El capitalismo como gran erradicador histórico del patriarcado y de la desigualdad de géneros.

 

Capítulo del libro: “LA GUERRA DE GÉNEROS MUNDIAL. (Maximización de la concurrencia, guerra de géneros y acumulación de capital”).

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Langile auzoa de  Aurelio Arteta

Es evidente que las mujeres y los hombres nos encontramos en posiciones distintas en la Esfera de la Reproducción, en la Producción de Vida y en el Campo del Deseo.

Sin embargo, en lo que atañe a las relaciones de propiedad, la evidencia demuestra que la universalidad del capital supera y subsume la contradicción sexo-género hombres-mujeres, en grado tal que para ser propietario de capital, en los países con más avanzado desarrollo del capitalismo, no existe ya ninguna restricción jurídico-política de sexo-género a la propiedad, es decir, pueden ser propietarios de capital los hombres y las mujeres.

Recordemos, el capitalismo es el modo de producción en el que la clase dominante, la clase explotadora, es la clase propietaria de capital, propiedad que se forma y aumenta con plusvalía, – tiempo de trabajo no pagado a la clase obrera concretado en riquezas, servicios y bienes materiales -, que se reparte en forma de títulos de valor y propiedad entre sus individuos componentes… sean del sexo-genero que sean.

No existe ya, pues, un régimen histórico que podamos denominar “Patriarcado” al interior del capitalismo avanzado, aunque exista el machismo.

El capital lo tiene muy claro… Estas son palabras de la ponencia del financiero vasco-español Pedro Luis Uriarte en la Cumbre Iberoamericana de Mujeres del 13 de noviembre del año 2008, en las que constata un proceso ocurrido ya en lo que el denomina “Primer Mundo”:

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– Como la población femenina mundial crece a razón de 1,28 mujeres por segundo, a mitad del Siglo XXI, en el año 2050, el género femenino totalizará 4.800 millones de mujeres.

– Para calcular el impacto económico potencial de este macro-colectivo marginado, basta con multiplicar la mitad de esa cifra de mujeres (suponiendo que sólo trabajasen en oficios retribuidos el 50%) por 1 dólar diario de PIB no aportado, para apreciar que estamos hablando de un impacto de 876.000 millones de dólares anuales, casi el tamaño de la economía española.

– Si la multiplicación de ese 50% de mujeres no trabajadoras (2.400 millones) la hiciéramos por el PIB per capita global actual (alrededor de 8.900$/per capita) estaríamos hablando de 21,4 billones de $, es decir un 25% más que el PIB actual de la Unión Europea.

En otras palabras, la mayor aportación del género femenino al PIB mundial, que debe conseguirse, representará, no sólo una ENORME INNOVACIÓN SOCIAL, sino que se traducirá en una increíble generación de renta y, por tanto, de prosperidad para todos, no sólo para las propias mujeres.” 

En primer lugar, aquí Uriarte (2) cuantifica incluso la plusvalía potencial de la inmersión del proletariado femenino mundial en la relación salarial, cuando señala las dos variantes de remuneración salarial media, a un dólar diario 876.000 millones de dólares, pero renumeradas a 8.900 dólares anuales nada menos que 21,4 billones de dólares, lo cual equivaldría a un tercio del Producto Interior Bruto Mundial actual, unos 60 billones de dólares. Así que la plusvalía potencial es de 20 billones de dólares.

Con semejante nueva expansión de la relación salarial, el capitalismo tendría aliento para desplegar otra larga fase de la acumulación mundial de capital, hacia 2050, cuando el despliegue de la inmersión de esta nueva concurrencia terminará. En esto van los afanes del capital. Eso si, como la composición orgánica de capital también se va elevando, el plazo real de esta eventual nueva fase de acumulación sería menor que los 36 años que van de ahora a 2050.

Ya hoy es evidente que, por este orden, la URSS, Europa, Japón y los EEUU lograron movilizar a las mujeres proletarias masivamente hacia la creación de nueva fuerza de trabajo disponible para su explotación en la Esfera de la Producción, a través de un proceso complejo en el que los capitalistas, en determinado punto, fueron capaces de asumir la Abolición del Patriarcado, con todas sus letras, para conseguirlo.

Para dejarlo claramente remarcado, en términos jurídico-políticos, en estas décadas lo que hemos vivido en nuestro país, Euskal Herria, en el estado español y en Europa entera, es la Abolición Formal del Patriarcado y estamos viviendo la culminación de la Abolición Real del Patriarcado, o, más bien, de sus restos.

Los privilegios masculinos actuales son restos del anterior modo de producción y de una larga fase histórica de la Sociedad de Clases, se cree que iniciada hace 5000 años en Sumeria y transformada definitivamente en Patriarcado en los periodos sumerios final y acádico inicial (3). Potentes restos de Patriarcado los vemos hoy, por ejemplo, en Arabia Saudita en el asunto de la prohibición a las mujeres de la conducción de automóviles, pero esto no tiene nada de componente genético-estructural del capitalismo. Objetivamente, el capital para poder seguir desarrollándose necesita erradicar esos limites retardatarios a la expansión de su universalidad. Por esto, los privilegios masculinos que aún persisten no son ni mucho menos expresiones del carácter intrínseco del modo de producción capitalista, que, insisto, necesita barrer hasta su total extinción los restos del patriarcado y todas sus restricciones jurídico-políticas y funcional-operativas a la incorporación de las mujeres a la Esfera de la Producción.

Muy importante; no solo ocurre que el capital precisa barrer los restos del patriarcado, propio de las formaciones sociales y las Relaciones Sociales de Producción y Reproducción Social anteriores, para proseguir su desarrollo, es que, además, los privilegios masculinos, por el conjunto de las nuevas condiciones productivas que constituye esa misma expansión, no tienen ya base económica que los sustente. Por esto los privilegios masculinos están condenados a su desaparición en el capitalismo.

Las diferencias en tamaño de propiedad y cuantía del salario que se observan todavía entre hombres y mujeres son restos, también, de desigualdades anteriores, de ventajas logradas, por ejemplo, por mayor tempranía o no en la inmersión social desigual de los géneros en la relación salarial, pero a cada momento que pasa tienden a ser borradas y desaparecer al no ser actualizadas.

La aparición creciente de mujeres en posiciones de poder capitalista o de más poder social no es meramente un producto de la lucha feminista, como nos quieren hacer creer personas que incluso se lo creen realmente ellas mismas, sino una necesidad objetiva de la lógica del capital.

Por un lado, la clase capitalista necesitaba urgentemente desarrollar la igualdad de géneros en los inicios de esta fase del capitalismo de final de ciclo, en lo interno, colocando en la gestión del aparato productivo y supraestructural al mayor número posible de mujeres capitalistas, por otro lado, podían hacerlo, una vez disponían estas de más tiempo libre debido a los crecientes avances científico-médicos en la Producción de Vida, y a que la mayor parte de los trabajos de cuidados de reproducción social logran traspasarlos con éxito a las mujeres proletarias a cambio de salarios relativamente bajos en el servicio doméstico. Nivel salarial bajo que el movimiento sindical no ha podido elevar a causa de que la oferta supera con creces a la demanda.

Detención absoluta de la movilidad social ascendente del proletariado masculino.

Ya este movimiento de las mujeres capitalistas hacia la Esfera de la Producción por sí solo, reconfigura toda el proceso de la lucha de clases en los países capitalistas con mayor desarrollo de la explotación.

En este movimiento hacia la Esfera de la Producción, las mujeres capitalistas copan los empleos que anteriormente correspondían a hombres de la clase obrera, y eran la base de su movilidad social ascendente, hombres de clase obrera que de ese modo se constituían en aristocracia obrera y, luego, normalmente, con el tiempo ingresaban en la clase capitalista. Una vez la burguesía desencadena la igualdad de géneros estos hombres pierden gran parte de su movilidad social ascendente. La distribución de empleos productivos altamente retribuidos para las mujeres capitalistas, primeramente comenzó en las universidades, y desde allí se expandió, poco a poco, a todo el aparato productivo.

Como una reacción en cadena, la aristocracia obrera ya constituida al iniciarse este proceso de incorporación de las mujeres capitalistas a la Esfera de la Producción, proceso, finalmente, de Abolición Real del Patriarcado, opera del mismo modo que la burguesía fomentando la Igualdad de Géneros en sus áreas de influencia, y colocando así a las mujeres de sus familias y redes sociales en los puestos de trabajo que no podían copar las mujeres burguesas.

Como consecuencia, la igualdad de géneros establecida en condiciones capitalistas frena la movilidad social ascendente de la mayor parte de los hombres de clase obrera, pero también de sus proles.

Este proceso no ha sido lineal, y ha estado altamente condicionado por la Revolución del Octubre Rojo, salto acelerador importante percutido, a su vez, por la I Guerra Mundial, que confluyó con la madurez de las luchas de las mujeres burguesas en universalizar el sufragio universal femenino, pero este no ha sido el único salto.

La burguesía de los países capitalistas centrales se vio realmente cercada en los años 60s-70s en la cima del fordismo-keynesiano por la lucha revolucionaria del proletariado. La tendencia capitalista a la promoción de la igualdad de géneros, como hemos visto, venía de muy atrás, pero su aceleración definitiva se produjo en aquel entonces. Detrás de la movilización masiva de las mujeres burguesas hacia la Esfera de la Producción y su gestión supraestructural en los años 60s y 70s, se encuentra la necesidad de la burguesía de movilizarse en el máximo grado posible para frenar al proletariado, y no solo la tendencia familiar de la mediana y pequeña burguesías a incrementar el área de alienación de plusvalor.

Si esa incorporación general de las mujeres burguesas a la Esfera de la Producción, por sí sola, cambia todos los parámetros de la lucha de clases, ocurre, además, que los resultados del desarrollo combinado del aparato productivo y la fuerza general de trabajo, iban a determinar un vuelco aún más profundo de las relaciones de clases, y el surgimiento de una sobredeterminación todavía más enérgica en la transformación de la lucha de clases en una Guerra de Géneros.

Maximización de la concurrencia y ausencia de salida revolucionaria, bases de la reacción machista en el proletariado.

A medida que se desarrolla, intensifica y amplia la acumulación de capital, merma la fuerza general de trabajo disponible como oferta adicional, y solo se pueden deflacionar los salarios importando in continun fuerza de trabajo del campo. La población campesina sobrante a la reproducción del sistema de propiedad privada campesina nutre la nueva oferta de fuerza de trabajo urbana y, así, la contención estructural de los salarios está asegurada durante una larga época. La afluencia continua a los centros de acumuación de capital por parte de este proletariado campesino, superpoblación relativa fluyente, también aumenta los mercados de consumo y, por tanto, este excedente de población rural es una de las bases principales de las Reproducciones Ampliadas del Capital, producidas a lo largo de los periodos temprano y medio del desarrollo de los grandes capitales monopolistas y sus sociedades burguesas.

Pero cuando se acaba esta afluencia de trabajadores rurales por haber quedado relativamente despoblado el campo, el capital, – que ya va disponiendo de medios de reproducción social más avanzados , dependiendo de las alternativas de la coyuntura de la acumulación, vviéndose obligado a ir lanzando a las mujeres obreras, hasta entonces salarialmente inactivas, de nuevo masivamente a los mercados de trabajo para componer nueva oferta. (4)

El capital se ve obligado, entonces, a fomentar la igualdad sexo-géneros ante la Esfera de la Producción también en la clase obrera, de manera que, por esta parte de la contradicción, también esas amplias fracciones obreras masculinas que han perdido la movilidad social ascendente, de forma absoluta o clase a clase, se encuentran ante una nueva concurrencia femenina. Después de que la incorporación de las mujeres capitalistas y de las mujeres de la aristocracia obrera al mercado de fuerza de trabajo, dotadas con superiores medios de formación, les lleva a hacerse en masa con los empleos mejor renumerados, las mujeres obreras son lanzadas paulatinamente al mercado de trabajo a concurrir con los hombres de sus mismas fracciones de clase por el resto de los empleos. Así pues, las fracciones masculinas de la mayoría obrera, no integrada en la alianza política con la burguesía, se ven sometidas a otra nueva concurrencia femenina, pero esta vez de su propia clase, que deflaciona su salario, lo que lleva al surgimiento de una movilidad social descendente, esta vez de forma relativa o al interior de la clase, proceso al que no pueden oponerse porque implica también la posibilidad de ingresos adicionales en los hogares.

Pero a la vez, la incorporación de las mujeres obreras, a medida que abandonan la Esfera de la Reproducción y son incorporadas a la Esfera de la Producción, a las relaciones salariales, constituye una movilidad social ascendente de las mujeres obreras, aunque esta también es relativa porque está limitada al interior de la clase obrera.

Como resultado de estos cambios y desplazamientos y sus sumas y combinaciones, en un largo periodo se cambian así todos los parámetros de la lucha de clases, a través del fomento de la igualdad de géneros.

La transformación de la lucha de clases en guerra de géneros queda pues determinada desde la base económico-política, con una cobertura, aparentemente progresista, formidable.

En esta situación, el grueso de la liberación de las mujeres burguesas, en primer lugar, y de la igualdad de géneros, a continuación, realizada, no lo olvidemos, en condiciones capitalistas, lo pagan los hombres, como es lógico durante un proceso de abolición del patriarcado, sí, pero lo pagan fundamentalmente los hombres de las fracciones más explotadas y depauperadas de la clase obrera y los sectores populares porque esa incorporación corre en contra del incremento de sus salarios y de su movilidad socialEstos procesos de pérdida de estatus y movilidad social ascendente, culminados con el surgimiento de una movilidad social descendente, se entrelazan con las vastas caídas sociales de las grandes crisis capitalistas (por ejemplo la de 1973 y esta de 2007) intensificándose en sus efectos y expandiéndose hacia la pequeña burguesía.

Efectivamente, en esta parte de la contradicción de género, resuelta alegremente por el capital con una gigantesca maximización de la concurrencia, pierden los hombres de clase obrera, pero pierden por cuestiones de lucha de clases y de objetividad del desarrollo del aparato productivo de plusvalía, no por una cuestión de lucha de géneros como aparenta tal situación táctica. La transformación, a largo plazo, de la lucha de clases en guerra de géneros queda así sellada.

El incremento del machismo, que no hay que confundir con el patriarcado, queda determinado pues por la lucha de clases y la dinámica de las estructuras del aparato productivo. El machismo no es la expresión de un carácter opresivo innato de los hombres por ser hombres, como frecuentemente se nos alecciona. Lo que ocurre es que los hombres de clase obrera y de los sectores proletarizados de la pequeña burguesía se encuentran con; la perdida de poder relativo ante sus parejas; que se mezcla con la pérdida de poder real derivada de la caída de sus salarios reales; con la caída de la tasa de natalidad y el decrecimiento de la población proletaria endógena que va mezclada con procesos de fin de la paternidad; con la pérdida de la movilidad ascendente en los hombres de clase obrera, simultáneamente absoluta, de clase obrera a clase capitalista, y relativa, al quedar embolsados en una movilidad social descendente; y con el nuevo papel – y cómo se le llama a asumirlo, no pocas veces quienes no los hacen -, en el Trabajo de Cuidados de Reproducción Social.

Esto ocurre en la enorme porción de la lucha de géneros motorizada por la lucha de clases, pero a ello hay que añadir también las mediaciones originadas en la ciega dinámica del aparato productivo, con el incremento de la automatización y los in crescendo paro y subempleo estructurales propios del Capitalismo de Final de Ciclo(5) en los países con la explotación más desarrollada.

Se concluye, pues, que el auge del machismo (como el del racismo) tiene una base económico-política causante, determinante material objetiva, en las fracciones obreras masculinas más oprimidas y explotadas de los países capitalistas más desarrollados. No es natural e innato, sino que es real y determinado por la objetividad material del proceso del capital, y concentrarse en no ser conscientes de ello no ayudará a superarlo.

Como además, a continuación, cuando ya se ha estabilizado el nuevo reparto social causado por la introducción de la igualdad de géneros en condiciones capitalistas, y realizada para la reproducción de la sociedad burguesa y del capitalismo, también se agota el proletariado femenino endógeno como oferta adicional de fuerza de trabajo, volviendo la tendencia ascendente del Salario General a desencadenarse, el capital se ve obligado a importar fuerza de trabajo de otras formaciones sociales.

Así la depauperación proletaria masculina endógena aumenta, pues a todo lo anterior se suma una nueva concurrencia compuesta normalmente por jóvenes vigorosos en campaña por salir adelante, importados masivamente, que además de deflacionar el salario añaden otro impulso y desplazamientos adicionales a esas enormes fracciones masculinas del proletariado endógeno hacia el paro y el subempleos estructurales. Pero, en esta ocasión, como la nueva maximización de la concurrencia es de ambos géneros, el racismo, cuya base material real es también precisamente la resistencia a la nueva concurrencia y la rabia, mal dirigida, hacia el dumping salarial estructural y los desplazamientos en el empleo, también prende en fracciones femeninas de la clase obrera.

En ausencia de salida revolucionaria, la lucha de clases se transforma en guerra de géneros, en la cual el machismo y el feminismo capitalista se entremezclan, y ocultan la base material y los componentes clasistas de esas luchas, mientras el racismo, que surge también de la maximización de la concurrencia, también niebla su fuente de realimentación original. Finalmente, feminismo capitalista, machismo proletario y racismo proletario, son efectos estructurales que surgen de las adecuaciones de la lucha de clases al desarrollo objetivo del aparato productivo, y de la expansión social de la sociedad burguesa. Más concretamente, subproductos de la maximización de la concurrencia que, en ausencia de salida revolucionaria, se resuelven como desviaciones políticas de la negatividad interclases propia de la lucha de clases.

Repito, en ausencia de salida revolucionaria forzosamente ha de producirse el cierre categorial de la transformación de la lucha de clases en guerra de géneros, quedar sellada esta como determinación estructural y quedar su contenido de clase completamente ofuscado y perdido en un mar de procesos negativos también de clase; la desviación de la negatividad interclases queda coronada por el éxito cuando las fuerzas revolucionarias toman la lucha contra el patriarcado acríticamente y de forma ideológica, dando por buenas apriorísticamente la abolición del patriarcado y la igualdad de género en condiciones capitalistas. Pero como en realidad ambos procesos realizados en condiciones capitalistas conllevan y son resultado de la maximización de la concurrencia, ello equivale al incremento de la depauperación del proletariado, encontramos, pues, así formada, en el proceso de maximización de la concurrencia, que es mundial, a la vez, las condiciones necesarias y la base social adhoc para el auge de los movimientos políticos fascistas, retardatarios o autoritarios en los países capitalistas centrales, en primer lugar y, sin duda, luego a escala mundial.

La Abolición del Patriarcado en condiciones capitalistas incrementa la depauperación del proletariado.

Pero el sujeto social que realmente pierde con la igualdad de género realizada en condiciones capitalistapara la reproducción de la sociedad burguesa y el capitalismo, es el proletariado. Pierde porque los nuevos aplastamientos y autoritarismos de la burguesía obtienen coberturas de “progresismo” formidables para seguir realizando sus explotaciones y opresiones. Pierde porque el salario moda o “típico” obrero, ya sometido a brutales mediaciones derivadas de la automatización y la ampliación de la internacionalización de los mercados, necesariamente incrementa su caída o impide su despegue en estas y otras maniobras de la lucha de clases, lo que comprueban día a día las mismas obreras insertadas en la relación salarial que ven como su “liberación” no corre paralela con un incremento suficiente de su poder de compra, por encima del nivel de la supervivencia, sino que corre paralela con el incremento de la explotación en la Esfera de la Producción.

Este incremento estructural de la explotación es insaciable, y se produce en un ambiente de inermidad creciente de la clase obrera tras perder en estos procesos su poder colectivo para si. Procesos de pérdida de poder y creciente inermidad que, por supuesto, las redes feministas burguesas ni frenan ni quieren frenar, y que las asociaciones únicamente feministas de raíz obrera y popular no están, hoy por hoy, en condiciones de revertir, en gran parte por su incomprensión de que la lucha de géneros institucionalizada es lucha de clases interpretada y desviada cibernéticamente por el capital para su propio avance económico, político y social.

Por todo esto, la guerra de géneros está determinada a avanzar y profundizarse. Y el panorama social a oscurecerse aún más para los hombres y mujeres de clase obrera. La acumulación de capital ha asentado, y es irrebatiblemente así con todas las letras, las bases de la igualdad sexo-géneros desde la base económica en las dos grandes clases sociales en los países capitalistas centrales, con numerosos hombres de clase obrera como principales perdedores de privilegios, aunque también de estatus, y, sobre todo, pero no solo eso y normalmente no aireado, al haberse realizado en condiciones capitalistas y para la reproducción de la sociedad burguesa y del capitalismo, también de derechos y simples prerrogativas vitales.

Obviamente, las mujeres obreras descubren más adelante las trampas de la “liberación” femenina capitalista y de la igualdad de géneros en el capitalismo, cuando registran que los niveles generales de vida de ambos géneros en la clase obrera se reducen simultanea y paulatinamente, dado que no otro es el objetivo y el efecto de la maximización de la concurrencia, y que, como hemos visto, cae la tasa de natalidad, pues el tiempo liberado de la reproducción social lo es para la explotación en la Esfera de la Producción, resultando de todo el proceso de “liberación” de las mujeres, en condiciones capitalistas y para la maximizacion de la concurrencia, la disminución de la energía disponible para la producción de vida en la clase obrera.

Pero, cuando profundizamos en el análisis, vemos que el cambio en las relaciones sexo-género hacia la igualdad de géneros en condiciones capitalistas no solo es irreversible, sino que además necesita profundizarse, autodetermina su profundización y tiende a mundializarse.

Inmediatamente, los movimientos feministas corren a favor de la historia, sobre todo si son capitalistas, más que transforman la historia. Pero es que, además, en realidad, la nueva situación de igualdad entre géneros, incluso radical, realizada en condiciones capitalistas, que el desarrollo del capitalismo y la lucha de clases trae en esta fase altamente desarrollada de su historia, junto a las condiciones concretas de esa igualdad, tras barrer al patriarcado y mientras erradica los privilegios masculinos, empeora incluso dramáticamente las condiciones de vida tanto de los hombres como de las mujeres de la clase obrera y los sectores populares, y de sus proles, es decir, de la mayoría de la población. Y es que toda la energía revolucionaria que pudiera contener un verdadero proceso de emancipación de las mujeres queda sometida a la modernización radical de la explotación capitalista.

Lo que queda en pie es que los costos de la abolición del patriarcado y de la erradicación de los privilegios masculinos los paga, como siempre, fundamentalmente sino en su integridad el proletariado, sea cual sea su sexo-género.

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NOTAS

(1) AED – CUMBRE IBEROAMERICANA DE MUJERES.pdf

Intervención de Pedro Luis Uriarte Presidente de Innobasque en la mesa redonda “MUJER E INNOVACIÓN EN EL SIGLO XXI” – Bilbao, 13 Noviembre 2008

(2) Pedro Luis Uriarte, Presidente de Economía, Empresa, Estrategia, S.L., Ex – Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno Vasco (1980-1984) y fundador de Innobasque,ya aclaró en su texto XX Aniversario de las EPSV’s, del 13 Mayo 2003, cuál es el papel de las mujeres en la solución a la problemática de inviabilidad de los sistemas de pensiones en los países en crisis demográfica, como el nuestro:

IV La Solución a la problemática de las pensiones debe venir de una

combinación de 9 medidas

1º) Un mayor nivel de empleo. La CAPV, con tasa de paro inferior a la estatal,

tiene una “reserva” de 88.000 parados !

Cada persona de más que trabaja

contribuye a paliar el problema, porque cotiza.

2º) Aumenta la tasa de actividad (nº de personas dispuestas a trabajar).

Tenemos una “reserva” de 200.000 personas.

3ª) Desarrollando políticas activas para que la mujer trabaje fuera del hogar (tasa actividad =42%)

4º) Aceptando, e impulsando inteligentemente, una mayor emigración hacia

Euskadi

5º) Administrando mejor el sistema de pensiones.

6º) Asumiendo más años de trabajo (una jubilación más tardía significa cotizar

más)

7º) Limitando las prejubilaciones (1,2 mill. En todo el Estado)

8º) Pagando menos en cada pensión….aunque se disfrazará de “cambios

normativos”.

9º) REFORZANDO LAS PENSIONES COMPLEMENTARIAS PRIVADAS

o, en palabras del B. Mundial, “diversificar las fuentes financieras de la

jubilación”, como han hecho ya Reino Unido+Holanda+Dinamarca. Los

fondos de pensiones a nivel mundial alcanzan 10,4 bill. de Euros (6,3 bill.

en USA) España 39.000 millones €

(3) El célebre Poema de Gilgamesh muestra una crónica que narra, entre otros asuntos compendiados, el sometimiento de las mujeres al patriarcado emergente, durante el periodo sumerio final y el inicial acádico. En Wikipedia se nos dice que “Es posible que Gilgamesh haya sido un rey a finales de Segundo Período Dinástico Inicial (aproximadamente siglo XXVII a. C.)”Rey o no, el enfrentamiento de Gilgamesh de Uruk con el clero femenino de los templos de Sumer allí narrado es, sin duda, una crónica del sometimiento de una ginocracia al patriarcado, realizado desde un sector del ejército, con apoyo de parte del campesinado masculino sumerio”.

(4) Cierto, el capital en sus inicios empleaba masivamente a las mujeres y los niños para deflacionar los salarios de los hombres asalariados, pero el capital se vio obligado a cesar en esa práctica tanto por las actividades del movimiento sindical emergente como por los graves destrozos que producía en la reproducción social de la fuerza de trabajo. 

(5) Ver: “El comunismo no ha empezado todavía.” Capítulo VIII.- Un capitalismo en final de ciclo1995. Claude Bitot

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