Ahora si aflora una diferencia real entre “la izquierda” y “la derecha”: Por nuestra parte, recordemos a Graco Babeuf, a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebneckt

Ahora si aflora una diferencia real entre “la izquierda” y “la derecha”: Por nuestra parte, recordemos a Graco Babeuf, a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebneckt

Ahora (2022) si aparece una diferencia entre “la izquierda” y “la derecha”, al contrario que durante las últimas dos décadas. ( Ver: NOTICIAS: Descubierta la diferencia esencial entre “La Derecha” y “La Izquierda”. Irteen, 12-9-2018)

En su afán por impedir hasta la menor oposición o resistencia consciente o inconsciente del proletariado a la acumulación de capital, la alianza de clases dominante, dirigida por el ala tecnomalthusiana de la oligarquía transatlántica, propietaria de la OTAN, la UE, los EEUU y Davos, entre otros, constituyó desde los años 1960s un sistema político totalitario pero multipartidista, en el que se integraba en el estado a la aristocracia obrera de masa de los países capitalistas centrales.

La socialdemocracia, al contrario de lo que nos han contado, es el desarrollador e incubador natural del fascismo, en el sentido del fascismo como la integración del pueblo en el Estado para reducir las contradicciones de clase, especialmente las que responden a los intereses del proletariado, reiniciar la acumulación de capital cuando esta está detenida y, si fuera menester, aliada con la reatroacción, enfrentarse empleando la violencia a las fuerzas de la revolución social.

Recordemos que el general Primo de Rivera, Musolini o Hitler dieron sus golpes de mano el mismo año 1923, y todos fueron apoyados por una gran parte de sus socialdemocracias nacionales, empezando por la mayoría de la aristocracia obrera, como fue el caso del PSOE y la UGT, durante la sangrienta dictadura del General Primo de Rivera.

Casi un siglo despues, lo que vemos ahora es, a un lado, a la pequeña burguesía liberal conservadora, comisionista, y, a otro lado, convergiendo con esta, a la aristocracia obrera liberal, subvencionista, avanzando ambas sobre las reformas realizadas en el último medio siglo para sostener sus crecimientos como subclases, sus intereses políticos y sus ideologías, empleadas para superar las dificultades que la tendencia a la caída de la ganancia media les ha provocado desde su espectacular auge comenzado en el otoño de 2019.

 

El malthusianismo es la esencia del nazi-fascismo

 

Campañas malthusianas, como la de las drogas y los jóvenes de los años 1970-1980s (a los que se acusaba de ser viciosos y delincuentes), o la campaña pro abortismo (con las acusaciones a los fetos de ser trozos de carne) propulsada desde inicios de los años 1970s en la Península Europea y los EEUU, o cómo la del desempleo de larga duración (que se acompañó con acusaciones permanentes a los parados de ser vagos inútiles) de los años 1990s, se secuenciaban una tras otra, eslabonándose entre las medidas que iban compartiendo izquierda y derecha, que finalmente admitían esas campañas malthusianas como política estructural darwinista antisocial complementaria a la buena marcha de la acumulación de capital, compuesta de medidas anti “sobrantes”, mientras peroraban en los periódicos y los parlamentos: Estas medidas complementarias a las campañas malthusianas eran la exportación de la industria a Asia Oriental, la renuncia a las soberanías estatales y nacionales en favor de neblinosos centros de poder arriba y fuera y del 15% en lugar del 3% anterior; el incremento de la explotación imperialista industrial-militar de África; y la expansión del imperialismo financiero en todo el Orbe, siempre manteniendo la inestabilidad política del Oriente Medio adecuada al control del precio del petrodolar.

 

La aristocracia obrera son cientos de millones de personas

 

En lo interno el toyotismo iba hacia adelante… la aristocracia obrera y sus oligarquías reinantes y alternativas, y pronto simplemente alternantes, tan solo defendía el precio de la fuerza de trabajo aglutinada en torno a la socialdemocracia como bloque social de apoyo “crítico” a la oligarquía monopolista, y a su esfuerzo de internacionalización. O sea, el capital humano selecto o seleccionado de las empresas monopolistas y las administraciones públicas alimentadas por el plusvalor concentrado en la porción tributaria de la plusvalía, apoyaba el régimen malthusiano y su imperialismo centralizador de la internacionalización pero dándose brochazos de izquierdismo.

Así, en esas empresas y fuentes  de empleo, donde se instaló el bloque socialdemócrata y la aristocracia obrera, protegidos del mercado mundial mediante correciones de fontanería del precio de producción, los salarios medios eran el doble e incluso el triple que los salarios de los empleos no subvencionados por el cupón imperialista, hoy insostenible por la coyuntura y la tendencia de la dinámica de la acumulación.

 

La derecha liberal-conservadora y la izquierda social-progresista, y su consenso toyotista

 

Sin embargo, en los países capitalistas centrales este bloque constituía y aún constituye la mayoría de la población, de forma que la suma de las – ideológicamente – derecha liberal conservadora e izquierda social-progresista políticamente organizadas en el sistema de alternancias partidocráticas, estabilizaba toda la formación social.

El envés: apremiadas por la oligarquía financiero-industrial y por los bloques político-sociales gestores de la estabilidad, la “izquierda” y la “derecha” han sido indistinguibles en los contenidos políticos sustanciales durante este medio siglo de espectáculo y simulación toyotista. Incluso el falsete electoral anti fascista, último recurso de la simulación, no alcanza ya a encubrir el carácter de farsa del espectáculo izquierda/derecha de la alianza toyotista capitalista consensuadas alrededor del reparto imperialista de la plusvalía internacional.

El largo proceso de un desdoblamiento a otro desdoblamiento de ampliación del área de abarcación partidocrática orientada a neutralizar sociedad civil comunitaria, del tipo VoxDemos en el estado español o Lepen/Melenchon en el francés, parece dar a su fin cuando la fuerte presión de la proletarización provocada por la baja ganancia media en los territorios centrales de la acumulación, ha terminado por re-constituir una contradicción de tipo derecha/izquierda.

 

La esencia de la contradicción entre libertarios conservadores y progresistas radicalizados

 

Cuando digo la contradicción izquierda/derecha me refiero a la contradicción entre los defensores de la igualdad entre propietarios de medios de producción y propietarios solo de fuerza de trabajo, y los detractores de esa igualdad.

Esa contradicción, que quedó mitigada una vez fue realizada en los años 1970-1980s la conciliación toyotista entre aristócratas obreros socialdemócratas y burgueses liberal -conservadores, alentada por la caída de la ganancia media y de la masa de excedente distribuible, vuelve a abrirse paso dentro del sistema político y social toyotista, que lucha por reproducirse como tecnomalthusianismo (anti)social, hoy dirigido como un bólido hacia la Robotización.

¿Así que han vuelto la “izquierda” y “la derecha”? Si, lo que ocurre es vuelve de una manera paradójica…

Libertarios conservadores aparecen opuestos a progresistas radicalizados. Pero llama la atención el hecho de que los progresistas radicalizados sean más nazis que los libertarios conservadores.

En último análisis, esto tiene una causación en las contradicciones del aparato productivo (de plusvalía), como vamos a ver a continuación.

Los libertarios conservadores, económicamente austriacos, son los defensores del ahorro de la pequeña burguesía, incluyendo el que se basa en el trabajo real y no solo en el dinero absorbido mediante el comisionismo. Los progresistas radicalizados representan las inversiones sociales pero también al ejercito subvencionista que forma la oligarquía de la aristocracia obrera, la aristocracia obrera y su séquito.

Para los austriacos el valor sale del trabajo, eso no lo niegan pero es que, además, son los que están defendiendo esta verdad hoy en El Occidente. Lo que niegan es la existencia de la plusvalía.

Para los progresistas radicalizados, el dinero no sale del trabajo sino del poder del estado y su máquina de hacer dinero, sin embargo sí afirman que existe la plusvalía, y que ellos son los comisionados por todos para distribuirla equitativamente. 

Muchos de estos redistribuidores que niegan el valor-trabo pero afirman la plusvalía comenzaron sus carreras a los 15 años típicamente en un partido socialdemócrata, pasando luego a organizarse en la universidad, desde donde se metieron a ser funcionarios del Estado, punto a partir del cual se lanzan, como forma de vida, a bregar por incrustarse en el gobierno.

¿Por qué estos oportunistas han terminado constituyéndose en los nuevos nazis y no los austriacos?

La negación de la sustancia del valor niega el valor mismo del proletariado, en cambio la negación de la plusvalía niega la elevación del salario. Para el proletariado es mucho peor la negación del valor-trabajo que la negación de la plusvalía, pues cimenta un nivel de cosificación más profundo que el nivel cosificador del valor-trabajo, a la vez que justifica y legitima la desvalorización sistémica del proletariado, simultanea a la revalorización del capital a través de la porción tributaria de la plusvalia y las formas estatalizadas del capital.

Resulta que la posición menos explotadora y menos opresora es ahora la de los austriacos, pues la negación de la sustancia del valor por parte de los progresistas radicalizados, normalmente una coalición de burócratas profesionales con electorado subvencionista, es una agresión directa contra el proletariado mundial, ante la cual los austriacos quedan redimidos -aunque no absueltos – incluso con su frenética negación de la plusvalía.

El valor no sale de una maquinita, a la cual solo hay que girar como a la máquina de los churros para que salgan productos y servicios como en un cuerno de la abundancia, lo que sale de la maquinita es dinero, títulos de poder de compra – de objetos y servicios comprables – que se asignan a… el capital financiero-industrial, los comisionistas y… los subvencionistas.

Al negar el valor-trabajo los hasta ayer progresistas radicalizados devienen hoy a ser meras brigadas de infantería de los tecnomalthusianos para achantar a los opositores a su política. Los progresistas radicalizados se legitiman con esa negación para seguir detrayendo valor del mercado mundial hacia su consumo particular y el de sus fracciones cilientelares de clase, pero el desenlace nazi-fascista de los supuestos “progresistas” engolados de radicalismo, – de radicalismo identitario y redistribuidor, perfectamente pro explotación imperiali -, ocurre porque ese valor a redistribuir por la aristocracia obrera progresista radicalizada y sus subvencionistas NO ÚNICAMENTE SALE DEL PLUSTRABAJO HUMANO sino que fundamentalmente y de forma más amplia SALE DEL TRABAJO HUMANO Y DE SU ESENCIA, y al no ser necesariamente plusvalor pero si necesariamente valor, la negación de la substancia del valor por parte de los oportunistas “progresistas radicalizados”, es en realidad el encubrimiento de la superexplotación del proletariado mundial. Y esta es la razón por la cual convergen con los oligarcas tecnomalthusianos. Son pues lo contrario de lo que parecen.

El valor alienado en la periferia por estas aristocracias obreras de masa, por ejemplo mediante el ejercicio del imperialismo demográfico, puede ser y es únicamente valor y no solo plusvalor, e inmediatamente queda claro que valor es necesariamente  el trabajo necesario para reconstituir el productor el valor de su fuerza de trabajo, para reproducirlo.

Por esto no caben posiciones posiciones intermedias entre la ofensiva tecnomalthusiana y la oposición internacional, incluso capitalista, que toma la forma de guerra contra Rusia y reestructuración malthusiana robotizadora de la UE, en un primer momento, porque los tecnomalthusianos pretenden reducir el costo de producción de la fuerza de trabajo por debajo del valor de la fuerza de trabajo en todo Asia, y eso es inadmisible. Esencialmente eso es lo que mismo que aplicaron el nazi-fascismo del capital monopolista aleman y su aristocracia obrera industrial en crisis, en Auswitz.

Y esencialmente esto es lo que son, nazis, la izquierda “progresista radical”, oportunista, lo que la aristocracia obrera ha desplegado como ultraizquierda identitaria, la socialdemocracia misma y el conjunto del reformismo son todas y cada una de las veces que niegan que el trabajo es la sustancia del valor, e, inmediatamente su riqueza base, la sustancia de la sustancia del trabajo….que no es otra cosa que la vida humana.

 

La cosificación ecofascista y la sobreemisión monetaria

 

Una vez tomada esa posición, en lugar de oponerse a la cosificación reconociendo su origen en el trabajo explotador y su negación a los no propietarios, el cada vez más agudo malthusianismo ecofascista de estos “progresistas radicales” “de izquierdas” forzosamente está abocado a incrementarse.

La socialdemocracia occidental oculta que la sobreemisión monetaria en el marco del imperialismo financiero, y sin un crecimiento de las fuerzas productivas que lo justifique, no es otra cosa que la superexplotación del proletariado mundial. Solo que la plusvalía se realiza en sobreprecios.

Al interior de los centros territoriales de la acumulación de capital, durante décadas han justificado el endeudamiento público para financiar las inversiones sociales, pero en estos incluían también y de forma creciente los inadmisibles gastos de sostención del subvencionismo, basándose en lanzar hacia afuera y hacia adelante la solución de las graves contradicciones estructurales internas que instituyen las relaciones sociales de producción, pero en las que su institución política, la aristocracia obrera hecha partido, basa su existencia.

El dinero, incluyendo el ahorro, de la pequeña burguesía está siendo disuelto como depósito de valor en el interior de El Occidente, para sostener a la socialdemocracia y a su ejercito de subvencionistas y no solo a la oligarquía globo-oligopolista, al par que la exportación de la inflación a la Periferia, que ya estaba agudizada en 2008, ha durado casi 15 años, y ha significado la sobreexplotación, sobre la base del valor, no sobre la base del plusvalor, de miles de millones de trabajadores proletarios.

 

La socialdemocracia está preparando las condiciones políticas para el establecimiento de la Ley Marcial

 

La triple alianza de capitalistas financieros en pánico, tecnólogos ávidos de poder y socialdemócratas deseosos de proseguir desarrollando la aristocracia obrera occidental y sus oligarquías, reinantes, alternantes y alternativas, va a acabar, muy posiblemente, estableciendo la Ley Marcial o para seguir siendo posible o para gestionar el colapso de estos comisionistas, y de sus socios subvencionistas que dicen creer que la sustancia del valor no es el trabajo y que el dinero sale de una maquinita, como los churros en la churrería y las riquezas del Cuerno de la Abundancia.

A los espartaquistas no nos queda otro remedio que denunciar la gravedad del fraude histórico de los socialdemócratas y su superexplotador reformismo de la explotación, izquierdoide, aunque nos encontremos con que en la trinchera en que estamos siendo bombardeados hay austriacos, pero que al menos no son nazis pro Auswitz de desvalorización y cosificación radical del proletariado mundial. Recordemos a Babeuf…

Una de las denuncias de Graco Babeuf, el líder revolucionario de los comunistas durante la revolución francesa, mientras luchaba contra la aristocracia y la burguesía francesas en choque por el poder político y social al no lograr la monarquía amortiguar más las contradicciones sistémicas capitalistas comerciales, fue la de los crímenes de la burguesía supuestamente revolucionaria, tipo Fouchet, que a partir de Thermidor pero también desde antes, iba cometiendo en La Vendé en nombre de “la revolución”.

Hoy se sabe que exterminaron al campesinado de La Vendé, acusándoles de reaccionarios, quienes en realidad eran campesinos bajo saqueo de la burguesía parisina. Babeuf sabía esto y lo denunció en nombre del proletariado urbano, aunque no comprendió que el exterminio del proletariado urbano parisino mismo la burguesía francesa en realidad lo estaba haciendo mediante la sobre-emisión monetaria. Esto es históricamente recursivo, de forma que hay que prepararse para que la elevación de los pùntos de interés ocurra simultáneamente a la prosecución evidente o no de la sobreemisión monetaria. La inflación siempre es un proceso de lucha de clases.

De igual modo que Babeuf, nosotros los comunistas actuales, los espartaquistas, nos vemos en la misma trinchera que aquellos que denuncian la política, a determinado punto criminal, de sobreemisión monetaria, los abusos de cosificación y desvalorización extremos, y de salida tecnomalthusiana de la crisis de sobreproducción,que llega incluso a planificar la destrucción de la procreación y la reproducción de más de la mitad de la población mundial y la mitad, de clase proletaria, en los países capitalistas centrales.

Ahora la sobre-emisión monetaria y el incremento del endeudamiento se expanden a la vez, sirven para sufragar la guerra, la guerra hecha en gran medida como coartada para justificar la brutal huelga de inversiones del capital concentrado contra la compra de energía en el mercado mundial, huelga de capitales claramente criminal, que se encubre como restricciones del comercio con Rusia pero que en realidad es una reestructuración hiperdesvalorizadora del proletariado mundial, en la Península Europea y en el Mundo.

Recordemos pues no solamente a Babeuf y la burguesía revolucionaria sino también a Rosa Luxemburgo y Karl Liebneckt y a la socialdemocracia alemana porque el reformismo burgués y aristócrata obrero está volviendo  a repetir la historia.

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