ROBÓTICA Y TRABAJO. Las pesadillas de la conciencia cosificada". Por Robert Kurz

Restos de la Cueva de Praile Aitz junto a la cantera.
Restos de la Cueva – con yacimiento arqueológico paleolítico magdaleniense – de Praile Aitz junto a la cantera que la está destruyendo.

Las raíces etimológicas de las palabras Robot y Arbeit (*Trabajo en alemán moderno) tienen el mismo significado. Originalmente “arbeit” era un término para designar la actividad de los trabajadores dependientes (esclavos), o “herramientas que hablan” (instrumentum vocale)(Aristóteles) y, por tanto, iguales en el sufrimiento humano que reflejan. Preparada por la metafísica cristiana del sufrimiento con su(estructuralmente masculino) “culto del hombre abstracto” (Marx) esta definición negativa del trabajo (3) se ha invertido en el protestantismo, ha sido glorificada, y re-traducida en la misma mutación de lo religioso a la vida secular. El nuevo modo de producción capitalista ayudó al “Trabajo” a tener una gran Carrera…

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      El Trabajo, positiva y universalmente válido, sólo podía convertirse en una producción alienada de “riqueza abstracta” (Marx). El término Trabajo fue, – ya no es -, la definición general de lo que hace “el” esclavo, hoy refleja el contenido, indiferenciado, de toda la producción orientada a la combustión de la energía humana como tal: “El trabajo abstracto” cosificado (Marx), deviene la “sustancia” del dinero. Pero no realimentada para el disfrute, sino, bajo forma de capital, realimentándose a sí mismo como un imperativo sin fin, para hacer continuamente de un Talero, un Dólar o un Euro, dos Taleros, dos Dólares, dos Euros. Esta ‘libre’ transformación convirtió a los individuos en herramientas que hablan, o robots, para este autorreproductivo fin social, en el que el Trabajo solamente puede ser la materia prima de la mercancía, y por tanto de la relación totalitaria del mercado. Sin embargo, la reducción de los individuos a ser máquinas abstractas humanas de combustión de energía no constituye la única base energética del capitalismo.

     No en vano, el concepto Trabajo era también un concepto de la física en el siglo XVIII, tocante a una relación del vector energético actuando a lo largo de los organismos como fuerza mecánica. El trasfondo social de esa transformación del concepto Trabajo precedente al siglo XVIII fue la aplicación capitalista de las ciencias naturales. La maquina del mercado obliga a la concurrencia de los capitales individuales alrededor de porciones sociales de la masa sustanciada de dinero. Y así solo pueden existir para y por el aumento de la (y de su) fuerza productiva, bajo la condición sine qua nom de la utilización de maquinaria y de la agregación de unidades de control. Estas propiedades inertes en lo físico, lo Robot, sin embargo necesitan, en creciente escala, de la propulsión de la energía no humana de los combustibles fósiles. Así el capitalismo se convierte en una Cultura de la Combustión en un doble sentido: Se desarrolla al ritmo de una dialéctica de la utilización de la energía Humana y Fósil.

     Hegel ya sabía en los escritos tempranos de Jena, que la fuerza de la maquinaría automático-maquínica (Robótica)funcionaba alimentaba por los combustibles fósiles y hacía así redundante a la fuerza de trabajo humana, aunque no pasó a investigar este problema con mayor precisión. Marx demostró que en el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas la porción relativa de bienes de capital empleados en maquinaria aumentan permanentemente respecto a los empleados en trabajo humano: Cuanto mayor sea la productividad, menor será el gasto en fuerza de trabajo humana por unidad de capital y mayor el gasto en combustibles fósiles. Para una humanidad que se ha cosificado a sí misma como Trabajadora, este desarrollo progresivo ha tenido que aparecérsele como amenazante. En una obra de Cael Capek, de 1922, por primera vez se planteó el discurso de una “rebelión de los robots”; un Topos (lugar temático) que se ha convertido en parte integral de la ciencia ficción y rebrota siempre con los nuevos desarrollos de la microelectrónica y la cibernética.

      Ni el computador más sofisticado tiene más vida autónoma inteligente que un hacha de mano. Pero la consciencia fetiche capitalista experimenta sus propias herramientas como extrañas, con su propia inspiración de fuerza autónoma. De hecho, el capitalismo flota hoy en su Barrera interna (Marx) del derrumbamiento energético de su Cultura de la Combustión doble, cuyos componentes se mueven en dos direcciones contrarias. La hipertrofia de la concurrencia forzó que el maquinaríal muerto no pueda sustanciar la Riqueza Abstracta, porque esto se basa únicamente en la fuerza de trabajo humana cosificada. Mediante un desenlace tecnológico de desempleo masivo, subempleo y precariedad producidos, el capital socava su propia sustancia, que aparece, por el otro lado, como una crisis financiera y como una cancelación del dinero. Dejar suelto este movimiento tendencial histórico al mismo tiempo que se agotan con una rapidez cada vez mayor las reservas de energía fósil, evoca una catástrofe ecológica o ambiental. Además, la forma material del sistema máquinizado es ciega a todo el contenido social y natural. Así aparece la conciencia capitalista fetichizada en lo robot muerto; hoy en la forma del teléfono móvil y de Internet, hasta en los efectos de la situación personal interior.

      Por un lado, la conciencia capitalista ve la opción de un reduccionismo ecológico sin salida, en la que hay que derribar el conjunto y una a una todas las tecnologías, y volver a una natural, entre comillas, economía del trabajo de subsistencia. Por otro lado, quisiera un reduccionismo tecnológico, para, con él, superar esta crisis, de tal modo que los programas informáticos se conviertan en el Modelo de una completa automatización alternativa de todo y cada parte, en la que sin limitaciones económicas se disuelven tecnológicamente los problemas y las contradicciones, y como hacen los solventes (todos los incluidos) en los paraísos turísticos, se ordeñe y fluya miel. Los dos momentos y consecuencias de la Cultura de la Combustión se ven enfrentados cara a cara cada uno con el otro.

      Sin embargo, si la fuerza productiva microelectrónica llevara a las fronteras del capitalismo, la producción industrial puede caer y ni globalmente abandonada ni linealmente autónoma incrementarse la “liberación técnica”. Ambas opciones ofuscan hacia la parcialidad pese a la afirmación a medio camino en contra, pero que sigue siendo vaga e inconsecuente, de los grandes principios del ”trabajo abstracto” y de la ”riqueza abstracta”. Se trata de superar esta forma dominante de socialización universal, en lugar de que sea reducida de nuevo a los “modelos” medio ambientales o tecnológicos, supuestamente manejables, de los que quieren la marcha atrás. Solo más allá del ”trabajo abstracto” y el dinero (o sus sustitutos utópicos) puede realizarse una sociedad de individuos libres asociados sustancialmente determinada a decidir sobre el uso de los recursos comunes.

Robert Kurtz, 29.07.2010



ROBOTIK UND ARBEIT. Die Alpträume des verdinglichten Bewusstseins. Robert Kurtz.

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