Un balón de plástico flota en el muelle, entre los escombros por donde corren las ratas, multicolor, allá abajo, el ciélo blanco espera.   No hay hijo, no hay padre. Solo un ser tan oscuro como la soledad soportaría venir aquí a merodear sin salir gritando: Oh amor, oh hijo, oh padre ¡cómo puedes soportar esta devastación?   Los montes…