Violencias de géneros-clases, y mundialización capitalista de la guerra de géneros.

Capítulo del libro: “LA GUERRA DE GÉNEROS MUNDIAL. (Maximización de la concurrencia, guerra de géneros y acumulación de capital”).

 

Tasa de victimas mujeres agredidas por varones, de 14 y más años, por 100.000 habitantes, en el año 2011, considerada por comunidades autónomas del estado español. (Nótese la relación geográfica entre más violencia de "género" y menor renta per capita.) CRÉDITOS: El Diario.es
Tasa de victimas mujeres agredidas por varones, de 14 y más años, por 100.000 habitantes, en el año 2011, considerada por comunidades autónomas del estado español. (Nótese la relación geográfica entre más violencia de “género” y menor renta per capita.) CRÉDITOS: El Diario.es

El vasto panorama resultante de todos estos procesos de intensificación de las contradicciones de géneros-clases por parte de la clase capitalista para proseguir el desarrollo de la acumulación de capital es de guerra de géneros. Así nos describe una pequeña estampa de ella el partido eco-capitalista EQUO:

“La violencia sexual ejercida contra las mujeres es la más trágica demostración de la sociedad patriarcal y es en muchas ocasiones, el último escalón de las agresiones machistas: en el año 2011 en Euskadi hubo 296 casos de violaciones denunciadas, un 42% más que el año anterior. Ese mismo año, los juzgados vascos tramitaron 4.125 denuncias, lo que supuso una media de once al día.” (17)

No son, evidentemente, estos datos la demostración de la sociedad patriarcal sino el resultado de las relaciones sociales de producción capitalistas, la lucha de clases en la fase madura del capitalismo de final de ciclo en los países capitalistas centrales, cuando la caída de la tasa de ganancia fuerza al capital a emplear todos los recursos posibles, incluida la Abolición del Patriarcado, para sostener su hegemonía e incrementar la producción de plusvalía, constituyendo en ese esfuerzo movilizador y transformador la igualdad de géneros real… en condiciones capitalistas y para reproducir la sociedad burguesa y al capitalismo.

En realidad, en los datos de estos horrores (mal) denunciados por EQUO se reflejan varias violencias acumuladas en esta vasta lucha de clases. De un lado,


A/ la violencia originada en la resistencia masculina a ceder los últimos restos de los privilegios patriarcales;

B/ de otro lado, entremezclada con ella, violencia causada por la resistencia masculina, a la concurrencia femenina y al reparto de la pobreza que conlleva, a la introducción de la igualdad de géneros, en las condiciones capitalistas realmente existentes, proceso distinto a la abolición del patriarcado en si mismo;

C/ de otro lado, las formas violentas que toma el proceso histórico de disolución de la familia de clase obrera como unidad productiva y reproductiva básica (de la anterior forma de explotación), intensificadas por el no derecho real al divorcio en la mayor parte de la clase obrera debido a sus costos;

D/ de otro lado, la violencia masculina en las luchas de poder entre propietarios de los dos sexo-géneros por cuotas de poder y propiedad en las familias burguesas;

E/ así mismo, los efectos de la violencia sexual machista propulsados por las condiciones estructurales de reproducción de la miseria sexual necesaria para la reproducción de la misma sociedad burguesa, y

F/ combinada con los efectos cosificadores de la eclosión del consumismo capitalista, en auge inversamente proporcional a la caída de la tasa de ganancia media.

Efectivamente, mientras el patriarcado entra en fase terminal en los países capitalistas centrales, la violencia de géneros-clases se expande, al par que son barridos los privilegios masculinos y que avanza el proceso de liquidación de la familia de clase obrera. Pero la violencia machista, y especialmente la parte de ella que tiene que ver con el Campo del Deseo (18), sigue existiendo y, además, es estructuralmente incrementada por el proceso del capital.

Así, mientras el capital disuelve desde sus bases económicas mismas a la violencia patriarcal y de resistencia a la perdida de los privilegios masculinos, en cambio incrementa la violencia machista, incluida la sexual, y determina el incremento de la violencia causada en la liquidación de la familia obrera.

Por esto, la descripción que leemos en esa pieza de texto es el reflejo del aspecto que toma la transformación de la lucha de clases en guerra de géneros, determinada por la Abolición del Patriarcado y el establecimiento de la igualdad de géneros en condiciones capitalistas, ambos para la reproducción de la explotación capitalista y el desarrollo de a Sociedad Burguesa, no la demostración de la Sociedad Patriarcal, como dice EQUO.

Como hemos visto, en el capitalismo la oferta normalmente domina a la demanda – excepto en la relación salarial -. En un capitalismo con alta composición orgánica media del capital y, por tanto, con una constante tendencia a la sobreproducción de mercancías, la inversión en creación y estimulación de la demanda tiende a aumentar. Mediante los productos, las mercancías, como fetichización de las relaciones sociales, con su capa comunicacional e informacional forzada a desarrollarse in crescendo por la sobreproducción, la lógica del capital puede actuar y, de hecho, actúa energéticamente sobre las relaciones sociales de consumo con el objetivo de estimular la demanda y eludir la sobreproducción, pero para ello los y las capitalistas y sus aliados no dudan en actuar intensivamente en el Campo del Deseo con sus poderosas herramientas.

Los sujetos capitalistas se han dado cuenta de que feminizando las mercancías y sexualizándolas, empleando cuerpos femeninos como representación de los productos, se incrementa la atención de los hombres hacia las ofertas de esas mercancías, aunque también de las mujeres, – estas en su competencia capitalista por estar más bellas, lo cual es determinante de estatus y poder personal -. La contradicción dialéctica de este proceder es la proliferación de la cosificación de la mujer, si bien es cierto que tal práctica cosificadora también está expandiéndose y proliferando cada vez más sobre los cuerpos masculinos.

La Hipertrofia de la Sexualización Virtual, en un universo social finalmente castrante, diríamos histérico, que hoy padecemos, es un producto netamente capitalista, que no patriarcal, explayado en el Campo del Deseo. Es más, concretamente es un producto de la larga crisis estructural del capitalismo, no un producto del patriarcado, que como hemos visto es abolido en el capitalismo de final de ciclo (19).

Convergen en la dinámica estructural de la hipertrofia de la sexualizacion virtual todo tipo de mercados, se combinan con los vastos mercados del ocio, de las drogas legales e ilegales, – con resultados tan nefastos en las relaciones entre géneros como los que tienen en la conducción de automóviles y en la violencia en general -, y con los conflictos resultantes de la desviación de la lucha de clases hacia la agudización de las diversas contradicciones de género que hemos visto, dando como resultado el incremento de la violencia machista en todas sus formas, incluida la violencia sexual machista.

Evidentemente, una parte de esta violencia machista se aminora a medida que va perdiendo la determinación económica estructural que la impulsaba, a medida que la base económica del patriarcado desaparece, pero otras partes, las que tienen que ver con la sobreproducción estructural y la extinción económica de la familia obrera, en cambio aumentan.

Por todo esto, indudablemente la guerra de géneros es una de las formas básicas y más universales que toma la lucha de clases del capitalismo durante, al menos, la fase inicial y la fase intermedia del capitalismo de final de ciclo. Y, es más, en la misma medida en que se expanden por el mundo las relaciones sociales de producción capitalistas, y su forma básica, la relación salarial, la guerra de géneros determinada por el capitalismo tiende a mundializarse.

La violencia sexual machista, que no hay que confundir con la violencia masculina relacionada con las mediaciones de la acumulación de capital, es esencialmente la tendencia masculina a apropiarse, enajenar, por la fuerza o por la ventaja económica, de la sexualidad de las mujeres, mientras que el patriarcado era la tendencia a apropiarse los hombres del trabajo de las mujeres, lo que el capital ya no permite en la clase explotada, pues necesita explotar a los proletarios de ambos sexo-géneros igualmente, con la mayor amplitud posible, en su dinámica de producción de plusvalía.

Pero ocurre que el capital y la clase capitalista se legitiman como régimen social al sacarse de encima el patriarcado y los privilegios masculinos, mientras, a la vez, el estado capitalista se legitima al asumir un papel protector paternalista de las mujeres frente a la violencia machista de toda índole. Así, a las ganancias económicas y sociales de la violencia estructural determinada por la dinámica objetiva del capital y la consiguiente declaración capitalista de la guerra de géneros en la clase obrera y los sectores proletarizados de la pequeña burguesía, que hemos venido viendo en los anteriores subtítulos de este artículo, el capital les añade las ganancias políticas.

Conviene no ocultarnos a nosotros mismos la aplastante hegemonía política que en el área de la mujer proletaria dispone hoy, y va a seguir disponiendo durante un periodo relativamente prolongado, la clase capitalista a causa de estas circunstancias. Pero también es imprescindible no hacerle el caldo gordo al feminismo burgués y autodelimitarnos los y las marxistas radicalmente y con toda claridad de él.

Los comunistas rechazamos la violencia machista en su conjunto pero no avalamos la forma estado capitalista, porque forma parte integral de la explotación, la mayor de las violencias, y la dominación estructural constituida contra la clase obrera, que es la mayor parte de la humanidad.

Los comunistas no defendemos los privilegios masculinos ni la reproducción social de los restos del patriarcado, pero con un objetivo antagónico al que mueve al capital a propulsar la erradicación de esos privilegios y esos restos.

Los comunistas sostenemos la necesidad de la superación de la forma familia, como unidad productiva y reproductiva básica, de explotación y gestión de la explotación, pero no la simple y brutal destrucción de las familias proletarias y la reproducción biológica de los proletarios, que es lo que en los hechos impone la lógica del capital.


No somos pues aliados del feminismo capitalista, que es el 90% o más del feminismo realmente existente.

El capital mientras abole el patriarcado y liquida los restos de los privilegios masculinos universalizando la igualdad de géneros en condiciones capitalistas y para la reproducción del capitalismo, en su propio beneficio clasista, incrementa la violencia estructural en la clase obrera al agudizar la desigualdad de clases, y como subproducto incrementa la violencia machista en dos áreas, la resultante de la extinción económica de la familia obrera como unidad productiva y reproductiva básica y la resultante de la hipertrofia de la sexualización virtual que se desarrolla, no lo olvidemos, en los marcos capitalistas de desigualdad y miseria sexual universalizada en la clase obrera.

Para el reformismo burgués feminista la solución de la violencia machista de toda índole está en la represión, para los comunistas sin abolir el capitalismo no hay forma de abolir la violencia machista y de género, es más, a partir de la transformación de la lucha de clases en guerra de géneros, las energías desviadas de la lucha de clases alimentan la contradicción entre géneros, mientras la crisis estructural de sobreproducción mundial determina, entre otros efectos, el desquicie del capital mismo y el empeoramiento de las condiciones de vida en el conjunto del proletariado, por lo que la abolición del patriarcado realizada en condiciones capitalistas y para la reproducción de la sociedad burguesa y del capitalismo, sin salidas revolucionarias, en un marco histórico de maximización de la concurrencia mundial de la fuerza de trabajo, tiende y tiene que tender forzosamente a transformarse, de violencia patriarcal a violencia machista-capitalista que se completa y eleva con el surgimiento de una violencia específica feminista-capitalista, con raíz clasista, dentro de un proceso general que se incrementa y expande mundialmente.

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NOTAS

 

  • (17) “Acabar con la violencia machista, transformando la sociedad. ¿Cuántas mujeres más tienen que morir?”.

  • (18)La violencia sexual machista se enmarca en otra violencia sexual más amplia, la violencia de la negación de la sexualidad en la sociedad de clases, por la que es posible. En concreto, en su forma brutal y dizque “normal”, la negación de la sexualidad en la escuela, que es una enérgica tendencia burguesa, ocurriendo que la sexualidad entre los niños está prohibida en toda su infancia y adolescencia, y se da noticia de ella solo a través de libros, en lugar de organizar un espacio tiempo autoformativo sexual de los niños mismos en las escuelas. El resultado es que lo que enseña la escuela capitalista, pública o privada, a todas las generaciones que malogra, es a negar la sexualidad y a vivir sin ella. De esto salen muchas de las miserias sexuales presentes en las formaciones sociales dominadas por la sociedad burguesa. Se enseña desde matemáticas hasta historia, pero no se enseña ni permite los autoaprendizajes de acariciar y ser acariciados, que no es rentable y resultaría en una sexualidad demasiado democrática como para que el edificio de la propiedad privada pudiera reproducirse. No considerar esto es ocultar una inercia estructural de la sociedad de clases, determinante de y más profunda que el patriarcado y la desigualdad de géneros.

  • (19) La Hipertrofia De La Sexualización Virtual corre paralela con la agonía de la práctica de la sexualidad en las poblaciones capitalistas. Por ejemplo, en Japón al menos lo miden, como nos aclara esta noticia publicada en Rusia Today: Analistas: La falta de sexo en Japón podría generar una grave crisis económica global:

     

    “Los japoneses tienen cada vez menos sexo. El fenómeno es tan conocido que existe un término para ello: ‘sekkusu shinai shokogun’ (síndrome de celibato).
    Más de la mitad de los japoneses no están casados. El 49% de las mujeres solteras y el 61% de los hombres solteros entre 18 y 34 años no tiene ninguna relación. Más del 30% de japoneses (hombres y mujeres) entre 18 y 34 años nunca han tenido sexo. El 45% de las mujeres y el 25% de los hombres entre 16 y 24 años no están interesados en las relaciones sexuales.”

     

    Por supuesto, no ocurre únicamente en Japón este proceso capitalista, es general al capitalismo desarrollado. La violencia machista sexual es, sin duda, un componente de procesos de raíz similar a este. Pero, además, corre paralelo con la desigualdad sexual, que por supuesto, por su raíz de clase, la mera igualdad de géneros no resuelve. En la estadística no se cuenta el estado de la sexualidad en el matrimonio, pero muy probablemente los números de la sexualidad del sekkusu shinai shokogun en la población casada sean comparables o superiores a los que registra la población soltera. Igualmente, el papel de la prostitución interna y del turismo de prostitución, en quienes si tienen relaciones sexuales tampoco se nos aclara, pero el cuadro general, que entiendo también prototípico a los países capitalistas con la explotación más desarrollada, es diáfano a la hora de mostrar todo un campo de la miseria sexual, más que del deseo, que parece no importar al mundo burgués “progre”, “de izquierdas” e incluso “marxista” firmemente aliado del feminismo capitalista a la hora de corroborar sus tan truncadas cuentas teóricas de la situación social real bajo el capitalismo. Veremos en el siguiente capítulo algunos de los porqués de esta tendencia del feminismo capitalista, o burgués, a opacar este tipo de procesos sociales básicos.

 

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