No son social-comunistas, son burgueses estatistas y nazi-fascistas de manual

No son social-comunistas, son burgueses estatistas y nazi-fascistas de manual

Los supuestos “social-comunistas” que nos cuentan los conservadores en la realidad han venido instaurando en el Estado Español, a lo largo de los últimos dos años, las bases para constituir una dictadura tecnomalthusiana y robótica de largo alcance y duración.(…)

Donde los conservadores escriben “social” debe poner burgueses, y donde ponen “comunistas” debe poner estatistas. En la praxis de los tecnomalthusianos burgueses, funcionarios y aristócratas obreros “de izquierdas”, el estatismo, muy lejos de significar una idea de que la organización estatal puede servir para planificar la economía, idea que sería al menos semi-socialista, por el contrario significa la defensa y promoción acérrima de su medio de vida y ascenso social basado en la alienación de la porción tributaria de la plusvalía extraída al proletariado por medio del Estado. Esta es una praxis burguesa más evidente que una montaña y no querer verla apunta al envilecimiento al menos de quienes la admiten como “progresista”, cuando en realidad a determinado punto de desarrollo de esa explotación deviene rabiosamente regresista y retroaccionaria.

Psoedemos, y no solo sus amigotes del PP, Vox, PNV, Ciudadanos, …es más, principalmente Psoedemos está empleando su control del Gobierno Español para enviar armas pagadas con la plusvalía tributaria a los nazi-fascistas ucranianos del Batallón Azov, de quienes son conmilitones en su muy peligrosa y dañina aventura imperialista de robarle los recursos materiales a Rusia.

Esto me merece dos reflexiones, la primera tiene que ver con que los fascistas del PSOE ya hicieron cosas parecidas con el GAL. Incluso uno de los líderes del partido socialdemócrata que montó el terrorismo GAL, Borrel, hoy es uno de los cuadros burgueses UEllanos que está azuzando a los nazis a cometer más crímenes todavía contra la población civil novorusa y las Repúblicas Autodeterminadas Populares de Donetsk y Lugansk al ofrecerles cobertura militar ilegitima a sus actos terroristas. Son precisamente sus antecedentes en el partido socialdemócrata que montó el terrorismo GAL lo que ha ayudado a escalar a Borrel a las torres de odio y soberbia de Bruselas para enseñar a las estructuras naz-global de la UE cómo se hace, cómo se impide a una población ejercer la autodeterminación y cómo se arruina al proletariado.

Lo que no debe olvidar jamás el proletariado en Baskongadas y de toda Baskonia es la destrucción de en torno a 480.000 empleos industriales en los años 1978-1995s para lucro de la industria noreuropea, especialmente la alemana, principal beneficiaria de la UE. Ni tampoco que el PSOE, contra el criterio de su secretario general en el exilio, Rodolfo LLopis, fue financiado por la socialdemocracia alemana, concretamente por la Fundación Fiedrich Ebert (SPD), para desembarcar como partido de masas y luego, y hasta hoy, de gobierno. La desindustrialización de Baskonia fue un negocio descomunal de la socialdemocracia internacional, imposible sin la engañifla de la incorporación a la UE en 1986, que se cometió sin un referéndum que la legitimara.

A un lado desindustrialización lucrativa del país, a otro lado; formación de un grupo terrorista, y ahora promoción de una guerra que puede llegar a ser termonuclear. Con el PSOE no hay sorpresa, pero ¿y con Podemos?

Están por la Paz, nos cuentan… pero están por la Paz dentro del gobierno que envía armamento a los nazis de Azov y a la dictadura tecnomalthusiana ucraniana, gobierno tiránico al que sostienen con su apoyo al PSOE. Quien arma a nazis es un nazi, quien permite que se les arme pudiendo impedirlo, es un nazi. Nazi de nuevo tipo, con coleta, rastas, palique progre, verborrea seudoizquierdista o parafernalia woke “de las identidades”, y nazi “de izquierdas”, a lo S.A, lo que confirma con cada nuevo envió de armamento a sus amigotes nazis con charlatanería contra la guerra, de posición por la paz, y bla, bla, bla…

Ya no es que decidieran enriquecerse a costa de usurpar la representación política de la población proletaria transformándola en representavidad para, así, mercantilizarla, es que prefieren arriesgar al mundo a una guerra termonuclear a arriesgarse a perder sus poltronas de mandatarios socialdemócratas.

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