[ Timi el Viajero. Las Aventuras en la Isla Brouk ] La Mosca.

Timi el Viajero

Capítulo XXXV

La Mosca.

 

Timi llevaba tres días sin comer. De nada había valido aporrear la puerta de la celda. Nadie contestó, solo el silencio. Lo único que parecía haber en ese edificio era el mismo y su celda, en la celda el bidón de agua y sobre él la mosca.

Podría comerse la mosca, pero entonces se quedaría sin compañía, definitivamente solo. La mosca iba y venía, giraba alrededor del techo y luego bajaba a posarse en su brazo, lo que le molestaba mucho.

Por lo demás, solo había una mosca, nada más que una mosca. De otra ocasión que había estado recluido en una habitación, pero por estar enfermo, Timi recordaba que las moscas que le hicieron compañía fueron varias y no una sola. Giraban. Giraban en tres niveles distintos y cada rato las del nivel más bajo intentaban saltar al nivel más alto, pero las del nivel más alto y las del medio les repelían, y así, tras un pequeño caos de desorganización, el conjunto volvía de nuevo a girar y girar en el centro del cuarto, durante horas y horas, y días y días. ¿Por qué giraban por el centro del cuarto?

Quizás porque allí las moscas estaban más fresquitas, y por eso esta mosca también giraba aquí en el centro del cuarto, bajando cuando podía hacia el brazo de Timi a restregarse y quien sabe si a tomarle el pelo.

…Si viniera otra mosca podría comerse a esta…

Si viniera otra mosca podría comerse a esta, pensó agradablemente Timi. Pero, en contraposición, a la perdida, resultaba que no podría comerse a esta mosca hasta que viniera la otra.

Pensando en estas absurdidas Timi se durmió, amodorrado por la debilidad del ayuno. Al de un rato se despertó sobresaltado, pues la mosca se le había metido por la aleta izquierda de la nariz. Para sorpresivo terror de Timi la repugnante mosca era peluda y como metálica, de las verdosas, sin duda, y zumbaba por el canal interno de su nariz empujando hacia su cerebro o hacia su garganta, alternativamente.

En pańico Timi intentó gritar para expulsar la mosca antes de que bajara hacia los pulmones y se los destrozara con su trizador zumbido metálico, pero no lo consiguió, y la mosca ya bajaba zumbando y crepitando su carne metálicamente mientras de su grito no salía ni la mosca ni su voz.

Logró explotar chillando, tensionándose hasta el limite de la autodestrucción, Timi lanzando con todas sus fuerzas a la mosca llena de sangre suya contra la pared de la celda.

Luego se despertó sudando frió, se palpó el pulmón y la garganta y hurgó la nariz, miró la pared y luego la mosca. Nada anormal. La mosca seguía girando alrededor de la celda. ºººº Ah,- se dijo-, estoy perdiendo la cabeza y solo llevó tres dias aisladoºººº.

Inmediatamente saltó hacia la mosca, la cazó limpiamente. La guardo cuidadoso en el hueco de su mano cerrándole con diligencia todas las salidas, al par que, ya serenándose de la angustia de la pesadilla, aferrado al bidón de agua, iba decidiendo que hacer con ella. Hasta que furioso decidió comersela…

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