1980-2011: CONSUMO DEL EJERCITO INDUSTRIAL DE RESERVA FEMENINO y escasez de sobreoferta de fuerza de trabajo.

[Revisión número 19. Artículo actualizado el 17 de enero de 2021]

Lauburu

Ahora, habiendo consumido el capital social general en Hego Euskal Herria, en el estado español, pero también en toda Europa, totalmente a la población rural en el siglo XX, se ha quedado sin su retaguardia demográfica, tras concentrar la población en las ciudades despoblando el campo(14). ¿Cómo ha podido el capital eludir hasta ahora el colapso del proceso de acumulación?

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     En este asunto es muy importante sino crucial la movilización laboral de la población femenina. En los últimos 30 años las mujeres obreras y burguesas han estado fungiendo como sobrepoblación relativa fluyente, incorporándose a ‘el mercado’ por decenas de miles anualmente hasta llegar a ser hoy en el aparato productivo y en la oferta de fuerza de trabajo cientos de miles más en Euskal Herria, millones en la escala estatal, y docenas de millones a escala continental (15), con relación a las que componían en el aparato productivo en el ciclo largo de acumulación de capitales anterior. Pero, precisamente por ello, ahora componen YA sobrepoblación relativa latente, y, en ausencia de sobreoferta abundante de fuerza de trabajo, no sirven para seguir conteniendo y limitando la tendencia estructural de los salarios al alza, y así tampoco para detener la caída de las ganancias, y mucho menos para dar la nueva base de inicio y sostenimiento a una nueva reproducción ampliada de capitales.

     Lo que había, pues, detrás del consenso burgués de espaldarazo a la liberación de las mujeres, por medio de su incorporación al trabajo asalariado, era algo más mundano de lo que parecía; la necesidad perentoria del capital de ampliar la oferta de fuerza de trabajo disponible en ‘el mercado’. Hoy ese ejército industrial de reserva femenino ya ha sido consumido por el capital en su mayor y más jugosa parte.

     En esto, las formaciones socio-económicas capitalistas industriales europeas, ya sin retaguardia demográfica, sin suficiente ejército industrial de reserva masculino y sin sobrepoblación relativa fluyente interna, al pasar el tránsito de incorporar también a las mujeres obreras y burguesas a la producción y reproducción ampliada del capital, registran considerables bajadas de la tasa de natalidad. Por ejemplo, en nuestro país desde 2,1 hijos por mujer a inicios de los 1970, en Hego Euskal Herria, a entre 1,1 y 1,2 hijos por mujer en 2006-2010, y esto gracias al aporte de las mujeres inmigradas (16).

     Este mismo proceso se registró con anterioridad en el Centro y Norte de Europa, lo paliaron incorporando también al ejército industrial de reserva femenino, importando fuerza de trabajo de la periferia europea y dando ayudas de fomento de la natalidad, no ofreciendo esto último apenas resultados.

     Ciertamente, en algunos países sí se logró alguna elevación de la natalidad, pero no sustancial. Solo la inmigración femenina de formaciones sociales cuasi campesinas o todavía capitalistas comerciales logra elevar la natalidad en cierto grado, combinada a cierta elevación de la políticas pro natalistas, mediante la asistencia a los cuidados infantiles y del hogar de mujeres inmigradas, evita un derrumbe aún mayor de la natalidad y la mantiene a niveles cuasi tolerables, siempre en países con base imperialista propia. Sin embargo, en Alemania eso no se ha conseguido (17).

El incremento de la eficiencia reproductiva.

     Convergente en pro de la completa disponibilidad para la explotación capitalista del ejército industrial de reserva femenino, posibilitándolo y, a la vez, mitigando algo sus efectos a largo plazo, la ciencia médica se aplicó en las tres anteriores ciclos largos de la acumulación a reducir al máximo la mortalidad infantil, reduciendo también, con ello, el tiempo y esfuerzo necesario en la lucha ciclópea por la reproducción biológica y social que soportaban – y soportan todavía en muchos países – las mujeres. Y dando en un aumento sustantivo de la eficiencia reproductiva, mientras que mejoras en la administración urbana, nutrición e higiene elevaban la supervivencia infantil que, a su vez, mitiga la bajada de la atención social a la reproducción provocada por los elevados requerimientos de disponibilidad por parte del capital a hombres y mujeres.

(Sin embargo, el incremento de la eficiencia reproductiva, o procreativa, fue revertida a partir de la introducción del abortismo en los años 1970-80s, al ser desplazada la mortalidad de los concebidos desde la mortalidad postnatal infantil a una mortalidad prenatal de los embriones humanos, llegando en la actualidad a ser en el estado español de al menos 210 bebes embrionarios por cada mil 1000. Véase: “El proceso de disminución del salario mínimo proletario y la masificación del abortismo. Génesis, historía y perspectivas.“)

      No estamos hablando de conciliación familiar-laboral sino de tiempo necesario para la acumulación del capital y tiempo necesario para la reproducción biológica y social, cuya organización industrial reviste riesgos crecientes de desatención a la infancia, sin hablar de las mediaciones capitalistas de rentabilidad que se han visto, por ejemplo, en el caso de la guardería sevillana donde el ahorro en los costos de negocio se sospecha que se cuadraba reduciendo la alimentación de los infantes.

     En todo caso, vemos un avance sustantivo para las mujeres, obreras y burguesas, en el campo vital de la reproducción biológica, acumulado en los tres anteriores ciclos largos de acumulación, porque mientras en los prolegómenos del desarrollo del capitalismo industrial las mujeres, obreras o burguesas, dedicaban a la reproducción biológica y social el 100% de su vida adulta sin por ello dejar las tareas productivas y del hogar, hoy dedican en los centros capitalistas una media de entre el 10 y 15% de su vida adulta; el envés, queda así el resto de su tiempo, sin embargo, como tiempo potencial de explotación para el capital. Se puede sostener, sin embargo, que a medida que el capital se desquicia y degenera, a medida que el auge de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia impone sus mediaciones y se transforma en crisis de ganancias y de reproducción del capital, todo lo avanzado, también por las mujeres, entra en riesgo de retroceso.

     Si el esfuerzo de las mujeres en la reproducción social es repartido con los hombres y se desarrolla en ambientes dotados con medios socio-reproductivos de apoyo a la reproducción biológica, al mismo nivel de accesibilidad y masificación que los nuevos medios de contracepción, podría reducirse el esfuerzo de reproducción biológica y la carga de tiempo de reproducción social incluso elevándose la tasa de natalidad. Pero ello en las relaciones sociales de producción capitalistas no es posible porque el esfuerzo reproductivo biológico y social soporta mediaciones estructurales inmensas, generadas por el imperio de los requerimientos de la acumulación de capital (18).

     En amplias fracciones de la clase obrera, la combinación del gran desarrollo del capital renta, que afecta al precio de la vivienda y retrasa la edad de independencia personal, y del emparejamiento con alguna estabilidad en hombres y mujeres jóvenes; la precariedad e inseguridad laboral y salarial; el aumento del tiempo necesario de formación para ‘el mercado’; las jornadas globales amplias, considerando la jornada in itinere como parte de la jornada real de trabajo; las grandes desinversiones en equipamientos socio-reproductivos y salario indirecto, la nula calidad de la vivienda obrera, todo ello junto a inasistencias masculinas, y subculturas desvalorizadoras de la reproducción y quienes la realizan, PERO, SOBRE TODO, EL AUMENTO CONTINUADO DE LA DEMANDA DE LA FUERZA DE TRABAJO FEMENINA PARA LA REPRODUCCIÓN DEL CAPITAL, desalienta la reproducción biológica resultando en caídas de la tasa de natalidad hasta el nivel de entre el 30 y el 50% de la necesaria para la reproducción biológica, repito en amplias fracciones de la clase obrera endógena, que también ocurren en la población inmigrada cuando pasa a ser endógena. Aunque, en media general, a causa de la inmigración y a la existencia de una algo mayor natalidad en las fracciones obreras con mayor salario, es todavía del 50-55%.

El consumismo, efecto estructural.

     El envés; con la sobreoferta abundante de fuerza de trabajo obtenida por medio de la movilización del ejército industrial de reserva femenino, no basta para la reproducción ampliada del capital, y por tanto para sus mercados no solo de fuerza de trabajo. El llamado consumismo, o sea, el llamado sistemático a la realización de la plusvalía realizando en dinero las mercancías, en términos estructurales macroeconómicos, no es más que la ampliación de la demanda interna, a la desesperada, ante la no expansión del mercado interno por el medio habitual, es decir ante la no inserción de compradores adicionales en el proceso de producción (19).

     Lo que queda en pie es que la inercia estructural del proceso del capital arrebata sistemáticamente en los países capitalistas industriales fuerzas de las fuerzas reproductivas biológicas y sociales para convertirlas en fuerzas productivas de capital en la forma principal de fuerza de trabajo asalariado, aunque no solo, tras consumir el capital la sobrepoblación fluyente interna (20).

     La bajada de la natalidad, es acumulativa y se concatena con y refuerza al proceso de envejecimiento poblacional desatado al inicio de la fase ascendente del ciclo largo de acumulación de capital, en nuestro caso en 1980, y 30 años después devuelve un horizonte biopolítico completamente distinto al de 1980. La edad media de la población vasca endógena es hoy de 44 años, no muy distinto es en la escala estatal y en Europa:

”Con más de 46,5 millones de habitantes, España también se ve afectada por este fenómeno demográfico. En la actualidad, un 17 por ciento de los españoles tienen más de 65 años y se prevé que este porcentaje aumente a un 37 por ciento en 2050.

(…) Otra forma de ver este mismo fenómeno consiste en calcular la edad media de la población española a lo largo del tiempo y observar que ésta experimentará un incremento importante. La edad media actual es de 40 años; en 2025, será de 45,9 y, en 2049, de unos 48,2 años.” (21)

     Pero esa no es la edad media de la población endógena, porque:

”En términos totales la edad media de la población española (*estatal) en Aragón es de 44,60 años y la (*media estatal) española de 41,90. En cuanto a la población extranjera la edad media de la población en Aragón es de 30,40 años y la española de 33,40, es aquí donde se invierte la tendencia del envejecimiento de la población de nuestra comunidad. Si examinamos los grados de juventud de la población extranjera observamos que el 63,50% de la población es menor de 35 años, frente al 39,30% que representa la población aragonesa”.(22)

     De manera que cuando en el resumen ejecutivo sobre proyección de población mundial 1950-2050 de la ONU leemos que:

”Para 2050, se espera que la edad mediana mundial habrá aumentado en 10 años (a 36 años). Se prevé que el país con la población más joven en ese momento será Níger, con una edad mediana de 20 años, y el más viejo España, con una edad mediana de 55 años.” (23)

     Tenemos que ser conscientes de que la población endógena de los territorios que ese estudio de la ONU considera que serán los más envejecidos del mundo hacia 2050, si prosiguen estas condiciones biopolíticas y económico-sociales, tendrá una media de edad tres o cuatro años mayor que la expresada en ese informe. No parece pues un medio muy indicado para hacer ningún tipo de revolución… pero las revoluciones no las hacen los jóvenes por ser jóvenes sino quienes tienen necesidad de hacerlas, en formaciones sociales y económico-sociales que no encuentran salidas a las limitaciones de las relaciones sociales de producción para realinearse con el desarrollo alcanzado de las fuerzas productivas.

NOTAS

(14) Mapa de la distribucion y tenencia de la tierra en el Estado español, para seguir pensando. Gustavo Duch.

”El 10% de la población española vive y gestiona el 80% del territorio”.

(15) En 2011 hay 463.900 mujeres fungiendo como población activa en Nabarra Occidental. En torno a 370.000 tienen ocupación monetarizada. En 2011 significaban el 45% de la población ocupada, pero en 1980 significaban el 30% y la población activa era de 761.020, en cambio en 2011 es de 1.063.000, esto significa que ahora hay alrededor de 250.000 mujeres más en el aparato productivo que en 1975. La media anual de goteo ha sido de unas 7.000 mujeres de saldo neto positivo que se han integrado anualmente a ‘el mercado’.

(16) Sobre este asunto puede verse en Indymedia este artículo, que aún con algunos datos importantes incorrectos, como el de la inmigración recibida en las últimas décadas, ofrece un fresco bastante próximo a la situación real:

U27: El prolongado declive demográfico de Euskal Herria y la Huelga General.

(17) Hay debates sobre el supuesto efecto positivo de la caída de la tasa de natalidad en pro de la subida del salario general obrero, donde los reformistas estadounidenses, netamente neomalthusianos, no tienen en cuenta que el alza de los salarios por esa causa es una ruina biopolítica, y que muy probablemente el auge del Tea Party tiene como uno de sus motores político-sociales principales precisamente al estado de ánimo, en desquicie, de una parte de la clase obrera endógena, precisamente por la combinación que el estrés del decrecimiento que la baja natalidad persistente junto al alto paro en su segmento poblacional conlleva. De otro lado, desconocen que esa subida de los salarios, si la hubiera, sería protestada por el capital mediante la fuga de capitales hacia lugares donde los salarios son menores, y su no regreso hasta que los salarios vuelven a ser bajos. Con lo cual, la supuesta espiral virtuosa encontrada en el plano de los salarios a causa de la bajada de la tasa de natalidad resulta no serlo tanto.

Inoculación nacionalista de miedo, sinsentido demográfico. Por Dean Baker

Notas críticas al keynesianista neomalthusiano artículo de Dean Baker.

(18) Una mirada estadística a este tipo de procesos ‘naturales’ donde se ponderan elementos positivos y negativos del proceso del capital la encontramos en: Entrevista con José A. Tapia: “Mortalidad y esperanza de vida”.

(19) Los niños, por ejemplo, se verán más acosados por la propaganda comercial de consumo y compra de los fabricantes y comerciantes de juguetes, a medida que son menos por la baja natalidad. Ya no se fabricaran además esos juguetes solo con la obsolescencia programada suficiente para que no se puedan traspasar entre hermanos y convecinos, sino también para que se rompan con mayor celeridad. Y así, mediante este tipo de procesos, el vicio consumista de niños y mayores está determinado por el movimiento de la totalidad social capitalista.

(20) Y, además, logra deprimir relativamente la lucha de clases por un tiempo incluso largo. Así, cuando la contracepción masiva sirve sistemáticamente de medio para eludir el empobrecimiento familiar en marcos de bajos salarios, precarización social y fuerte presión de la renta del suelo, traducido, por ejemplo, en viviendas liliputienses, el capital obtiene la ganancia de menor conflictividad social con sus relaciones de producción, y además sostener cierta presión adicional de sobreoferta de fuerza de trabajo contra el alza de los salarios. Aunque a largo plazo precisará inmigración, en el corto y medio plazo logra no ser impugnado más intensamente por la clase obrera, deprimir las luchas salariales y sociales y, además, una mayor disponibilidad productiva del ejército de reserva femenino. De manera que el retraso de la edad de emparejamiento y concepción, y la disminución de esta, también es un efecto de la lucha de clases, de la precarización social, determinado por el proceso del capital. Así como su resultado, el envejecimiento social y biológico.

(21) El cambio demográfico.

(22) Situación de los jóvenes en Aragón.

(23) Population Division, DESA, United Nations. World Population Ageing 1950-2050. RESUMEN EJECUTIVO.

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