"Espiral descendente. No hay salida de la crisis de la deuda." Por Claus Peter Ortlieb

"Espiral descendente. No hay salida de la crisis de la deuda." Por Claus Peter Ortlieb

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La idea de que “no hay crisis del capitalismo”, se nos ha pretendido imponer desde el reformismo  en los últimos años con métodos completamente autoritarios. A juicio de estos vendedores de crecepelos, furiosos porque sus engañifas ya no cuelan, los tremendos crujidos provinientes de la base material y del aparato productivo serían el resultado de acciones de configuración de eventos realizadas por omnipoderosas camarillas, realizadas por capricho y manía de poder. Al par que este tipo de acciones de distorsión teórica proliferan (ojo, estos vendedores de crecepelos se presentan ante el movimiento popular y el movimiento obrero como “marxistas”), la teoría keynesiana “de izquierda”, es todos los días publicada masivamente urbi et orbe, difundiéndose con profusión en medios incluso con decorado de hoces y martillos, del tipo de los que protestan a menudo sobre su carácter de comunistas y marxistas-leninistas sin fisuras, sin conocer siquiera la diferencia entre keynesianismo y marxismo. Para aclarar algunos conceptos, edito aquí un texto de hace tres meses de Claus Peter Ortlieb, que ninguna fuerza, organización o movimiento “de izquierda” de las que publican en castellano han tenido a bien – ni tendrán a bien, al igual que ocurrió con la obra de Robert Kurz-, en traducir, puesto que su análisis deja en la indigencia al keynesianismo “de izquierda”.

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     Está cada vez más claro que las medidas de austeridad prescritas para la Zona Euro solo agravan todavía más la crisis que pretenden combatir. En las economías nacionales caídas bajo el control de la “Troika”, formada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, las medidas de ahorro llevarán a la caída de la demanda interna. La recesión, así desencadenada o agravada, conduce al aumento del desempleo, lo que exige mayores cargas sociales, disminuyendo al mismo tiempo el PIB y los ingresos fiscales. Como resultado, empeoran los indicadores nacionales de deuda, tanto del stock de deuda y del nuevo endeudamiento, como en porcentaje del PIB decrecido. Lo que, a su vez, es invocado por la “Troika”, que por sus propios criterios no puede hacer otra cosa sino apretar el torniquete y agravar las exigencias de ahorro, lo que vuelve a disminuir la demanda interna y así sucesivamente.

     Esta espiral de ahorro, recesión, más ahorro y recesión todavía más acentuada, ya es conocida desde la década de los años 30 del siglo pasado; en Alemania desde el caso de los decretos de emergencia de Brüning, último canciller de la República de Weimar, pero también en los EEUU, donde el gobierno del presidente Hoover siguió un camino similar. El resultado obtenido entonces puede ahora ser observado de nuevo en los países en crisis del Sur de Europa: una tasa de desempleo del 25%, con el desempleo juvenil rondando el 50%. Pero hay una diferencia: mientras en la década de los años 30 del siglo pasado los gobiernos arruinaron a sus propias economías nacionales, en la Zona Euro ese trabajo es llevado a cabo hoy por el gobierno alemán, con el resultado de que es casi la única economía que crece (todavía) un poco, mientras la Zona Euro encoge económicamente como un todo.

     El keynesianismo, como se sabe, surgió en la década de los 30 como una reacción a la crisis económica mundial de aquel entonces, y a la política económica de la época, que agravaba la crisis. Correspondientemente perplejos, sus representantes actuales, en particular el premio Nobel Paul Krugman, están en contra de la austeridad precognizada por la política alemana (veáse el artículo de Justin Monday en Konkret 8/12). La creciente “ceguera ideológica” de los políticos alemanes le parece a Krugman que solo puede ser explicada por su fe “en que los tiempos difíciles tienen que ser el castigo necesario por los excesos anteriores“, él ignora, sin embargo, que los tiempos difíciles y los excesos aquí en nada se refieren necesariamente a las mismas personas. Como alternativa a la política de austeridad son promovidos programas de estímulo económico: “Hoy los gobiernos precisan gastar más dinero y no menos, y durante el tiempo necesario hasta que el sector privado este nuevamente en condiciones de iniciar la recuperación“. En realidad, fuera de Europa, actualmente, se está siguiendo tal política económica, como es el caso del gobierno y la Reserva Federal de los EEUU, y también el de China.

     Pero las cosas no son tan simples como las presenta Krugman: la política económica keynesiana presupone, en realidad, que el sector privado será capaz , de algún modo, de sostener la recuperación, en caso contrario se abriría el célebre abismo sin fondo. Tal presupuesto, sin embargo, hace mucho que no existe: hace más de 30 años que la economía mundial solo se mantiene en actividad a través del endeudamiento (tanto público como privado). Por esto es que el keynesianismo fracasó ya en la década de los años 70 del siglo pasado, sucediendo que ya entonces los programas de estímulo económico, ahora de nuevo exigidos, fueron incapaces de dar el saque inicial a una nueva acumulación de capitales autosostenible, conduciendo solamente a una tasa de inflación en ocasiones de dos dígitos.

     El keynesianismo fue sustituido entonces por el neoliberalismo que, contra su propia doctrina monetaria, desarrollo una política de todo menos de masa monetaria estable. Por el contrario, la deuda pública continuó aumentando (por ejemplo, a través de los excesos del keynesianismo armamentístico del presidente Reagan en los EEUU) y la desregulación del sector financiero amplió las posibilidades de creación de moneda crediticia. El desplazamiento de grandes cantidades de dinero del consumo de masas y de la economía productiva hacia el sector financiero hizo desaparecer la inflación, o, más precisamente, esta se desplazó desde los mercados de consumo hacia los mercados de acciones e inmobiliario (asset inflation, inflación de activos), con un efecto bastante oportuno: el Índice Dow Jones, por ejemplo, entre 1982 y 2000, deducida la inflación, subió hacia valores siete veces superiores, sin por eso representar valores reales correspondientemente mayores. Fenómenos semejantes se reiteraron en los mercados inmobiliarios, en los que los aumentos de precios de las casas compradas a crédito fueron tales que financiaron el consumo de sus propietarios, hasta que la burbuja finalmente reventó.

     La verborrea sobre “el capitalismo financieramente inducido”, que por un tiempo dominó los discursos como un “nuevo modelo de regulación”, visto a la luz de hoy apenas significa que la economía real ha sido financiada y mantenida en actividad a través del endeudamiento. Una construcción aquí todavía no sacada a colación es el circuito del déficit que, explicado de forma simplificada, funciona así: A concede un préstamo a B, que lo utiliza para comprar bienes producidos por A, volviendo así el dinero a A, que lo puede prestar nuevamente a B. Tales operaciones hace décadas que impulsan la economía mundial, por ejemplo, con China en el papel de A y los EEUU en el papel de B (circuito de déficit del Pacífico), o, – después de la introducción del euro – con Alemania en el papel de A y de la parte Sur de la Eurozona en el papel de B (circuito de déficit de Europa).

      El “capitalismo financieramente inducido” tiene que comenzar a fallar o parar completamente cuando los acreedores tienen razón fundada para sospechar que los deudores no podrán pagar las deudas. Hace 30 años que eso viene ocurriendo a nivel local y, a causa de la extensión de las cadenas de crédito construidas entretanto, ha llegado a asumir por primera vez proporciones globales con la caída de 2008. Para salvar el sistema financiero del colapso total, los estados, como deudores aparentemente infalibles, tuvieron que asumir los costes. Por otra parte, solo en el año siguiente, 2009, fueron lanzados programas públicos de estímulo de la economía por un monto aproximado de 3 billones de dólares en todo el mundo. Así se impidió una depresión como la de los años 30 (con excepciones como se refleja texto arriba), pero no es posible iniciar así una acumulación real autosostenida, tal como no lo era ya en las décadas anteriores.

     La respuesta que la revolución neoliberal dio a la crisis de los años setenta consistió en el “más gigantesco programa de estímulo económico financiado a crédito que haya existido jamás“, como constata el científico social conservador Meinhard Miegel, quien ahora, como conservador verdadero, exige el fin de los “excesos”, e ignora u oculta que fueron esos excesos los que sostuvieron a flote la economía mundial, pues prefiere ignorar que así se mitigan de facto los efectos de la crisis, pero así la crisis en si no puede ser vencida, por el contrario aumenta la deuda pública hasta el día en que nada más funcione.

     La supuesta alternativa entre la política de austeridad, por un lado, y los programas de estímulo económico, por otro, constituye en realidad una situación-dilema, una elección entre la peste o el cólera, entre el ruinoso ahorro y la quiebra estatal. Una mirada más atenta muestra que no se trata de una elección, dado que una dolencia implica a la otra, porque el estado depende de la valorización exitosa del capital, para la cual tiene que crear, por su parte, las condiciones.

     El capitalismo global no consigue librarse de la crisis de sobreacumulación, que dura desde los años setenta, pues, con el advenimiento de la microelectrónica y su aplicación en la producción, una parte cada vez menor de fuerza de trabajo global es suficiente para producir para todos. Ahora, el “fin de la sociedad del trabajo” vinculada a ella, o sea, la desaparición del proceso de producción en sí no sería ninguna desgracia. pues la mayoría de nosotros podría al fin imaginar algo mejor que trabajar duro toda la vida. El problema de este desarrollo solo surge porque el capitalismo, como es bien sabido, se basa en la explotación del trabajo, siendo que las ganancias serias y continuadas desde el punto de vista capitalista, solo pueden ser generadas a través de la utilización del trabajo humano. Y las ganancia son, a fin de cuentas, el sentido y la finalidad de la economía capitalista.

     Ninguna política económica de cualquier tipo se aproxima a esta esencia de la crisis. Ellas tendrían que privarse de su propia base y abolir el capitalismo. Desde que eso no parece constituir una perspectiva realista, solo queda a los sujetos del dinero la opción de aguantar los efectos negativos de la crisis al más largo plazo posible, y hacerlos recaer sobre los otros. Lo que eso significa, en una situación en que cada vez menos personas pueden ser empleadas todavía por el capital, y la población de regiones enteras se vuelve superflua desde este punto de vista, es lo que demostró ejemplarmente la política alemana de la última década.

     La historia del éxito con que fue recuperada la “competitividad internacional”, supuestamente perdida, comienza con el sector de bajos salarios construido en el decurso de la Agenda 2010 y con la la presión que le está asociada también sobre los salarios de los niveles superiores. En la UE, Alemania fue el único país en el que los salarios reales cayeron entre 2000 y 2008, en el que el elevado aumento de la productividad ya no fue repercutido en los empleados asalariados, habiendo sido, por el contrario, promovido el dumping salarial. Por otra parte, la participación de la producción industrial en el PIB es significadamente mayor en Alemania que en otros países y esa relación, precisamente por causa de los costos de trabajo más bajos, continuamente se pone a favor de la industria alemana, porque las industria de muchos otros países y particularmente de los del Sur de la Zona Euro no son competitivos en estas condiciones. Así fue construido el circuito del déficit europeo ya antes delineado. El desequilibrio de las balanzas comerciales en la zona monetaria común constituye la problemática de la Zona Euro que va hacia la de la crisis económica mundial general, hasta su colapso, que sigue siendo posible.

     Por todo lo visto, es poco probable que la política alemana sea cambiada, pues con ella el capital nacional ganó bastante bien en el euro, y tampoco el “modelo alemán de éxito”, naturalmente, va a ser abandonado. En vez de eso, en toda la UE se debe seguir ahora ese modelo. Esto es una locura, incluso para los criterios de la lógica del sistema, debido a que el modelo se basa en un asimetría, o sea, los déficits comerciales de los países en crisis del Sur de Europa son el reverso de la moneda de los excedentes de la balanza comercial alemana. Esto solo tiene sentido si el objetivo fuera volver a la Zona Euro “internacionalmente competitiva” en la concurrencia con India y China, lo que, naturalmente, significaría la rebaja correspondiente de nivel en términos de las condiciones de vida y trabajo.

     Si todos siguen a aquellos que recientemente fueron exitosos, el curso subsecuente de la crisis ya está claro: una vez que éxito significa concurrencia por la localización de la inversión y estar entre los pocos que consiguen exportar sus productos, en ese sitio deben bajar los costos, especialmente los costos destinados a lujos tales como cuidar de los enfermos, los ancianos y de otros que no contribuyen al éxito económico. La lucha por la competitividad, por tanto, solo puede llevar a una espiral descendente que, por otro lado, lleva mucho tiempo en marcha.

      Y de poco consuelo sirve saber que también los vendedores temporales de esta concurrencia difícilmente se podrán regocijar con su victoria: ¿al final quien  comprará aún sus productos a las cada vez más pequeñas islas de prosperidad capitalista?

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Original: abwärts SPIRALE en www.exit-online.org . Publicado en Konkret, 11/2012

http://www.exit-online.org/
Traducción al portugues:
ESPIRAL DESCENDENTE. Não há saída da crise da dívida
Claus Peter Ortlieb

7 thoughts on “"Espiral descendente. No hay salida de la crisis de la deuda." Por Claus Peter Ortlieb

  1. Mas claro agua. Lo jodido, es que por muchas veces que se diga, que es lo que realmente significa la crisis, como en este sencillo articulo de Ortlieb, el grueso del cuerpo social -desgraciadamente el grueso del proletariado- seguira entusiasticamente a los cantos de sirena mas los balsamos milagrosos y otras baratijas que el reformismo, socialdemocracia al fin y al cabo, introducira en escena. Pareciera que hay que pasarlas pero que muy ‘putas’ para darse cuenta del curso real del capitalismo y su naturaleza caduca.
    saludos.-

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  2. Comunista abertzale · Edit

    Pues si Petri, posiblemente tengas razón, la inevitabilidad de los acontecimientos cuando no los podemos acelerar… esa es nuestra tragedia.

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    1. Ai ba, Komu, sorpresa galanta.
      Baino ze habil motel, hemen ere.
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      Vengo a aqui para tomar un poco el aire y a estar un poco mas en casa, que tanto “etno-culturalismo” y concepcion mitologica de la historia de alla donde te conté, a estas alturas de mi edad, ya no tengo ni tiempo ni paciencia.
      Soy de la idea que todo aquel que de alguna manera se reclama o llama al marxismo, tenga por lo menos la minima intencion de hacer uso del materialismo historico, mismo que sirve para resquebrajar el relato topico y romper el sueño ordenado de las mentes acomodadas. Y en EH, todavia no a resonado el voz propia de los nuestros, de los negados de siempre, de los invisibles historicos,
      Me ha dado mucho gusto encontrarte por aqui, un fuerte abrazo Komu.
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      Jose Larralde.
      Alli donde alce mi rabia.
      Parte I:
      http://youtu.be/H63yfeC00JI
      Parte II:
      http://youtu.be/fuuAOU3ECLs
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      1. Comunista abertzale · Edit

        Aupa Petri:
        Mira que no me crees cuando te digo que nos parecemos más de lo que tú crees…
        No sé de dónde eres pero si estas cerca del Gran Bilbao podemos quedar a tonar un cafelito e intercambiar impresiones, a lo mejor te sorprendes… o igual te llevas una gran decepción. Más bien creo que me interesa escuchar.

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  3. 1.- DIGNIDAD PARA LA HUMANIDAD
    Para atajar la actual crisis mundial por la escasez del dinero actual en el 80 % de la población mundial solo he encontrado una respuesta adecuada.
    Esta respuesta se fundamenta en la eliminación del dinero tangible actual de todo el mundo y sustituirlo por una moneda única NO TANGIBLE solo electrónica para todo el mundo.
    La moneda única nueva deberá ser administrada totalmente por un centro único mundial (ONU). En este centro se harán todas las transacciones mundiales, cobros y pagos.
    Para que se comprenda claramente, veamos un ejemplo de utilización de la citada nueva moneda única electrónica. Cuando hagamos una transacción en un comercio cualquiera, el que cobra nuestro pago no es el comercio sino que lo hace el centro único mundial.
    Actualmente los países están creando miles de millones de su moneda todos los meses. Pero tiene un problema esta continua emanación de dinero y es que se utiliza para soportar las deudas públicas y privadas. No llegan a los realmente necesitados que son ese 80 % de la población mundial.
    Todos tendremos nuestra tarjeta personal que posee ese dinero electrónico. Tanto las personas, como las empresas, como las instituciones jurídicas, como los países.
    Todas las personas físicas recibirían una anualidad entre un mínimo y un máximo por un importe que variaría de acuerdo a varios parámetros como su trabajo, edad, estudios, situación física, etc…
    Todas las empresas recibirán una anualidad en concepto de beneficios por un porcentaje de su facturación anual en dependencia del sector a que pertenezcan entre un 1 % y un 5 %. Recibirán una mensualidad para cobertura de sus gastos con un porcentaje sobre su facturación mensual dependiendo del sector a que pertenezcan. A observar la ausencia de pago de salarios, impuestos y seguridad social.
    Igualmente todas las instituciones y países recibirían una anualidad para su funcionamiento y administración dependiendo de sus parámetros como número de habitantes, territorio, etc…
    Se supone que esto es nada más un esbozo de lo que debería ser, para afinar todo el sistema será necesario la colaboración de todos los países y personas necesarias. Pero ya es urgente instaurarlo por la creciente pobreza en todo el planeta.
    Con este sistema instaurado se eliminarán las principales lacras actuales como el hambre, la pobreza, la corrupción, la ambición, las mafias, la explotación, la avaricia, etc…
    Podriamos expresar la idea como la fuente constante que bañaría todo el mundo. Como no pagarían el salario las empresas, se supone no tendrían inconveniente en engrosar en sus plantillas toda la mano de obra necesaría e incluso más.
    La sanidad y la enseñanza serían totalmente gratuitas.
    No existirán impuestos, ni planes de jubilación, ni pagos a la seguridad social y algunas cosas más.
    En contra de la forma actual, en este supuesto solo podría tranmitirse por herencia el 50 % del valor de la tarjeta al fallecer. Para evitar acumulaciones no deseadas para el resto de la humanidad.
    Solo es necesario que se propongan unos debates para poder afinar la idea.
    He escrito un cuento explicativo al hilo de la idea, es un cuento corto de 15 páginas. Lo enviaré por correo electrónico a todos los que me lo pidan a mi buzón indicado debajo. Gratuitamente.
    Si necesitan mayor aclaración por favor dirigir un correo a mi dirección ..
    Ver resto de entradas … http://escape-crisis.blogspot.com.es/ – Antonio Martínez Meseguer

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  4. Egunon Insigne:
    Comentarte que la crisis del capitalismo no es de escasez de dinero, sino de escasez de producción de plusvalía, así de realización y sobreproducción. Puedes consultar este índice del último libro de Robert Kurz, Dinero sin valor, publicado meses antes de su muerte en 2012:
    Índice
    Prefácio
    Introdução: A revolução teórica inacabada
    1. O lógico e o histórico
    2. Teoria do valor monetária e pré-monetária
    3. O conceito de “forma-nicho” e o individualismo metodológico
    4. Relações fetichistas pré-capitalistas
    5. Um dinheiro que ainda não é dinheiro nenhum
    6. Dinheiro como achado histórico e a constituição original do capital
    7. Constituição e circulação
    8. O desaparecimento da circulação e a lógica do capital
    9. O estatuto social geral das categorias e o individualismo metodológico em relação ao conceito de capital
    10. A substância abstractamente material do fetiche do capital
    11. A mercadoria dinheiro ou o equivalente geral como mercadoria à parte
    12. A dupla historicidade e a natureza objectiva das crises
    13. A natureza fragmentária e a recepção reduzida da teoria da crise de Marx
    14. Mais-valia relativa e expansão do capital. A história interna do mecanismo de compensação e os seus limites lógicos
    15. O fim do movimento de expansão interna, a crise mundial da terceira revolução industrial e a vergonha do positivismo de esquerda
    16. A lei da queda tendencial da taxa de lucro
    17. A dupla desvalorização do valor. A caminho da crise histórica do dinheiro
    18. Afirmação categorial, ignorância da crise e mitologização da “teoria do colapso”
    19. Falso historicismo e falso logicismo. Socialismo e relações dinheiro-mercadoria
    20. O sacrifício e o retorno perverso do arcaico
    Bibliografia
    El libro estará traducido al portugués a finales de año, por parte de la editorial Antigona. En todo caso, es importante estudiar estos materiales antes de lanzarse a proponer programas acabados, paracentrar el mejor diagnóstico posible. Ahora hay un montón de formas de dinero sin valor, y de capital en desvalorización, pudiendo producirse un proceso hiperinflacionario general en cualquier momento precisamente por la abundancia de dinero sin valor.
    En todo caso, agradecer tu aportación.
    Agur bero bat

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