Miserables Hombres Feos

Miserables Hombres Feos

Poemario: Miserables Hombres feos

Indice

 

 

MISERABLES HOMBRES FEOS

Detalle consagracion y coronacion de Napoleon por Louis David

Día color fin del mundo
danza ascua y mueca
bajo árbol de la muerte
como ducha de luces girantes.

Un día color fin del mundo
en el porvenir del porvenir
esa sensación de vida
en el deseo de morir
fijada allá en la nube,
entrañable, no puedes saber qué
murmullo o rumor semioculto
lo que se dice a veces
para buscar la máscara logro
que eleva y definitivamente atrapa.

Miserables hombres feos
en el universo sin amor,
en el mundo que pareciera no volver
a tener jamás tener amor
y las cosas con sus esquinas cualquiera
donde dejar mensajes cantar triste
que aquí busqué.

Como si fueran semillas puestas
estos jeroglíficos en el tótem
de un mundo-ser que espera
el día del color fin del mundo
donde olvidar la necesidad
de perdonarse a sí mismo
es perdonarse a sí mismo
y de pronto encontrarlos
a los otros muchos más
miserables hombres feos,
desgraciados hombres buenos.

 

Monumento a los campesinos de Costa Rica. Banco Nacional de Costa Roca

Qué desgraciados,
ni ironía ni ternura,
nostalgia y acritud,
¡oh, qué desgraciados!
Se cierra el corazón,
se cierra la cabeza,
se cierra la mente
pero las lágrimas siguen brotando.

No podemos recurrir a los ángeles
pero si a la Virgen que existe
para sus diez mil hijos
desgraciados que creen en ella
porque nadie más creería en ellos;
ay, no limpiamos los pies a Magdalena,
no admitimos sus dones, qué imbéciles
y así esta victoria no es más que aire
y más aire mientras el pecho se muere
rumiando día y noche
por qué no cogieron las manos esas flores,
desgraciado hombre bueno,
maldito pobre tonto imbécil,
la victoria era esto,
es bella, pero y las flores ¿dónde están?
ay, ah, si, no, amada
Virgen de los amores perdidos
luz perpetua del amor
que existes para nosotros
sonámbulos errantes
los desgraciados hombres buenos.

 

Oh tu, trueno del mar, abominable
muerto que abrazas a la muerta
aferrado al borde del ataúd
y así miras al infinito
creyendo que por ello se te debe el amor.

Oh tu, pétalos dispersado,
aullido de una estela
perdida en los sueños,
muñeco estúpido,
emperador tirano
de la nada y el último eslabón
de la vida huyendo de la noche
oh tu, as.

Enamorado sin saberlo
bajo tu verduga
dulce como la enfermedad
y hierro estricto al destruirte
en un laberinto de propósitos,
con la muñeca y la calavera
en la mano, mirando
a la calle como pertenecido
por un humo transparente de siglos
sin saber que amas,
oh tu, ama.

 

No es ahora el momento de escribir
sobre las traiciones de las mujeres
sino de los varones cerdos traidores,
compañeros, colegas, amigos
y la trompeta que chilla
y el Sol que se baña en el mar.

Oh, otra vez somos eso, inesperable
el carrito de la compra
es lo más importante,
tu camino que el mundo es tuyo,
atropella las manos que rebuscan
desesperadas en el límite de lo imposible,
una melodía, un ritmo, un agua esencial,
o la simple mirada del viento
abrazo de lo común.

No habríais de matar
otra vez más esta tarde,
matar por matar, nada más,
y el pato cuacuá que muere
y el Sol que se baña en el mar.

Todo sucede así,
en el silencio del universo,
soñador camina hacia la trampa
otra vez más, qué duro es ser varón
pero se puede ser sin ser varón
cerdo traidor
contra los varones o contra las hembras,
la pata también cuacuá,
y el Sol que se baña en el mar.

 

Esa luz pequeña y recogida
en una esquina
dentro de una luz más grande
no es buena,
pero peor es el aullar del lobo
o si el viento no fuera de piedras
si uno no fuera el que es
de la dulzura perdida
o si el amor en el sentido riguroso
de la entrega y la asunción
te llamará a ti por tu nombre.

Estáis ante el viento y vais solos,
sobrantes, sin función,
sois solos, infames,
y por eso mismo no señores,
pero encontraréis ser señores
después de la tormenta,
aplastada la mejilla en la arena
por el amor y la vida
estaréis por los sueños de ser
encima del óxido y la chatarra
en los verdaderos besos
o solos, envueltos en sombras.

Infames señores solos
multiplicando la muerte
hijos de una ruptura legada
circular prolongada larguísima,
perdidos en sí mismos,
amputados ante piedra testifical,
muñones del existir.

 

Rebeldes viriles sumisos,
canallas cipayos bienquedas.

Las horas pasan
y pasan las horas,
y te dejas hacer eso
y dices que no hay que ser injustos,
pero quien no odia a las mujeres,
no las ama, las desprecia,
y te dejas hacer eso
y dices que no hay que ser injustos.

Qué grande es ser escuchado
como en la jaula el loro la primera vez
seguir la línea blanca del suelo
tener una testa más alta sobre la testa siempre
y declarar la guerra a los ogros
y te dejas hacer eso
y dices que no hay que ser injustos.

Qué grande es subir al árbol
y mirar al horizonte
para anunciar la tormenta
o escapar del tigre en el último momento
pero no es grande apagar la luz
con disimulo, día tras día.

La salud con los sueños,
la perfección de la batiente ala,
la envolvente eufonía del argumento
perfecto, todo es nada
y te dejas hacer eso
y dices que no hay que ser injustos.
Y pasan las horas,
y las horas no cesan de pasar.

Primer desamor
Segundo desamor
Tercer gran desamor.

Si, sí contamos los muertos
que yacen en este océano del amor
que yace en la mente encendida
cuando trazamos estos signos
de amargura y amputación.

Los enumeramos, los interrogamos,
nos imponen martillos
en la nube blanca de los ojos
cuando los muertos son
nosotros mismos
o caer desesperado si eres tu o son ellos,
si soy yo otra vez más
en la vastedad de los esqueletos
mirándose a sí mismos.

No podemos recurrir a nadie,
nadie nos puede ayudar.

Nunca llegaremos al hueso medular,
pero vosotros si llegaréis,
alcanzaréis el esplendor
al caer la sombra
en este templo abandonado
y no soy yo es el erial
quien está siendo abandonado,
o somos los que divagamos
en este suelo de antorchas
hacia lo inalcanzable.

No podemos recurrir a nadie
y nadie nos puede ayudar.

No volváis hoy.

 

Pájaros negros otra vez
como viendo más allá
de la bruma última
ayer también más allá.

Salta a la comba y pregunta
¿Qué hay después del Sol?

Las hojas del otoño
entre el azul y el ámbar.

¿Y después del mar?

Líneas, líneas entremezcladas
que componen laberintos
que parecen junglas ensimismadas
de seres multicolores.

Salta a la comba y pregunta
¿Qué hay después de ti?

Los restos del anticanto
el chiste de los locos
las capas de sonidos amontonadas
como telas estibadas
en un velero ultramarino.

Hoy no iremos a patinar,
papá nos ha matado
con una motosierra.

Qué lejos está el mundo,
cómo pega la madre,
cómo saja la esposa
y escupe el hijo,
cómo rompe el padre
y corrompe el amigo.

Y nuestros huesos tiemblan
y tiemblan y tiemblan,
como un rumor sempiterno:
solo queremos el amor.

 

Patético, como el pantalón
medio caído en el suelo,
transparentas – y versos de septiembre –
y luces – y versos de mayo –
medio marinero medio sueño.

Te miras en el espejo
y el espejo se aparta.

Pasos del héroe amigo,
entre siglos de erial.
Todo ha sido soledad
pero no todo fue espera.

Te miras en el espejo
y el espejo se aparta,
pero estás muerto,
sombra en el desierto.

Te miraste en el espejo
y el espejo se apartó de ti
¡Cuán extraño es vivir para siempre
en el solar de los héroes!
Pero estás muerto,
otra vez digo,
como llega el silencio
cuando es consciencia sin palabra
sales del desierto
para trepar a la noche.

 

K.A.García-Salmones

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