[El Capital Productor de Humanos]

La relación salarial no reproduce población proletaria, produce capital humano, – si es rentable -.

[<strong style="font-size:0.8em;padding:5px;margin:10px;">El Capital Productor de Humanos</strong>] <p style="margin-top:0.5em;"><span style="background-color:black;color:white;line-height:1.1em;">La relación salarial no reproduce población proletaria, produce capital humano, – <i>si es rentable</i> -.</span></p>

En los últimos años entré en zona errática al considerar ‘capital humano’ solamente a los trabajadores altamente cualificados, sin darme cuenta de que el grado de potenciación de la fuerza de trabajo del ofertante ni lo incluye ni lo excluye de ser capital, sino que es su carácter de vendedor de fuerza de trabajo lo que determina esa cualidad de capital variable.

Por esto, en las regiones centrales de la acumulación, todos los trabajadores, sean oligarcas capitalistas o de clases medias, o sean proletarios, y todos los parados, somos capital humano. (1)

Esta es una observación importante pues en el sistema histórico del valor intensa y extensamente desarrollado, o capitalismo, en sus geografías más centrales,el capital humano se produce, los humanos se producen.

Ciertamente, desde los inicios de la ola de urbanización capitalista, hace siete siglos, una parte de los trabajadores se extrae gratis de la periferia campesina, dentro de la dialéctica campo/ciudad, dando la base de rentabilidad sin la cual el capitalismo no tardaría en colapsar.

El sistema de explotación capitalista es estable porque una riqueza, la población campesina de la periferia, es incorporada gratuitamente al valor de las inversiones de expansión, hecho que, en último análisis, es lo que permite la movilidad social ascendente de las clases medias. Esta es la base de su estabilidad política. Pero este régimen reproductivo funciona a costa de frenar la reproducción biológica del proletariado interior del mundo ya urbanizado (lo urbanísticamente capitalizado).

Wallerstein, en su teoría compartida con Ferdinand Braudel del Sistema-Mundo (2), creía que cuando el campesinado mundial dejara de bombear fuerza de trabajo gratuita hacia las ciudades el capitalismo dejaría de ser rentable y el sistema de explotación capitalista comenzaría a derrumbarse. Esta aproximación recuerda a la posición de Rosa Luxemburgo sobre la arena exterior del capitalismo como área de búsqueda de inversión rentable de los capitales sobreacumulados y factor de reproducción del capital cuyo agotamiento marcaría el fin del capitalismo. Bujarin demostró que el diferencial de rentabilidades por geografías y sectores del capital garantizaba que una vez incorporada la arena exterior aún podría reproducirse la acumulación de capital (3).

Del mismo modo, dado el diferencial de costos de producción del capital humano, como veremos más adelante, y el umbral de generaciones que discurren hasta que la población proletaria urbana comienza a decrecer, el agotamiento del bombeo de campesinos a la explotación capitalista urbana puede ser sustituido por poblaciones urbanas solo durante un tiempo. Por esto, al capital le podría quedar un siglo en cuanto al subsidio demográfico que su modo de explotación recibe.

Concretamente, al parecer en este 2018 el 56% de la población mundial es urbana, para 2050, a causa de la actual urbanización acelerada, se habrá agotado este imput al sistema de explotación y es altamente probable que su pico haya sido la primera década de los años 2000.(4)

En todo caso, el capital no reproduce población, reproduce capital humano. En los territorios ya capitalizados, a veces muy intensa y extensamente, aunque externamente se presente como mero fondo de consumo proletario, el salario esencialmente es parte del capital, lo mismo que la procreación es creación de capital aunque en su forma externa, como valor de uso, sea reproducción biológica (5).

La presión plusvalista sobre la procreación proletaria

Las condiciones en que se crea, conserva o destruye, en función de su rentabilidad, ese capital humano, nosotros, son bien conocidas: A medida que crece y se desarrolla la acumulación de capital en un centro de concentración de capitales, crece la composición orgánica y técnica del capital, es decir, se desarrollan las fuerzas productivas. Entonces entra en auge hacia nuevos niveles de reducción la tendencia decreciente de la tasa de ganancia media, y se reduce la rentabilidad pues el capital deviene límite de si mismo. Esas son las contradicciones básicas que conducen a las crisis capitalistas. Eso es lo que pasó a finales de los años 1970s, y viene sucediendo con un impulso nuevo desde inicios de los 2010.

En esas condiciones, los capitalistas y las clases medias hacen presiones estructurales para poner en liza contratendencias a la bajada de la ganancia media. La subsiguiente purga de los capitales no rentables conduce a un despliegue de la explotación en el que una mayor proporción de capital constante es valorizada por un menor capital variable. O sea; queda una mayor proporción de máquinas, propiedades privadas, infraestructuras, materias primas, capital-ciudad y dispositivos de Estado que valorizar y sostener por obrero puesto en explotación. Así es como se registra un desenlace hacia una mayor cuota de explotación y de ganancia y se abre un nuevo ciclo de inversiones, y quizás una reproducción ampliada de la acumulación de capital.

Este complejo proceso dialéctico del desarrollo del capital en sus retroalimentación y búsqueda de reproducción ampliada encuentra, sin embargo, cada vez mayores dificultades para superar sus propios límites a medida que la tasa ganancia media va siendo menor.

En la fase toyotista, precisamente para superar esas colosales limitaciones internas, el método plusvalista que complementó a este desarrollo intensivo de la explotación por medio del incremento de la plusvalía relativa, o incremento de la explotación mediante el aumento de la productividad (que a su vez genera in continun población proletaria sobrante relativa, como parados, precarios, subempleados, empobrecidos, etc.), fue el método de la reducción masiva del tiempo de trabajo necesario para la reproducción del obrero, mediante el expeditivo medio de eliminar la procreación como la otra parte – junto a la conservación de la propia fuerza de trabajo -, del salario mínimo proletario.

“Modernizaciones” disminuidoras del salario mínimo

Desde inicios de los años 1970s la burguesía y las clases medias lograron derrumbar el salario mínimo proletario medio por debajo del nivel de la procreación.

Lo que está sucediendo ahora en Argentina, con el FMI condicionando los préstamos al Estado y, así la sostención de los sueldos del funcionariado, a la adopcion del abortismo vía despenalización del aborto y campaña de prestigiado del abortar. O en Ecuador, donde los reformistas han intentado meter el abortismo también por presiones financieras internacionales. O la sospechosa velocidad con que se ha reducido la natalidad en Filipinas, tienen que ver principalmente no con los supuestos derechos de las madres a matar sus hijos antes del alumbramiento, que los comunistas no reconocemos, sino con el incremento de las presiones capitalistas para la disminución del salario mínimo proletario.

En Europa Occidental, la parte procreativa del salario mínimo, – que no debemos confundir con el salario familiar -, que aún recibían hace medio siglo el grueso de los trabajadores simples o poco potenciados, normalmente manuales y de poca cualificación, comenzó a ser sistemáticamente eliminada en los años 1970s. Esta disminución puede rastrearse con precisión casi matemática en el tobogan de descenso de la natalidad desde 1975 en Baskonia, y 1978 en el conjunto del estado español.

La disminución del salario mínimo por debajo del nivel de la procreación se realiza normalmente tras fulgurantes periodos de dictadura político-militar burguesa (con nombres pomposos como “La Transición Democrática”), sobre el despliegue simultaneo de una base política, económica y cultural, producto de fuertes inversiones en superiores medios de entretenimiento, gestionada por clases medias aculturizadas en el neomalthusianismo y en busca de movilidad social ascendente.

Tal transformación política por regla general presenta formas externas “modernizadoras”, y hasta burguesamente “revolucionarias”, pero el objetivo fundamental de sus promotores es disminuir el salario mínimo proletario.

En Baskonia, por ejemplo, los atentados contra el médico Uxparitze en 1981, contrarios, por sus consecuencias, a los intereses estratégicos anti neomalthusianos del proletariado internacional, fueron funcionales a esta disminución del salario mínimo proletario por debajo del nivel de la procreación, al legitimar en el proletariado la normalización del abortismo y coadyuvar a reducir el costo de sus operaciones haciendo viable su masificación.

De manera que la apariencia externa de revoluciones liberales que toman en sus formas políticas estas reducciones del salario mínimo proletario, – brutales reestructuraciones y ajustes espacio-temporales que van más allá de las dinámicas gentrificadoras y acumuladoras por desposesión que percibe Harvey (6) -, contiene la esencia interna de retroacción hacia la reconstitución de las mismas relaciones sociales de propiedad, maximizando la explotación en las relaciones de reproducción biológica y social.

En este panorama, tras la crisis de 1973 y tres décadas de disminución del salario mínimo proletario por debajo del nivel de procreación, el capital cayó otra vez de pie tras esta transformación de la relación capital/trabajo proletario, porque la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no opera en lo concreto uniformemente, como una media ideal, sino como una colección de medias regionales disimiles, y localmente determinativas también en lo que concierne a los costos de producción de capitales humanos.

El capital, que ya se globalizaba mediante la exportación de capitales imperialistas haya donde hallaba solución de rentabilidad aun cuando dispusiera de cientos de miles de desempleados que movilizar, aquí en Baskonia, o en toda Europa, redescubrió desde inicios de los años 1990s, cuando ya comenzaban a evidenciarse los frutos de la disminución del salario mínimo proletario, que ya no puede existir sin la internacionalización del mercado de fuerza de trabajo, aunque tampoco con la internacionalización de la Seguridad Social. Redescubrió, pues, que globalizar la circulación de fuerza de trabajo, importando a millones de obreros rumanos y ecuatorianos, en primer lugar, o exportándolos con cajas destempladas si se reducía la demanda de su fuerza de trabajo, elevaba incomparablemente la cuota media de explotación y la tasa de ganancia. Comenzaba a desarrollarse un nuevo nivel de imperialismo, el imperialismo demográfico, que sin la cooperación de las aristocracias obreras nacionales fuertemente desarrolladas y adaptadas a legitimarlo no es posible.(7)

Encontraremos en la base del imperialismo demográfico el diferencial de costos de producción de la fuerza de trabajo existente en las distintas geografías del capital. Pero si bien el capital puede obtener fuerza de trabajo adicional para contener el salario proletario mediante su importación desde periferias y semiperiferias, el panorama que le queda a la población proletaria es que solo puede atender su instinto natural a perpetuarse, procrear, a partir de un nivel concreto de rentas reales que permitan realizar esa inversión, que estructuralmente esta fuera de su alcance. Una parte del argumentario y las narrativas feministas burguesas y de clases medias subvencionadas por el capital se orienta precisamente a exhornar la desnaturalización, como ser que tiende naturalmente a perpetuarse y procrear, del humano proletario cosificado y, así, legitimar el status quo de salario mínimo proletario por debajo del nivel de la procreación.

Si, por ejemplo, el costo de producción de una persona humana, proletaria trabajadora manual simple, en los países capitalistas centrales es de 300.000 euros hasta su puesta efectiva como oferta de fuerza de trabajo en el mercado, correspondiéndole a la ‘familia empresaria’ de ese capital humano invertir 180.000 euros, y al capital social 120.000 euros, al suprimir de facto esa necesidad instintiva de procreación se produce el mismo efecto sobre la plusvalía creada por el (no)padre y la (no)madre que un incremento notable de la plusvalía relativa, pero, a la vez, la alianza de clases medias, que viven extrayendo la parte tributaria de la plusvalía, aumenta así mismo su porción en la masa de plusvalía explotada. Esencialmente se trata de ahorrar en costos de reproducción de la fuerza de trabajo, contando con que el mercado mundial suministrará finalmente en estadios futuros, la fuerza de trabajo cuya potenciación ha devenido no rentable a una fracción capitalista (burguesía + clases medias) concreta.

Por esto, cuando la patronal bizkaina sostiene que en el Estado español hacen falta 300.000 inmigrantes anuales, lo que está haciendo es solicitar un ingreso imperialista demográfico en fuerza de trabajo gratis de un valor in situ de 90.000 millones de euros anuales, ahorrados en términos de rentabilidad hacia atrás por contener las contradicciones estructurales acumuladas, y muy centralmente por revertir la tendencia a la elevación de los salarios por escasez de nueva oferta. Pero, si consideramos que, por ejemplo, esos 300.000 proletarios equivalgan en términos reales al 2% de la fuerza general de trabajo, es un insumo al PIB a escala estatal de 20.000 millones de euros anualmente adicionales, ganados hacia adelante, de los cuales en torno a 15.000 millones pasan a alimentar la expansión de las rentas de capital.

Este objetivo bien merece al capital directivo alentar subidas de las cargas plusvalistas tributarias sobre el proletariado interior para organizar el operativo deflacionario del salario mínimo mediante las ayudas sociales, según el “punto óptimo de la inmigración”, que en realidad choca con la libre circulación internacional de los trabajadores proletarios demandantes de empleo que defendemos los comunistas. (8)

Costos de PRODUCCIÓN del capital humano, no costos de reproducción de humanos…

Medusa de Efeso
El derrumbe del valor de uso, por baja rentabilidad, conllevó el derrumbe del valor de cambio, y así la intensa reducción de la fertilidad humana, incluso mediante la plaga del abortismo.

La principal cuestión estructural que queda constituida para la lucha de clases es que, precisamente por la alta composición orgánica de capital en los centros capitalistas, la inversión en producir un humano ya no es rentable, ni posible en muchos casos o a lo sumo lo sería a perdidas, en el caso de las personas que van a ser trabajadores manuales simples ( a estos normalmente se les aborta ) puesto que los 350.000 euros que van a costar compiten con los 20, 30 o 50.000 que cuestan en la periferia, o menos aún si son campesinos. De este modo, el proletariado interno como cuerpo colectivo compuesto por personas sexuales tiende a quedar estructuralmente esterilizado, como una mercancía demasiado cara y poco competitiva ante la media de los precios mundiales, sobreproducida y supernumeraria cuando no como meros excedentes no rentables a destruir de forma barata (abortismo) cuando fallan los medios químicos, psíquicos e ideológicos antifertilidad.

Pero hay una salida a esta situación; supercapitalizando a un hijo único, por ejemplo invirtiendo 600.000 euros en su procreación, crianza y formación, puede colmarse la llamada del instinto de procreación y además llegar a constituir una inversión rentable aunque ello exija un esfuerzo descomunal. El drama de esta vía de escape de la esterilización capitalista, anti proletariado no rentable en los centros capitalistas, consiste no únicamente en que determina el derrumbe de la natalidad, sino sobre todo en que el desarrollo de la plusvalía relativa presiona para disminuir el valor de ese mismo capital humano producido.

Concretamente, “la Inteligencia Artificial es a los intelectuales lo que fueron los tractores a los campesinos“. (9)

De pronto la inversión necesaria para la procreación tiende a ser rentable solamente a un escalón más alto, en relación inversamente proporcional a la caída de la ganancia y el incremento de la cuota de explotación. Pongamos que hablamos de 1.000.000 de euros. Inmediatamente ya solo las burocracias publiprivadas de los monopolios y la socialdemocracia de clases medias tienen posibilidad de reproducción biológica, capacidad de producción rentable de humanos, tornándose la perpetuación humana del proletariado medio interior, incluso por debajo de la tasa de reemplazo o disminuida, una lucha agónica.

Nuestra tendencia mental natural es a considerar, a prepensar, la reproducción humana como eso, reproducción humana y no como una producción más. Y efectivamente ha sido así durante millones de años, una reproducción biológica y social, pero el caso es que ya no es así de forma cuasiuniversal.

Ciertamente, el proceso del capital subsume la reproducción humana como un recurso natural más, y lo es en la misma medida en que el instinto reproductivo se impone a las personas llevándolas a la procreación incluso enfrentándose a los mayores impedimentos, pero ni el instinto, ni la voluntad ni el deseo de las personas sirven como medio de producción de humanos para quienes viven dentro de capital; lo que se produce esencialmente es capital, no humanos. Por esto rigen sobre ellos, sobre nosotros, las leyes del capital, no la lógica natural de la reproducción biológica humana con todas sus alternativas y posibilidades, que quedan radicalmente restringidas por las relaciones sociales de producción, propiedad y consumo capitalistas.

No nos sorprenda pues que la socialdemocracia gestione, en tanto patrón colectivo de masas, y usufructuario de la porción tributaria de la plusvalía, los malestares resultantes de nuestra reducción cosificadora a ser capitales humanos bajo intensa presión de rentabilidad, mediante el fomento de la política de las identidades, que divide por abajo, aliá por arriba y ayuda a rendir mayor plusvalía.

Si, como ha quedado claro, el proletariado somos capital, no solo se nos produce, también si devenimos no rentables, como bien sabe quién haya comprendido la dialéctica que ha llevado a la eutanasia de los sobrantes, se nos destruye. Nos interesa saben el cómo lo hacen, sin que ello origine de inmediato una revolución mundial espartaquista.

Por todo esto, es ahora de interés proletario especial el descubrir y desarrollar la tasa de paro procreativo, o lo que es lo mismo; la imagen concreta de las oscilaciones de la disminución del salario proletario de hombres y mujeres por debajo de la procreación (y si no se les frena también de la conservación) de la fuerza de trabajo. Esto lo veremos en el capítulo siguiente.

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NOTAS DEL CAPÍTULO

  • (1) “El valor de la máquina constituye, sin duda, una parte del capital invertido en ella, pero la máquina no produce en su condición de valor, aunque sea rendidora para el fabricante. El salario no representa el valor en cuanto instrumento de producción, así como no representa el valor la máquina en cuanto instrumento de producción. Representa tan solo la capacidad de trabajo, y dado que el valor de esta existe separado de ella misma como capital, [el salario es] una parte del capital.
    Elementos fundamentales para la crítica de la economía politica (Gründise) 1857-1858. Cuaderno IV. ¿Qué es capital?. K.Marx”


  • (2) No dispongo la cita concreta en este momento, pero si la memoria no me falla este argumento de Wallerstein sobre la elevacción de los ostes de producción de la fuerza de trabajo en las zonas urbanizadas lo leí en una edición titulada “El Moderno Sistema-Mundo”.

  • (3) Veáse: “Henryk Grossmann y la sobreproducción absoluta de capital.” M.P.M (Camarada Arenas) 1996.
    http://web.archive.org/web/20051026145314/http://www.antorcha.org/cast/confus.htm


  • (4)Población rural (% de la población total) Datos, Banco Mundial.
    https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.RUR.TOTL.ZS


  • (5) “(…) el coste de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el salario mínimo. Al igual que la determinación del precio de las mercancías en general por el coste de producción, este salario mínimo no rige para el individuo, sino para la especie. Hay obreros, millones de obreros, que no ganan lo necesario para poder vivir y procrear; pero el salario de la clase obrera en conjunto se nivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base de este mínimo.”


    Trabajo asalariado y capital. C. Marx (1849).


  • (6) El nuevo imperialismo. Acumulación por desposesión. David Harvey.2003.


    http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20130702120830/harvey.pdf

  • (7)Corporativismo “de género” e imperialismo demográfico: Análisis del artículo “Caída de la natalidad ¿una tendencia irreversible?” de Sara Mateos


    https://irteen.net/caida-de-la-natalidad-una-tendencia-irreversible-sara-mateos/

  • (8)“Necesitamos más personas en edad laboral, lo de la escasez de perfiles profesionales va a ser una constante, se va a agravar el problema, incluso en puestos que hasta ahora cubrimos con normalidad. Por ello, y salvo que la natalidad cambie mucho, y nos dé un buen resultado en 18 años, debemos y podemos acoger población inmigrante. Con toda naturalidad y de la forma más ordenada posible. Cuanto más formada mejor, con muchas menos trabas para la regularización de papeles, materia de competencia estatal, y bajo mi punto de vista con ayudas sociales directamente orientadas a la subsistencia, a la formación y a la inserción laboral, materia de competencia autonómica.”

    Discurso completo de Iñaki Garcinuño previo al almuerzo de la Asamblea General de CEBEK.


    https://www.cebek.es/discurso-completo-de-inaki-garcinuno-previo-al-almuerzo-de-la-asamblea-general-de-cebek/


  • (9) China y Silicon Valle. Superpoderes de la Inteligencia Artificial. Kai Fu Lee. 2019.

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Índice (Del Plan de Obra)

Introducción

1-. La relación salarial no reproduce población proletaria; poduce capital humano, -si es rentable-.

2-. La tasa de paro procreativo.

3-. Los cuatro jinetes del Apocalipsis Capitalista: El Neomalthusianismo, La Eugenesia, El Darwinismo Social y el Género.

4-. La ideología transhumanista y modelo de acumulación de capitales CDA ( Desestatalizador de la fuerza de trabajo + Cibernético Androide del movimiento de la totalidad capitalista + AntiSexual)

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