El subjetivismo anti sexual de Judith Butler estructura el aparato eugenésico capitalista 3.0


Índice

  • De dónde surje la Ideología del Género
  • La idea-fuerza del generismo
  • La Ideología del Género es la negación política neomalthusiana de la Ideología del (anti) El Patriarcado
  • Las mal llamadas TERF son las feministas interclasistas, las QUEER son las tecnomalthusianas socialdemócratas
  • El caso de las 12 millones de mujeres chinas reaparecidas
  • Lesbianas burguesas compradoras de niños
  • La epidemia “queer” de fomento de la “auto” castración
  • La mentira del siglo de esta temporada malthusiana es que se puede cambiar de género sexual

Referencias


Financiada por el capital más agresivo y centralizador del mundo (veáse el segundo capítulo de este ensayo crítico) , y con ambiciones “revolucionarias”, – o sea, revolucionarias burguesas -, Judith Butler ha venido hablando en los últimos 35 años de una supuesta calidad de subversiva presente en su interpretación política de las relaciones de los géneros sexuales, a los que dice considerar fundamentalmente meros artificios sometedores a una sexualidad “obligatoria” (ella dice “heterosexualidad” obligatoria).

A lo largo de este ensayo proletario procuraré esclarecer en qué consiste esa presunta “subversión” y la supuesta obligatoriedad de lo que Butler llama “heterosexualidad“.

Por su parte, la ultraizquierda profesional del espectáculo, de clases medias, partidaria de la poligamia jacobina y por ello de un nuevo sistema sexual humano de corte neomalthusiano, ha venido aplaudiendo a esta autora y se ha dedicado a reforzarla presentándola como “revolucionaria”. Butler seria revolucionaria por “subvertir” los usos y costumbres sociales monogámicos, al modo que vimos en la transpolación del fraudulento círculo mágico de la sexualidad de Gay Le Rubin, aquella representante de la industria del capital erótico estadounidense que, en los años 1970s, proveyó las críticas al modelo fordista de procreación para sustituirlo con el neomalthusianismo y toyotista, adhoc para ayudar a disminuir sin fricciones el salario mímino proletario.

Aquel neomalthusianismo emergente en los 1960-70s, de tipo toyotista, que establecía un auge de la competencia entre las clases no solo en el aparato productivo sino también, y especialmente, en la Esfera de la Procreación, por la reproducción social y la procreación, era un neomalthusianismo remaquillado por la burguesía internacional que ya no hablaba de mejorar la raza sino de planificar la familia.

El neomalthusianismo de los 1960-70s sirvió, efectivamente, para aceitar la disminución del salario mínimo proletario, acolchando políticamente en la sociedad civil la quita de la porción del salario proletario dedicado a la procreación, enfocándose contra el trabajo manual y los asalariados con menor salario. Y, por supuesto, sirvió para “solucionar la pobreza” archicompasivamente, en lugar de desarrollando los medios productivos, haciendo decrecer la procreación humana, especialmente la proletaria, por medio del despliegue masivo en lo social de nuevos medios anti procreativos y su floreciente hasta hoy mercado de la infertilidad.

El discurso generista de Judith Butler apareció un momento después del triunfo de estas tendencias, a finales de los años 1980s. Y muy comprensiblemente, tras coordinar el manifiesto subjetivista neosocialdemócrata que fue su Gender Trouble, ha venido siendo establecido como la ideología de la clase dominante en materia de procreación y reproducción social del proletariado a partir de entonces, pero muy especialmente desde 2013.


De dónde surje la Ideología del Género

Subvertir es revolucionario si la alternativa que se eleva para superar lo subvertido, por ejemplo un sistema general de sexualización, es progresiva respecto a lo subvertido. Sin embargo, lo que principalmente han venido haciendo esta autora e, históricamente, su corriente reformista neomalthusiana, una y otra vez, no es subvertir, es transpolar; o mejor dicho, invertir, o intentar invertir los polos activos de interés, normalmente del proletariado en el movimiento de la totalidad, desde el polo proletario de la contradicción principal (trabajo, salario, explotación, vivienda, salud, pensión y formación; revolución) al polo burgués de una contradicción secundaria (Placer, jerarquía, opresión e identidad; reforma).

La alternativa neomalthusiana al fordismo, cuando se acabó la primera fase de la construcción de clases medias nacionales y ya ese modelo fordista de familias monogámicas numerosas era inútil e incluso contraproducente para proseguir el desarrollo de las clases medias nacionales, como modo de control burgués sobre el proletariado, ese desarrollo entró en una segunda fase. La ideología de esa segunda fase de desarrollo de las clases medias nacionales en la etapa industrial fue la versión alternativa neomalthusiana, remozada de su versión de “higiene de la raza”, que apareció de pronto como el cuerpo político de internacionalización y reforma interna que permite otra onda larga de desarrollo del bloque social de apoyo al capital, por tanto, como el canon liberal de la democracia radiante y luminosa, pero los actos y los objetivos buscados eran exactamente los mismos que los hechos en la versión “higiene de la raza”, solo mucho más masivos.

La alternativa neomalthusiana toyotista, nunca demasiado explicitada por ser objetivamente contraria a los intereses del proletariado mundial, tomó la forma principal de una negación feminista toyotista del sistema de procreación fordista en las clases medias porque obstaculizaba la movilidad social ascendente en las mujeres jóvenes de la aristocracia obrera, y de partes de las fracciones técnicas, el funcionariado y la pequeña burguesía. Un bloque adinerado, no proletario pero “plebeyo”. De hecho, los propulsores de esta política neomalthusiana, a la vez los principales recolectores de sus ganancias político-sociales, creen realmente ser de izquierdas como cualquiera que los haya conocido puede constatar.

En el fondo había y hay una negación del natalismo proletario, incluso extremista, pero con una forma muy concreta, como negación del natalismo fordista por parte de las nuevas generaciones de mujeres de clases medias, lo que fue un proceso complejo, pero finalmente, en términos de lucha de clases por el excedente social, fue una negación de la preasignación de la movilidad social ascendente fordista al proletariado masculino, abriendo la fase de competencia toyotista por el reparto entre clases de los nuevos empleos con salario de guardia, típicos de las clases medias, favoreciendo clasistamente a las mujeres del establishment de familias de clases medias, salientes de la procreación como monoactividad económica, ante los hombres jóvenes procedentes del proletariado.

El componente anti natalista operaba pues doblemente; como tendencia estructural y como lucha de clases, y desde dos lados; la población procreativa de clases medias, que dejaba relativamente de serlo, y la población productiva masculina del proletariado, que dejaba de serlo. De esa operación y proceso surgieron varios efectos positivos y varios negativos, pero muy diferentes en cada una de las clases sociales.

Así, hoy, en el estado español, – y en todo el Occidente ocurre lo mismo -, en varios millones de familias burguesas y de clases medias tienen empleo todos sus miembros, ellas y ellos, mientras en otros varios millones de familias proletarias y precarias no tiene empleo ninguno de sus miembros, hombres o mujeres, o solo alguno de sus miembros tiene algún empleo temporal. Por eso “es” muy conservador en este régimen de explotación reiterar la exigencia del Pleno Empleo, porque a las clases medias instaladas en la socialdemocracia y en los partidos y sindicatos que constituyen el aparato del estado toyotista neomalthusiano, esa no es una reivindicación que les haga ya ninguna falta, por tanto ya no es “de izquierdas”. En cambio, sí está vigente y es caldeada regularmente la reivindicación de igualdad salarial entre hombres y mujeres, no en cambio la reivindicación de las escalas salariales universales menos disimiles o de fondos de consumos igualitarios.

A la vez, la procreación proletaria quedó arrasada en un aplastante no future y de ella salió la crisis demográfica actual, que lo es fundamentalmente del proletariado, y que ha llevado a la alianza de clases dominante a desplegar el operativo político de sucesión – no de sustitución – sucesión, digo, del proletariado interno endógeno, ya en descomposición demográfica, por otro importado y montado a retazos según las posibilidades del mercado internacional de fuerza de trabajo, y las necesidades de la geopolítica del Imperialismo Demográfico.

Como colofón, ahora dos trabajan para ganar la mitad que uno antes, de forma que de tres y cuatro hijos de media por pareja se pasó a la moda reproductiva de un solo hijo, las rupturas sistemáticas de las parejas en cuanto falla un ingreso, y el que un tercio de la población quedó sin reproducción ninguna. Así, desde hace medio siglo todos los días son abortados en El Occidente miles de preinfantes, y en la actualidad son entorno a 7.000 bebés preinfantes abortados quirugicamente diarios.

Lo que se nos ha presentado como una liberación feminista de las mujeres, y sin embargo fue resistido por las feministas (**) a quienes Gayle Rubin calificaba de “conservadoras”, que en gran parte es el efecto estructural de la dialéctica del capital, en otra gran parte es una lucha de clases internacional por el excedente socialmente producido dirigida por las clases medias según la política neomalthusiana.

Es muy importante comprender que esta política neomalthusiana tan crucial durante la fase toyotista, ahora, al rebufo del auge de la crisis de sobreproducción, se está transformando en tecnomalthusiana.

La diferencia entre neomalthusianismo y tecnomalthusianismo estriba en que el neomalthusianismo aunque se centraba en la reforma del proletariado en lugar de la reforma del capital, por medio de la separación de la reproducción (no de la procreación que realmente se realiza en una primera etapa) y el placer, el tecnomalthusianismo dispone de una panoplia de tecnologías neuroconductistas, informáticas, biodigitales, cibernéticas y biotecnológicas de un nivel superior mientras que ya no busca meramente la contención del crecimiento de la sobrepoblación relativa sino que, de manera muy archiretroaccionaria, busca ofensivamente el des-crecimiento de la población proletaria reduciendo su sexualidad por medio de una carraca de políticas antisexuales disfrazadas con varios trajes: feminismo, transgenerismo, ecología, climatismo y edadismo.

Esta política neomalthusiana, remozada por nuevas versiones religiosas anglo-brahmanicas de la izquierda huxleyana británica y estadounidense que, presuntamente ateas, proveían y proveen furibundamente de medios de descristianización porque rechazan furibundamente su contenido natalista -. El neomalthusianismo final despliega una religión anglobrahmanica pro socialización de la población por castas, en formaciones sociales con su composición de clases osificada especialmente a través del eugenismo. Pero, para emerger como base del nuevo anti natalismo, la ideología neomalthusiana tuvo que ser re-exhornada por el rechazo social que había suscitado anteriormente tras haber sido base de desarrollo de la eugenesia nazi .

El neomalthusianismo fue en realidad el aplastamiento del proletariado juvenil masculino, el derrumbe del salario proletario de los trabajadores manuales o poco cualificados o no socialdemócratas, y la devastación del sistema sexual humano en el proletariado, lo cual, en tiempos largos, ha traído la necesidad burguesa de la sucesión generacional del proletariado extinguido durante el inicio del gran Baby Crunch de los 1980-90s, hasta la fecha.

Es decir, los capitalistas no traen al proletariado exógeno para sustituir al proletariado endógeno, traen al proletariado exógeno para explotarle, y este no viene a sustituir al proletariado endógeno, viene a sucederle. Sustituir es ocupar una función de alguien que sale de esa función, pero no es el caso de los proletariados endógenos del Occidente. Aquí hay sucesión, no sustitución de proletariados, y la hay porque la detención de la reproducción biológica y social del proletariado endógeno interno ha llevado a su disolución, por eso se le sucede pero no se le sustituye.

El proceso de disminución del salario mínimo combinado con la ofensiva neomalthusiana anti sexual de medio siglo, contra el sistema sexual del proletariado por natalista, ya ha terminado, pero las clases medias tecnomalthusianas pretenden seguir con la política anti sexual, aunque ahora contra el nuevo proletariado. Para realizar ese encuadramiento, al reformismo le viene de perlas la política interseccional, colonizando con ella al nuevo proletariado mientras despliega el sistema anti sexual, neo y tecnomalthusiano, sobre él. Esta es la función estructural de la ultraizquierda profesional del espectáculo de clases medias: desplegar el sistema anti sexual en el proletariado.

Los discursos de liberación sexual de los sesentayochistas eran en realidad los primeros ladrillos de una constitución política anti sexual neomalthusiana remozada y camuflada en nuevas terminologías pero con contenidos basados en la misma sustancia que el malthusianismo originario. Estos discursos se explayaban entre la idea retroaccionaria y anticomunista de “solucionar la pobreza” reduciendo la procreación proletaria, y la ideología darwinista social que fue dedicada durante décadas a desplegar el aparato eugenésico que hoy padecemos en nuestros actuales laboratorios de concentración tecnomalthusianos, mal llamados barrios y ciudades.

Por supuesto, el movimiento feminista de clases medias, con sus ampliamente institucionalizados desarrollos interclasistas, no es confiable en el proletariado porque es el mecanismo clasista de producción de movilidad social ascendente para las mujeres de clases medias a costa de la superexplotación del proletariado y su desconstitución como sociedad civil comunitaria proletaria, pero cada vez está quedando más claro que la institucionalización como ideología dominante de la eugenesia, la esterilización forzosa directa e indirecta y el control de la natalidad proletaria y de las partes proletarizables de las clases medias, fue insuflado en las feministas toyotistas desde la alianza de clases neomalthusiana a partir de mediados de los años 1970s, haciendo pasar ante el proletariado femenino y masculino por marxista, anarquista o izquierdista, al neomalthusianismo.

Esto lo hicieron remozándolo y camuflándolo ya desde los años 1960s con una tortilla de leninismo de liberación femenina mediante el trabajo femenino asalariado, mermeladas freudianas y ocultación del carácter anti sexual de la descongestión erótica, el resultado ha sido un neomalthusianismo de tipo toyotista que ha sido ideología dominante hasta 2020.

Por poner dos casos ilustrativos de esta normalización burguesa del neomalthusianismo, aunque en estos casos sin camuflar, aunque ejerciendo la misma función anti sexual; la esterilización forzosa en Checoeslovaquía de mujeres gitanas desde 1966 hasta el 2004, o la de mujeres y hombres lapones en la iluminista Suecia socialdemócrata, es rabiosamente anti comunista pero sigue una lógica totalitaria de destrucción de fuerzas procreativas proletarias claramente neomalthusiana toyotista, uno de cuyos otros efectos ha sido el de elevar una segunda ideología pantalla, la Ideología del Género, o generismo, en la que la autora que aquí estamos analizando ha tenido un especial protagonismo.

Es decir, tanto la Ideología del fantasmático el (anti) El Patriarcado, como la Ideología del Género, han sido funcionales a la agudización de la explotación, la opresión y la marginación del proletariado, pero la ideología burguesa más propiamente neomalthusiana es la Ideología del Género, cuya versión más canónica, la sintetizada por Judith Butler, que fue auspiciada por la burguesía académica euro-estadounidenses de los 1980-90s y financiada por la oligarquía internacional como ideologías de confusión, vamos a intentar comprender a lo largo de este capítulo.


La idea fuerza del generismo

El anti natalismo es la base no explicitada de la ideología del género pero su esencia es otra…

Butler afirma que el sistema sexual humano en si no es sexual ni emana roles prácticos, dentro de la variabilidad de sus adaptaciones biohistóricas, en las personas de los dos géneros sexuales existentes, sino que es – y no deberia ser – un El Genero, fundamentalmente cultural, compuesto arbitrariamente de dos categorías “binarias” obligatoriamente sexuadas, que traba el desarrollo de un horizonte ilimitado de posibilidades nuevas.

Empero, para hacer posibles estas posibilidades no solo hay que olvidar las condiciones capitalistas materiales concretas en que se han de desarrollar las negaciones necesarias para realizarlas, lo que determina que el mundo genial de Butler nace chorreando sangre, (deshumanización radical de los preinfantes, despatriarcalización negativa de la familia, y desfertilización y anti maternización femenina generalizadas) sino que también hay que eliminar las trabas, obstáculos y limitaciones no meramente materiales, ni simplemente culturales, que impiden su expansión: La monogamia natural y su modelo político organizativo del sistema sexual, la humanidad de los preinfantes, la sexualidad – no rentable – de hombres y mujeres, y, ahora ya también, la esencia sexual del género femenino.

La esencia del ser es aquello que en él lucha por existir, en los preinfantes, incluso en ellos, surge con su grito silencioso, y en los hombres y mujeres jóvenes y adultos, pero también surgirá en las mujeres con consciencia feminista de tipo sindical-femenino a medida que descubran la profundidad del ataque que les tiene dedicado la ideología generista como género sexual.

Cuando discernimos la esencia del feminismo, la unidad de lo múltiple en las teorías feministas, encontramos una reivindicación de igualdad política con los hombres. En cambio, la política generista de fomento de la guerra contra el género sexual masculino en el proletariado es, sobre esta base, una toma de control burguesa del feminismo a partir del adelantamiento radical que sobrepasa a las lideres feministas auténticas, las sustituye con lideres nuevas, normalmente más jóvenes e institucionalmente apoyadas, y ya ideológicamente neomalthusianas (hoy tecnomalthusianas), furinbundamente anti natalistas, a partir de la Ideología del Género. Es decir, las neomalthusianas infiltradas en el feminismo sustituyen la lucha por la igualdad política por el anti natalismo furibundo, que luego va siendo reconvertido en puro mercado de la procreación rentable.

Pero entonces, ¿la idea-fuerza del generismo es la negación del feminismo? ¿cómo puede ser? ¿por qué?


La Ideología del Género es la negación neomalthusiana de la Ideología del (anti) el El Patriarcado

Estampa patriarcal: “Un día de Abraham en el camino de Ur a Canaam.” 1850. Jozsef Molnar

Las posiciones de Butler no son posiciones feministas. Esto puede demostrarse con Gender Trouble en la mano, – y 34 años después Butler sigue pensando básicamente lo mismo-.

Las posiciones de Butler eran y son neomalthusianas radicales – separación del placer y la sexualidad para solucionar la pobreza -, no feministas, aunque ahora están evolucionando rápidamente a ser tecnomalthusianas.

El neomalthusianismo, hoy en trance de reconversión a tecnomalthusianismo, es la ideología dominante en las clases medias imperiales y la socialdemocracia en crisis. Pero debemos ser capaces de distinguir a la Ideología feminista del Patriarcado de la Ideología neomalthusiana del Género.

La asunción por parte de los neomalthusianos de la Ideología del el El Patriarcado en los años 1960-70s fue oportunista, se trató de un método de negación de la sexualización fordista y su procreatividad, no de la admisión de un fundamento teórico o ideológico, de ahí el éxito de Butler entre los neomalthusianos de los 1980-90s al aclarar en términos políticos teóricos la diferencia entre el Género y el Patriarcado:

La noción misma de patriarcado corre peligro de convertirse en un concepto universalizador que suprime o restringe articulaciones claras de asimetría entre géneros en diferentes contextos culturales

El hecho de aludir a una feminidad original o auténtica es un ideal nostálgico y limitado que se opone a la necesidad actual de analizar el género como una construcción cultural compleja

Judith Butler, Gender Trouble (1987)

Para Butler la idea del El Patriarcado es negativa no tanto porque deviene en un reduccionismo ideológico como porque establece un pasado prepatriarcal idealizado, un evento de trauma patriarcal en el post-neolítico y un futuro posible de restitución del equilibrio entre los dos géneros sexuales. El problema consiste en que, como sabemos ahora por el hallazgo del cuello de botella post-neolítico en el cromosoma Y, – finalmente un fenómeno histórico transcultural relacionado con el desarrollo neolítico de las fuerzas productivas, y su crisis de abundancia -, sí ha habido una fase de la historia que Marx y Engels denominaron la fase histórica del Patriarcado, a partir del análisis materialista de la historia.

Por otro lado, esta visión feminista en realidad es revolucionaria porque admite que secuencialmente va a haber una negación del sistema en su conjunto que restablecerá una igualdad comunista entre los dos géneros sexuales, y es claramente compatible con la teoría política marxista de la revolución comunista, pero no con la ideología del género.

La neomalthusiana ideología del género ha sido promovida por la burguesía internacional y las clases medias a la busca de movilidad social ascendente, entre otras cosas para anular y suprimir la teoría del futuro de restablecimiento del equilibrio de igualdad entre los géneros sexuales mediante cambios materiales y políticos revolucionarios compatibles con la comunización de la fase comunista.

Esta negación generista de la Ideología del el (anti) El Patriarcado no es inocente; cuando se observa más de cerca se concluye que el solapamiento de la ideología del género con la ideología del (anti) el El Patriarcado, llevándola al extremismo de separatismo de los géneros sexuales y manteniendo la ambigüedad antiGénero/antiPatriarcado, busca tácticamente crear una guerra entre géneros sexuales por intereses malthusianos y de gestión de la fuerza de trabajo.

Otra ganancia de esta operación política es disolver la convergencia de las feministas con el marxismo (el marxismo, no el marxianismo ni la marxología: la lucha de clase es el motor de esta fase de la Historia y la sociedad de clases es disuelta por la revolución proletaria), así que esta negación malthusiana no solo busca desplazar la centralidad material de la cuestión de clase con los problemas de los géneros sexuales.

La Ideología del Género es una doble cuña anti comunista, en tanto táctica y en tanto estrategia, no lo que están diciendo confusionistamente las fuerzas conservadoras confundiendo el tecnomalthusianismo, furindamente anti comunista, con el comunismo, radicalmente anti malthusiano en cualquiera de las formas de esta tendencia nazi-fascista del capital. Esa acción confusionista o de no discernimiento de los conservadores se les puede volver gravemente en contra a medida que el tecnomalthusianismo evoluciona rápidamente a constituirse como la base ideológica de un régimen dictatorial totalitario de intento de salvación del capital concentrado y su base social de apoyo en la crisis del valor.

Por todo esto, la ideología del género es lo contrario de lo que dicen que es, no es marxista, es anti marxista, y no es feminista, es antifeminista.

Recordemos, en el análisis dialéctico de la fase histórica del Patriarcado, Marx concluyó que fue el resultado de la contradicción campo/ciudad y de la formación de la propiedad esclava, en cambio, para Marx lo patriarcal tiene carácter dialéctico, positivo y negativo, en función del cumplimiento o no de los deberes que invisten al género sexual masculino de cuidar y proteger, de amparar y guiar a la progenie y a la siguiente generación.

Precisamente eso es lo que busca centralmente manipular la ideología del género, subafirmando que, voilá, no hay que cuidar, que lo patriarcal positivo es negativo, y lo patriarcal negativo es positivo, y que, re-voila, la “revolución” sin niños es la verdadera revolución. Ah, claro, si, si te puedes comprar los niños en un laboratorio o la matriz de una madre trabajadora esclava sexual entonces si es revolucionario.

Por otro lado, por supuesto, tampoco nos cuenta Butler que la monogamia es la negación del Patriarcado pues el Patriarcado histórico fue fundamentalmente un periodo en el que solo se reprodujo 1 de cada 17 hombres, durante una larga época de guerras patrilineales poligámicas de varios milenios de duración, combinada, desigual, prolongada y asincrónica al ritmo de la expansión de las tecnologías metalúrgicas.

El Patriarcado por lo menos corrió desde -6.000 hasta -2.000, y en algunos lugares aún siguió funcionando el sistema sexual polígámico o Patriarcado. La lucha actual de la burguesía y las clases medias neomalthusianas contra la monogamia proletaria no es inocente y busca reducir la fertilidad femenina, y la natalidad proletaria, especialmente las proletarias. Con toras palabras, a pesar de lo que nos cuentan los tecnomalthusianos con Butler a la cabeza, no puede haber democracia sin monogamia, y mucho menos comunismo. Por democracia entiendo el sometimiento de la minoría a la mayoria, con respeto a la minoria, en aras al interés más universal y numeroso en cada contradicción.

Ciertamente, tan natural en la especie humana es la tendencia polígama como la tendencia monógama, (o sea, engendrar hijos con una sola persona o con varias) pero un modo de producción que establece la poligamia masculina como modo de organización de la producción y del sistema sexual a determinado punto cae en la guerra permanente. No se trata, pues, solo de la igualdad, se trata también de la viabilidad. La pregunta aquí es porque el órden sexual polígamo, que finalmente se impuso en El Occidente desde la contrarrevolución de 1968, no les parecía patriarcal, y su negación, que no otra cosa es la monogamia, les parece patriarcal. Esto se debe a los intereses de clase de las clases en lucha, no a contradicciones intrínsecas entre géneros sexuales, al giual que ocurrió durante las guerras patrilineales, en las que un clase de metalúrgicos se diseminó por todo el orbe.

A Butler no le parecen tendencias naturales mediadas por procesos económicos, le parecen normatividades limitantes a la política anti sexual, lo que de si es una construcción (de clase) social. La desnaturalización de la monogamia no tiene ningún sentido ni base que no sean los de la ocultación del carácter sexual en lo esencial de la diferenciación en dos géneros sexuales humanos: hay una sexualidad natural, que tiene que ver con la supervivencia de la especie, las comunidades y la vida humana personal y familiar, y hay un sexo cultural. Normalmente, la sexualidad natural se impone cuando los medios de supervivencia son inconstantes y la sexualidad cultural se expande cuando los medios de supervivencia son continuos. Los medios de supervivencia son la naturaleza, lo que incluye las mujeres para los hombres y los hombres para las mujeres.

Y en las crisis históricas de abundancia de la fase de la sociedad de clases la tendencia polígama en la dialéctica de las tendencias opuestas de poligamia-monogamia del sistema sexual humano puede desbordar a la tendencia monógama, entonces nos encontramos que como los medios de supervivencia son inconstantes en una clase y constantes en otra clase, la sexualidad de la clase explotada es de supervivencia natural y la sexualidad de la clase dominante es cultural porque los medios de supervivencia son constantes. Por esto, negar la monogamia es negar al comunismo y la revolución proletaria. Todo esta debajo de la alfombra de las propagandas polígamas y anti sexuales del generismo.

En Butler, al truncar la dialéctica continuo-discontinuo de la biohistoria femenina, de la antropología base femenina, para establecer una idea anti sexual de género, por medio de negar la esencia sexual del género sexual femenino, en mi opinión con fines malthusianos de negativización de la natalidad, se hace necesario generar una desnaturalización de lo sexual, pero en lo sexual natural y en lo sexual artificial ambos géneros sexuales se imponene como “la Otra acción” ante el género opuesto. El universal sexual excluido, por medio de la desnaturalización, produce vacio de sentido, invisibilización de causas e incomprensión de los propósitos.

El propósito de las relaciones sexuales naturales es la superviviencia, no establecer normatividades, y el propósito de la sexualidad cultural es favorecer a la sexualidad natural, excepto cuando la lucha de clases media en ella, lo que cada vez es más palmariamente evidente el caso en la ideología del género.

El juridicismo que está tras la charlataneria performativa que incluso esboza la utopía de la resolución juridicista de la contradicción social, y que postula en Butler la existencia de “construcciones sociales” (para negar la sexualidad natural y reducirla primero a sexualidad cultural y de hay a simple erotismo), está claramente conectado con la, superdestructiva de cuerpos humanos sexuales, política neomalthusiana de separación del sexo y el placer.

Las configuraciones posibles de las relaciones sexuales culturales emanan fundamentalmente del estadio de desarrollo y la variación concreta de la lucha por la producción. Por eso la visión feminista del cuerpo más allá de la ley es correcta, es materialista, y con toda la razón no olvida la sexualidad natural ni la dependencia que de ella tiene la sexualidad cultural, porque, un juridicismo de género que niegue la sexualidad natural, y las leyes de transgénerismo lo hacen abiertamente, lo que realmente busca es negar la procreación y la reproducción social de unas clases y poblaciones concretas, y esta negación a medida que se radicaliza y agudiza tiende a ser una negación del ser esencial mujer como género sexual más poderoso. El preinfante, el padre, los niños, las madres jóvenes, las familias, son piezas de un desmantelamiento que sin quitar el ser esencial de mujer no culminan la tarea de control de clase del sexo natural mediante la interpretación del sexo cultural de la otra clase.

Así, en la medida en que las feministas son interclasistas se ven obligadas a no hacer de la vista gorda ante los atropellos de la sexualidad natural en los cuerpos femeninos de cualquier clase social. Por esto, no es el interés lesbianista de Butler en negar las relaciones sexuales femeninas, para aumentar los harenes lesbianistas sino su adscripción de clase lo que le lleva a hacer la negación de la sexualidad natural en la determinación de los géneros sexuales.

La Ideología feminista del Patriarcado, no incompatible con la teoría marxista de la Fase Histórica del Patriarcado, no excluye ni niega la existencia de dos géneros sexuales sino que afirma que los dos géneros sexuales humanos estuvieron en mayor equilibrio relativo en un pasado histórico (Paleolítico, Neolítico), cayeron en desequilibrio agudo al final del Neolítico y el principio de la Edad de los Metales, y siguen en desequilibrio y pueden volver a estar en equilibrio en una época futura.

En este punto los marxistas sostenemos que en el marco de la revolución proletaria espartaquista puede superarse el desequilibrio político – no la dialéctica no antagónica de los géneros sexuales – en las relaciones entre los dos géneros sexuales producidos en la época de la Sociedad de Clases. Esta posición historiológica, es compartida por el marxismo – la lucha de clases es el motor de la Historia – y el feminismo – existe una desigualdad política entre los géneros sexuales que perjudica a las mujeres -.

A Judith Butler no le gusta la Ideología del Patriarcado porque en la práctica se manifiesta como un sindicalismo de las mujeres que imposibilita el desarrollo de la Ideología del Género en lo que atañe a la superación de la condición antropológica de mujer, su carácterística esencial de ser seres sexuados, es decir, con poder propio y especial de procreación sexual.

Si existe una identidad fuerte de la Mujer, más fuerte que escrita en piedra, escrita en la carne y la sangre, el plan de los mil horizontes maravillosos de nuevas posibilidades no puede desbordarse en torrente de mil nuevas identidades performables creables a plena fantasia del deseo generista liberadoliberado de ser mujer.

La base teoríca del feminismo de liberación de la mujer y de las mujeres proletarias resulta ser un obstáculo a la Ideología Generista porque recuperar el equilibrio de géneros sexuales, pasando desde una menor igualdad política de los géneros sexuales desde la abolición de una mayor igualdad política relativa de géneros sexuales primitiva hace 6000 años, a, de nuevo, otra mayor igualdad política de géneros sexuales futura, tras una revolución en las relaciones sociales de producción, es un proyecto político distinto al proyecto político del generismo de anular la sexualidad para fundamentar un universo de identidades de género desexualizadas-deshuesadas, meramente eróticas, – anulación que ciertamente anula muchos problemas pero no los soluciona –.

Pero el generismo, como no podía ser de otra manera, tiene un poderoso aliado. Tanto mayor radicalidad anti sexual de negación de los géneros sexuales cuanto menor profunjdidad política en la lucha por la disolución de la sociedad de clases…

Hay amplio numéro de sectores capitalistas muy interesados en imponer como ideología dominante la ideología del género. Porque anular la sexualidad natural, y dominar la sexualidad cultural radicalmente, con cualquier juridicismo de género que haga falta, cambiándolas y sometiéndolas al desarrollo industrial de sistemas de procreaciones artificiales, claramente eugenésicos y, en realidad, de un impresionante aparato político-social eugénesico con el que jamás los mísmisimos nazis alemanes, estadounidenese o anglo brahmanicos, o jacobinos utilitarios franceses de los siglos XIX y XX, llegaron ni a soñar.

Con ese esfuerzo en progreso, convergen con la construcción capitalista, para dar base de inversión rentable y valorización a los capitales sobreacumulados estancados en el abarrotamiento de capitales de esta primera mitad del siglo, de la producción de mercados de géneros eróticos – no sexuales o des-sexualizados – tecnomalthusianos, es uno de los negocios más suculentos de la historia y una tabla de salvación de primer nivel para los inmensos capitales sobreacumulados que los monopolios más centralizados y concentrados del planeta tienen, y a las urgencias de control político-social que los funcionariados monopolistas. A Butler no le han dado cientos de premios por poner trabas al capitalismo, se los dan por quitarselas.

Quede claro, feminismo y generismo son dos proyectos históricos distintos, aunque solapados por los intereses de clase de las clases medias ultraimperialistas, y aunados durante décadas en la defensa de la movilidad social ascendente neomalthusiana toyotista, pero que son centrípetos o que tienden a repelerse en cuanto esa movilidad ascendente ya no opera y a estar enfrentados a medida que las nuevas bases materiales del desarrollo de producción se despliegan en las relaciones sociales de producción y procreación y tocan intereses radicales.

Por supuesto, las feministas, en tanto cuerpo político-sindical de un sujeto fuerte y estable, si niegan la realidad del género sexual se niegan a sí mismas, pero además no necesitan a la Política de Coalición, claramente socialdemócrata, para su propio desarrollo – y en último análisis es la socialdemocracia, finalmente, la fuerza política de clase, lo que está tras esa política -, las generistas si.


Las mal llamadas TERF son las feministas interclasistas, las QUEER son las socialdemócratas tecnomalthusianas

Por supuesto, las mujeres feministas no pueden ni aunque lo quisieran con todas sus fuerzas incluir a las personas trans en el género sexual femenino, el juridicismo socialdemócrata QUEER y la industria castrativa y quimicalizadora tecnomalhusiana, de clases medias puede contar lo que quiera pero esto es así. Lo que si puede hacer y me consta que hace es respetar un millón de veces más a las personas trans que los tecnomalthusianos.

Tenemos que comprender que las llamadas TERF (“Feministas radicales excluyentes de personas transgéneros”) por los generistas tecnomalthusianos son las feministas y punto, – ni radicales ni no radicales, simplemente las feministas, o sea, que ser (mal llamado) TERF es ser feminista. Y también tenemos que comprender que no se puede ni ser ni estar feminista sin ser “TERF”. Las “TERF” son las mujeres feministas que no renuncian al feminismo en favor de la interesada estrategia de despiece general tecnomalthusiano del sujeto mujer y de la sexualidad del proletariado -, y que, casualmente, tienen otra característica negativa para la socialdemocracia consistente en que aborrecen de la mercantilización del género sexual femenino. En cambio, las llamadas QUEER son tecnomalthusianas, rabiosamente socialdemócratas por regla general, y sólidamente aliadas con el capital tecnomalthusiano desde el principio, como ejemplifica el caso de Butler.

Este afeado cuando criminalización de las feministas ha sido desde el principio (1987) para Butler un aspecto importante Butler, en sus desarrollos de la Ideología del Género. En el mismo Gender Trouble (El Problema del Género) presenta sus críticas como una guía de “subversión” de lo que denomina de forma equívoca “normatividad de género“. En la Ideología de las generistas y en toda la obra de Butler, la contradicción entre sistema sexual humano relativamente variable y modo de producción social históricamente determinado pero relativamente adaptativo, – contradicción muy aguda en el caso concreto del capitalismo por estar en intensa inestabilidad cíclica de las crisis de sobreproducción y en, a veces extrema, contradicción de clases -, es desplazada ocultativamente por la crítica a los roles procreativos de los géneros sexuales y al sistema sexual humano por producirlos.

Por esto es por lo que las tecnomalthusianas generistas a partir de la infraestructura de engaño a las mujeres, especialmente proletarias, desplegada en el movimiento interclasista del feminismo, hna venido jugando a dos bandas, por un lado declararse feministas radicales con críticas, pero por otro apretar el acelerador malthusiano a toda mecha. Han ocultado a la mujer media con gran éxito las devastaciones sobre los cuerpos de las mujeres de la industria neomalthusiana, pero ahora, cuando viene el despliegue de la industrialización tecnomalthusiana ya no pueden hacerlo sin ser percibidas en sus verdaderas acciones y orientaciones políticas.

No es una casualidad que la presidenta del Partido Feminista de España haya sido aplastada por la tormenta de basura socialdemócrata precisamente cuando las QUEER socialdemócratas más fervientemente tecnomalthusianas tomaron el poder gubernativo y estatal del molvimiento feminista desde la estructura del estado de partidos.

De la negación de las causas de explotación y opresión centradas en la contradicciónes del modo de producción pasan a la negación de los efectos centrados en el modo de procreación, insatisfactorio para los sujetos anti sexuales guardianes malthusianos de la anti natalidad no por el modo de producción sino por su natural de sexualidad natural misma, por lo continuo de los géneros sexuales. Finalmente, lo que las generistas logran con esta operación es desplazar el eje crítico general desde la clase al género sexual, – de manera rabiosamente burguesa reformista como veremos luego en la crítica a la “política de coalición” -y desde las relaciones sociales de producción a la relaciones de distribución y consumo. Pero han derribado un límite conceptual, fisura por la cual la busqueda de ganancias viene a desbordarse.

Esto, como hemos visto, solo es una subversión en cuanto al marxismo, como la teoría científica que sostiene que la lucha de clases es el motor de la historia, pero no respecto a la Sociedad de Clases y al sistema del valor. En este caso es una transpolación – e inversión de sentido – que desplaza el eje de atención proletario desde la crítica revolucionaria al modo de producción capitalista a la crítica reformista burguesa del sistema sexual humano por determinar roles procreativos inoportunos a la gestión productiva de plusvalía y limitantes de la maximización de la ganancia.

Surgidas en el campo burgués del reformismo neomalthusiano, las generistas hacen una crítica subrepticia a la centralidad de la desigualdad de los géneros sexuales de las feministas, cuando explican la teoría de la normatividad del género, pues no tratan de eliminar la desigualdad política de un género sexual respecto a otro, sino de poder eliminar lo sexual mismo según vaya interesando a la coyunturas de las clase medias capitalistas ultraimperialistas, de la acumulación y del desarrollo del capital sustitutivo de la sexualidad natural y la sexualidad cultural que aparezcan como trabas a la nueva reproducción ampliada.

Butler pasa a la crítica a lo sexual y las culturas sexuales – acto que subvierte al feminismo porque niega que la liberación política de las mujeres sea el objetivo político suficiente del feminismo, negación que hace con el fin de despejar el campo para el desarrollo de la Política (Socialdemócrata) de Coaliciónpor poder político, como ha subvertido previamente al marxismo-, donde se centra en términos de interes de clase transpolando la contradicción principal desde las causas fundamentadas en las relaciones de producción, como hemos visto, hasta los efectos insatisfactorios en el consumidor soberano burgués y de clases medias por las obligaciones y predeterminaciones sexuales naturales y económicas del modo de producción.

Este modo de producción es satisfactorio para Butler porque provee la tecnología y la ciencia para eliminar el sistema sexual, pero es, a la vez, insatisfactorio porque contiene fuerzas reproductoras del sistema sexual humano, – lo continuo -en la dialéctica continua-discontinuo -, que limita el desarrollo del mundo maravilloso de los mil horizontes de mil géneros no sexuales en el que dice creer.

En términos burgueses es una posición revolucionaria porque tal teoría elimina las trabas a la expansión del capital, abre vías a la reproducción ampliada del capital en la fase de la robotización biodigital, PERO en términos proletarios es retroaccionario porque retroacciona las relaciones sociales de producción al reinicio salarial y de la acumulación al punto originario, sometiendo de nuevo al proletariado a ser mera materia prima, en esta esfera generista, mera materia prima para la expansión de los mercados eróticos y tecnomalthusianos.

Esos mercados que las clases medias ultraimperialistas desean y necesitan para la ampliación de las “opciones” generistas del consumidor soberano y el capital sobreacumulado tecnomaltusiano necesita: la eliminación de límites de todo tipo – religiosos, patriarcales, sindicales, sexuales y, équilicua, feministas – a la siguiente reproducción ampliada del capital.

La raiz de clase y socialdemócrata de la Teoría Queer, o generismo, se revela igualmente en que para haber subversión en términos de clase en el generismo debe haber alternativa, y este no es el caso; la alternativa de la Ideología Generista a la procreación humana emanada de la dialéctica de los dos géneros sexuales, la metadialéctica sexual, no es más que un experimento darwinista industrial de desempoderamiento en masa del poder procreativo de las mujeres y hombres proletarias o proletarizables, y de instauración de un proceso socio-industrial de concepción artificial fanáticamente eugenista, provisto con mucho capital que, en realidad, es el capital sobrante buscando nuevos horizontes de valorización en medio del abarrotamiento de capitales del capitalismo de final ciclo.

Aquí, en esto es donde brilla especialmente Judith Butler, difundiendo la Política Antisexual, mientras hace astroturfing de la concepción artificial, que a la postre es a lo que ella considera “subversivo”. Por supuesto, nada más alejado del marxismo, ni nada más alejado del feminismo, pero la Política de Coalición, – y de las identidades, de “lo interseccional“, rabiosamente reformista – que impulsa la socialdemocracia y para el que todavía necesita fomentar esta ambigüedad generismo-marxismo-feminismo contra el proletariado de la periferia para establecer su dominación.

Por otro lado, en el proyecto de “subversión” del sistema sexual humano con los galimatias del El Género sin explayar un sistema procreativo viable, – aunque si montando un negocio considerable para unos pocos burgueses codiciosos sobre los mercados homoeróticos y/o antisexuales -, hay monstruos en ese jardín socialdemócrata Queer que Judith finge desconocer:

CITA: The Guardian&El Odio

Jules Gleeson:

– Hablemos de la idea central de “performatividad” de ‘Gender Trouble’. Esta sigue siendo una visión controvertida de cómo funciona el género ¿qué tenías en mente?

J. Butler:

– En ese momento estaba interesada en una serie de debates académicos sobre actos de habla. Los actos de habla “performativos” son aquellos que hacen que algo suceda o buscan crear una nueva realidad. Cuando un juez dicta una sentencia, por ejemplo, produce una nueva realidad y, por lo general, tiene la autoridad para hacer que eso suceda. Pero, ¿decimos que el juez es todopoderoso? ¿O el juez está citando un conjunto de convenciones, siguiendo un conjunto de procedimientos? Si es lo último, entonces el juez está invocando un poder que no le pertenece como persona, sino como autoridad designada. Su acto se convierte en una cita: repiten un protocolo establecido.

Jules Gleeson:

– ¿Cómo se relaciona eso con el género?

J. Butler:

– Hace más de 30 años sugerí que las personas, conscientemente o no, están citando convenciones de género cuando afirman estar expresando su propia realidad interior o incluso cuando dicen que se están creando a sí mismas de nuevo. Me pareció que ninguno de nosotros escapa por completo a las normas culturales.

Al mismo tiempo, ninguno de nosotros está totalmente determinado por normas culturales. El género se convierte entonces en una negociación, una lucha, una forma de lidiar con las limitaciones históricas y hacer nuevas realidades. Cuando somos “niñas”, entramos en un reino de niña que se ha construido durante mucho tiempo: una serie de convenciones, a veces contradictorias, que establecen la condición de niña dentro de la sociedad. No lo elegimos simplemente. Y no solo se nos impone. Pero esa realidad social puede cambiar, y lo hace.

Jules Gleeson:

– Los queers de hoy a menudo hablan de que el género se “asigna al nacer”. ¿Pero tu interpretación parece bastante diferente?

J. Butler:

– El género es una tarea que no ocurre una sola vez: está en curso. Se nos asigna un sexo al nacer y luego siguen una serie de expectativas que continúan “asignándonos” el género. Los poderes que hacen eso son parte de un aparato de género que asigna y reasigna normas a los cuerpos, los organiza socialmente, pero también los anima en direcciones contrarias a esas normas.

Quizás deberíamos pensar en el género como algo que se impone al nacer, a través de la asignación de sexo y todas las suposiciones culturales que suelen acompañarlo. Sin embargo, el género también es lo que se crea en el camino: podemos asumir el poder de la asignación, convertirlo en autoasignación, lo que puede incluir la reasignación de sexo a nivel legal y médico.

FIN DE CITA

Lo que Gleeson, la farsante profesional tecnomalthusiana que se hace pasar por marxista con toda la cara, y la antimarxista profesional Judith Butler hacen aquí, en estas dos preguntas y respuestas, es una reducción de la observación objetiva de las pautas fisiológicas de los neonatos por parte de los circunstantes en sus nacimientos a la leificación en clave de actos de administración de justicia por parte de la clase dominante. Este reduccionismo juridicista es insostenible en términos teóricos pero no se trata de teoría, en último análisis el trabajo de Judith Butler consiste en propaganda de como hacer la propaganda malthusiana.

Butler reitera en esa parte de la entrevista tres posiciones que ya afirmó hace 34 años en Gender Trouble: La Metafísica de la Substancia, la Performatividad de los Géneros sexuales y la (no explicitada) Soberanía del Consumidor universal, con poder de compra, en el mercado de la procreación artificial. Pero ocurre que precisamente porque van a hacer 4 décadas del despliegue de esta política anti marxista, antifeminista y antiespartaquista, ya conocemos sus frutos, y su alcance real más allá de la retórica. A continuación vamos a ver tres de estos frutos cuya responsabilidad política es en gran parte de Judith Butler.


El caso de las 12 millones de mujeres chinas reaparecidas

El acto de observación de la pauta fisiológica de género sexual y el de inscripción de los resultados observados en los registros, históricamente parroquiales, comunales y/o estatales, son cualitativamente distintos al contrario de lo que Butler nos cuenta.

Por ejemplo, durante las décadas del abortismo forzado reformista neomalthusiano en China se obligó a realizar en torno a 200 millones de abortos (otros hablan de 400 millones), sin embargo muchos funcionarios chinos decidieron no perseguir a los padres que no inscribían a los neonatos en el registro estatal, con el resultado de que docenas de millones de personas salvaron la vida.

Butler solo quiere ver la lógica de una parte del proceso de inscripción pero las observaciones de pautas fisiológicas de géneros sexuales en los neonatos y la inscripción en los registros, son momentos distintos donde se pasa del género sexual a la clase y la organización social.

Resulta que el tener muchos hijos ha venido siendo además una forma de supervivencia colectiva y transcendencia genética personal y colectiva (lo que los nazis intentaron negar a los judios) en las formaciones sociales campesinas, que tenían altas tasas de mortalidad infantil y materna en las gestaciones, partos y crianzas, como venía sucediendo tras la aceleración de la natalidad en el Neolítico. Pero el tener muchos hijos también era una forma económica en las formaciones sociales preindustriales, puesto que los padres con mayor número de hijos tenían en ellos su pensión o apoyo material en la vejez.

En el caso del campesinado chino esa era su seguridad social, pero el modelo socialdemócrata afirmaba que tenía un sistema de apoyo en la vejez superior a este a través de la seguridad social pública, lo que desanimaba el deseo de tener muchos hijos en muchas personas, dado que colectivamente el estado socialdemócrata iba a sostener económicamente a los ancianos que habiendo renunciado a la procreación de apoyo a la vejez, un tipo de sistema patriarcal monogámico de asignación de recursos, se apretaban a ser usuarios del nuevo sistema colectivo. Solo ocurre que el sistema de pensiones, público o privado, así organizado, se basa en el tamaño en el tamaño de la población activa, si esta descrece, tiende a detenerse y a colapsar. Por tanto, este sistema aboca a imponer el Imperialismo Demográfico y el Imperialismo Financiero. Tal sistema socialdemócrata solo es posible por tanto en un periodo concreto de la transformación y desarrollo de la población en capital humano, pues la baja natalidad a largo plazo impide que su financiación, así como el talón de Aquiles del sistema campesino era la disponibilidad de nuevas parcelas de propiedad particular campesina, en el sistema socialdemócrata el talón de Aquiles es la financiación del apoyo material a los ancianos con pocos hijos y nietos, mas un aspecto especial es tabú en las dictaduras socialdemócratas en que vivimos: cómo se llega a reducir la fertilidad natural de la población.

En El Occidente esto se logró mediante la construcción social de un relato en la segunda generación masiva de población urbana, relato que hablaba de “liberación de la mujer”, trabajando fuera del hogar, teniendo poca descendencia para aumentar el consumo, abortando y descuidando las costumbres campesinas de control de la natalidad y las formas de emparejamiento, aderezándolo con la farsa de la separación neomalthusiana del placer y el sexo, además de incrementando el consumo personal y confiando el problema del sostenimento en la vejez a la seguridad social de los estados socialdemócratas. Sabemos que fue una farsa de enorme magnitud, y la mayor parte de los crímenes abortistas han sido realmente forzados ambientalmente por la dictadura y no voluntad de los padres.

En China no pusieron esa capa de farsa ni ocultaron en el tabú la cuestión de los abortaderos en incesante trasiego, sino que directamente decretaron la obligación de abortar a las familias con más de un solo hijo en la ciudad, o de dos en el campo, y todo el mundo sabía que ello se hacía para controlar la natalidad de la población, lo que, además, fue una de las condiciones de acceso al mercado mundial por parte de los ultraimperialistas de la ONU, la OTAN y los paises imperialistas centrales asociados en el malthusianismo. Tampoco hubo un sistema de concentración de los abortos en el proletariado y las fracciones proletariables de las clases medias, por la via del generismo malthusiano mal llamado feminismo, y de los seudomarxistas que negaban la experiencia crucial del revolucionario código de familiasoviético de 1936, la esterilidad fue repartida ecuánimamente. Por esto ese sistema chino neomalthusiano fue aunque más horriblee en las formas, creo que menos criminal que el abortsimo eugenésico que dominando el relato lograron imponer al proletariado en El Occidente las burguesias y clases medias coaligadas en el neomalthusianismo.

Reténgase que ambos procesos de masas han sido multitudinarios pero el Chino, a diferencia del Occidental, tenía unas características diferenciales que refutan la afirmación de Butler sobre la performatividad del género.

Como los matrimonios campesinos chinos querían al menos un hijo varón por las cuestiones económicas de apoyo material en la vejez, dado que la fuerza de trabajo campesina masculina es más productiva en las tareas del campo que la femenina, al poder distinguir los padres en las ecografias que el género sexual del preinfante era femenino o masculino, muchos de los presionados por el estado neomalthusiano decidían abortar para evitar que la mujer nueva naciera en favor de dejar el derecho a nacer a un varón posterior cuya concepción buscar posteriormente. Pero otros muchos protegían el derecho a nacer de las mujeres, y de sus hijas, así, tras la observación del genero sexual ya preparaban la no inscripción de las mujeres que iban a ser primera o segunda hija, para dejarles el puesto de inscripción al varón. ¿Dónde queda el acto performativo de Butler?

Al no inscribir a las mujeres nuevas los campesinos podían intentar tener un varón en una segunda o tercera oportunidad. Evidentemente los campesinos si pueden hacen todo lo posible para que los gobiernos neomalthusianos no maten a sus hijas aunque se tengan que enfrentar a ellos, y las reconocen y diferencian de los hijos observando la pauta fisiológica al nacer, la misma pauta fisiológica que a Butler le parece arbitraria y “una construcción social”.

El acto de inscripción del neonato es un acto político de lucha de clases y, a la vez, un acto de organización social que tiende a la objetividad, pero precisamente lo que no ocurre en él es lo que Butler subafirma, que se crea una condición arbitraria de género sexual. Lo que hacen es admitirla en su objetividad, excepto en periodos históricos en que la lucha de se exacerba y esa objetividad es negada con intereses subjetivos de clase. Ayer pasaba eso con los totalitarios neomalthusianos chinos de la política de reparto de la esterilización, hoy con los totalitarios tecnomalthusianos transgeneristas occidentales partidarios del fascismo castracionista, que precisamente se basan en las teorías genreristas de Butler y otras neomalthusianas burguesas y de clases medias que se camuflan de “feministas”.

Por supuesto, más allá de las afirmaciones de Butler, la observación de los padres y circunstantes era, insisto, objetiva y la pauta objetiva determinaba en realidad el estado de la lucha de clases entre el campesinado y el funcionariado burgués neomalthusiano popmaoista chino y la burguesía internacional que, como ya he aclarado, es responsable de encubrimiento, complicidad y alentado de estos crímenes anti procreativos pues condicionaba la apertura de China al mercado mundial a la asunción de la política malthusiana del abortismo.

En ese choque una importante fracción del funcionariado chino no colaboró con el plan neomalthusiano popmaoista, con el resultado de que más de una docena de millones de mujeres han sobrevivido y sido inscritas tardiamente en el registro estatal, socialmente construido y resultado de la lucha de clase en China, el registro no el género sexual de ellas, ya en la adolescencia.

Como vemos, – y esto los malthusianos y los reformistas en general lo saben muy bien -, las fuerzas nucleares que constituyen el sistema sexual humano continuo pueden sin embargo ser mitigadas en el corto y medio plazo, especialmente en los paises capitalista centrales donde la alta composición orgánica del capital erradica la porción del salario dedicada a la procreación y reproducción social del proletariado manual – y crecientemente el intelectual –, pero para justificar, acompañar y desarrollar la explotación a este nivel de fuerzas nucleares negadas en la procreación y la reproducción en las distintas clases que realizan la negación – en grado de depauperación absoluta del proletariado – deben plasmar una ideología, eso es el generismo, es la nueva ideología de la explotación humana a partir del control de la procreación mediante la gestión nazifascista de los géneros sexuales.

La lucha de clases en la no inscripción de las mujeres en los registros estatales neomalthusianos chinos nos demuestra que los actos performativos de habla que se inventa Butler son actos políticos de organización de la producción, procreación y reproducción social, que tienden a ser objetivos mediados por la fuerza de la necesidad en la lucha `por la producción – excepto cuando la producción de plusvalia y su lucha de clases inherente la subjetivizan – en cualquiera de la variedades biológico políticas de las formaciones socio-económicas humanas y sus distintas épocas, y son actos políticos resultados de la lucha de clases, no meros “acto de habla”.

La norma cultural que acabamos de ver, es una norma objetiva en la que chocaban las leyes gubernamentales burguesas funcionariales y el respeto campesino chino a la vida de los preinfantes mediado por la lucha por la reproducción social. El nivel de la objetividad humana, que tanto desprecio causa en Butler y el conjunto del posmarxismo, es importante, y tiene una forma moral, ¿por qué Butler se siente tan a disgusto con ella?

Por que ella misma tiene muy graves crímenes anti reproductivos neomalthusianos que ocultar. La política criminal neomalthusiana que acabo de relatar se ve desde otro punto de vista cuando varios funcionarios neomalthusianos detienen a una mujer embarazada, la llevan a un abortadero, la inmovilizan y le practican un homicidio intrauterino de su hijo o hija, para luego despedirse justificándose con que ellos solo obedecen las leyes.

La criminal Conferencia Mundial Neomalthusiana de Beijing (Pekin), se realizó precisamente en 1995, cuando esta política estaba apolikcándose de formas tan criminales como la que acabamos de ver alrededor de los locales de encuentro y estudio sobre la siguiente campaña mundial de malthusianismo. Las nazis neomalthusianas de todo el mundo, haci´ñendose pasar por “feministas” meintras en el exterior se ejecutaban masivamente los crímenes neomalthusianos que acabo de describir, ¿cómo es posible que esa conferencia se cele brase precisamente en China, cuando la tirania sobre las mujeres era tan grave? Por que la selección de la candidatura neomalthusiana china a organizar esa Conferencia Internacional se hizo precisamente por estar aplicando esa política contra las mujeres. La teoría de género aparece aquí com o un reaseguro para permitir mayores atropellos a las mujeres especialmente proletarias sin que puedan apoyarse en los hombres a quienes precisamente se criminaliza por su género sexual y no por sus actos concretos, precisamente, de nuevo, mediante la ideología del género.

Pero esos crímnes permitieron desarrollar un capital criminal, cuyos crímenes también son ocultados por la burguesía internacional y las clases medias imperiales, basado en la concepción artificial del cual Butler es uno de los principales cuadros internacionales. Así, mientras auspiciaban la muerte de los preinfantes en unas clases, promovían la procreación articical para otras, como mercado, desarrollando un colosal aparato eugenésico capitalista que es la guinda del sistema antidemocrático mundial.


Lesbianas burguesas compradoras de niños

La mayoría de los abortos quirúrgicos y químicos se producen por causas económicas, mientras que quienes tienen poder de compra compran concepción artificial. La selección cultural de población se realiza, pues, en función del dinero disponible en la familia, por eso es selección eugenista favorable a propietarios de dinero, y, sobre todo, lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, y no la meliflua “planificación familiar” que nos están contando.

La pauta fisiológica objetivamente observada por los circunstantes en la descripción del genero sexual del preinfante o del neonato, antes de su inscripción en registro, no es un capricho ni una confabulación ni una construcción social. Pero es cierto que hay intereses de clase que median ese momento, como hemos visto. Pero, además, el no registro del preinfante en la procreación artificial, y no solo de la natural, como ser humano nuevo, tiene varios escollos que el generismo no quiere abordar. Clase, No registro, Forma de procreación yaparato eugenésico capitalista 3.0, en el cual la ideología generista de la perfomatividad cumple un papel nefasto.

En estos momentos el aparato eugenésico se rige por el poder de compra y la disposición de dinero. Por ejemplo, la concepción artificial, contratada muchas veces por burgueses que huyen profilacticamente de las personas del género sexual opuesto, sean pro igualitarios o no, moviliza recursos para quienes tienen poder de compra, mientras que esas mismas infraestructuras eugenésicas sirven para matar a muchos de los preinfantes que no tienen poder de compra, que no tienen dinero.

Incluso el 75%, sino más, de los preinfantes abortados son abortados por causas de pobreza económica, y más del 50% de ellos lo son tras fallos de los medios “anticonceptivos” desde los mismos inicios de la primera revolución anti sexuale burguesa a inicios de llos años 1960s (*) (incluyendo los condones, y esto solo hablando del aborto quirúrgico, puesto que, en realidad, la tasa de aborto es mucho mayor porque las “pildoras”, en los hechos, son medios abortivos del primer dia y esterilizantes de las mujeres, sobre todo, a medio plazo).

El aparato eugenésico capitalista neomalthusiano, hoy en desarrollo, que es fomentado por el separatismo de géneros sexuales precisamente alentado por las brutales ideas de performatividad, y salvaje cosificación de humanos, de la ideología del género cocinada por Butler, a su vez, fomenta la ideología de la pèrformatividad del género pues constituye la base de su mercado y su ideología estructurante.

Este museo de los horrores eugenésicos no es conocido por el gran público, que quedaría horrorizado si conociera el calado real de esa infraestructura y los crímenes que cotidianamente se cometen en ella. La corporación eugenésica emerge por encima de legalidades dado que las clases que la apoyan son muy poderosas y forman parte de la alianza de clases tecnomalthusiana, ahora mundialmente dominante. En el cartel de la ilustración de más arriba se ve con claridad que la prohibición de la prostitución reproductiva no impide que los prostituyentes convoquen publicamente jornadas de formación en los mejores hoteles de las más importantes ciudades de los estados donde formalmente está prohibida.

En las últimas décadas, la procreación artificial, gran parte de la cual es poligamismo encubierto como se ha demostrado en varios casos, ha traido más muerte que vida, puesto que dos o tres de los embriones concebidos por cada concepción, terminan mueriendo en experimentos criminales. También mujeres jóvenes que “donan” óvulos pierden una parte o toda su fertilidad, no informándoles de los riesgos, y, además, han muerto por los desequilibrios químico-hormonales causados. Lo mismo ocurre con las mujeres que son prostituidas para la gestación en este aparato eugenésico, y no deberíamos olvidar a los padres donantes cuya paternidad es prostituida y a los hijos cuyo enraizamiento biológico-social les es negado. naide entiende cómo puede ser legal y socialmente normativizado y construido semejante matadero al lado del matradero de los abortaderos. Pero es legal en términos internacionales puesto que no está perseguido internacionalmente, es un aparato eugenésico internacional en el que 8 millones de preinfantes han sido muertos por ser sobrantes a la demanda. Eran humanos. ¿Dónde se registra performativamente a estos seres humanos nacidos para ser materia prima en experimentos de la industria de “ampluación de opciones”, Judith?

El registro o no registro, como hemos visto, es importante sino crucial para el futuro humano, pero en el asunto del registro supuestamente performativo del género sexual, en el caso de la China neomalthusiana pop-maoista el registro ser o ser registrado tambien puede implicar la diferencia entre vivir y morir, entre ser disidente de la biopolítica del estado o cooperar con él en matar por objetivos malthusianosa seres humanos inocentes por razón de su género sexual objetivo objetivamente observado…. o lo contrario puede ocurrir, cuando, por ejemplo, dos burguesas lesbianas tecnomalthusianas deciden comprar una niña mediante prostitución reproductiva de la paternidad y/o la maternidad, pero para ello tienen que observar objetivamente la pauta biológica al igual que los campesinos chinos lo hacían mediante ecografías.

Por supuesto, estas lesbianas no estarían asignando un género sexual sino seleccionándolo para lo cual se ven obligadas a reconocer la pauta de género sexual fisológicamente existente en el ser humano que están comprando.

Para los cuadros neomalthusianos, hoy en tránsito a tecnomalthusianos, como es el caso de J. Butler, estas incongruencias entre la crítica y el uso de la objetividad son secundarias a fin de desmantelar los generos sexuales y del sistema sexual humano mismo. Pero hay un capital y enormes intereses detrás. Para empezar, el de disposición de humanos para cometer experimentos cual si fueran materia prima, o el de eliminar trabas al desarrollo de la acumulación de capital, pero no de cualquier manera, sino de la forma más brutal, ni siquiera reformista del capital, sino reformista de los seres humanos para adpatarlos a las necesidades de la acumulación. A esto es a lo que históricamente los comunistas hemos llamado “ultraderecha”, o fascismo, o nazismo, y en esto es donde Butler se mueve como pez en el agua haciendo propaganda del uso de humanos más allá de la debida objetivdad que todo y el más mínimo respeto intergeneracional exige.

La ideología generista que lanzó Butler tiene consecuencias prácticas, en forma de millones de humanos muertos, en base a su anti objetividad, su subjetivismo, lanzado para ser el canon político-social de lo posible y lo admitido, finalmente una construcción social de brutalidad frankensteiniana.

En su pendiente inclinada particular, por otro lado, confrontada ante la objetividad de la observación de la pauta del género sexual, en Gender Trouble, Butler parece creer que dar la vuelta a un cuadro demuestra que el cuadro no tiene sentido, que es absurdo. Esto es claramente erróneo y confusionista, el cuadro también está sometido a crítica pero no es apriorísticamente absurdo como ha clamado y, por eso le pagan, proclama urbi et orbe Butler.

Lo que queda como resto de la objetividad ocultada con mañas de obtusidad, como es el caso de Butler y el generismo en su conjunto, son en torno a 8 millones de preinfantes muertos en experimentos que ahora muchos de ellos sirven de base para, mediante la producción de blastocitos, multiplicar los experimentos con humanos deshumanizados por los circunstantes a su concepción en base al cálculo de rentabilidad. La no aceptación de la realidad objretiva es exactamente la misma en quienes viendo la pauta natural espontaneamente adquirida de género sexual la niegan, y en quienes viendo al ser humano inerme en sus manos niegan su humanidad.

En este sentido, por tanto, la Ideología del Género está sirviendo como cortina hecha de humanos cosida con falsedades para ocultar las contradicciones verdaderas, los procesos sangrantes my las medidas despiadadas en crecimiento.


La epidemia “queer” de fomento de la “auto”castración

Incluso con la evidencia de la gravedad de los abusos que en base a sus erróneas teorías están ocurriendo mucho más fácilmente, Judith Butler vuelve a la carga, año tras año desde hace décadas (*Cuando somos “niñas”, entramos en un reino de niña que se ha construido durante mucho tiempo: una serie de convenciones, a veces contradictorias, que establecen la condición de niña dentro de la sociedad ) reafirmando la idea de que aplicar la observación objetiva de la pauta fisiológica a la distinción de género sexual es principalmente absurdamente arbitrario, decreta el sexo biológico de las nuevas generaciones fuera todo un invento, una asignación, reasignable sin consecuencias mortales, una normatividad supuestamente alocada y patriarcalista.

Las mujeres son, entonces, un invento de lo misógino (!) y los hombres de lo patriarcal, las pautas fisológicas, un grosero nivel al que no hay que bajarse para comprender lo social, y no seres humanos universales con uno u otro género sexual naturalmente predeterminado, que aterrizan al nacer en una formación social concreta con un sistema sexual humano continuo e históricamente determinado discontinuo.

En tales pensamientos, no es el género sexual concepcional, nos asegura, el que percute la asignación de los circunstantes de un modo o u otro en el registro societario, sea comunal, parroquial o estatal, sino las normas sociales las que condicionalizan de niña, chica adolescente o mujer, “injustamente”, por supuesto, a esa personas. Pero este acto mágico-convencional de la inscripción, se nos asegura que ayuno de objetividad, es ajusticiado por las generistas mediante la interpretación abstracta generista de la interpretación objetiva fisiológica, más tarde… ¿qué tal en adoloscencia, Judith? tiene consecuencias:

Hola, soy Judith Butler y vengo a ayudarte, tu no eres una niña sino una construcción social, tu entorno familiar y social no te acepta y recnoce en lo que eres sino que te esta normativizando. Pero si quieres puedes superar esta injusticia y no ser una niña o un niño y no pasará nada pues finalmente tu decisión cambiara la construcción social pero no te cambiará a ti y podrás realizarte tomando hormonas, bloqueando tu pubertad y moldeando artificialmente tus pautas fisiológicas de género sexual…

¿Es esto? Si, es esto.

Imbuyendo con esas seudocríticas a la población a partir de los poderosos medios de clase con que contaban los neomalthusianos y ahora los aún más poderosos con que cuentan los ya tecnomalthusianos, estos, en las nuevas plataformas digitales de los latifundios mediáticos, han logrado desencadenar un profundo movimiento de confusión en los adolescentes, especialmente en las niñas, durante sus etapas especiales de desarrollo en los que hay o puede haber confusión sicológica y hormonal durante su crecimiento, si caen en las redes de interpretación generista puede culminar y está culminando en su castración química, el robo de su pubertad y la des-sexualización flagrante de sus persona.

Esto sin hablar de la campaña criminal para desasistir a las personas con dolencias como la disforia de género, cuya existencia molesta la redondez del discurso de la supuestamente libre autodeterminación “de género”. El resultado es la transformación de amplios colectivos de la población ubicados en distintos estadios de inclusión o posición respecto al sistema sexual, en meras cobayas humanas y combustible de desarrollo de los laboratorios industriales y el capital tecnomalthusiano.

Marx no fue responsable de las opresiones cometidas por la burguesía soviética neomalthusiana, sobre todo porque, además de ser anti malthusiano, no aconsejó desencadenar el socialismo desde las ciudades y el estado ruso sino desde las comunidades agroganaderas rusas y el proletariado, pero Butler si es responsables de los actuales crímenes de castración de niñas y niños porque sabiendo que está sucediendo se calla y encima alimenta y aumenta la presión.

Esta fascista no subvierte el aparato capitalista en el sistema sexual humano sino que transpola la objetividad de la lucha por la existencia por subjetividad en busca de la soberanía del bienestar del consumidor burgués, desde lo sexual y natalista a lo antisexual y antinatalista. Lo que, finalmente, es más rentable aunque en condiciones capitalistas y de estrategia malthusiana de difusión de la contención de la sexualidad proletaria, la fertilidad y la procreación poco a poco deviene en masacre de una generación de adolescentes. ¿Revolucinariqué? ¿Marxilocual?

En síntesis, lo que Butler promete es que podemos cambiar de género sexual. Ella explica que se nos asigna un genero sexual al nacer (el estado, la iglesia, la familia, la ciencia médica o biológica…) pero podemos, oponiéndonos perfomativamente, con hablas realizativas y actos de voluntad, a las normas culturales, autoasignarnos otro género sexual, por ejemplo plasmando la reasignación al género sexual destino por la vía legal y la vía médica.


La mentira del siglo de esta temporada tecnomalthusiana es que se puede cambiar de género sexual.

Todo esto de que pueden asignar o podemos autoasignarnos el género sexual ¿es verdad? No, no lo es, esta falsedad solo la están esparciendo los tecnomalthusianos y sus inbdustrias, desde cirujanos estéticos hasta vendedores de hormonas, pasando por sicólogos inescrupulosos, Judith Butler y otros charlatanes profesionales. Los peores charlatanes profesionales son los falsos sabios.

No, no podemos cambiar de género sexual ni con ayuda del estado, la iglesia, la familia, nuestros amigos y camaradas y la ciencia médica juntos, ni añadiéndole además nuestra propia voluntad para superar las normas culturales limitantes con los más potentes actos del habla realizativa, ni así podríamos cambiar de género sexual. Y es cuestión más bien científica y filosófica-futorlógica lo que ocurriría realmente en la antropogénesis si fuera posible en un futuro por medio de técnicas biogenómicas cambiar de sexo.

Por esta realidad concreta, las personas caracterizadas como “transgénero” o “transexuales” en realidad ni lo son ni lo pueden ser, y/o son personas transeróticas, – que no es lo mismo que ser transexual o transgénero -, o son personas semisexuadas, aunque el lenguaje impreciso y confusionista de los transgénero y transexual es expandido confusionistamente difundiendo imágenes y conceptos falsos y engañosos como es técnica propagandista habitual en las campañas biopolíticas de los malthusianos, sobre todo en los de tercera ola, los tecnomalthusianos.

Los hombres y mujeres pueden vivir relaciones eróticas diferenciadas de sus vidas sexuales; las muy excepcionales personas semisexuadas (es decir, con un género sexual más o menos desarrollado que lo estándar biológico en cualquiera de los dos sexos, pero sin llegar a ser andróginos o hermafroditas, lo que en realidad solo lo puede ser la pareja compuesta de un hombre y una mujer, finalmente la combinación superproductiva y clave de la supervivencia y, procreación y reproducción de la especie humanas) pueden o deberían poder recibir ayuda médica y sicológica si la necesitan, o pueden o deberían poder integrarse libremente en sus alternativas eróticas, y, además, las personas de cualquier sexo deberían poder decidir participar o no participar en la procreación, pero decirles que pueden cambiar o están cambiando de género sexual es mentirles.

Apuntar legalmente el género sexual contrafacticamente a lo objetivamente observado en la pauta sexual fisiológica además de ser un abuso contra la persona neonata, no es en la lucha de clases efectiva un acto inocente, es un gesto que busca degradar y desvalorizar, e incluso despreciar, la procreación, con el objetivo más que evidente de maximizar la ganancia y controlar la natalidad proletaria.

Pero que nadie se llame a engaño, es la socialdemocracia, y los socialdemócratas profesionales “trans”, y no las personas trans en general a un 95-98%, los que están impulsando esta agenda Política Antisexual de impulso al formalismo tecnomalthusiano y subjetivismo anti sexual contra la fertilidad sexual humana, especialmente la del proletariado, como herramienta para el desarrollo ampliado del capital y de sus nuevos mercados eróticos, incluyendo el emergente y radicalmente fraudulento mercado de los cambios “de género”.

En la apariencia formal y convencional sí es posible que un hombre asemeje características femeninas, pero en la realidad física no tendrá la regla, no ovulará, no gestará, no producirá leche materna. E igualmente, es posible que una mujer asemeje ser un hombre en ciertas características y formas, pero no tendrá esperma ni órganos genitales naturales.

Inscribirlos de pronto, fuera de la pauta observada fisiológicamente, en los registros societarios de los géneros sexuales, de forma contraria a su verdadero género sexual solo puede buscar sembrar la confusión necesaria para degradar el sistema sexual humano aún más con el objetivo de aniquilarlo en el proletariado y la parte proletarizable de las clases medias. Y esto no es interés de, por ejemplo, las personas transeróticas o semisexuadas proletarias, sino que es el interés de la burguesía tecnomalthusiana trans y no trans.

Decir oficialmente, académicamente e institucionalmente, que se puede cambiar de sexo es alimentar un fraude gigantesco y una estafa descomunal: Si un hombre cambiara sus cromosomas XY, por cromosomas XX sin morir en el intento, ovulara, tuviera menstruación, tuviera útero, concibiera, gestara y pariera, podríamos afirmar que ha cambiado de género sexual, mientras tanto no podemos afirmar que ha sucedido, es falso, es un engaño y un fraude colosal afirmarlo.

Cuando estos burócratas socialdemócratas tecnomalthusianos, empleando un impresionante reduccionismo juridicista, afirman que basta el sello legal de un aparato estatal y una intervención estético-quirúrgica para haber hecho una “transición” desde el género sexual masculino al género sexual femenino, o viceversa, están vendiendo fantasias legalizadas como realidades que son algo más y algo peor que poco serias; son un fraude biológico político que persigue un objetivo destructivo. Este objetivo es tan importante para ellos que no paran mientes en reprimir la crítica científica y la objetividad práctica. Lo cierto es que los medios medico-jurídico-sicológicos son inútiles para cambiar de género sexual.

Recordemos la serie de premios que Butler ha recibido por aseverar y abonar la normalización de este tipo de Mentiras del Siglo típicas de temporada malthusiana, y nos daremos cuenta de que hay enormes intereses médicos, legales, académicos, políticos, de clase y de desarrollo de los capitales sobrantes en sostener esta ficción. Es, pues, una de las formas que toma la lucha de clases contemporánea.

Las anteriores Mentiras del malthusianismo, la Mentira del Siglo y la Mentira del Milenio no son rebasables pero si se ven igualadas por la mentira de temporada malthusiana. La Mentira de la Era malthusiana fue que la causa de la pobreza en el mundo es la natalidad de los pobres, de forma que se podría combatir la pobreza reduciendo su fertilidad. La Mentira Malthusiana del Milenio, ya neomalthusiana, fue que se podía separar el placer sexual de la reproducción biológica sin ejercer gravísimos daños y opresiones. Y la Mentira del Siglo, ahora tecnomalthusiana, es que se puede cambiar de género sexual por medios jurídicos, estéticos y sicológicos combinados. Así como en las anteriores estaba el interés por controlar la reproducción del proletariado ajustándola al ciclo industrial, reduciendo su fertilidad natruales por varios medios, en esta oportunidad es exactamente lo mismo, pero ahora anulando la fertilidad y sexualidad natural por medio de desnaturalizaciones brutales del sujeto cosificado, guiado como mariposa nocturna a las luces de la mentira tecnomalthusiana del siglo.

La denuncia de la supuesta opresión de la “heterosexualidad” forzada que tanto repite Butler en Gender Trouble, es, en realidad, una estrategia de Política Antisexual, que des-transpolada re-aparece como que lo que realmente es, una política antisexual tecnomalthusiana especialmente opresora del proletariado mundial en el sistema sexual humano, y el transgenerismo socialdemócrata de Butler, la legitimación ideológica malthusiana de la masificación del castracionismo anti sexual en el proletariado mundial. Y esto no tiene nada que ver con el marxismo.

K.A.García-Salmones


Referencias y notas

Gender Trouble

Judith Butler: “Debemos repensar la categoría mujer

  • * “Al menos una de cada tres mujeres que haya empezado a emplear anticonceptivos en su adolescencia experimentará un embarazo no deseado antes de haber alcanzado la edad de matrimonio.” [Xeno. En el minuto 4:30 segundos del video La Revolución sexual.]
  • ** La clásica alianza neomalthusiana entre minorías de autoindentificación erótica, capital y burguesía académica cercó a las mujeres anti pornografía de la Women Against Pornography (WAP)*, quienes esencialmente se oponían a la reforma del sistema sexual en la dirección neomalthusiana, que no solo implicaba la masificación del abortismo, la devaluación de la sexualidad por medio de la masificación de los “anticonceptivos”, la normalización de los mercados eróticos anti sexuales (prostitución y pornografia) sino también toda una reestructuración radical del feminismo para agiornarlo a las necesidades del reformismo socialdemócrata, de corte neomalthusiano. Véase: La negación del valer positivo de la reproductividad humana en el círculo mágico de la sexualidad de Gayle Rubin.

TRANSGENERISMO TECNOMALTHUSIANO Y MARXISMO

Un análisis espartaquista del papel del transgenerismo “queer” de Judith Butler en la revolución burguesa robotizadora biodigital

Índice

Contexto crítico

Introducción:

Un capitalismo tecnomalthusiano luchando contra el colapso.

1) La operación del inventado y propagación de un transgenerismo “marxista” “queer” está financiada por los capitalistas tecnomalthusianos

2) La operación de truncado del universal mujer en Gender Trouble por parte de Judith Butler

3) El subjetivismo anti sexual de Judith Butler estructura el aparato eugenésico capitalista


CONTEXTO CRÍTICO:

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