[ Timi el Viajero. Las Aventuras en la Isla Brouk ] Graves Acontecimientos.

Timi el Viajero

Capítulo L

Graves Acontecimientos.

Un rumor nervioso imperaba en la gente allí reunida. Alfonso, el presidente de la Cofradía, hablaba con unos y con otros y a medida que el local de la Cofradía se iba llenando, con sus relojes, aperos, motores y barcazas echados a un lado para hacer sitio, y, sobre todo, con su olor a pescado, aumentaba la calma.

Se veían allí a Pómulo Violeta y Carraroja junto con varios Aás. Estaban en la lonja prácticamente todos los habitantes adultos de Borikaia, entre pescadores, campesinos y artesanos, además de varios pastores del Reino Hok y del mismo Señor Hok. Del grupo de Tóbiga nadie había, y tan solo se contaba una persona de la Capital, aunque de peso por su trayectoria; Heriberto.

Al hablar el señor Hok con su atractiva elocuencia se hizo el silencio:

Prosiguió su discurso Hok hablando elegantemente y con todo propiedad, en un tono nunca más razonable:

A medida que hablaba el Señor Hok se estaba formando una Nube Negra sobre las cabezas de los reunidos.

El abigarrado tumulto de personas vibraba de indignación ante esas noticias tan negativas, pero a la vez lo escuchaba con la mayor atención y disciplina. Hubo varias intervenciones que deliberaron sobre el asunto, hasta que llegó el punto cumbre de la Junta, cuando Pómulo Violeta tomó la palabra.

Todos miraron el rostro de Pómulo Violeta, deforme, monstruoso incluso, el cual su melena azabache tapaba parcialmente, pero en eso momento retiro a un lado sus cabellos con las manos para mostrar mejor su espantoso pómulo a los reunidos.

La audiencia escuchaba estas declaraciones con la mayor atención y de vez en cuando salía alguna exclamación de apasionado rechazo de entre el público:

El estremecedor relato de Pómulo Violeta sobre los efectos de la Nube Rosácea consternó a los variopintos oyentes e incremento, a su vez, la Nube Negra que había prendido sobre sus cabezas, llevando el clima de irritación popular a su colofón. Pero el nivel de pasión política fue superado por la declaración final del Señor Hok, que brillaba sobre la tarima de oradores poderoso y fuerte con su armadura gallardamente puesta, en el podio de la lonja, arengando así a los reunidos:

Los pastores, los Aás, campesinos, los artesanos, los pescadores, Pómulo Violeta, Cararroja, Alfonso y Heriberto, entusiasmados por ver el final de esa pesadilla que constituía la Nube Rosácea, aplaudieron a la vez fundiéndose en una única voluntad de acción. Graves acontecimientos se avecinaban.

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