TRANSGENERISMO TECNOMALTHUSIANO Y MARXISMO

Un análisis espartaquista del papel del transgenerismo “queer” de Judith Butler en la revolución burguesa robotizadora biodigital

Judith Butler. Créditos: Commons Wikimedia

Historia en breve

En el presente texto se demuestra que Judith Butler es un producto burgués y no una pensadora libre y oprimida ni nada que se le parezca. El transgenerismo ahora se está convirtiendo en uno de los principales campos de batalla entre el proletariado mundial y la rama más agresiva de la burguesía internacional, la oligarquía tecnomalthusiana.   El texto que tenéis a continuación se titula” Un capitalismo tecnomalthusiano luchando contra el colapso” y es la introducción de un ensayo redactado a partir de la crítica a las afirmaciones de Butler en una entrevista en el infame The Guardían reproducidas luego sin la menor nota crítica en El Odio, un magazine español que se hace llamar La Haine y que no tiene ningún sentido crítico, por decir lo menos, a la hora de inyectar en la población las sandeces tecnomalthusianas del tipo de las que sueltan Butler, los ecofascistas o los nazis anti nuremberguianos que han inyectado un veneno en 35 millones de personas en el estado español en 2021 con total impunidad

Introducción

Un capitalismo tecnomalthusiano luchando contra el colapso.

Como se sabe o se debería saber, nos encontramos inmersos en una revolución burguesa basada en el ‘capitalismo de las partes interesadas’, que sobrepasa al capital accionarial para reorganizarse mundialmente en torno al aumento de la porción tributaria de la plusvalía extraida al proletariado, con el objetivo de incrementar la cuota de explotación y frenar los efectos paralizantes del auge de la caida tendencial de la tasa de ganancia media mundial.

Por un lado, la composición orgánica del capital aumenta debido a la expansión de la automatización y a la prolongación de la cadena de agregación de valor en el aparato productivo, motorizadas por la introducción de nuevas tecnologías que aumentan la concentración de las ganancias y el grado de su centralización (inteligencia artificial, grandes datos, cadena de bloques, 5G). Hay así dos cuotas de ganancias medias principales:

1) la cuota de ganancia del capital archiconcentrado global, al alza hasta ahora y desde ahora (inicios de 2020s) al alza o solo soteniéndose a trancas y barrancas;

y 2) la cuota de ganancia del capital moda mundial, el resto de los capitales, normalmente no hiperconcentrados, a la baja especialmente desde 2007.

La media de ambas no puede ser negativa a largo plazo pues haría estallar la reproducción de todo el ecosistema del valor capitalista. En estos momentos, en la mezcla política de la ola global de desinversiones hay estallidos incontrolados y, a la vez, demoliciones conscientes incluso de partes todavía ahora rentables pero inadecuadas en el nuevo modelo de explotación, tomando cuerpo político creciente una enorme reestructuración histórica mundial de la explotación capitalista.

En este sentido, ¿cómo metabolizar al capital toyotista desfasado, incluido el capital humano, en capital robotizado, incluido el humano? Se juega aquí el capital el rumbo y sentido de las nuevas inversiones y desinversiones, en medio de luchas por la existencia, y por las nuevas posiciones en el nuevo Precio de Producción entre capitales particulares a lo largo de toda la geografía y los ramos del capital.

Moviéndose en esta coyuntura, han convergido los capitales farmaceúticos y biogenéticos, con los titanes digitales, los llamados GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft), pronto GAMAM al transformarse Facebook en Meta, y tienden a fusionarse en nuevos y emergentes capitales biodigitales, sobre todo Google y Microsoft.

Ultraimperialismo de excepción tras la quiebra del Imperialismo Financiero

Sin saber cómo mantener funcional la cadena de obligaciones, postergando y suavizando la exigencia de rentabilidad para que no estalle el conjunto transformándose en una vertiginosa cadena de incumplimientos, la finanza concentrada dirige ese bloque, y la espiral que ambos torbellinos forman absorve a las altas burocracias y los funcionariados medios de los estados hiperendeudados, que arrastran a las clases medias dependientes en sus ingresos del Imperialismo Financiero sostenido con la deudarización en los países capitalistas centrales.

Inmediatamente, las burguesías nacionales y sus aristocracias obreras, cuya movilidad social ascendente – y directamente ya el nivel de ingresos – depende de la única sostenibilidad que realmente les importa, la del Imperialismo Financiero, se suman al bloque de las partes interesadas y le dan el barniz de izquierdas, o sea, pro igualdad, que necesita para presentar como una necesidad colectiva el colectivismo capitalista de excepción que estamos padeciendo con los ejes pandemia y cambio climático.

Este cambio de posición de las aristocracias obreras, que ya se veía venir desde el vuelco en Siryza, es estructural, por tanto, y el movimiento del reformismo, incluido el de la ultraizquierda, hacia el fascismo interior y el jingoismo de izquierdas que está surgiendo a todo lo largo de la totalidad capitalista también lo es. A inicios del siglo XX también convergieron los monopolios, el funcionariado y la aristocracia obrera, coordinados por la socialdemocracia, por lo tanto hay una continuidad cíclica en la reproducción de esa convergencia en los periodos de descomposición de la acumulación o crisis de sobreproducción.

En esta grave coyuntura, el movimiento de capitalistas por el “capitalismo de partes interesadas” ha logrado desplegar, a escala internacional, un nuevo nivel organizativo ultraimperialista de gobernanza mundial, como se observa en el movimiento de Davos y en el endiosado cibernético global de la publiprivada agencia mundial tecnocrática OMS, donde se núclea el capital hiperconcentrado farmaceútico, biogenético y biomédico, que son a la salud general lo que GAFAM a Internet.

Este binomio Davos+OMS, principal altura ultraimperialista en estos momentos, finalmente es la respuesta de la burguesía internacional, con el impagable apoyo del reformismo socialdemócrata de Porto Alegre, a la combinación de la crisis estructural del capital y el movimiento proletario internacional expresado en el movimiento antiglobalización, desde mediados de los 1990s hasta mediados de la primera década de los 2000.

El precedente de la descomposición fordista y la reestructuración toyotista

Haciendo memoria, hay que recordar que la crisis del Fordismo (1966-1981) había golpeado muy duramente a las estructuras y a la rentabilidad del capital, pero la burguesía internacional la remontó con una serie de medidas que inauguraron la fase toyotista de la acumulación de capital:

a) una reorganización geopolítica anti comunista del imperialismo (Plan Condor, Subsunción de China, Patrón petrodolar y reorganización del Hinterland desde el Mediterráneo);

b) una masacre de jóvenes, sobre todo varones, proletarios y de clases medias, sobrantes relativos en los países capitalistas centrales, basada en el repoker de cárcel, drogas, coches, paro y represión;

c) el lanzamiento masivo de las mujeres proletarias al trabajo asalariado en las regiones centrales de la acumulación, y una lucha competitiva generalizada por el reparto de los empleos de movilidad social ascendente entre mujeres de clases medias y hombres proletarios;

d) la imposición del neomalthusianismo como ideología dominante y el despliegue de su buque insignia, el abortismo, la reorganización socio-productiva toyotista de la sexualidad del proletariado y del capital humano erótico-sexual;

y f) la reubicación en masa de la industria mundial al Oriente Euroasiático.

A pesar de todo esto, la caida de la ganancia media mundial prosiguió y, así, la sobreproducción y las necesidades de mantener el valor del capital sobreacumulado, lo que condujo a la financiarización. La acumulación de capital logró óxigeno con el desmantelamiento de la URSS, y una financiarización de la economía fue crecientemente implementada por el capital financiero internacionalizado para mitigar la inestabilidad interna de la alianza de clases capitalista en las condiciones de valorización y apropiación que hemos visto.

En esta situación, el empeoramiento objetivo de las condiciones de vida del proletariado urbano y campesino en todo el mundo, y en ciertas partes de las clases medias de los paises capitalistas centrales, alimentó el ascenso de la Convergencia de Seatlle.

Ya desde finales de los 1990s, la situación de la acumulación de capital era dramática, porque el capital en funciones debía sufragar el despliegue de la informatización y los altos costos de gestión de la parte cooptada del proletariado interno (estado de “bienestar”), y en agosto de 2007, con el corralito de Northem Bank y el desjirone de la financiarización de los derivados, terminó por estallar la crisis general del toyotismo cuyo modelo ha durado casi 40 años.

Luego, el incremento hipertorfiado de la deuda pública, especialmente en los paises capitalistas centrales, y de su contracara, la inflación en los paises periféricos, propia del Imperialismo Financiero nacionalizado en la enorme crisis de sobreproducción, sustituyó a los derivados financieros en sostener la postergación de la destrucción de capitales sobreacumulados.

El equilibrio de inicios de los años 2010 era completamente transitorio, y el incremento del costo en I+D+i que determinaba la introducción de las nuevas tecnologías robotizadoras biodigitales, (Inteligencia Artificial, Big Data, Realidad Mixta, Coche Electrico Autónomo, Computación Cuántica, Transformación del Sector Energético, Concepción Artificial y Terapias Génicas) lo rompía.

Después del estallido de finales de 2019 y del golpe de estado global de marzo de 2020, a partir de la OMS, los titanes digitales y la burguesía internacional, a la altura de 2021 estamos inmersos en una reestructuración productiva mayor sino mucho mayor que la de los años 1970s. Lo vemos en el sector energético cuyos monopolios, íntimamente entrelazados con las partidocracias, plantean mantener las ganancias e incrementarlas y, a la vez, pasar en su totalidad el gasto de desmantelamientos y desinversiones de las infraestructuras de producción energética anteriores, y el costo de las inversiones en transformación energética, en su totalidad a la población. De aquí el fuerte incremento de la cuota de explotación a partir de la inflación de los precios de la energía, de forma tributaria publiprivada (saqueo de estado + monopolios) que sigue a la de los precios de la vivienda, y puede ser seguida por la de los precios de los alimentos en un rango similar.

Por supuesto, las superganancias las reinvertirán allá donde vean plusvalía fresca, no en las poblaciones bajo saqueo.

Una salida capitalista tecnomalthusiana a la crisis del valor

En transfondo, de un modo mucho menos visible para las mayorías, los Titanes Tecnológicos y la Bigpharma catalizan el proceso de salida de la inviable financiarización toyotista, hacia un nuevo modelo de explotación monetaria mucho más eficaz, mediante el desarrollo de la plusvalia tributaria extraida por medios digitales mucho más operativos que las viejas formas de explotación directa basadas en el papel-moneda.

En este proceso general, está ascendiendo en la oligarquía dirigente de la burguesía internacional una fracción reinante vieja, pero en intenso proceso de renovación, cuyo fundamento ideológico es la idea-fuerza del reformismo del proletariado, o malthusianismo.

En lugar de anular y suprimir las relaciones sociales de producción destructivas de los seres humanos, especialmente proletarios, se acusa al Hombre en general, para no hablar directamente del hombre proletario en particular, de ser malo y se lo pone en txampa de mejoramiento. En su idea, el sistema es bueno, lo malo es el hombre que ha de ser mejorado por el sistema.

La historia de esta ideología totalitaria es larga y los capitales que lo sostienen muy antiguos. Ha pasado un desarrollo ideológico en al menos tres grandes metamorfosis, desde el primer malthusianismo hasta el proceso actual de formación de una ideología tecnomalthusiana adhoc a la robotización, mal llamada transhumanismo, que se abre en ramales de infiltración según se difunde secuencialmente en situaciones nuevas y en más fracciones de clases y subclases sociales al rebufo de los cambios tecnológicos y biotecnológicos. Uno de ellos es el ramal de la ideología queer que en el proletariado es inyectada desde las viejas clases medias neomalthusianas.

Este proceso no ocurre sobre la nada. Las tendencias dominantes en la Esfera de la Reproducción Procreativa, son las propulsadas por el capital hacia aumentar la mercantilización y la rentabilidad procreativa y reproductiva humanas, lo que intensifica las ideologías eugenesicas y darwinistas sociales.

La industria neomalthusiana de la artificialización de la concepción humana pasa a constituir la plataforma base de la artificialización tecnomalthusiana de la biomateria humana que, desde la inmunidad natural pasando por el anti aging, hasta la procreación y reproducción social mismas emerge y eclosiona, se expande y satura desde focos de difusión centrales (Cambridge, Londres, Nueva York, Bostón, Frankfurt, Paris, Bruselas, Silicon Valley, Barcelona) hacia las periferias de los sistemas de dominación y producción cultural capitalistas en todo el mundo.

Esta industria neomalthusiana, en transformación tecnomalthusiana, de la artificialización y control de la procreación y reproducción humanas, especialmente del proletariado, había alcanzado límites en la sexualidad humana que parecían díficiles de superar por su monstruosidad, ahora están comenzando los intentos de normalizar su transgresión presentándolos como algo revolucionario pero ocultando la pregunta crucial de ¿a quién beneficia? QUI PRO BONO.

La ideología feminista del toyotismo y sus jerarcas sortearon los problemas morales del desarrollo de esta industria ocultándolos. Esta técnica ocultacionista, funcional al desarrollo de la explotación y radicalmente retroaccionaria, posibilitó que este capital archiconcentrado, ahora tecnomalthusiano, pasara desapercibido para las mayorías en cuanto a su creciente nocividad. Pero, además, para acompañar a ese capital, y dada la rentabilidad político-social del neomalthusianismo para la alianza burguesía/clases medias, se desencadenó todo un proceso político de legitimación politico-social adhoc para acompañar la eclosión de esos capitales mediante la producción de una nueva ideología, la Ideología del Género o generismo.

La burguesía internacional apuesta por la ideología de género para acompañar el desarrollo de la industria tecnomalthusiana

A esta Ideología hay que llamarla ideológía, y, más concretamente, ideología burguesa, porque artícula, a partir de una idea-fuerza dogmatica, el “género”, un conjunto de ideas, categorias y nociones que dan una visión del mundo y la historia, que invierten la realidad: Para las generistas no es la existencia lo que determina la consciencia sino, al revés, sería la consciencia lo que determina la existencia. La metadialéctica idea/materia, energía/información, cuerpo/alma, queda anulada y suprimida al eliminar la noción física, y no meramente fisicalista, de los dos sexos humanos. La representación cultural y no el proceso en si, ya determinada por ciertas doctoras supuestamente opositoras al establishment burgués, sería la realidad constituida.

Esta absolutización de la consciencia electiva en la racionalización del proceso de sexificación humana, que según el generismo no constaría en su concreción de elementos naturales determinantes, a partir de la idea-fuerza “el género”, no es inocente, como veremos en esta crítica espartaquista a la entrevista publicada en The Guardian y luego publicada en castellano por web El Odio, realizada a Judith Butler por Jules Gleeson, un autore, (considero correcto y no arbitrario incluir en castellano el pronombre bigénero porque contiene y añade una información especial sobre el carácter trans rol de genero o transerótico de las personas) historiadore queer que se declara “marxista transgenero” y es coeditora del libro Transgender Marxism .

En los artículos que siguen, y que iré publicando paulatinamente, analizo criticamente, en clave espartaquista, y marxista, (crítica dialéctica) a las afirmaciones de Butler en esa entrevista:


Índice

Contexto crítico

Introducción:

Un capitalismo tecnomalthusiano luchando contra el colapso.

1) La operación del inventado y propagación de un transgenerismo “marxista” “queer” está financiada por los capitalistas tecnomalthusianos

2) La operación de truncado del universal mujer en Gender Trouble por parte de Judith Butler


CONTEXTO CRÍTICO:

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