[Poesía] "Ocho poemas cualquieras: Ruinas Modernas." K.A.García-Salmones

Ruinas modernas o posmodernas

Publico estos poemas “cualquieras”, ocho, si no he contado mal, no sin dejar esta nota de aviso de que se trata de poesía automática, copiada al web con apenas retoques, tal como surgieron en la danza del boligrafo sobre la pista del papel blanco, cuando el duende me rondó con su linterna y su perla por entre estos ámbitos de ruinas modernas (o posmodernas), a junio de 2015. Arte menor, no hay, sin embargo, alimento posible sin él, por lo que es diligente publicarlos.

 

LLUVIA NOCTURNA

 

Es como acariciar la superficie

del mundo, el plano holográfico
de la vertiente a pecho alzado
la raya que enfrenta ese murmullo
esa perseverancia, escucharlo…
El ser la Naturaleza piano
y pianista, este ciego ser escucha
tumbada, al borde del infinito,
juzgarme duro, sentirme roto,
caminar el hilo de la consciencia
sobre los chasquidos y repiqueteos
de la lluvia, que exudan
paciencia, y cierto existir
de un puente entre los tiempos
como una caja de platas
y quizás una palabra de amor
antigua, y tal vez un miedo
oxidando al reloj del mundo,
abriendo la fruta de la humildad
eternamente entre chasquidos
y repiqueteos.
 

Y MAÑANA SI

 
Si el viento sí dirá si…
la ola barriendo la costa
dirá que sí también
con estruendoso borbolleo,
los insectos, las costumbres indetenibles,
el árbol despertando,
la mujer con ojos vivos
resbaladizos dirán si.
Pero hoy una cortina de rocas
ha cegado el paso al sí,
hoy tu mismo te has sentado
en vez de acudir al horizonte,
en vez de merodear en lo cósmico
del primer rayo solar
cuando el ave estalla
a pedir y desgranar
su esculpido canto
en el río del silencio universal.
 

RAYO

 
No me dirás que no sueñas,
oh 33, 33,
la mano se apoya en tu cara
y frente en posición de lamentar,
oh 33, 33.
Lo que gorjea el pájaro con rara frescura
se escapa irremisiblemente,
nada entenderás en realidad,
elucubraciones entre conjeturas,
esperando al rayo
que te eleve al tercer sexo
el que formasteis tu y ella
en un sumidero, la pareja
de masculinidad y femineidad,
oh 33, 33.
El amor no me deja ver el horizonte
pues me puso en él, desarraigado,
y ya, siempre, 33, 33, 33,
quede allí esperando.
 

LA LUNA PARECE UN OJO

 
Abajo la gente sueña y habla en sueños,
se cuentan sus cuitas, cotorrean y se aman,
pero no saben que ahora la Luna
parece un ojo, pero no saben que
el ojo parece una catarata lóbrega
mirada desde arriba, y abajo
están ellos.
Pero esto es así ahora, mañana no,
mañana muy rápidamente crecerá una flor
trenzada de gritos, carreras y ruidos,
que ocupará los altos y los extremos,
los valles y las explanadas, sus raíces
infiltrarán lo ctónico y lo aéreo,
y cómo el Océano será su presencia masiva.
Y cuando esa flor sonría parecerá un Sol
pequeño pero gigante a la vez,
por ser un Sol de libertad.
 

SE OS OYE

 
Los pájaros, los hombres, las tierras
caminan al unísono como hacia una estrella,
también los recuerdos y las ideas
parecen encaminarse hacia ese firmamento
nocturno preñado de luceros y cometas.
Ay, si el huracán nos elevara
hacia los bordes del polvo estelar
donde los escombros de la explosión de un planeta
vagan eternos girando alrededor del Sol,
ah, ser buzos en este ámbito y escuchar
los sonidos chisporroteantes del universo.
Mas muy cerca otro horizonte cósmico
clama y declama sobre sí mismo;
se os oye.
 

VOLAR VIENTOS

 
De hecho ser viento dejando abajo las peñas,
hojas degradadas, húmedas, acumuladas
como sueños antiguos, en un montón en el camino,
hojas nada más, impregnadas de barro,
bajo el gris cielo tras el cual el cosmos
tiende su voraz negrura, hojas como corazones
que la lluvia cubre y pulveriza
y tus pies pisan.
 
Somos esas hojas y ayer fuimos radiantes
verdes hojas sobre las que el tambor
de las gotas del chaparrón rebotaba despedazándose,
hojas nadas más, en las que el Sol del estío
puso un sordo zumbido de horno
en la canícula, sin quitarles esmeraldas y plata
ni pulgón ni frescura, hojas solo hojas
a ser arrancadas por el viento del desamor.
 

DESPUÉS

 
Después de la destrucción
entre las ruinas, donde humea
la viga tras el incendio,
cuando la lluvia y las lágrimas
se mezclan en el charco embarrado,
tus manos están sangrando.
 
No, no están sangrando,
están ensangrentadas,
las trizas que quedaron
de mi corazón, como el festín
de un águila contra un pajarillo,
que cae entre tus dedos,
plumas, vísceras, sangre y silencio.
Pero yo seguiré andando
como un zombie ciego y cojo,
hasta que un día el Sol vuelva a iluminar
mi rostro hacia un inmenso amor.
Pero después es hoy y ya siempre es después.

 

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