, pero lo más indignante para Timi, en el medio de este humillante desenlace, fue ver como Rodas, tullido y molido, elevaba el brazo a duras penas diciendo:

Rojo de ira y decepción, cogido por los vértigos, desconcertado por la energía general en su contra, humillado y perplejo, Timi miró al Guardián de la Capital, el cual, haciéndose cargo del amargo momento que era este para Timi, le devolvió una mirada de comprensión, que parecía decir ºººº con esto bueyes tenemos que ararºººº.

Y después de tomar esta decisión casi unánime, la Asamblea se disolvió.

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