¡NO JUSTICE, NO PEACE! La “ley trans” es un constructo tecnomalthusiano para manipular a las personas desprevenidas poniéndolas en contra de los intereses del proletariado mundial (Versión 2)

 [(*Documento vivo) Versión 2 | Revisión 6 ]

Índice

Introducción

K.A. García-Salmones

Íntroducción

En este periodo, la incipiente Medicina Científica Social, que elevó el movimiento del proletariado a lo largo de los siglos XIX y XX, está siendo arrasada por la oligarquía globo-oligopolista y sus aliados con la Biología Política Tecnomalthusiana porque esta les permite reformar los estatus biopolíticos y la antropología natural, especialmente y no de forma autodeterminada en el proletariado, para lo cual necesitan imponer las dictaduras malthusianas, conductistas-skynerianas y darwinistas sociales como la que ahora padecemos en el estado español y a escala global, con epicentro político e ideológico en el Occidente, dictaduras que son verdaderos bonapartismos sanitarios, y reformismos biológico-políticos cada vez más abiertamente tiránicos.

De las ruinas biopolíticas, demográficas, psicológicas y físico-orgánicas de la población de los países capitalistas centrales surge una alianza de clases global que se está lanzando, con el respaldo del enorme poder de las grandes corporaciones tecnológicas, a criminalizar subliminalmente las críticas y a la oposición política a sus nuevas medidas de reforma antropológica e incremento de la explotación biopolítica en las cuatro principales áreas de desarrollo urbano e industrial robotizador:

1-. INFRAESTRUCTURA: 5G, Internet de las Cosas, Red de Satélites Bajo Orbitales, Smart Citys (ciudades jaula), Mineria de datos / Big Data. Logística basada en cadenas de bloques “blockchain”.

2-. MEDIO AMBIENTE: Cambio climátista, meteorológia política, calentología, descarbonización, geoingeniería civil y militar de industrialización climática.

3-. GESTION DE LA EXPLOTACIÓN: Control robótico-social (inteligencia artificial burocrática y policial), pasaportes digitales, dinero digital planificado centralmente, Skynet panóptico. Procesado de lenguaje natural, (PLN), visión robótica, coche electrico autónomo, computación cuantíca, despliegue de la capa de Realidad virtual, realidad aumentada y realidad mixta (El Metaverso o Web 3.0). 

y 4-. REFORMISMO DEL PROLETARIADO: Primarización de humanos (Vacunalismos, wetwarización y “mejoramiento” humano) biotecnología, CRISP-9, algoritmos ARNm, neurociencias, ingeniería genética aplicada a humanos, genotrónica y procreación artificial.

No es casualidad que quienes hacen la crítica en estos sendos campos de desarrollo monopolista industrial de los capitales concentrados, en profunda y larga crisis de sobreproducción, estén siendo declarados enemigos del pueblo y de la sociedad (conspiranoicos, negacionistas, la ultraderecha, terrorismo doméstico, el sombrero de aluminio, fascistas) pues los tecnomalthusianos golpeando ideológica y propagandísticamente así cierran o retrasan la apertura de los más candentes caminos críticos de la explotación, cosificación y marginación capitalistas, a los espartaquistas en concreto, y a los opositores en general.

Eliminan de raíz, así, la posibilidad de alternativa a corto plazo, a la vez que suprimen a los conservadores apartando las limitaciones puestas por ellos a la nueva creación destructiva schumpeteriana y malthusiana, para eliminar las trabas y limitaciones al despliegue y expansión del nuevo capital fijo.

Muchas de las críticas de los conservadores, tanto si quienes las hacen son feministas como si son católicos o nacionalistas, son muy legitimas pragmáticamente consideradas en la pregunta de QUI PRO BONO, de a quién benefician, a quienes favorecen en realidad, en lo concreto del proceso y sus consecuencias e implicaciones, esas medidas tan “progresistas”, juzgándolas sin los apriorismos que tanto gustan a los tecnomalthusianos para evitar que los serios obstáculos éticos, bioéticos y biopolíticos puedan frenar la búsqueda frenética e irrestricta, a veces criminal, de producción de plusvalía y trabajo útil a la explotación capitalista.

La esencia del fascismo es el malthusianismo, no el reaccionarismo, el cual puede incluso ser una reacción al malthusianismo.

Malthus fue el economista jefe de la escuela de cuadros de la criminal Compañía Británica de las Indias Orientales, la que organizó el modelo malthusiano de acumulación de capital en la India. Expropiaba tierras arroceras a la fuerza al campesinado hindú, para plantar opio, que vendía a cambio de metales preciosos en China, y con las superganancias reinvertía en industria textil británica, basada en máquinas, que vendía en la India a bajos precios, por la gran producción del algodón en América, con mano de obra esclava. Las víctimas de este esquema de ganancias fueron 30 millones de personas de aquella época, comparable proporcionalmente a 250 millones ahora.

Del malthusianismo se pasó al neomalthusianismo; en este se trataba de que el proletariado se adaptará al aparato productivo y los ciclos industriales de la acumulación de capital, incluyendo su procreación, no lo contrario. En los años 1960s, los nazis británicos y estadounidenses readaptados infiltraron los movimientos juveniles con ideologías foráneas creando un popmalthusianismo en el que a esa adaptación se le denominaba “revolución sexual”, pero en realidad era una guerra contra la fertilidad popular, y toda o la mayor parte de la sexualidad proletaria y de las fracciones populares quedó transformada en carnalidad estéril. El popmalthusianismo, en último análisis promovido y dirigido por la oligarquía transtlántica, camuflado como freudo-marxismo, feminismo, derechos de las mujeres trabajadoras, o revolución juvenil, le ha costado la vida a no menos de 2.000 millones de seres humanos cuyos derechos generacionales y a seguir viviendo no se respetaron, y ha logrado reducir en 4000 millones de personas la población mundial, lo que se sigue intentando justificar, ahora con trajes ecologístas y climatistas.

PERO, con la crisis del capital, que se está expreando como una aguda crisis de valorización, lo que se está poniendo de largo es una nueva ola de malthusianismo, el tecnomalthusianismo.

La burguesía promotora de esta cuarta ola malthusiana propugna la adaptación de los seres humanos a la acumulación de capital por medio de la primarización del sujeto proletario, esto permite hacer enormes ganancias, crear nuevos mercados de consumo y reunir nueva información sobre el cuerpo y la socialidad humana, buscando desentrañar estos señorones tecnomalthusianos el algoritmo humano en el pellejo de otros.

La actual criminalización de la oposición por parte de los monopolios industriales y la oligarquía globo-oligopolista es de carácter totalitario, es impuesta, incluso como anulación de sesgos filtrados a nivel de microprocesador, pero cuenta con el apoyo de sus aliados de clases medias, ese 20-30% de la población que ha estado permitiendo y hasta alentando la ignominia de la farsa del coronavirus y su bonapartismo sanitario porque creía ir así a salvarse de la salvaje crisis capitalista en ciernes.

Este apoyo consciente al tecnomalthusianismo en el estado español viene a ser particularmente grave, porque la mayor parte de este sector de población, de clases medias (funcionariado, aristocracia obrera, fracciones de técnicos y pequeña burguesía) cree que desplegando la dictadura tecnomalthusiana va a constituirse en parte de una alianza de clases ganadora global y a ser socialmente ascendida a nueva burguesía digital, nativa de la Robotización.

La corriente política que anima el despliegue del tecnomalthusianismo y su cultura política en la totalidad capitalista como nueva ideología dominante es el reformismo socialdemócrata, basada principalmente en la alianza entre la burguesía más liberal y la aristocracia obrera toyotista, pero el socialismo revolucionario donde se reúnen gran parte de los que buscan la movilidad social ascendente o en su defecto lograr medios de vida a través del erario público, está sirviendo de medio de infiltración y caballo de Troya en el proletariado a nivel de base social para desplegar dialécticamente a la nueva ideología tecnomalthusiana como nueva ideología dominante socialmente aceptable y aceptada en el proletariado. La respuesta revolucionaria es: ¡NO JUSTICE, NO PEACE! 


El tecnomalthusianismo es la contrarrevolución política que trae la revolución tecnológica de la Robotización

El proceso va rápido, por medio del apoyo a la reconversión radical del toyotismo en robotización de forma incriticable en estas cuatro áreas a riesgo de ser motejado y censurado por “sombrero de aluminio” quien se salga de los marcos decretados por los oligarcas o se atreva a denunciar los abusos del des-debate y la implantación oligarquista de cómo y para qué se hace la reestructuración.

Los nazis tecnomalthusianos han concluido que gobernar es conspirar, y que las mejores reformas son las que hace el gobierno clandestino en las alturas divinas de las instituciones de la oligarquía transtlántica, hegemónicas en el Occidente. Inalcanzables al voto ni a la influencia de las bases, una clase intermediadora surge y se eleva socialmente en la internacionalización de la mediación política que corre desde los oráculos globales, aguas arriba, a las bases a educar, y cambiar innovadoramente de algoritmo y reprogramar, lo quieran o no, ahora en clave de lo indicada que es la castración “trans”.

El “por el bien de la causa” aventado por el partido tecnomalthusiano no mencionará nunca el gasto de mercado cautivo por sujeto consumidor producido en la cadena legislativo-ideológica que hace el trabajo sucio de estos capitales tecnomalthusianos archiconcentrados (en el Estado español han sido PSOE, Podemos, EH Bildu y ERC), pero se habla de un millón y medio de dolares a lo largo de toda la vida útil de un consumidor trans medio, iniciado en la infancia o adolescencia, para el mercado; con lo que hay que anticipar un objetivo de lograr desnortar al menos a cientos de miles personas para lograr el umbral de rentabilidad necesario en este mercado.

Como vemos, en transfondo, la reestructuración de la acumulación de capital es desplegada en nuevas reconversiones y transformaciones que constituyen nuevos desarrollo de la infraestructura productiva, superexplotando para sostener las inversiones en I+D+i (Investigación + Desarrollo + Inovación ) necesarias para preservar la sostenibilidad del capital archiconcentrado. Y, al parecer, el fraude trans es una de las urgencias en este sentido de recomponer la valorización del capital en un sentido netamente malthusiano.

En torno a un 30% de la población en los países capitalistas centrales cree poder instalarse en la sociedad robotizada como la nueva clase media imperial, aterrizando en una utopía científica de servicios cumplidos por robots, viajes extraordinarios, casas automatizadas de ensueño, turismo de género, logros científico-técnicos continuados y rabioso reformismo primarizador del proletariado, en ajuste fino, como meras cosa. Esas cosas cuya función es ser combustible humano de la acumulación, ser base experimental de innovaciones sociales de la explotación, o pagar la deuda pública anteriormente encajada despiadadamente por el reformismo en la traca final de pavorosa endeudación que la socialdemocracia internacional ha logrado endosar en todo el mundo al proletariado internacional en los últimos 15 años.

En esas impunidades, el sujeto supuestamente representante del proletariado, las clases medias intermediadoras y robotizadoras, en su convergencia tecnomalthusianiana, donde también forma lo trans presentan, presentan tambien el eje cambio climático anunciando un despliegue de la “salvación del planeta” en la religión de la culpa reformista, cuando en realidad están acometiendo la industrialización de las intervenciones climáticas y meteorológicas y sus mercados.

El climatismo, legitimado en la religión de la ecoculpa original y en las suculentas ganancias de los mercados de industrialización climático-meteorológicos, conlleva el despliegue político de una nueva coercitividad, o mejor dicho, de un nuevo sistema coercitivo contra el proletariado, y de una nueva militarización estatal, social e internacional a desarrollar sobre el eje climatista y de la totalitaria “descarbonización”.

Un panorama en el que los reformistas de las clases medias robotizadoras creen ser necesarios como divisiones de apoyo técnico y político-social a la dictadura capitalista tecnomalthusiana de la Robotización, y que, por ello, no necesitarán la limosna de la beneficencia pública que es el salario social.

Estas clases medias están pues entusiasmadas con imponernos la dictadura de la pandemia, el horror de la guerra y la tirania climatista, cuando menos hasta que, quien sabe si en tres, cinco o diez años, se instaure el nuevo patrón rentable de producción de plusvalía.

Por esto, el 5G, – y en general toda la renovación de la infraestructura toyotista -, es para ellos más bendito y sano que el agua pura, pues es la base de militarización y control político urbano total de una revolución logística, es cierto, y de la reducción numérica al límite de la nueva fuerza de trabajo industrial robotizada.

Disponer de un empleo o beneficios estables en cualquiera de estas áreas promete poder ayudar a sobrevivir a largo plazo, lo que callando ante las ignominias cosificadoras de humanos, o impulsándolas, sería más fácil. Así que quien critique los problemas de salud, de desempleo y de superintervención contaminante urbana de tipo totalitario, con el despliegue del 5G, las “smart” jaulas urbanas, las hotmonizaciones y wetwarizaciones venideras, lleva el sombrero de aluminio o es un peligroso negacionista o un conspiranoico y un fascista de “la ultraderecha”. Faltaría más.

Más maravillosas todavía son las inyecciones genotrónicas, en realidad los primero prototipos de futuros interfaces para inscribir bioalgoritmos sobre los organismos humanos como el  “Wetware”, parte húmeda, del nuevo capital fijo. Ponzoñas que todavía llaman vacunas, aunque ya comienzan a denominarlas “sueros” y a reconocer que son “medicamentos” génicos experimentales. Bioalgoritmos que, inyectados masivamente, están sirviendo para hacer pruebas de concepto, y acopiar información y datos biotecnológicos a escala industrial, mientras se preparan los nuevos mercados transhumanistas y la nueva infraestructura de movilidad y aislamiento territorial entre clases sociales.

En este panorama, los socialistas revolucionarios han traicionado al proletariado internacional empezando por negarse radicalmente a hacer la crítica al capitalismo tecnomalthusiano pero incluso a ni siquiera permitirse conocer las tendencias teóricas e ideológicas emergentes en el capital. Todo supuesto marxista que a día de hoy ni siquiera sepa quien es Nick Bolstrom, o Ray Kurzweil, o Yuval Harari, ni haya analizado a fondo las implicaciones estructurales históricas de la emergencia de la capa de Inteligencia Artificial en el aparato productivo, sino es un pobre imbécil desgraciado entonces es un canalla que nos está traicionando. Ya basta.

En esta ola de ajustes y reestructuraciones en que nos pasan desde el infierno popmalthusianismo toyotista hacia El Hades tecnomalthusianismo robotizador, las clases medias pro robótización y pro dictadura tecnomalthusiana, en su forma climatista, belicista o pandemista, tienen fuertes incentivos para seguir fingiendo que se creen el miedo-pánico a la gripe y los constipados covid, la alarma climática, y la agresividad atacante de Rusia y China.

Entre los beneficios que ofrece el discurso político de la burguesía malthusiana a esta convergencia política tecnomalthusiana de clases medias, están las oportunidades del desarrollo del capitalismo antiaging y de la apertura del mercado del “mejoramiento” “humano”, por medio de la expansión controlada de las tecnologías CRISP-9 (si bien ésta está puesta en cuestión de bioseguridad), la bioinformática y producción de humanos aumentados, en lo cual lo trans es la cabeza de puente prometeica, allí donde los liberales cosificadores se burlan de la tradición y, como iremos viendo, tambien de la ciencia.

En este panorama, las clases medias tecnocráticas, compuestas de jóvenes técnicos del sistema, tecnócratas “millenials“, y la oligarquía globo-oligopolista, compuesta, a su vez, de tecnólogos, financieros en superquiebra, globo-latifundistas de datos, altos burócratas de la ONU y sus agencias publiprivadas, altos funcionariados imperiales y socialdemócratas internacionalizados, entre otros, aspiran a clausurar la decenal milenaria competencia por el excedente social dotándose de superinteligencias y supercuerpos. E incluso nos dicen que aspiran a disolverse como consciencia de software en los centros de datos, en un Eldorado tecnológico en el que van sumergiéndose dotándose de coberturas darwinistas sociales en las que intentarán justificar sus tecnosuperpoderes en base a la normalzación de la idea darwinazi de ser los mejores y los más fuertes, o sea; los más adaptados a ser los más adaptables en el proletariado, y los más adaptados a ser los más adaptadores en la burguesía. El resto quedamos fuera  del Parnaso biotecnológico, meros humanos.

Toda esta poética es claramente darwinazi y flota como un aura sobre los reformadores tecnomalthusianos, ahora de lo trans, antes de lo fem, y del heteropatriarcado, y de la procreación, y de la familia, y del clima, y de las identidades “woke”, en medio del trasiego de una nube de legisladores, activistas o comisarios políticos, políticos profesionales, periodistas y expertos de toda laya. Finalmente, socialdemocracia y reformismo, nada más. Eso si, posmo.

Más difícil de explicar son, en este alucinado plan de futuros horizontes radiantes, cosas como el apoyo a la apropiación privada globo-oligopolista de la Datateca pública y social mundial a través del control de las articulaciones de los Infoductos (routers) por parte de la grandes consorcios tecnológicos, (Alphabet, Meta, Apple, Microsoft, Amazon, Intel, AMD, Nvidia, Twiter, Qualcom, Xiaomi, TikTok) apropiándose del gigantesco flujo de la información y los datos sociales, íntimos y privados de la gran mayoría social por medio de una infraestructura juridico-tecnológica muy agresiva de datacenters, enrutadores, infoductos, arañas culturales y redes de satélites bajo-orbitales.

Justificar esa apropiación de poder suena a totalitarismo vertiginoso cuando viene mezclado con el tendido de Smart citys, – ciudades inteligentemente burocratizadas en favor del capital con la nueva microelectrónica digital -, y cruzado con el despliegue de miles de millones de cámaras de video en las calles de las ciudades de todo el mundo, (como han hecho los socialdemócratas en China desplegando 600 millones de cámaras en las urbes con poderosas aplicaciones de reconocimiento facial, lo que es envidiado y en ocasiones superado por los tecnomalthusianos también en El Occidente), y de inmensas jaulas de extracción de datos (24/7) en la Red de Amplitud Mundial, Internet y sus estatonets.

Estas infraestructuras, desde 2014 están siendo crecientemente administradas con aplicaciones de inteligencia artificial en ejecución continua, mientras las inversiones se concentran en producir una Inteligencia Artificial General, es decir una Inteligencia Artificial Estado, en clave realmente de tecno-Leviatan.

Y también se han lanzado a desarrollar la computación cuántica, lo cual es, hoy por hoy, el desarrollo consecuente de la burguesía en herramientas necesarias para intentar seguir manteniendo su hegemonía, antes que una necesidad del aparato productivo en la lucha comunitaria general por el desarrollo de la producción social.

Sobrevivimos en este trasfondo, en el que lo más llamativo a primera vista es, insisto, el progresivo desdoblamiento del bonapartismo sanitario, climatista y ahora “trans” en militarismo tecnomalthusiano en la fase de la robotización, a través del despliegue, entre otras, de la tecnología de modificación del ARNm sobre la infraestructura Wetware humana que llaman “vacunas”, “vacunas covid”, “terapias génicas”, “terapias hormonales”, “cirugías de reasignación” y pronto “mejoramientos” de humanos. Lo que, como en el abortismo empiezan por una cabeza de puente aparentemente controlable, y termina siendo la base de universalización global de la nueva, superior y más devastadora cosificación.

Esto ocurre mientras va creciendo la horrenda nube negra del detonado oligárquico del colapso económico, a medida que, con el control del capital concentrado y los medios de centralización de excepción, va logrando la oligarquía transatlántica sus objetivos de acopiado de medios de supervivencia, y, por lo demás, ya tampoco puede sostener más las pesadas y ya inservibles viejas estructuras toyotistas. Estructuras históricas e instituciones políticas que, sin embargo, siguen siendo la base de socialización y reproducción social de las mayorías.

En estas condiciones de revolución productiva y tecnológica de la Inteligencia Artificial combinada a la gran reestructuración del aparato productivo capitalista toyotista, ya obsoleto, estamos padeciendo a escala estatal un especialmente brutal y estratégico ataque al proletariado mundial que casi pasa desapercibido en la tormenta de la época.

Se nos cuenta ahora que “gracias” al reformismo catalán de clases medias (como la CUP, ERC, En Comu) que iba a declarar la independencia y la república catalana, e incluso el socialismo, y terminó inscribiendo en el parlamento español la muy peculiar ley trans, y también al falangismo tecnomalthusiano español de Podemos, viene un radiante futuro “trans”… pero ¿es esto cierto? Y, si es así, ¿tiene algo que ver con la contrarrevolución política que estamos viviendo y padeciendo en esta revolución tecnológica?

En realidad, la revolución tecnológica ha desatado una contrarrevolución política, que nada tiene de socialcomunista y si mucho o lo esencial de imperial tecnomalthusiana.


Hay un grave fraude ultraizquierdista burgués posmo al poder popular en la Ley “Trans”

ArteProletario

Resulta que al depositar los reformistas, guiados por los tecnomalthusianos, por medio del registro de la Ley Trans en el parlamento español, la decisión de la increíble cuestión de la autodeterminación “de sexo”, perdón “de género”, en los menores de edad, en haciendo ese mismo acto sacan al poder popular directo de la palestra pública, y reconocen como legitimo y superior al parlamento burgués sobre el poder popular, en la cuestión de los usos y costumbres.

En esta cuestión operan dos dialécticas:

La dialéctica del consumidor burgués soberano

Por un lado, la soberanía del consumidor burgués cosificador, que impone calmar su deseo (de “des-seo”: carencia de algo, des-sidero, sin estrella) individual a lo colectivo, – siendo lo colectivo normalmente el uso y costumbre de la tradición anterior -, por grandes que sean los perjuicios colectivos y los daños inhumanos a largo plazo de su nuevo desarrollo calmante del vacio,  vacio que es el, des-sidero, creado o existente de forma patológica o no. Por tanto, con los superiores medios de sugestión heredados del toyotismo combinados con la algorítmica cibernética, es automatizable la producción de vacio, y por tanto el control relativo del tamaño del mercado.

Como hablamos de la soberanía del consumidor, más allá de los derechos del enfermo, no hablamos de la soberanía del comprador pero es pertinente; La burguesía puede desgenerizarse con muchos menos daños físicos, sicológicos que el proletariado. Los reformistas eluden la cuestión del diferencial del poder de compra de una forma aparentemente externamente positiva: Aunque los reformistas dicen que la disforia de género no es una enfermedad, a la vez sostienen que hay que pagar el tratamiento de forma solidaria a través del erario público, que se constituye con impuestos, especialmente sobre el proletariado y, por supuesto, aumentando la cuota de explotación. La enfermedad social que hay que anular es pues el vacio que experimenta el consumidor soberano,  como hemos visto producible de forma automatizable.

Lo que se está convocando aquí es a la inversión pública, que los socialdemócratas controlan, para complementar a la inversión privada, cuyos capitales sobreacumulados han de buscar nicho de rentabilidad pero que dado que esta tendencia solo opera a fecha de hoy en el El Occidente, donde están instalados y circulan los capitales más concentrados, refleja un problema de busqueda de nicho de rentabilidad del capital financiero industrial en crisis, que conecta con las nuevas generaciones de aristocracia obrera a la busca de supervivencia o movilidad social ascendente. Por esto, la transgenerización tecnomalthusiana podría ser masiva en las masas sociales de izquierdas dominadas por la socialdemocracia que como lemmings se lanzarían cibernéticamente desinformadas a los abismos woke, en nombre de la religión del deseo y la defensa de la política del consumidor burgués soberano.

La dialéctica del Prometeo antimayorías

Sin embargo, la masificación de lo trans, finalmente transformación de cuerpos, cuando ni siquiera están sanos los cuerpos de las personas y lo lógico sería primero garantizar los mejores estados físicos posibles, no es fácil de legitimar en el sujeto solo porque la burguesía tecnomalthusiana lo ha asignado como prioridad en quienes lo van a padecer, en este caso, el proletariado infantil y adolescente, puesto que la resistencia a la cosificación implica fuerzas instintivas superiores, el instinto de protección de los hijos y las nuevas generaciones.

Para legitimar la primacia del deseo del consumidor soberano sobre la defensa de los débiles ante la cosificación que la transformación de los cuerpos requiere,con el objetivo de desarrollar el mercado y valorizar el capital concentrado en crisis, se legitima su despliegue operativo en la identidad (de “idi, lo relativo a lo igual a si mismo).

>     La identidad es aquí portadora del carácter de oprimido pasivo de los sujetos reivindicantes, lo que parece ilógico pero es palmariamente real en la actualidad; se es oprimido no por estar siendo oprimido, es decir, obstaculizado en un autodesarrollo que se prefiere o se anhela pero es impedido por las condiciones de una realidad actual, se es oprimido por tener una identidad colectiva minoritaria oprimida en el pasado, aunque uno disfrute de los mejores parabienes desde el momento mismo del nacimiento, oprima activamente a otros, y esa opresión haya desaparecido. Su existencia en el pasado es legitimante para imponer medidas de corrección incluso represiva en la actualidad, por ejemplo, beneficios especiales de desempleo a quienes se declaren trans o cárcel para quienes pongan en cuestión la legitimidad de esa identidad oprimida.

Pero como la opresión pasiva legitima una opresión activa a la mayoría, pues no se trata de una biopolítica pensada para beneficiar a minorías espontaneas antes oprimidas sino para crear mayorías sintéticas ahora, verdadero combustible humano para el nuevo mercado, la burguesía tecnomalthusiana y sus aliados necesitan la mentira, la represión y la ocultación para poder desplegar este nuevo mercado. Los activistas, o comisarios políticos burgueses tecnomalthusianos, juegan aquí el rol de crear un relato. Es Prometeo, que se enfrenta a los Colectivo, (las mayorías, los dioses [olímpicos no titánicos como Prometeo]) para darle a “hombres”, (las minorías, los oprimidos) el fuego, que anula y suprime un vacio anterior…  si, el del deseo de la fracción más agresiva de la oligarquía reinante en la clase burguesa internacional, la tecnomalthusiana. Estamos ante la estética de la dominación en su grado superior, el desprecio a las mayorías y a la democracia expuesto con la mayoría audacia sobre la base de ventaja de que la mayoría misma no quiere ser opresora. Por esto tantas inversiones en socialdemocracia y los recursos humanos woke en la religión de la culpa; fungen para lo contrario de lo que dicen que fungen.

Por lo tanto, de la interfluencia de las dos dialécticas una activante de la minoria dentro de la lógica de la superación de la crisis de ganancias y de valorización, y otra paralizante de la acción de la mayoría, ambas en interrelación con la totalidad capitalista, surge una nueva ofensiva capitalista de elevación sustantiva de la cosificación del proletariado.

Esta es la situación política estratégica que permite instaurar la biopolítica de la transgenerización anti social, promovida por los reformistas. Ahora serán los representantes de las clases que predominan en el staff de la gestión administrativa y burocracia del estado y los monopolios, en sus parlamentos burgueses, hoy dirigidos internacionalmente por la oligarquía transtlántica en su fracción más agresiva, la malthusiana, los que elijan y decidan sobre este asunto, y no la población directamente afectada en un referéndum constituyente, o no, del nuevo uso y costumbre biológico-político que los tecnomalthusianos, empleando estas herramientas políticas reformistas, han logrado instaurar.

Así es como la convergencia tecnomalthusiana entre socialdemócratas, reformistas y ultraizquierda del espectáculo profesional, burguesa posmo, ha zanjado que una cuestión tan compleja y de tan profundas aristas morales, bioéticas, biopolíticas y de potencial opresivo debe determinarla el parlamento burgués y no directamente el pueblo.

La democracia representativa burguesa es utilizada exitosamente como la palanca de destrucción de la herramienta de la Demiarquía social proletaria, o sociedad civil comunitaria. Azuzados por el reformismo, el parlamento existe contra el pueblo. Pero no de cualquier manera, sino al igual que han venido haciendo durante los últimos 40 años, porque lo piden los “movimientos sociales” creados y financiados aguas arriba por la oligarquía internacional, en los laboratorios ideológicos internacionales tecnomalthusianos. Y ya difundida la supuesta necesidad de nueva infraestructura jurídico-política por las fracciones de técnicos del sistema, a cuyo volante están en el estado español los llamados “chinos”; la corriente nazimaoista, nacionalista jacobina y fascistroskista del funcionariado burgués en lo hacia adentro, y lenino-marxiana – que no marxista-leninista -,  o sea, malthusiano-leninista, en lo hacia afuera.

La pregunta crucial aquí es ¿instaurar la libertad de autodeterminación del “cambio de sexo” en los menores de edad es un acto constituyente de tal magnitud que de sí por ello su legitimación tiene que ser la exclusiva de la misma población, directamente, para decidir si es instaurable o no, y no el parlamento burgués y de las clases medias quien, soslayando que es la mayoría la que juzga el alcance de las acciones para superar las opresiones identitarias pasivas o activas, y la que debe ejercer ese poder constituyente del cómo y el qué de los usos y costumbres esenciales, y no una minoría sin mandato directo para ello, autodesignada y privilegiada de comisarios políticos socialdemócratas y oligarcas tecnomalthusianos? En mi opinión, sí, lo es.

En realidad, el hecho de parecerles razonable llevar ese dilema a la decisión del parlamento en lugar de a un plebiscito nos aclara de facto qué tropo y qué tendencia es la real y no solo la aparente en este show tecnomalthusiano que es la izquierda burguesa posmo extractivista de la rentas públicas, de clases medias, y su ala ultraizquierdista del espectáculo profesional, anarco-estatista y malthusiano-leninista.

En tanto que, el cambio del anterior Uso y Costumbre Social por este nuevo uso de innovación social tecnomalthusiana, afecta al futuro del proletariado de una manera mucho peor que al de las clases medias y que plantea un dilema radical de desarrollo humano, la instauración de una “ley trans” con estos contenidos no puede ser aprobada legítimamente en el parlamento sin ser decidida antes directamente por la población; se ha de decidir en plebiscito, no en parlamentos ni en tribunales, aunque ello conduzca a enormes luchas civiles, pues de lo contrario es la instauración de una dictadura totalitaria tecnomalthusiana sobre la población por decreto parlamentario.

La pregunta aquí es ¿por qué una ley que tiene contenidos potencialmente revolucionarios y/o contrarrevolucionarios de largo alcance es sacada de la aprobación popular directa precisamente por los reformistas? ¿acaso la población no anhela esta reforma? ¿por qué no exigir un referéndum y sí la parlamentarización burguesa de la decisión? Como hemos visto, la misma corriente política que se encuentra detrás del infame impulso al ecofascismo y su Ideología de la Zoonosis, que ha permitido desplegarse y asentarse al infame nuevo belicismo a un nuevo nivel de imposición de la guerra mucho peor que el que impuso Aznar pues aquel no ocultó que lo hacía y estos socialdemócratas si lo ocultan, aparece ahora dando impulso político a la primarización humana, que es, precisamente, lo que se encuentra en la base reformacionista de la llamada Ley Trans.


La Biología Política del capital contra la Ciencia Médica del proletariado

El incendio de Roma

El cerebro infantil, puber o adolescente no tiene una psicología estable puesto que está en rápido y profundo desarrollo neurológico, físico, mental y social, y, hasta que ese cerebro en torno a los 18-21 años no ha madurado completamente, no se puede saber qué tendencia erótica y de género, – que es lo único que se puede modificar relativamente -, predominara en la persona concreta, preocupada o no por su imagen sexual.

A esa persona concreta, y no a las redes internacionales tecnomalthusianas, es a la que hay que hay que ayudar, y no precipitarla al desfiladero de la asexuación preventiva supuestamente legitimada por haberla hecho a esta “legal” por los procedimientos tergiversadores y anti democráticos que hemos analizado en el epígrafe anterior.

La edad en que se inicia este proceso de maduración personal se denomina pubertad, primera fase de la adolescencia, palabra latina que significa quienes están “en crecimiento”, en oposición a la adultez, quienes ya han crecido.

Por esto, al contrario de lo dicen los tecnomalthusianos no hay, no existen menores maduros, ni mentalmente aptos para realizar una determinación de des-generización, se es menor porque no se es maduro, porque no se ha madurado, no porque se sea más pequeño que alguien mayor en tamaño, sino en edad biológica.

Lo realmente existente en este caso de la no libre decisión de des-generización planteada en la minoría de edad por los tecnomalthusianos en su totalitaria ley trans son los menores, estructuralmente inmaduros porque se encuentran en el proceso de crecimiento y desarrollo de sus organismos hacia la adultez neurológica y sexual, hacia el cese del crecimiento biológico al alcanzar el estado de madurez, hacia los 18-21 años. Si se trunca el proceso lo que se trunca es la sexualidad de la persona y no meramente su sexo natural, sin hablar de que la castración hormonal no es una terapia pues la condición sexual no es una enfermedad, con independencia de lo que digan el partido tecnomalthusiano desde la corrupta OMS y sus aliados locales.

La agresión a la patría potestad para eliminar esta traba patriarcal al capital y su mercado de la primarización de humanos es doblemente infame, porque desarma a los menores y a sus principales responsables.

Los menores son menores porque no han alcanzado la adultez neurológica ni mental, al farsa de tratarlos legalmente como adultos responsables para propociar su desamparo es claramente un crimen biopolítico archireaccionario. Es especialmente importante, es crucial tener en cuenta que los menores son menores porque no han alcanzado la adultez neurológica ni mental y que existe el derecho y las libertades de todas las personas de llegar a la edad adulta con su fertilidad natural intacta, y la obligación de todos, incluidos los comunistas espartaquistas, de proteger esa libertad y ese derecho en el proletariado adolescente.

Los residuos industriales de esta tipología anti personas trans rol son pues la patria potestad de los padres y la pubertad de los hijos, la sexualidad proletaria y la fertilidad de las familias agredidas por este mercado capitalista emergente.

Por supuesto, la libertad es la consciencia de la necesidad y no la mera desujección tecnomalthusiana, que en el fondo no es más que desprotección criminal, desamparo funcional a la impunidad de las agresiones nazis. Lo que hemos de garantizar los espartaquistas a las siguientes generaciones de adolescentes es su libertad de volar al alcanzar la adultez, – que es lo que el plan tecnomalthusiano de asexuación pretende evitar -, sin imponer la orientación de su vuelo, ni impedir malthusianamente, para que se estrelle, la maduración completa de todos los órganos que le ayudarán a volar: Sean las alas o sea el cerebro.

Permitir auto-asexuarse (des-generizarse) a los adolescentes equivale a darles a los menores las llaves de los camiones para que los conduzcan y luego no responsabilizarse de los destrozos que causaran en si mismos y en los demás con ellos, pues es “legal”. Como es esto precisamente lo que se está haciendo, la convicción es que pasará exactamente igual que con el abortismo: la actual campaña global tecnomalthusiana pro masificación de la asexuación química de adolescentes desataría otra syndemia antisocial que se cebaría especialmente en el proletariado, como sociedad civil compuesta por millones de familias que soportan condiciones similares de vida explotada y marginada, y en las familias de clases medias en proceso de reproletarización. Y precisamente por esas condiciones similares el ataque integrado es más fácil de planificar.

De hecho, si los tecnomalthusianos se lanzan a la palestra de la lucha de clases en las reformas jurídico-políticas pro legalización de la castración hormonal de adolescentes es precisamente para facilitar la expansión de esa syndemia.

Sostener que, en una formación social inestable y en transformación acelerada, la decisión irreversible de un muchacho o una muchacha, – cuya inmadurez le hace especialmente sensible a la sugestión realizada conscientemente por adultos interesados y ahora armados de poderosos medios de neuromarketing -, es autodeterminación personal y no precisamente la impugnación radical de la posibilidad de la autodeterminación personal, es falsear impostoramente la situación estratégica real del sujeto.

Mediante estas técnicas, los cuadros del partido tecnomalthusiano infiltrados en los partidos, los estados, los movimientos y la sociedad civil proletaria, están acuñando la tramposa noción de menor maduro para enmascarar su impostura y justificar el atropello nazifascista que es impedir a los menores adolescentes desarrollar su sexo y sexualidad, que no, como dice, facilitar “cambiarlo”.

Para justificar esta Biología Política totalitaria la burguesía y las clases medias tecnomalthusianas están empleando a la psicología tecnomalthusiana, a la que presentan como si fuera la disciplina portavoz de “La Ciencia”, pero la psicología tecnomalthusiana no es una ciencia por lo que la intervención con ella en la Biología Política se hace fundamentalmente como proveedora y promotora de interpretaciones, en este caso especialmente interesadas en impulsar el objetivo tecnomalthusiano del control biológico-político de poblaciones. Por ejemplo, defendiendo contrafáctica y oportunistamente que el sexo es una mera cualidad sicológica, y no una condición, naturalmente asignada, de los mamíferos humanos necesaria para su existencia como especie y como individuos.

La trivialización de este tema no es inocente.

Para los tecnomalthusianos la ciencia biológica no es más que una mera herramienta para desarrollar tecnología, y la disciplina humana de la psicología no es una aportación cultural, que busca ser justa y juiciosa, útil y beneficiosa, sino un medio conductista de preparación de coartadas para abrir ofensivas de transformación instrumental del Otro, que encima es presentado como “La Ciencia” exacta por decreto. Con esta infraestructura política y clasista de trasfondo impulsando la trivialización queda claro que lo que están buscando es la masificación de la castración hormonal en los adolescentes.

La crítica proletaria a la Biología Política capitalista, dominante y alterna, como la hay a la Economía Política capitalista, dominante y alterna (clásica o keynesiana), tiene otras interpretaciones del significado de las emergentes leyes tecnomalthusianas de emasculación y esterilización forzosa encubierta de adolescentes, interpretaciones que no dependen de los manipuladores argumentos sicologistas, en este caso basados en la ideología tecnomalthusiana.

Si un menor de 18 años es reconocido como cualificado para ejercer una decisión soberana en relación a su autodeterminación de cambio de sexo, primero habrá que aclarar qué es “sexual”. Pero ocurre que del examen de la noción “de sexo” lo que surge es que nadie está cualificado para ejercer una autodeterminación de cambio de sexo, es decir, cambiar de sexo, su sexo mamífero humano, en el estadio de desarrollo de la ciencia y de la técnica actuales, puesto que conllevaría la sustitución de todos los pares cromosómicos XY masculinos a XX femeninos, o viceversa, que componen su organismo.

El cambio necesario para hacer esto sería una intervención génica, no una mera intervención hormonal. Con la biotecnotrónica actual no se cambia de sexo, se asexualiza. La agresión nazifascista aquí consiste en lanzar esta mentira y su contenido de cambio de sexo, promover su difusión y utilizar a minorías de población para legitimarla. ¿Para qué mentir? ¿por qué no reconocer que con la ciencia y tecnologías actuales no es posible cambiar de sexo sino solo anular y suprimir los sexos, meramente facilitando un formalismo de rol erótico y de género, anatómicamente agresivo? Porque la autodeterminación de cambio de sexo no es el objetivo, es el medio de conseguir los verdaderos objetivos, el estratégico, elevar la cuota de ganancia, y el táctico-estratégico, el cual es, en realidad, reducir el número de varones y hembras procreativos no rentables. Por esto, esta ley es un objetivo tecnomalthusiano, y no LGTB como pretenden hacernos creer.

La intervención hormonal que promueven los tecnomalthusianos no es cualquier intervención hormonal. Los tecnomalthusianos, después del triunfo criminal con su histórica manipulación biológica-política del despliegue del abortismo, al lograr presentar a esa enfermedad anti reproductiva, que es el aborrecimiento de la madre del bebé prenatal, como “salud reproductiva”, invirtiendo la realidad para fomentar su proliferación, se están lanzando ahora a presentar la castración hormonal forzosa encubierta de adolescentes como “autodeterminación de menores maduros para el cambio de sexo”: Autodeterminación de menores = falso; menores maduros = falso; cambio de sexo = falso. Esta es la base conceptual de la cultura castracionista que los tecnomalthusianismos están divulgando en la totalidad social;  el amor a la falsedad.

Que la OMS respalde como acto de salud al hormonado de menores para “cambiar el sexo” nos alerta del poder actualmente concentrado por el partido globalista malthusiano hasta ser ahora fracción reinante en la dirección de la clase capitalista. Nos alerta para ser conscientes de la conspiración real que necesariamente hay detrás de esta decisión biológico-política, que no médica científica, enmascarada culturalmente como “autodeterminación de menores para el cambio de sexo”.

Esta lógica es pura y dura biología política tecnomalthusiana porque lo que busca en realidad es fomentar el deseo de cambio del rol erótico y de género en las personas menores, no como una afirmación de la autonomía del sujeto sino como la negación de la sexualidad del proletariado por medio de la asexuación del sujeto. La verdad es que el sujeto no cambia ni puede cambiar de sexo natural como mienten los tecnomalthusianos, y con su decreto el sujeto así negado, mediante una mentira tecnocrática, solo anularía de raíz, sin siquiera conocerla, su sexualidad, por medio de la castración químico-hormonal aplicada a edad inmadura.

El fomento de esta práctica, empleando el aparato mediático-cultural y sus fuelles de mimetismo,  como un ESCAPISMO de sujetos sufrientes en la crisis social expresado en el campo de la sexualización, completa la agresión biopolítica nazifascista al proletariado adolescente, las personas transrol y transeróticas.

Por otra parte, si los menores pueden transformar su organismo y su vida en lo adelante al nivel que da el reconocimiento legal de este grado de capacidad de autorresponsabilización de sus decisiones irreversibles en una cuestión tan sensible como el medicarse y quimicalizarse sin una razón médica científica que lo justifique, se supone que pueden casarse a esa edad, y tomar todo tipo de decisiones vitales estratégicas de ese calado ¿dónde queda, pues, el Uso Social histórico respecto a la distinción entre minoría y mayoría de edad en las personas? ¿quien quiere anularlo de matute y por qué? ¿por qué no funge y los cuadros tecnomalthusianos no quieren que funja la minoría de edad en la cuestión del truncado del desarrollo sexual adolescente?, y, ¿a quién le interesa que no funja en esto?

De hecho, este Uso histórico de la institución socio-cultural y jurídico-política llamada ‘Minoría de edad’ con la “ley (anti) trans, está roto: lo han roto los tecnomalthusianos y sus socios hedonazis al introducir en el parlamento la “ley trans”. Ahora unas personas sostienen que se es mayor de edad desde los 12 años, pero otras con mayor razón sostenemos que solo se es mayor de edad a los 23 años, especialmente en lo que respecta a la toma de decisiones irreversibles, para lo cual se ha de disponer del desarrollo neurológico, físico, social y mental adhoc para comprender el verdadero alcance de esas decisiones.

El resultado ha sido que la certidumbre política de su estatuto amparado por el Uso Social de la minoría de edad les ha sido robada a los adolescentes ante nuestra inacción. La ambiguación estructural de la minoría de edad interesa a los tecnomalthusianos no, desde luego, para establecer ningún social-comunismo ni nada que se le parezca, – y no hemos de olvidar que este régimen y su gobierno tiene encarcelado al secretario general del Partido Comunista de España, y a este ilegalizado -, pues lo que buscan es tener las manos libres para el desarrollo de los nuevos mercados y actualizar la gestión de los sobrantes en la fase robótica, que tiende a ser primarizadora.

La farsa y el fraude de avalar majaderías como la de que esta ofensiva imperial tecnomalthusiana sería socialcomunista la hacen no solo los conservadores anticolectivistas sino principalmente la ultraizquierda burguesa posmo del espectáculo profesional, que inmediatamente después de imponer esta medida nazi admite el título de social-comunista, ayudando así a los conservadores anticolectivistas a construir el tejido del cierre categorial de criminalización de la política proletaria en el proletariado. Ante ofesnivas de reforma primarizadora y de transformación antropológica de la envergadura de la actual, la población y el proletariado lógicamente concluirá que si esto es social-comunismo ellos no son ni pueden ser socialistas ni comunistas, y además están en contra de ellos.

Así, la burguesía neorreformista se legitima en los supuestos ataques anti socialcomunistas – que, en realidad, son tecnomalthusianos y, por tanto nazifascistas, y precisamente es lo que están haciendo ellos a comunistas y socialistas verdaderos – mientras propulsada la farsa de amor a la mentira, pasan incluso a autotitularse “antifascista”. Pero esto no es muy congruente con amenazar a las feministas con darlas una paliza sino apoyan la idea de que las personas trans antropológicamente hombres son mujeres, y lograr así expulsarlas de la celebración del 8 de marzo, día de la Mujer Trabajadora, como hicieron los aliados en el gobierno español con el Partido Feminista de España, dos meses después de coger el mando del estado.

No, las personas no pueden cambiar de sexo, la ley trans es un fraude comercial, el aparato legislativo no puede ser empleado para cometer fraudes comerciales, fraudes históricos, y un fraude técnologico de estas dimensiones. Quien apoya la ley trans es un estafador, quienes la han votado son timadores profesionales, saben muy bien que no se puede cambiar porque no medios ni científicos ni tecnológicos para ello, no podemos merendar en el centro del Sol ni cambar de sexo a una persona, por lo que afirmar que se puede es tan absurdo en un caso como en otro. Lo saben y sin embargo lo impulsan. La corrupción política histórica de la socialdemocracia ha tocado techo con este fraude al proletariado internacional cometido en el parlamento del estado español.


La farsa de la justificación ideológica “antipatriarcal” en la trampa reformista de la ley “trans”

Una obra de William Black

Conviene aclarar que, al contrario del relato que en su obsesión contrarrevolucionaria nos cuenta el reformismo, especialmente el tecnomalthusiano, Marx distinguía entre fase patriarcal de la producción, el Patriarcado, y lo patriarcal, los deberes de los padres.

A lo largo de toda su trayectoria teórica, para Marx el Patriarcado fue una época de la producción y el intercambio en el que la familia era el centro de la producción, deduciendo lógicamente que sus excedentes se cambiaban entre familias comandadas por patriarcas. Esta fase del desarrollo humano existió realmente, durante los dos milenios finales del Neolítico, y los periodos iniciales de la Edad de Bronce.

El periodo de las Guerras Patrilineales duró dos mil años, conllevaba y era conllevado por un incremento notable de la densidad demográfica, y hoy sabemos que no fue especialmente afortunado para los hombres pues solo en torno al 5% de ellos se reprodujo en comparación al nivel de transmisión de sus líneas genéticas con las de las mujeres tardoneolíticas, unas 17 veces más que los hombres. La arqueología y la arqueogenética contemporáneas dan la razón a Marx sobre la existencia de la economía patriarcal entre el comunismo primitivo y el esclavismo.

Lo interesante del asunto es que la inmensa mayoría de los ultraizquierdistas burgueses, por unas u otras razones, y la totalidad de los lenino-marxianos, que son precisamente los principales promotores de la Ideología del El Patriarcado, huyen despavoridos del enunciado o conocimiento de la economía patriarcal preesclavismo. Como fue un fenómeno histórico mundial, eso nos iguala ante la herencia de sombras que pretenden emplear los reformistas utilizando la memoria más allá de una denuncia legitima, como medio de agitación reformista de la política de las Identidades, nos iguala porque descendemos de las Guerras Patrilineales, todos por igual, descendientes de los vencedores metalúrgicos ante los perdedores campesinos.

Pero a la vez era una economía no solo patriarcal, basada en la familia, sino especificamente basada en la familia poligámica. Este punto parece disgustar al reformismo, el que la poligamia es el resultado de la desigualdad, y no un objetivo liberador. Y que la monogamia, y por tanto la familia nuclear, era su alternativa superadora, de carácter progresivo. Esta verdad disgusta a los reformistas porque revela la profundidad de los errores que están sembrando en el proletariado. Pero la alternativa a la producción patriarcal fue el esclavismo, la producción esclavista de plusvalia (como masa de mercancias no pagada a los productores).

Todavía hay comunidades con economías patriarcales, pero no porque exista un El Patriarcado, sino por subdesarrollo productivo, económico y social. Retenga el lector, en todo caso, que además de la fase patriarcal de la producción, o el Patriarcado, existe lo patriarcal, lo cual para Marx, quien era un materialista social dialéctico sin fisuras, era positivo y negativo, es decir, contenía aspectos negativos y aspectos negativos según la circunstancia y el momento y el modo de su ejercicio.

Lo patriarcal podían ser relaciones de subordinación y explotación entre los productores en una economía campesina dirigida por un patriarca guerrero, a su vez defensor de la comunidad familiar, o el clan, pero también el mero deber protectivo y cuidativo de los padres, que a su vez también podía ser positivo o negativo, en función de si derivaba en paternalismo que impedía el desarrollo de la nueva generación, ocultaba pervivencias económicas patriarcales, osea, de la familia como base económica de la sociedad y de sus componentes, o positivo, el honesto ejercicio del deber exigible de cuidar y proteger por parte del padre a los hijos y a la mujer.

Lo que la “ley trans” ataca anulándolo y suprimiéndolo es precisamente eso, el exigible deber de cuidar y de proteger tanto del padre como de la madre. Esta devaluación encubierta de la exigencia moral de las comunidades sociales a los padres del deber de proteger y cuidar desarma al proletariado en su retaguardia, porque prohibe lo patriarcal positivo explicitamente al prohibir intervenir a los padres ante el daño que los tecnomalthusianos pretenden hacer con la ley trans persiguiendo la defensa paterna y materna de la fertilidad adolescente y la fertilidad adolescente misma.

En la ley trans es precisamente lo que Marx señalaba como patriarcal negativo lo que se impone legislativamente, el estado patrón patriarcal negativo se impone sobre los padres positivos, protectivos y bellamente patriarcales. Las justificaciones para secuestrar la patria potestad es una ley contra los padres pobres encubierta, así contra la paternidad y maternidad proletarias, puesto que de la misma manera que en los años 1970-80s la droga fue el catalizador malthusiano de la crisis social durante la descomposición del fordismo, algo tan brumoso como la identidad de género en la adolescencia, a pedido, está siendo ubicado a propósito en el lugar del conflicto, donde el torbellino de bajos salarios, violencia estructural lanzada a los hogares, crisis intergeneracional, miseria urbanística, sugestión algorítmica digital  y farsa de la educación reformada nazi-fascista socialdemócrata. Allí ponen la mina de la Ley Trans, con la intención no de ayudar a los pocos sino de hundir a los más posibles.


La estrategia primarizadora posthumanista en la táctica de la desprotección estructural de los adolescentes

Afrodita de Cirene, siglo IV a.c

Por supuesto, esta política no esta hecha por las personas transeróticas y trans rol de genéro quienes, al contrario, están siendo manipuladas, esta hecha como cobertura de modificación negativa del Uso Histórico Social de la minoría de edad y la moral de la exigencia de la obligación del deber de proteger y cuidar de los padres, y está hecha así porque los arquitectos tecnomalthusianos de la “ley trans” quieren establecer con esta campaña leyficadora una supuesta prerrogativa del funcionariado tecnomalthusiano, armado con el arma parlamentaria, a imponer a la población la institución política de la obligación de los padres y las madres a no cuidar. Este totalitarismo no tiene nada que ver con el marxismo.

Marx sostenía la necesidad del cambio de modo de producción y de las relaciones sociales de producción, no la transformación del sujeto proletario como si fuera un objeto antropológico moldeable a capricho de los reformadores tecnomalthusianos para ser adaptado a las necesidades de la base productiva capitalista, y sostenía esa necesidad precisamente para liberar a las familias proletarias del peso de la explotación económica.

No hay en esta posición del funcionariado y la aristocracia obrera socialdemócratas ningún marxismo específicamente cultural que extraer; en la posición teórica marxista la nueva forma familia saldrá de las nuevas relaciones sociales de producción, los tecnomalthusianos han inculcado a los leninianos-marxianos, – en realidad ya hoy malthusiano-leninistas -, la idea capitalista reformista, cada vez más tecnosalvajista, de lo contrario; cambiando, transformando a capricho la forma familia cambiarían las relaciones sociales de producción, cuando en realidad ese reformismo del sujeto lo que hace es reproducir las relaciones de dominación burguesa de la Totalidad al reproducir las relaciones sociales de producción basadas en el salario. Solo que generando un patrón de masa, que se constituye con el partido socialdemócrata woke como base, y la oligarquía financiero-industrial como cúspide cibernética.

Conviene aclarar que desde la I Internacional el marxismo ha sido atacado empleando a los menores. Mientras que la I Internacional fomentaba la educación intelectualmente completa (sin quitar el estudio para el conocimiento crítico exhaustivo de la filosofía universal, ni de la historia griega y romana, multirelato o polifónica pero universal, ni de la religión incluyendo la teología y el dogma eclesiástico, sin ocultaciones pavorosas como las que hoy se hacen, sino, al contrario, fomentando estos conocimientos en todos y no solo reservándolos a la manera nazi-fascista para los elitistas y supuestas aristocracias, y dando cuando menos las dos claves principales de la posible interpretación radical de la realidad natural, la idealista y la materialista, y laboral práctica (realizando desde los ocho años horas de trabajo pagado físicamente protegido, según el grado de desarrollo físico, en los talleres.

Este era el plan de Marx para revolucionar la educación, la reforma malthusiana de la educación es precisamente la negación dialéctica del plan de la primera internacional. Marx pensaba que siguiendo esta educación manual-intelectual el proletariado estaría en mejor posición para desbordar a la burguesía en la lucha política, y los menores y sus familias en mejor situación. Los nazis socialdemócratas ahora están dando el salto dialéctico de educar la sexualidad proletaria hacia la infertilidad radical. Esto es lo que trae la ley trans, reformismo tecnomalthusiano cada vez más brutal, repleto de goriladas y ataques nazis a la población proletaria.

Los malthusianos sostenían que había que cambiar los materiales y los adoctrinamientos, y cambiar las pedagogías, con eso bastaba, creando un nuevo hombre actuando sobre el niño, ya se hacía la revolución, y de hecho eso era hacer la revolución, sin necesidad de colectivizar los medios de producción. Una supuesta revolución educativa en la que los niños proletarios ven que su esfuerzo no vale nada y cuyo resultado será invariablemente el salir cojo y con retraso a la competición por los empleos que en grean medida se da en el plano de las comunidades de redes familiares de las clases. Mientras las familias proletarias comprueban que la nueva generación no podrá aportar al sostenimiento de la casa durante décadas. Esta ha sido la reforma “liberal” de la educación, un bodrio histórico pro descenso de la fertilidad.

Intentar hacer comprender este proceso de despatriarcalización y desmaternalización negativas como el resultado de un el El Patriarcado es una canallada, a determinado punto nazifascista, pues reconduce la interpretación de la conflictualidad intrafamiliar no como el resultado de la ausencia de oportunidades y el grado inhumano de explotación del régimen toyotista, y ahora robotizador del capitalismo, sino como el resultado de un inexistente Patriarcado, y para más inri de lo patriarcal y matriarcal positivo, no solo declarando que el padre es malo por no poder sostener la casa así acosada bajo las leyes sociales objetivas de la economía capitalista, en lugar de o no empeorar las situaciones o darle solución material por ejemplo no abandonando la lucha por el pleno empleo, sino declarando malo el hecho mismo de que el padre aspire a ejercer el deber de proteger.

El beneficiario de esta opresión política es el capital monopolista y el funcionariado, especialmente el funcionariado pedagógico, cuya fracción tecnomalthusiana es la que más opera sobre el terreno para difundir esta ideología tecnomalthusiana de abolición de la familia, no ya para impedir la revolución socialista sino incluso para, ya en ofensiva, impedir que hayan ni siquiera de ser reformadas las condiciones que influyen en que la vida familiar media del proletariado sea como el infierno que está siendo. Donde la conciencia de la violencia estructural es reciclada como violencia patriarcal y, crecientemente, matriarcal. Por cosas como esta, he venido defendiendo que la ideología del anti el El Patriarcado es de carácter nazifascista y que su papel político es claramente totalitario, por refractario al sufrimiento humano, y retroaccionaria y retardataria por su objetivo político de reproducción de las relaciones sociales de producción vigentes.

En este suelo siembran los tecnomalthusianos su Ley Trans, en las horribles instituciones reformistas de la Escuela y la Universidad burguesa, que desarrollando el estado capitalista sobre la autodeterminación proletaria, tanto daño han hecho y tanto han oprimido sobre todo al proletariado. Pero instituciones que vienen ahora combinadas con los últimos y espantosos desarrollos en la lucha de clases en los cerebros de los niños, con las grandes tecnológicas armadas con su manipulador neuromarketing bajo gestión de aplicaciones de inteligencia artifical cuyo sesgo preocupante no es el de sexo sino el de clase social. Los reformistas tecnomalthusianos Big Techs superan abundantemente en grado de alienación incluso al canalla viejo reformismo escolar neomalthusiano. ¿Cómo puede un niño puber de 12 a 14 años o un adolescente de 15 a 18 defenderse conceptualmente de este neuromarketing que dominan las Big Techs, cuando resulta que, a la vez, estas mismas corporaciones tecnológicas y sus sucursales expendedoras de contenidos están presentando como verdadera la imposible posibilidad material de hacer “cambio de sexo”?

Lo que tenemos ante nosotros no es más que la búsqueda activa posthumanista y tecnomalthusiana de la desprotección de la pubertad y adolescencia especialmente proletarias. La combinación del descerebre capitalista de la educación neomalthusiana, con las operaciones cibernéticas en la red de pantallas para inscribir contenidos en los cerebros de los niños y adolescentes, desmiente cualquier tipo de autonomia y posibilidad de autodeterminación real adolescente, sin olvidar que precisamente la adolescencia es el tiempo y la edad para la preparación de la autodeterminación personal. Lo que los tecnomalthusianos hacen es robar ese tiempo para emplearlo en la programación neuronal de los adolescentes con el objetivo de suprimirlos sexualmente, es una guerra de clases no un paisaje idílico de falso progresismo.

La Política Antisexual, incluyendo la difusión de la pornografía adictiva, gratuita y fácilmente asequible, ya completamente desplegada, en medio del derrumbe de la procreación en el proletariado por las razones ya explicadas en la cuestión de la tendencia a la disminución del salario mínimo proletario dedicada a la natalidad, corre paralela, está correlacionada causalmente, y es inversalmente proporcional al auge de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia media, siendo desarrollada aquí, en la época de inicio de la Robotización, con vueltas de tuerca decididamente salvajes.

Durante la fase fordista, alienados por el neomalthusianismo como estábamos la mayoría del proletariado en los centros de acumulación de capital, se permitió aplicar el derecho a no cuidar, – y es que ese es uno de los componente principales del método de dominación abortista -, a los bebes embrionarios.

Esta condición biológico-política y juridico-político de desprotección familiar y comunal se extendió a toda esa fracción de población, luego se ajustó a la ideología dominante neoeugenésica y darwinista social, y arrolló al proletariado y a la sociedad entera dinamizada por la disminución del salario mínimo en el proletariado manual. Esto dió, finalmente, en que el desarrollo del abortismo y la política anti sexual se transformó en una de las técnicas principales de la política de conciliación capital trabajo, como rubro favorable al necesitado por la burguesía y las clases medias descenso de la natalidad.

Este pequeño cambio desde la obligación del proteger y cuidar, matriarcal y patriarcal , al derecho a no cuidar incluso aunque ello costara la vida a una persona humana, dio cobertura y sentido a la expansión y legitimación de los aborrecimientos de bebés prenatales, que, en condiciones capitalistas, proliferaron. La destrucción del proletariado interno, con este método, de los países que han transcurrido por la fase toyotista del desarrollo de la acumulación de capital y su sistema de explotación, ha sido cualitativa y cuantitativamente el mayor genocidio de la historia, un genocidio de clase referido a una fracción etaria. Por supuesto, sino hay prerrogativa de todos por igual a ser cuidados y protegidos en nuestra debilidad por razones de edad o enfermedad, no hay socialismo ni comunismo posibles. ¿por qué se iban a detener ahora en el despliegue de un sistema de castración química contra los adolescentes, especialmente proletarios?

Si no hemos entendido todavía por qué hay que combatir al abortismo, que no es otra cosa que el más extremo caso del derecho a no cuidar y a no proteger, no entenderemos la gravedad de los riesgos que conlleva no ya el permitir sino el alentar un golpe de estado del parlamento y la burocracia tecnomalthusiana internacional contra la población adolescente, esencialmente proletaria, imponiéndole cambios radicales en el Uso Social Histórico con la escusa de la ley trans, que nada tiene que ver con los derechos, deberes y libertades de las personas trans-eróticas y trans-rol de genero, al contrario de lo que los tecnomalthusianos intentan sostener.

Al igual que con el fomento del abortismo y el derecho a no cuidar no buscaban los neomalthusianos, predecesores de los actuales tecnomalthusianos, proteger a las mujeres (de ser madres) sino desproteger a los humanos embrionarios que consideraban y consideran sobrantes, ahora imponiendo el deber de no cuidar y no proteger a los padres y las madres, tratan de poner bajo las ruedas del Carro de Moloc a la fracción puber y adolescente del proletariado en todo el mundo. ¿Es esto por su bien?

Esto no es más que otro operativo más para subsumir el tiempo proletario en el desarrollo del aparato productivo de plusvalía. Van a intentar experimentar con púberes y adolescente técnicas y tecnologías de transformación corporal, química, orgánica y maquínica, sobre la base de los púberes y jóvenes adolescentes desportegidos y prisioneros de su audacia por razón de edad y por ella misma su facilidad de sugestión por métodos conductiistas y de neuromarketing.

Basándose en el neuromarketing, la cibernética conductista y la legislación emergente del reformismo de la imposición tecnomalthusiana del deber a no cuidar de padres y madres, la información y conocimiento que vayan obteniendo lo emplearan en nuevas rondas de incremento de la explotación y primarización humana, la fase superior de la cosificación de la sociedad del valor. Él objetivo esencial es elevar la rentabilidad media y obtener beneficios tecnocráticos de la situación así creada.

¿Para que pueden querer los tecnomalthusianos y sus socios tecnomalthusianos reducir el porcentaje de hombres llegados a madurez sexual por medio del fomento jurídico-político y sociocultural de la autoemasculación puber y adolescente, supuestamente auotdeterminada, especialmente en proletariado? Quien sea consciente de la conspiración que se padece desde el principio de la sociedad capitalista, la de la ocultación del carácter explotador, expropiador y marginador de la producción de plusvalía, comprenderá que las personas desprevenidas – las que no son cuadros tecnomalthusianos conscientes – por la supuesta pretensión del funcionariado y la partitocracia de clases medias reformista de protegerles y favorecerles por medio de la ley trans, sin saberlo están alentando que se haga una primarización radical de todo el proletariado.

Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dijo Arquímedes, dejarme un cabeza de playa y conquistaré el contienen entero, la cabeza de playa consiste en el fomento de la exclusión vitalicia de la sexualidad a laa porción de los púberes y los jóvenes adolescentes que la burguesía considere sobrante a la sexualidad rentable durante la robotización.

Empleando la ideología del anti el El Patriarcado, cuyo carácter reformista y burgués y peligrosamente nazifascista, y que nada tiene que ver con la teoría marxista dialéctica del patriarcado y de lo patriarcal, legitiman un golpe de estado del parlamento y los tecnomalthusianos contra el proletariado de alcance histórico, y no solo el inicio del desmantelamiento del sujeto mujer.


Ni el sujeto mujer es una invención patriarcal ni la castración hormonal es una terapia

Mujer por venir

Las reformistas feminista está comprobando ahora cómo viene a ser el nuevo daño colateral al reformismo malthusiano, ya no neomalthusiano que afirmaba que el cuerpo de los bebés prenatales no es suyo sino una parte del cuerpo de su madre, sino tecnomalthusiano, que afirma que la condición de mujer es un formalismo autoasignativo, una identidad producida más en los laboratorios posmodernos de la producción de identidades.

Cuando ellas mismas desampararon a sus compañeras, las mujeres que se opusieron en los años 1960-70s a la introducción del tecnomalthusianismo en la dirección de las distintas corrientes de la política de las mujeres, estaban sentando las bases de esta evolución del proceso de negación de sujetos y sus derechos y libertades. Una evolución identitarista reformista que necesita el relativismo para desdramatizar lo trágico de sus operativos y no aparecer como los despiadados represores que son en lugar de los supuestos reformadores culturales que es como gustan presentarse.

Admitían mentiras tan escandalosas como que abortar es salud reproductiva, que el cuerpo del humano abortado es una parte del cuerpo de la madre (de la mujer), que el humano abortado no es un individuo humano y una persona social negada. Con esa ideología se libraban de reconocer la gravedad del acto de matar al embrión, mientras los tecnomalthusianos lograban una base de trivialización para popularizar y masificar el abortismo en el proletariado, ampliando todo lo que podían los aborrecimientos maternos y la desprotección de los bebes embrionarios. Ahora esas mismas fuerzas les imponen que no existe la condición de mujer natural, que esa identidad natural no merece ser respetada, y que el derecho a no cuidar y no proteger no se para en el derecho a no cuidar y no proteger, sino que es desarrollado en la lucha de clases en el deber de no cuidar y no proteger, ahora a los adolescente.

Pero no es solo esto, que las mujeres desprevenidas del medio siglo anterior comienzan a comprender. La raíz trans es muy ambigua, indica movimiento, portación, de un punto, estado o fase a otro, el tránsito, también de unas formas y funcionales corporales a otras.Pero, lo que aparentemente se mueve en este caso del empleo de la noción “trans” no es una persona a ser otra persona por experimentar una maduración o cambio de estado, esto es precisamente lo que se elude, lo único que aparentemente se mueve hacia si misma es una identidad. Las identidades personales, sin embargo, están siendo reducidas a ser existencialmente relativas y no plenamente fundantes, fácilmente adquiribles y deshechables pero no en términos meramente virtuales, de fantasías de realidad virtual, sino abriendoi el paso a una cultura de la plasticidad identitaria nada inocente, con presiones contra la inautenticidad y a favor de la ampliación irrestricta, incluso hedonazi, de la multiplicidad de identidades posibles, y a la fundación del nuevo mercado de la identidades, donde arrojar el capital riesgo para rentabilizar las inversiones en biotecnología.

Este subproducto de la gestión tecnomalthusiana y euegenésica de la acumulación de capital, viene de perlas al mercado cyborg y transhumanista que los tecnomalthusianos necesitan imperiosamente lanzar, razón por la cual están inviertiendo activamente en crea líderes nacionales mediáticos “trans” en todo el mundo, que no para defender a las personas transeróticas.

Si me asigno a tal o cual identidad de género, yo mismo soy el objeto de trabajo y la mercancía, la materia prima de la identidad, la forma a transformar y la esencia a extrañar. ¿No es revolucionario? No, es una transgresión reaccionaria orientada a perpetuar las condiciones de reproducción del capitalismo, por lo que lo realmente transcendido son las limitaciones de conciencia a la cosificación y autocosificación inhumana. La primera de ellas es el Uso Social Histórico de la minoría de edad.

Por supuesto, no es cierto que se pueda cambiar la condición sexual de la persona, de ninguna persona, pero si es cierto que las personas pueden cambiar de identidad, más no simplemente por pasar delante de la ventanilla de un registro burocrático como nos dicen los reformistas, si no porque ese cambio de identidad personal se haya dado realmente. Y en un púber o adolescente no puede haber un transito erótico o de género por la simple razón de que todavía no está decantada la identidad erótica por ser tiempo todavía de inmadurez neurológica.

Una identidad femenina no es lo mismo que una esencialidad femenina, la cual no es un invento patriarcal como dicen los tecnomalthusianos, y existe porque existen los riesgos existenciales asociados a la condición de ser mujer natural, de la feminidad natural, que no coinciden con los riesgos existenciales de la feminidad virtual o solo identitaria, psíquica, anatómica o cultural. Hablando ahora de la diferencia en condición de riesgos existenciales de las personas adultas trans-eróticas en ruta masculinidad-feminidad, ante las mujeres naturales.

La existencia de sujetos virtuales femeninos no conlleva ni la negación del sujeto mujer ni la permanencia de las libertades de fertilidad, ni realmente necesita un sello funcionarial para ser funcional a aquello por lo que esa feminidad virtual se adquiere, como la adopción del rol de género o erótico más parecido a la feminidad natural. La dentidad transgénero y trans rol erótico que necesita la burguesía tecnomalthusianos y sus cuadros de clases medias, si.

Los tecnomalthusianos de clases medias esto lo explican por el contrario que detrás del fin de la exclusividad del sujeto mujer para las mujeres naturales, y la relativización de la condición de mujer, esta un desmantelamiento del Patriarcado, mientras las feministas dicen lo contrario que hay un intento patriarcal de alienar el sujeto mujer.

No estoy de acuerdo, lo que está ocurriendo es el inicio del desmantelamiento tecnomalthusiano del sujeto mujer, sobre todo proletaria, en este umbral de la Robotización, para terminanr la enclosure de la sexualidad proletaria comenzado en el toyotismo por los neomalthusianos, de las que las feministas han sido cómplices. El sujeto mujer no es un invento patriarcal pero tampoco la castración hormonal es una terapia, y cuando se aplica a adolescentes camuflado como “autodeterminación de cambio de sexo” con todo el ventajismo a favor del sistema de dominación capitalista tecnomalthusiano es directamente arma de guerra. Pero el silencio de las feministas en esta cuestión está siendo clamoroso…

Como en el contrato neomalthusiano-feminista anterior ser mujer pasaba por no ser madre, por considerar a la maternidad como una vergüenza y una opresión, dado que ponía hijos en el mundo, para poder hacer la crítica a esta salvajada oculta tras la negación de la minoría de edad, tendrían que redignificar la figura y modelo social de madre, por si mismo, no meramente oportunistamente para masar clientelas electorales. Y resulta que las defensoras de la mujer natural, en la visión de túnel que tienen de la realidad, no defienden ni sienten el impulso protectivo de las madres, ante la ofensiva del capital tecnomalthusiano contra sus hijos adolescentes.

Si bien es correcta la defensa del sujeto mujer por parte de las feministas, su ideología parcial, su visión de túnel, y sus anclajes neomalthusianos, les impide ver que la estrategia tecnomalthusiana es de mayor alcance.

Como religión emergente de las fracciones reinantes en la oligarquía globo-olipolista, el alto funcionariado post cristiano, y las clases medias tecnólogas más internacionalizadas, el posthumanismo de La Singularidad, las corrientes religiosas masonas del arquitecto del universo, los ecofascistas, y la izquierda y ultraizquierda reformistas, sostienen la existencia de un el El patriarcado. Para que las feministas puedan enfrentarse a aquello que anula al sujeto mismo de la política de las mujeres, tienen que romper con la ideología del el El Patriarcado, y eso solamente lo pueden con el materialismo histórico, por un lado, y con los contenidos revolucionarios de la psicología cristiana cuya negación radical de la cosificación de humanos fue forjada precisamente en una revolución histórica. Para empezar no hacer a los otros lo que no se quiere que se le haga a uno mismo.


La defensa del proletariado transerótico y transrol de género, implica necesariamente la negación del tecnomalthusianismo y su reformista-poshumanista “ley trans”

Al contrario de cómo están presentando los reformistas asociados a los tecnomalthusianos la cuestión, la imposición del deber de no cuidar y no proteger por parte del parlamento a traves de la ley trans es una operación nazifascista contraria a los intereses del proletariado internacional, del proletariado en cualquiera de sus formas, incluido el proletariado transerótico y trans rol de género.

Los neomalthusianos han enfangado a lo largo de un siglo y medio de actividad de zapa toda posibilidad de comprensión racional de las libertades sexuales, eróticas y trans rol de genero. Para zafarse de sus trampas e ideología explotadora, que invierte la realidad con el objetivo de encubrir la explotación, han que ser radical en la crítica.

Para empezar no hay nada que podamos llamar “homosexualidad”, puesto que la sexualidad es una función de la reproducción natural de la especie, y se realiza necesariamente entre sexos diferenciados, la relación erótica y afectiva entre personas del mismo sexo natural son homoeróticas, no homosexuales. Los tecnomalthusianos han empleado esta confusión profusamente con el objetivo de confundir. Lo mismo que ahora. Por supuesto, las personas homoeróticas tienen la libertad y el derecho, a cualquier edad, de disponer y conservar su fertilidad natural, y así su potencial sexual. Pero si buscara alguna persona su autosupresión sexual es necesario que haya alcanzado la mayoría de edad para que no sea un fraude criminal y una flagrante desprotección el consentimiento público o familiar a esa supresión.

Si vamos a pasar a la reproducción artificial, los sexos humanos, y también el homoerotismo, quedan obsoletos, y entramos en palabras mayores. Si se suprime la reproducción natural se suprime una de las fuerzas auconservativas, el vivir para otros, a los que ni siquiera se conoce, que vendrán. La reproducción artificial sirve pues como cortina de humo a la búsqueda de la inmortalidad artificial, no es mero transhumanismo.

Conviene aclarar que el transhumanismo se divide en dos líneas, una socialista en el sentido de que el ser humano transita de un tipo de ser humano a otro, y que ello ha de ser sin explotación de clase, y otra la tecnomalthusiana, que busca la inmortalidad artificial, y asegurar los recursos para el momento de esa inmortalidad, por lo que fomenta la reducción de población, y así la supresión de la sexualidad de toda la población considerada a ese plan, en la que se incluye la población homoerótica.

Si se suprimen los sexos naturales se suprime el homoerotismo, la supresión de la sexualidad se hace no para salvar el planeta sino para acapararlo. Por supuesto, no se puede defender a las personas transeróticas y trans rol de genero si se suprimen los sexos, pues lo único que quedaría en pie serian identidades asexuadas en un medio anti sexual. Como esa supresión se realiza para acometer el alucinado plan de los tecnomalthusianos de inaugurar el nuevo nivel de explotación que traen la burguesía y las clases medias robotizadoras, reduciendo numéricamente al proletariado para acaparar el planeta, quien coopera con ella se está oponiendo a los intereses estratégicos del proletariado que es la formación de una sociedad sin clases, que no una sociedad sin sexos.

Así pues, la defensa de la sociedad sin clases y la lucha por sociedad con sexos y libre sexualidad no criminalizada ni perseguida por el estado capitalista y sus secuaces totalitarios, – única sociedad de libertad e igualdad donde también es posible la existencia de personas transeróticas y trans rol de género, reales y no prefabbricadas según la ideología neonazi tecnomalthusiana de lo trans -, coinciden.

Llamo pues al proletariado en su conjunto, al proletariado transerótico y trans rol de género, y al movimiento homoerótico amigo del proletariado a oponerse a la tecnomalthusiana ley trans, a su intento de anulación y supresión de la minoría de edad en la adolescencia, más desprotectora todavía de la siguiente generación en el proletariado, a su falsedad de la ficticia autodeterminación de cambio de sexo, al fraude de la parlamentarización burguesa de la decisión constituyente que en todo caso correspondería a la población en su conjunto directa y radicalmente afectada y no a la partitocracia comprada por los tecnomalthusianos. Y llamo a resistirse, oponerse y combatir contra la tendencia tecnomalthusiana durante esta ofensiva cuyo horizonte de masificación consumada los tecnomalthusianos la proyectan hacia dos o tres décadas de luchas, contradicciones y pugnas de largo alcance.

K.A.García-Salmones

En Baskonia, a 23 de diciembre de 2022









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