En el tramo anticorrupción de la crisis: ¿Es lumpenburgués el gobierno capitalista español?

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En un reciente artículo Jon Odriozola caracteriza a la burguesía española actual como “lumpenburguesía”, a la cual le correspondería el lumpengobierno español del PP. ¿No será ese el gobierno del sector rentista de la capitalista, en lo social, y, a la vez, de los capitales más concentrados y centralizados e internacionalizados, en lo estratégico?

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En el Estado español de las autonomías, la lumpenburguesía es un síntoma, epitélico y epidérmico, sí, pero no el carácter ni diagnóstico de la enfermedad indeleble. El capitalismo, su modo de producción -ni de destrucción-, no resistiría ni toleraría una corrupción generalizada, no sobreviviría al no haber plusvalía y solo fraude. Su supervivencia reside y consiste en la explotación y el vampirismo sobre la vena del trabajador. La lumpenburguesía no explota directamente: sólo succiona una cuota de plusvalía -de beneficio- que otros (la burguesía no lumpen, la «honrada», para entendernos, la «contribuyente», como se dice en los telefilms gringos) han extraído a las clases trabajadores. A esta lumpenburguesía defiende un lumpengobierno que ha conseguido que hasta las capas mesocráticas -médicos, maestros, funcionarios- salgan a la calle.”

Lumpenburguesía. Jon Odriozola

     Como vemos, Odriozola está preocupado por la campaña gatopardiana de denuncia de la corrupción, que promueven la burguesía estatal y el gran capital concentrado. Pero ¿a qué se refiere con lumpenburguesía? ¿a la parte de la burguesía que no se ocupa de la producción de plusvalía? Si es a eso, no hay que llamarle “lumpenburguesía” sino Sector Rentista de la Clase Capitalista, sector estructural de clase sin el cual la movilidad social capitalista se detendría en seco, ello pararía el motor social de base del proceso de constitución de la clase y todo el edificio social y político de la clase capitalista se desmoronaría, comenzando desde el vasto mundo material y subjetivo pequeño burgués, hasta pudrir toda posible conciliación de clase y dejarle sin ningún bloque social de apoyo al sector oligárquico de la clase.

     Esto sin hablar del desmorone del parasitismo financiero de las corporaciones industrial-financieras imperialistas, que cuadran y redondean su rentabilidad (su alienación de plusvalía) precisamente a través de las más ingeniosas formas de parasitismo… que a veces es otra forma de decir concentración y centralización de capitales.

Qué significado tiene la campaña anticorrupción.

     La campaña anticorrupción que los grandes mass-media y medios de los capitales concentrados, centralizados e internacionalizados, propietarios del estado español, están llevando adelante en este tramo no tiene ni la menor relación con una denuncia del capitalismo parasitario, sino que, al contrario, es su defensa.

     Los capitalistas del sector rentista de la clase capitalista, – donde forman, además de grandes capitales concentrados, particulares grandes, medianos, pequeños y diminutos -, arremeten contra determinadas prácticas abusivas de determinados capitalistas operativos que se desentienden de la producción de plusvalía, y se circunscriben a su pura captación o extracción sin tener en cuenta los derechos políticos del resto de la clase, empezando por los mismos capitales concentrados, donde accionistas y titulares de derechos se ven perjudicados por cuadros “lumpen”capitalistas cuyas rapiñas ejecutivas hacia adentro ponen en peligro el parasitismo de todo el sector rentista, y así a todo la clase capitalista.

     En este esfuerzo de aseo y reorganización de la clase capitalista, con la burguesía estatal sacando musculo y poniéndose en valor ante el conjunto de su clase, numerosos cuadros de la clase se ven sometidos a la rendición de cuentas: burgueses estatales que se extralimitaron en el saqueo o no defendieron sino es que directamente saquearon a tal o cual capital, cuadros políticos que perjudican a este o aquel capital concentrado, pequeños burgueses demasiado descarados o acelerados en la obtención de su capitalito, y ejecutivos que estafaron a accionistas cogiéndose toda la plusvalía disponible para ellos solitos, sin repartir, descapitalizando precisamente a quienes estaban antes que ellos en la succión de la plusvalía.

     Todo este esfuerzo de reorganización de la clase, que incluye una defensa acérrima del sector rentista de la clase capitalista y la burguesía estatal, desde arriba hasta el mediano burocrata sin necesidad de hacerse ya con su capitalito y el funcionario de a pie, lesionado en sus perspectivas de sueño pequeño burgués, no consiste en una lucha contra la lumpenburguesía, sino por el orden interno de la clase. Y claro que ruedan cabezas, pero no hay que equivocarse; los métodos lumpen para sacar adelante la producción de capital o la adquisición de capitalitos normalmente no son perseguidos, excepto si resultan ser demasiado demasiado descarados e ineficientes, si solo van enfocados contra la clase obrera o contra las fracciones más débiles de la pequeña burguesía.

     Por otro lado, en el caso del estado español, hay, es evidente, importantes intereses en derribar al gobierno, no porque sea del PP, sino con el objetivo de que descarrile el euro y se abran nuevas perspectivas para el dólar o para una nueva moneda más abarcadora que saque de sus apuros a los grandes capitales concentrados dependientes del destino del dólar. De aquí que haya salido a escandalo algo tan inocuo, por no decir necesario, para el capitalismo como son las sospechas sobre la contabilidad y el reparto de sobres provinientes de industriales y capitales concentrados en las ejecutivas del PP durante estas décadas, algo que de pronto, para asombro de muchos, inopinadamente aparece como el afaire del siglo que engulle el grueso de la atención social.

     Entre las consiguientes nubes de confusión conviene no perder el norte: estamos ante las clásicas luchas internas entre capitales concretos y sectores de capital en la fase de reorganización de su clase – regeneración – que precede a una agresiva ofensiva de reestructuración de la explotación – nuevo modelo de acumulación de capitales -, en un estado capitalista en el que durante 56 meses seguidos está detenida la formación de capital fijo.

Beneficios políticos clasistas de la campaña contra la corrupción.

     De pronto el problema no es el capitalismo en sí, ni siquiera la crisis, el problema es de valores incorrectos en individuos aprovechados del sistema, contra los que el sistema sale a luchar, pidiendo y obteniendo el apoyo social. He aquí una primera y sustantiva ventaja política de clase contra clase que la clase capitalista obtiene por hacer, especialmente ahora, una campaña contra la corrupción, junto a los otros beneficios, reorganizativos internos, que hemos visto.

     Nada de crisis de sobreproducción de capitales, nada de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, nada de la gran depauperación producida mientras increíblemente enormes masas de valores de uso son destruidas a plena luz del día, nada de la crisis demográfica por destrucción de fuerzas reproductivas, ni nada de las guerras pro imperialistas en que nos envuelven y a las que nos someten, ni nada de los treinta y cinco millones de personas bajo los efectos de la dictadura del paro capitalista, nada del hambre que sigue extendiéndose, nada del sangrante problema de la imposición de límites al desarrollo de las fuerzas productivas para satisfacer las necesidades de los seres humanos, nada de todo esto salta al debate social.

     El interés social por las causas profundas de la crisis, y su voluntad de superar y remediar semejante destrucción de fuerzas productivas, incluidas las humanas, queda lejos, como la Antartida o la Luna, mientras la pequeña burguesía nada quiere saber de semejantes problemáticas y contradicciones, que le dificultarían sus trayectos hacia “su porción del pastel” y enturbian sus sueños de dinero y bienestar. Pero hay más…

     En realidad, las campañas “anticorrupción” son necesarias para el capital durante los intentos de cambio de modelo de acumulación, precisamente en los momentos de crisis, en los instantes en que no se sabe muy bien en la clase capitalista cómo se recompondrá la producción y alienación de plusvalía, su explotación. Por un lado reorganización de la clase, por otro ocultación de las verdaderas causas de la crisis rabiosamente capitalista, pero por otro lado, prolegómeno de ataques a la clase obrera.

     En efecto, la campaña contra la corrupción es el prolegómeno de una campaña mucho más agresiva contra la clase obrera, con subcampañas adhoc contra sus tres sectores estructurales, los desempleados, los subempleados y los empleados. La experiencia demuestra que las acusaciones serán a los empleados por vagos, a los desempleados por parásitos y a los subempleados por señoritos/as, siendo un esfuerzo de reconstitución de la disciplina y mando del capital sobre la clase obrera.

     Una regeneración de la explotación en toda regla, en sainete, pero que, debido a la profundidad y gravedad de la crisis de acumulación, cuando el bloque social de la clase capitalista en la Península Surpirenaica es como una hoja batida por el viento, aparece con enormes interrogantes ¿qué ocurrirá con el euro? ¿qué régimen político sucederá a la monarquía juancarlista? ¿se logrará salir adelante con la exportación de capitales y mercancías o viene la caída en barrena de toda la formación social estatal española?

     Pero los media del capital concentrado quieren hablar de la corrupción.

     Odriozola está equivocado, no hay una lumpen burguesía en el gobierno del estado español, lo que hay es el cuerpo ejecutivo del capital concentrado y centralizado en lo estatal, que intenta pasar a un nivel superior, más desarrollado, de la explotación de clase. Manteniendo eso sobreviviría el sueño colectivo pequeño burgués, corazón del régimen en lo social, el cual precisa el oxigeno de la campaña anticorrupción so riesgo de diluirse en la cruda y dura realidad del capitalismo de final de ciclo, en el que poco a poco se sumergen las formaciones sociales capitalistas en todo el mundo. Pero mantener eso implica lograr revertir la bajada absoluta de la ganancia, y eso son palabras mayores.

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